Perfecta utopía perpetua

Sería mejor el mundo si todo fuera como en un viejo Western, pues allí se diferencian bien los buenos de los malos. En la realidad pocos son buenos, y aún estos siempre tienen su lado malo.
Sería mejor todo si un Dios de amor y justicia en verdad existiera, en lugar del supuesto prototipo de esta especie de dos patas que carece de toda lógica, teniendo el supuesto don de la razón. ¿Quién sabe?, igual todo lo que vivimos es una venganza de Zeus por haber dejado creer en él.
Las cosas serían menos feas si dejáramos de lado las etiquetas, por más obvias que estas parezcan. No más capitalistas, izquierdistas, heteros u homos, judíos o palestinos, sino sólo personas.
Al final que cada quien crea y haga lo que quiera, pero sin tratar de imponerse, convencer ni joder a los demás. Siempre habrá un Robespierre o Marat, tratando de convencer a los demás, a guillotinazos, de las bondades de los derechos humanos, de la libertad, la igualdad y la fraternidad.
Las cosas serían mejores, si todos siguiéramos una justicia general, inclusiva y equilibrada, basada en el bien común y en el beneficio absoluto del mundo.
No más paternalismos, no más explotaciones. Imagina…
Pero en esta vida todo es relativo, incluyendo el absoluto de la relatividad.
Por esto lo que digo no son más que palabras, palabras, palabras, la perfecta utopía perpetua que nunca se podrá realizar.

Incompatibilidad (desconocidos artificiales)

El tiempo que he vivido desde que te conocí ha sido dictado autoritariamente, pero sin exigencia aparente ni comprobable, por el ritmo de tu propio reloj tiranológico nuclear.

Las rutas que he tratado de seguir han sido las indicadas por tu brújula, cuya aguja parece la hélice del biplano del Barón Rojo, enriquecida con metanfetamina.

Por ti he esperado, haciendo de la paciencia un desastre y de la desesperación un arte.

Tú, tan fijada en el pasado, dejas morir el presente, pudriendo de antemano los posibles frutos del mañana.

Y yo, tan tarado, que me sigo mareando por seguir dando vueltas en tu círculo vicioso.

Llegó el tan nefasto día de las recriminaciones, decir “yo todo te lo di” y oír la respuesta de “yo jamás te pedí nada”.

Bien pagados los dos.

Uno quiso saber quién iba a escribir la historia de lo que pudo suceder, la otra siempre quiso escribir la historia de lo que fue y lo que jamás sería.

Así sucede que tras quererse tanto, dos nuevos extraños artificiales, se separan con amarga espuma del mar de la rabia y la comezón irrascable del rencor. Se separan heridos, ardidos bajo el quinto sol y como viviendo en el sexto infierno.

Dos seres con visiones distintas, ahora esforzándose en desconocerse, breves compañeros de viaje, que al descubrir el mutuo cobre se dieron cuenta de que no tenían nada en común, ni la corriente eléctrica de sus impulsos.

De aquel cariño forzado, convertido en adicción, sólo quedará, si bien les va, la indiferencia y el mal sabor. Ojalá hubiesen visto a tiempo los signos en la carretera de la incompatibilidad.

Fácil y difícil

Es fácil hacer promesas, lo difícil es cumplirlas. Es bien sencillo decir ‘para siempre’ y ‘nunca’, eso es tan sencillo como decir cosas bonitas cuando ardes con pasión, a menos que seas Juana de Arco.

Lo difícil es seguir siendo tú y mantener vivos tus sueños.

Es fácil hacer amigos, lo difícil es conservarlos. Es sencillo ver una estrella, pero imposible alcanzarla, pues no es más que el eco luminoso de algo que fue un sol, ahora muerto, desaparecido mucho antes de que se inventaran las mentiras.

Es fácil amar y odiar, esos no son más que sentimientos hermanados que seguido experimentamos. Es bien sencillo juzgar y condenar, así como es difícil soportar ser juzgados.

Es fácil sentirse casi perfecto, lo difícil viene cuando redescubres los colores de la realidad. Es sencillo sentirse inmortal, lo difícil es digerir el concepto cuando nos estamos muriendo.

Es fácil creer en Dios, lo arduo es tratar de conocerlo; es muy duro aceptar que una divinidad no es de uso personal. Es bien fácil embriagarse con la ceguera de la fe, lo difícil es soportar su resaca.

Fácil es decir que eres fuerte, complicado es tener que demostrarlo; sucede igual cuando presumes ser inteligente, y lo difícil es no quedar ante todos como tarado.

Puede ser fácil convencer a los demás de que eres un líder, un ser superior, pues las masas suelen tener mucho apetito de quimeras y utopías; lo difícil es descubrirte un ser cualquiera y sentir tu vulnerabilidad.

