Después de muertos (bienvenido a la nada)

“Bienvenido a la nada”, le dijo con una sonrisa el agradable anciano de túnica blanca, beatíficas facciones y llaves en el cinto, cuando abría la gran puerta dorada, ubicada en medio de la intensidad vacía de color negro perpetuo.

“Gracias, ¿pero dónde estoy?”, preguntó el recién llegado, algo atolondrado y temblando como gelatin mal cuajada, tratando de recuperar sus recuerdos más recientes.

“En la Nada”, le dijo el viejo de bonachona estampa, cerrando la gran puerta con una de sus muchas llaves.

“Pero no entiendo”, dijo el extraño, “lo último que recuerdo es que iba rumbo a la sala de operaciones en una camilla y sintiendo cómo la anestesia surtía efecto…”

De repente se interrumpió. Empezó a atar cabos (tan sueltos como los efectos del cólera). La operación, según le habían dicho, era complicada, con pocas probabilidades de éxito, pero necesaria. El seguro no cubría ningún gasto y su familia naufragaría en las deudas después de eso. Sin embargo, era una intervención necesaria para que él pudiera vivir más de sus 72 años, no hace mucho cumplidos.

“No hay nada que entender”, dijo el viejo de la túnica blanca haciendo tintinear sus llaves con algarabía desatada. “¡Estás en la nada!, el lugar al que todas las almas llegan, sin importar su comportamiento ni sus acciones en la Tierra. Esto es la aternidad querido, vivir en la inmensa negrura sin tiempo, sin principio ni final, sin menos y sin más.

“¿Y la Gloria?, ¿Y el Infierno (de todos tan temido)? ¿Dónde están las demás almas?”, dijo el recién llegado, preguntando con esa preocupación que nace del temor a la sentencia adivinada.

“Gloria fue una mujer, el Infierno un cuento y el resto fue una especie de sueño del que ahora estás despierto”, contestó el portero de la túnica blanca dejando de mover las llaves y desvancecindose poco a poco de la vista del recién llegado, “y los demás están por ahí, pero nadie ve a nadie, ni siquiera se presienten, cada quien permanece aislado en su propia dimensión oscura, una isla sin límites, enclavada en el cero absoluto, sin arriba, sin abajo, sin compañía; pero eso sí, con tu individualidad tan querida por siempre jamás. No hay nada, o mejor dicho, la nada es todo”.

El viejo de la túnica blanca desapareció por completo, y la puerta también. El recién llegado se quedó solo, completamente abandonado, varado en la nada, sintiendo que todo había sido un timo.

nada

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s