mr. Dolls (juebebes)

Pasa el tiempo, y en su andar agarra carrera y se acelera. Todo es más rápido conforme se arrancan más hojas del calendario y los años se pierden en una especie de caño espacial. Desde alrededor de mis 20 viví experimentos existenciales, muchos de ellos accidentales y poco gratos. Por no aceptar la diferencia, y como castigo a la altanería moral, llegué a caer a un nivel más bajo que el del bajoalfrombra. Poca variedad de sustancias ajenas, sin embargo, pero el alcohol, supuesto siervo para pasar un buen momento, tiende a convertirse en el amo. La eterna lucha con la botella que Leonard Cohen menciona en alguna canción.

Beber para vencer o ignorar la timidez, usar el lubricante social para hablar con aquellos que si estamos sobrios nos provocan alergias y salpullidos; beber hasta aullar ridículamente como hombres lobo sin equilibrio, marcando territorio urinario en cualquier esquina y hasta en el gran periférico mismo. Beber para huír, para armarse de valor y perder todo en un sueño. Beber en ese lapso entre eras, de la llamada absurda a las tres de la mañana, a la texteada ridícula en el dispositivo inlámbrico, a la misma hora, buscando la conversación de una dama hermosa, nunca a  caballeros.

Así las charlas en apariencia funcionales, las más de las veces olvidadas al amancer. En ocasiones, no pocas, la cruda moral y, a mayor edad, también con resaca física. Las ultimas siempre acompañadas de un incómoda paranoia y ansiedad, similar a la de la intoxicación aguda con cannabis. De esa manera fui perdiendo las amistades superficiales (aunque una sno tanto) y los conocidos, se fueron con la brisa de la cerveza y del tequila. Las ligeras casas de paja donde habitaban esas relaciones sociales fueron derribadas fácilmente por el soplido del lobo que miente, aunque se crea que siempre se dice la verdad, cuando se llevan más de 15° en las venas. Pero atención, no siempre se miente en ese estado. Moraleja: los amigos se cuentan con los dedos de una mano, y los que se fueron sin morirse con trescientos pares de ábacos.

De las cosacas ingestas etílicas semanales, pasé a las quincenales, luego a las mensuales, trimestrales y anuales. Como en las matemáticas exactas, siempre obteniendo los mismos resultados. El mando no lo suelta la botella, aunque te engañes pensando lo contrario. Se pierde mucho más de lo que se gana, si es que se llega a ganar algo.Igual todo me sirvió para entender más las novelas de Bukowski, exceptuando este punto, la experienia no valió la pena. Contrario al cuervo de Poe,  el “nunca más” no se dice con sinceridad. A pesar de haber creído entender la lección tras conocer el fin de la amistad de Scott Fitzgerald y Hemingway (y el fin de sus propias vidas), parezco de los canes (no galos) que regresan a sus vómitos, no sé si por olvido (para ponerlo decorosamente) o por mera estupidez (para ser sinceros sin adornos).

Esto está escrito en la mayor sobriedad, a pesar de parecerse mucho a lo escrito bajo el influjo de las bebidas espirituosas, recordando a algunas personas que siguen respirando, pero que ya no están en mi círculo (vicioso).

Aunque nunca he visto elefantes rosas, aparte de los de Dumbo en el cine, he pagado alto el precio de jugar al domador con el alcohol. Este cada vez más rápidamente dictador abusivo y más dañino, conforme pasan los años. Igual que el tiempo.

dolls

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