Tiempo perdido

Te vi por primera vez, me encantó tu mirada, caí a tus pies, conservando mi verticalidad (luego perdí mi dignidad). Te escribí poemas y canciones, sin música, elaboré futuros, juntos los dos. Te seguí y me seguiste a muchos lados y locuras. Todo para nada, mentiras elaboradas que moldearon un tiempo perdido.

Leí, aprendí, escuché. Indagué, agarré la pala y me fui al fondo. Observé callado, opiné y aporté. Me forré de dinero, lo aposté y perdí. Me coticé, me devalué. Marqué tendencias y me perdí. Hice y deshice. Con esperanza de hacer algo mejor de este mierdero. Y todo para nada, vil tiempo perdido.

Como VanGogh, perdí orejas y rabo, por buenos traseros y deslumbrantes cerebros. Besé, abracé esculturas de carne y hueso, idealicé personas que no debí y descarté lo que fue bueno, hice bien lo que pude, resultó mal el resto, no hay quejas contra nadie más que contra mí mismo, por el tiempo perdido (a lo pendejo).

No hay claves, no hay nada que descifrar, así es la vida, así es esto del destino, llegas al final del camino, haces el recuento y, a menos que te hagas el onanismo mental, verás que fue tiempo perdido.

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