Volver (y volver)

Suena un nombre, que no es el tuyo.

El indulto tampoco es para ti (al menos conservas las orejas y el rabo).

El cadenero de las puertas del cielo finge no conocerte.

Tendrás que volver a volver.

Círculo virtuocioso de tu vida.

Ciclón de serpiente que se muerde su cola.

Can cuya dieta consiste únicamente en su propio vómito.

Eco perpetuo de tu voz en la caverna infinita.

Eso eres tú, Samsara en bucle, el constante volver y volver.

No eres rey, no estás fuera, ni dentro.

Soñar no cuesta nada, pero en eso se te va la vida.

Al final de la mecha, ninguna explosión, solo el olvido y el reinicio.

Al final del camino otra vez la línea de partida, entera para ti.

Vuelves a volver, para constatar que el todo es realmente la nada.

Y el todo ni siquiera tiene cuernos por donde agarrarlo.

Sin embargo, aunque aprendas, el curso jamás es aprobado.

Tus recursos son muchos, tu capacidad jamás suficiente.

Por eso volverán a sonar nombres, de algunos.

Pero ninguno de ellos será el tuyo en turno, y volverás a volver…

thangka

Ojalá estuvieras aquí

Ojalá estuvieras aquí.

Tal como dice la postal impostora que venden en lugares infestados de turistas y parásitos, la postal que compran y envían tanto los enamorados irredentos como los falsarios del corazón.

Ojalá estuvieras aquí, digo yo en medio de la fiesta funesta, en la reunión desangelada donde todos hablan sin decir realmente nada. Donde el escapismo mental se vuelve necesario como un buen puñado de denarios en Marruecos.

Ojalá estuvieras aquí.

Bebiendo jamaica y ron están la nudista de pastel y el Jack de caja, hablan de lo mucho que detestan las sorpresas. Un poco más lejos, Rita, la perpetua señorita se niega a perder lo poco que tiene para obtener lo que mucho desea.

Mientras tanto el ambiente se enrarece. Yo iré a la morgue por un poco de carnes frías.

Compara la historia de la humanidad con la historia del universo. Compara la historia de una vida con la historia de la humanidad.Compara la vida de las masas con una vida célebre… Y lo que te resultará de tanta comparación es igual a la nada, pues todo, tarde o temprano, será olvidado.

Ojalá estuvieras aqui.

El conductor sin rumbo aplaude al espectáculo de las masas perdidas, y el mejor mago exiliado que llegó de Siberia se atreve a realizar sus mejores actos (por ello le darán un boleto de regreso al gélido sitio, sin esperanzas de volver a visitar ningún otro lugar), y como teme ser tildado de gris e inútil, seguirá con su magia para distraer el tiempo, hasta que éste se lo lleve.

Solo, en medio de tanta gente, yo seguiré lamentando necesitarte tanto, sintiéndome tan incompleto por no tenerte a mi lado.

Ojalá estuvieras aquí.

alcatraz

 

Números

El número de escalones que hay de aquí al Cielo es igual a la cifra de buenas acciones que realizarás durante los días que le restan a tu vida. No hay elevador, dicen, así que cuida tus pasos, y aunque no existiera el Cielo, debería ser reconfortante saber que no eres un suplicio existencial en el número de respiros de los demás.

El número de golpes que alguien tiene que darse antes de conseguir lo que más desea, es equivalente al número de hombres que buscan eso mismo, creyendo que es lo que vale la pena.

El número de veces que iré a buscarte, será directamente proporcional al número de mis decepciones o de mi estupidez necia. Como el niño que no aprende tras quemarse demasiadas veces con la misma vela o el can que se alimenta del mismo vómito mil y una veces. Por eso te recomendaría que desde ayer ya no me esperes, porque sospecho que estoy en el circo, bailando entre cristianos y leones.

El número de palabras que me quedan por dedicarte, son muchas como para poder contarlas; aunque realmente no hablan de ti, mujer, sino de las cosas que cometemos los humanos.

El número de líneas que quedan a esta composición, dependen de qué tan aburrido me sienta, además los minutos ya no alcanzan y el tiempo me apremia…

Ya ni llorar es bueno (antes)

Recuerdo la época en que arrojaba piedras a las multitudes, señalando al que mentía por ganarse un mendrugo de pan. Odiando al que aspiraba cada año a tener un auto nuevo y condenando a los que iban al país del adulterio. Con risa soberbia me reía del que rogaba que le tocaran el sexo y de aquel que lloraba porque en su libertad se sentía preso. No soportaba a quien vivía como los demás le dictaban. Yo me sonreía entonces, pero ahora los entiendo y hasta perdí la risa.

Me recuerdo despreciando al que iba a la casa de Dios a pedir auxilio, y también del que la misma ayuda la pedía a su vecino. Ahora que la inmortalidad se me escapó de las manos, me encuentro actuando papeles que ayer hubiera yo rechazado. Ahora sé que la imagen y semejanza que compartimos con el Creador es la posibilidad de hacer el bien o el mal desde el fondo del corazón.

Por fin entiendo eso de que con la vara que mides serás medido y todo me dolería menos si ella estuviese aún conmigo. Camino solo la ruta que me ha de llevar hasta el final. A veces estoy tan cansado que ya no puedo ni mirar.

Ojalá sea cierto eso de que todos podemos aspirar a ser perdonados, si en verdad queremos vivir sin estar equivocados. Ya no me burlo con tanta fuerza, es más, ya no me burlo en lo absoluto, desde que me descubrí haciendo lo que hace cualquier adulto.

Me hubiese gustado conservar mi inocencia, pero ya ni llorar es bueno, ahora sólo aspiro a la paciencia.

El angel exterminador

Los encantadores de palabras

Prefiero a los encantadores de palabras que a los domadores de letras.
Prefiero a los que abren las compuertas para liberar las verborreas y presentan ideas libres que a los encadenados en el ritmo y la rima.
No me malinterpretes, admiro de verdad a los que logran decir todo bajo el yugo de la métrica, su don matemático, pero prefiero las explosiones verbales.
Orden y método, no sé si lo dijo Holmes o Poirot, eso está bien para resolver crímenes, pero no sé si sirva completamente para sacar instantáneas fieles del alma.
Prefiero que las palabras me lleven de viaje a que me describan minuciosamente una habitación.
Recuerda que si algo no nos gusta, tenemos mucho lugares a los cuales voltear (359 grados como opciones) o simplemente cerrar los ojos.
Me gusta el concepto de “encantador de palabras” más que el de “domador de palabras”. Sí, definitivo, prefiero a los primeros que a los segundos, pero no importa de qué categoría sean, mis favoritos son los retratistas de almas.
Miami, 2009
scott