Tiempo perdido

Te vi por primera vez, me encantó tu mirada, caí a tus pies, conservando mi verticalidad (luego perdí mi dignidad). Te escribí poemas y canciones, sin música, elaboré futuros, juntos los dos. Te seguí y me seguiste a muchos lados y locuras. Todo para nada, mentiras elaboradas que moldearon un tiempo perdido.

Leí, aprendí, escuché. Indagué, agarré la pala y me fui al fondo. Observé callado, opiné y aporté. Me forré de dinero, lo aposté y perdí. Me coticé, me devalué. Marqué tendencias y me perdí. Hice y deshice. Con esperanza de hacer algo mejor de este mierdero. Y todo para nada, vil tiempo perdido.

Como VanGogh, perdí orejas y rabo, por buenos traseros y deslumbrantes cerebros. Besé, abracé esculturas de carne y hueso, idealicé personas que no debí y descarté lo que fue bueno, hice bien lo que pude, resultó mal el resto, no hay quejas contra nadie más que contra mí mismo, por el tiempo perdido (a lo pendejo).

No hay claves, no hay nada que descifrar, así es la vida, así es esto del destino, llegas al final del camino, haces el recuento y, a menos que te hagas el onanismo mental, verás que fue tiempo perdido.

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Renovarse o morir

Las nuevas aventuras, como los años, como los cuerpos, se van haciendo viejas, y cuando ya amarillean y huelen a tiempo estancado, viene una nueva, y así, engarzando sucesos es que la vida pasa, hasta que el abastecimiento existencial se acaba.

Siempre me resultó ridícula la expectativa y el intenso espíritu de renovación que conlleva el fin de año, como si lo que va a venir fuera mejor. En otros años igual se podían tener esas esperanzas, ahora no se ve ni por donde. Quizá eso mismo dijeron ciertos romanos al celebrar un nuevo año bajo el mandato de Calígula. Sí, seguro que así fue.

Por eso es verdad que moriremos todos, y la señora Esperanza después de nosotros. De otra manera el suicidio colectivo sería por convencimiento y no por inducción u obligación.

Y no queda de otra más que creerse el truco de la renovación anual, igual y algo de cierto debe tener, de lo contrario ya se hubiera extinguido. Aunque no pocos se quedan siempre en el mismo lugar, en la misma desventura, en la misma relación oxidada, en el mismo año. Bueno, al final, cada quien su vida.

A quién CoRresponda

De nuevo el estúpido Cupido del Equívoco falló sus tiros, dando como resultado otro corazón hecho pedazos y una persona sepultada en una falsa pasión.

Ese Cupido además de estúpido es miope y bebe café en exceso, de ahí su pulso de experto maraquero.

Con el Cupido del Equívoco todo atardecer romántico dura lo que estríctamente marcan los segundos, ni uno más, y gracias a él se firman las actas de los matrimonio erróneos, que hoy son más numerosos que los poros cutáneos en China.

¡Cuidado con ese Cupido!, pues sus melosas disculpas podrían convencerte, pero no olvides que simplemente son una atractiva cubierta para la fatalidad sentimental, que desemboca en ruina, amargura, odio y rechinar de dientes (aunque si te va bien, esa fatalidad acabará en indiferencia).

Es una pena que nuestros corazones estén aturdidos por los medios masivos de comunicación y nuestros miembros desacadémicos muy enredados en redes sociales (esos espejimos de amistad y compañia), ya que de lo contrario podríamos detectar mejor a ese maldito Cupido.

P.D. Lamento en verdad dejarte aquí, sin concluir todo lo que quisiera decirte, pero tenga un cita urgente con la turgente mujer que menos me conviene en el mundo.

 

Saludos defectuosos,

Romeo Hielo

wally

Extraído de “Cuentos InFamiles y canciones sin música”, 1997

Nada

Qué tal si todo es un timo.

Dios nos creó hace mucho tiempo, pero se aburrió de nosotros y nos dejó a la deriva.

No hay nada arriba, ni hay nada debajo. No hay rumbo, únicamente apariencias y frases de mago barato.

Somos azar y dados en un tablero efímero.

Cuando salen bien las cosas decimos que es nuestro esfuerzo o que es un milagro.

Si los resultados son malos, es un aprendizaje o la divinidad encauzándonos por el buen camino.

Qué tal si nada importa en el fondo, qué tal si de hecho no hay fondo.

Qué tal si esa vocecita de la duda tuviese razón.

La religión un simple intento de imponerle sentido a lo fortuito.

El sermón de la montaña mero opio para el pueblo, la justicia una simple quimera sin ojos y desequilibrada, decantada hacia quien está arriba, y el nirvana solamente el nombre de un bar.

El amor un concepto abstracto que todos quieren tener, pero que nadie entiende. El odio algo tan real como un eructo.

Qué tal si no hay nada más allá y te mueres con tu muerte.

Esto le daría sentido a la vida, dentro de su sinsentido natural, pues no habría nada más.

Nada.

Es época de Navidad

Estrésate, es época de Navidad. Ha nacido el Salvador para traer paz a los hombres de buena voluntad, lamentablemente de estos no ha habido ninguno desde que la historia tiene uso de razón, y la guerra sigue y sigue como conejito rosa de baterías.