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Responsabilidad

“No le culpes, así nació”, decían las buenas y malas lenguas de la suciedad establecida.
Realmente, el ambiente está conformado por ensordecedores sonidos sin sentido,
donde incluso la mejor música termina siendo herramienta de aturdimiento.
La TV prendida las 24 horas del día, para combatir la soledad, incluso aquella que se da en compañía; la redes sociales son la principal ventana al mundo y el lugar perfecto para ventilar las ideas que las mentes esclavas creen tener (puros ecos impuestos, como huevos de gallinas invisibles, grandes hermanos).
Hasta cuando cagan las masas tienen que estar en línea.
“Igual no nació así, sino que le transformaron”, quiso explicar quien medio entendía.
Quizá alguna vez tuvieron sueños que no parecían comerciales de autos nuevos.
Quizá pensaron en algún instante que las cosas no están bien, pero lo olvidaron y volvieron a enajenarse, y a votar en la farsa de democracia en la que nada nuevo se piede elegir.
¿Sabes que en Roma antigua había pan y circo? Hoy solamente hay circo para estómagos vacíos.
Drogas tranquilizadoras e insatisfacción por no tener lo que se anuncia.
“No le culpes, pues es probable que no tuviera elección”, dijo el dinosaurio de ficticia izquierda que todavía babea al oir el nombre de Mao.
En realidad mataron sus conciencias con sus propias manos, enterraron sus criterios, porque es más sencillo ser viles siervos.
Es fácil estar al día con las frases de moda, para viajar en la ola, de borregos descerebrados.
Tragándose frases estúpidas de políticos, como: “usaremos fuerza moderada con los manifestantes” o “nadie debe defender a un presunto culpable“.
Tan atrofiado están sus cerebros que no perciben los tumores cerebrales de mierda que hernian sus cuellos.
No les perdones, fue su elección.

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Libre albedrío

Si tu deseo es perderte en el intrincado laberinto del corazón, o adorar las palabras sagradas de un grueso libro, sigue adelante, piensa que es tu voluntad, que al fin y al cabo si existe Dios terminarás haciendo lo que Él tenga decidido.

Si quieres pasar la vida viviendo vidas ajenas en televisión, o ahogarte en ambiciones que harán que te preocupes más de capitales que de tus semejantes, sigue adelante, piensa que es tu voluntad, que al fin y al cabo si existe Dios terminarás haciendo lo que Él tenga decidido.

Si detrás de toda esta confusión de religiones logras descifrar la voluntad divina, entonces quizá sepas ya decirme quién fue primero: el huevo o la gallina, el odio o el ser humano, la opresión o la libertad, el bien o el mal.

Si quieres estar toda la vida jodiendo a los que te rodean, o si prefieres someter tu persona para que todos te jodan. Si quieres sacrificar a tu hijo en nombre de la causa que te convence, o prefieres perfeccionar el don de convencimiento para que el hijo inmolado sea el de otra persona, sigue adelante, piensa que es tu voluntad, que al fin y al cabo si existe Dios terminarás haciendo lo que Él tiene decidido.

Marionette / Wood / 1928 This image: The Victoria & Albert Museum http://collections.vam.ac.uk/
Marionette / Wood / 1928 This image: The Victoria & Albert Museum http://collections.vam.ac.uk/

De amores y óptica

“Creo en el amor a primera vista”, confesó el miope sentimental, más por costumbre que por experiencia.

La reina de corazones usa binoculares, bifocales, telescopio y microscopio para evitar los errores del miope (de todas maneras ella prefiere los oídos a los ojos, y los odios a los rojos).

“El destino es misterioso”, dijo aquel que no supo leer los signos de los tiempos y que prestó oídos a las jazzísticas trompetas de los querubines que atestiguaban la apertura del séptimo sello, ese que se abre al primery out de la novena entrada y al principio del tercer tercio.

Cloto, Láquesis y Átropos se limitaron a ahogar sus carcajadas en el carcaj vacío del estúpido Cupido.

“Hay maneras menos originales de perderse”, expresó el hombre que se había fundido con su sillón frente a la televisión, cuando veía un largo documental sobre un zorrillo que caminaba con su cabeza metida en una lata de jugo de zarzamora. Y esto fue un documental, que me muera si no es verdad (por cierto, espero que me visites antes de que descanse en mi propia tumba).

microscope

Gigante

Hoy me imaginé qué pasaría si yo fuera un gigante. Suena bien, ¿no crees? Ser tan grande que mi cabeza llegara más allá de las nubes y que mis pies abarcaran la distancia de muchas calles. Cualquier gran ciudad se convertiría en un bonito juguete para mí, entonces podría pasarme todo el día jugando con los coches que más me gustan.

Si yo fuera gigante, podría desplazarme muy rápido de un lugar a otro. ¿Te imaginas? Recorrer grandes distancias sin aviones, ni autos ni magia. Si, por ejemplo, yo me encontrara en la ciudad, de un salto podría llegar al campo; y desde el campo, de dos saltos podría llegar hasta el mar, para nadar y nadar, hasta cansarme. Y no correría el riesgo de ahogarme, porque mis pies siempre alcanzarían el fondo de los océanos.

Si yo fuera gigante, haría todo lo que quisiera, pues nadie me regañaría al no existir nadie más grande que yo.

En la noches, solo necesitaría estirar una mano para tocar las estrellas y también agarraría la luna para usarla como pelota.

