De amores y óptica

“Creo en el amor a primera vista”, confesó el miope sentimental, más por costumbre que por experiencia.

La reina de corazones usa binoculares, bifocales, telescopio y microscopio para evitar los errores del miope (de todas maneras ella prefiere los oídos a los ojos, y los odios a los rojos).

“El destino es misterioso”, dijo aquel que no supo leer los signos de los tiempos y que prestó oídos a las jazzísticas trompetas de los querubines que atestiguaban la apertura del séptimo sello, ese que se abre al primery out de la novena entrada y al principio del tercer tercio.

Cloto, Láquesis y Átropos se limitaron a ahogar sus carcajadas en el carcaj vacío del estúpido Cupido.

“Hay maneras menos originales de perderse”, expresó el hombre que se había fundido con su sillón frente a la televisión, cuando veía un largo documental sobre un zorrillo que caminaba con su cabeza metida en una lata de jugo de zarzamora. Y esto fue un documental, que me muera si no es verdad (por cierto, espero que me visites antes de que descanse en mi propia tumba).

microscope

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