Elige los regalos apropiados para la gente que importa, a los demás dales jabones, pañuelos y carbones, aunque ni eso se merecen. Mezclate y fúndete entre las masas que atestan los centros comerciales, donde hoy encontrarás novedades brillantes que serán mierdas opacas en enero. Lo importante es que tu billetera quede flaca como vaca de mal viaje faraónico.

Llénate de amor y buenos deseos, mientras tus vecinos se destripan violentamente frente a su árbol con esferas y en muchos paises sufren los no culpables (incluso en tu país, tan pacífico y buena onda, pero prefires no creerlo). Atáscate de especiales navideños, donde todo es amor y fraternidad. Mentiras, viles mentiras. Drogas para que sientas bonito, para que no pienses y que sospeches que no hay nada jodido, para que creas que eres mejor o siquiera bueno. Los Picapiedra celebran la navidad muchos años a.C., ¡sorprendente!

El gordo de rojo es un mito transformado por un refresco de cola que se las da de ecológico porque pone etiquetas verdes a sus contaminantes envases de plástico. El gordo de rojo es otra incitación para que compres. Jo jo jo (que ahora se escribe ho ho ho, gracias a la desalmada globalización, que sólo engloba las tripas del 1% que acapara el 99% de la riqueza del inMundo).

El espíritu navideño es una farsa en la que las masas participan gustosas. Igual por ahí alguien se acuerda de aquel Jesús que intentó dar un mensaje, pero lo olvida pronto porque tiene que abrir su regalo.

Lo mejor de la época es el cuento de Dickens, pero solo es tomado superficialmente y no deja huella en las almas de los consumidores.

Mata al pavo, mata al cerdo y pide a Dios que no te veas tú así en un plato el día de mañana. Soporta a tus parientes infumables, finge tu mejor sonrisa, atragántate como Nerón en su mejor día. Participa de la farsa. Engáñate lo que puedas, mientras puedes, porque se acerca la ineludible resaca de enero.

Todo podría cambiar, pero nadie quiere cambiarlo. ¡Felices fiestas!

 

Maleva de San Telmo

Por algún motivo tuve miedo de peguntarle, incluso tuve temor de acercarme. El temor venció a mi curiosidad, que suele consumirme como el fuego. Ni siquiera puedo inventarle una historia a la Maleva de San Telmo.

Con esas medias negras de red en sus blancas piernas. Esa falda tan corta como la mayoría de las ideas. Con ese escote generoso y digno de cualquier primavera, mostrando descarado su crudo invierno.

Pero lo grotesco es el aura que envuelve a Maleva. Un maquillaje excesivo, de puta que asusta niños. En una de sus manos la vieja cabeza de una muñeca desgreñada. Más de siete décadas sobre esos hombros de tanguera olvidada. Los años no pasan… se quedan en Maleva.

Un bandoneón triste suena en la Defensa. Y yo por temor no me atrevo a verla de cerca, ni siquiera a los ojos. Sacrifico una buena historia, pues ella me intimida. Lo que ahora lees es todo lo que decir puedo de Maleva.

En estas letras miras la única foto que pude tomarle. Me hizo sentir muy mal en este mundo enfermo. Una tristeza diferente a la inspirada por las madres de Plaza de Mayo. Esta es la melancolía que me inspiró la vieja Maleva de San Telmo.

San Telmo, Buenos Aires (2004)

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El ángel del rencor

El ángel del rencor tomó su espada flamígera y probó su botón de encendido siete veces siete, pues se acercaba la hora de ajustar las cuentas perdidas del ábaco de Dios.

El ángel del rencor era originalmente el ángel del perdón, pero cuando sin estilo alguno el querubín corrector notó en el Cielo el error de la frase: “paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad” (pues la buena voluntad no es una característica de la especie humana), todo quedó claro y el sindicato de seres celestiales le envió al ángel una nueva tarjeta de presentación en la que se sustituía la palabra “perdón” por “rencor”.

Posando como para estatua de cementerio cristiano de pudrientes pudientes (o pudientes podridos que ya fueron convertidos en polvo), el ángel del rencor terminó la sesión de fotos promocionales para el día del Juicio Final (en el que sorprendentemente no habrá juicio alguno, para que nadie dude de la Gracia de Dios), tras la cual simplemente dijo “Armagedón” y abordó el tren expreso a la Tierra.

Ya casi es Navidad. Todos, hombres y mujeres, así como los respetables de género reservado, compran regalos, no para sus seres queridos, sino simplemente para agotar el crédito y sentir la adrenalina que les da a los consumidores insensatos el hecho de gastar hasta lo que no se tiene, en gangas falsas para alegrar sus relaciones laxas.

Así, mientras los datos de las tarjetas de crédito se deslizan por el ciberspacio, mientras las transacciones virtuales queman el dinero, sin discriminar el color de las divisas, el ángel del rencor con su espada comienza a rebanar, de manera más eficaz que la herramienta liberadora favorita de Robespierre y Marat en la era del terror.

Esto ya se había dicho, pero de otra manera. El que no quiera entender, pues que no entienda. Al final da lo mismo.

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