De día podría viajar hasta el desierto y construir castillos de arena, como los que hago en la playa, ¡pero de tamaño real!, y en ellos pondría una guardia compuesta por elefantes que antes tomaría cuando pasara por la selva… no, no por la selva, en realidad a mi paso por la sabana, pues en la selva no hay elefantes, según me ha dicho mi papá.

También podría llegar hasta China y jugar con su Gran Muralla.

Todo sería muy bueno si yo fuera gigante.

Aunque… ahora que lo pienso, nunca podría entristecerme y llorar, pues si llorara, mis lágrimas inundarían el mundo, y eso no sería nada bueno.

Imagino que tampoco podría saltar, pues ocasionaría terremotos en el planeta y entonces se derrumbarían muchas casas y edificios. La gente me tendría miedo. Por eso, los ejércitos del mundo me perseguirían como si yo fuera un monstruo destructor, como los que salen en las películas de horror. Eso no sería bueno, porque entonces nadie me querría.

Además, si yo fuera el único gigante, no podría jugar con nadie de mi tamaño. ¡Qué pena!, y no podría haber más gigantes porque no cabríamos en la Tierra.

Entonces qué bueno que no soy un gigante, de esta manera hay personas que me quieren y puedo tener amigos.

gigante

Sólo una sirena

Serás el aparente calor en el corazón del suplicante
Puedes representar la belleza que ilumina corazones
Igual que la sonrisa que tiene control sobre el dolor
Pero que termina causando después más aflicciones
Por eso eres sólo una sirena para mí

Hechizo válido con ruecas y manzanas para insomnes
Encanto esclavista, más severo que el de aquellas plantaciones
DuBois, de Beauvoir, pasarela, Mozzarella
No eres feminista, únicamente artífice de la destrucción gratuita
Sólo una sirena para mí

Conoces la tonada que encanta a reptiles y borregos por igual
A marineros de agua dulce, con cera o sin cera en las orejas
Podrían incluso darte el premio Nobel de la Paz
Pero igual que yo, conoces bien tu realidad
No eres más que una sirena

Popular, todos los días en primer lugar de las 10 principales
Desde la escuela supiste encontrar quién te hiciera los deberes
Podrás engañarnos a todos por un tiempo, pero eso no se prolongará por siempre
Como cualquiera, estás sometida a la ley de la gravedad
Dicen que tus trucos se pagan con penas
Y de eso no está excenta ni la mejor sirena

siren

¿Qué es el amor?

Pedro el abrazacactus bajó del caballo y miró fijamente al horizonte.

El sol se ponía, no como ponen las gallinas, sino a la inversa.

“Las caricias eran como anestesia en la piel, los besos con ardor de mármol”, decía Pedro al momento de recordar lo que trataba de olvidar, “los encuentros eran como cumplir jornadas de trabajo, sin pago ni gratificación”.

El caballo, que por fiebres deliraba, comenzó a bailar un vals, ese que le enseñaron mientras vivió en un circo.

Pedro sacó su armónica y sopló y aspiró una triste tonada.

“Cuando nuestras miradas se encontraban era como asomarse a un abismo sin fondo ni sentido”, dijo Pedro tras quitarse el instrumento de la boca para así blasfemar sus recuerdos más claramente, “el camino que emprendimos juntos terminó siendo un laberinto”.

El caballo, víctima de la alucinación febril, creyó que alguien le había preguntado cuánto eran 3 + 2, y golpeó con la herradura de su pezuña delantera derecha 5 veces una piedra del camino, que carecía de destino y vaticinio. Al final no hubo entrenadora que le diera al equino un trozo de zanahoria por su exactitud matemática.

“Las mariposas que revolotearon en mi estómago, no tardaron en ser una especie en extinción”, expresaba Pedro con el tono de un mal actor, “¿qué será eso que llaman amor?”.

Mientras eso decía el descorazonado e intrigado Pedro, sorpresivamente, de detrás un estático estepicursor, o quieta cachanilla, salió agitado el buscado forajido mexicano asaltabancos y saltimbanqui que huía, pues a punto estuvo recientemente de ser ahorcado en un desértico pueblo llamado Armadillo.

Pedro y el forajido se miraron a los ojos, de algún misterioso lugar sonaron notas de Morricone. La duda y la súplica se notaban en las pupilas del primero, el salvajismo y la desesperación en las del segundo.

El forajido desenfundó su revólver de culata nacarada, y le disparó certero al corazón de Pedro, quien cayó sin vida cuan largo era sobre la arena, y sin encontrar respuesta a la duda que lo carcomía.

El forajido hizo una pirueta y montó el caballo de experiencias matemáticas y circenses, quien terminó sntiéno que regresaba a casa. Así el mexicano cabalgó a toda velocidad con rumbo a la frontera.

Mientras todo esto sucedió, Lupita, la malabarista estrella del circo y última experiencia sentimental de Pedro, la que tantas dudas sembró en la cabeza del abrazacactus, trataba de olvidar el robo de su enfermizo caballo refocilándose sin recato en los brazos de un vendedor itinerante con cabellos del color de los rayos del sol. Él también terminaría confundido.

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