Ella baila desnuda frente a su amante

Ella baila desnuda frente a su amante

En ese instante todo cambia. Cuando eso sucede, empiezan a quedar en un lejano pasado todas las miradas corteses, las bromas y las risas que pretenden agradar. Olvidados quedan también el nerviosismo por el rechazo y la timidez. Ya no más galanterías de abrir las puertas que ella encuentra a su paso ni ayudarla con su carga física, no más de esa respetable y recatada admiración de su personalidad. Muy lejos se sienten entonces las ilusiones de futuros dorados, de cuentos de hadas, las mariposas en el estómago y la añoranza pura durante la ausencia de esa persona, que tras con intimidad ha dejado de parecer inalcanzable.

Ella baila desnuda frente a su amante

Ya no queda nada por descubrir físicamente, la geografía ha sido cartografiada, los puntos exactos de respuestas inmediatas han sido catalogados. ¿No es realmente aquí a dónde realmente todos queremos llegar cuando fijamos el objetivo de conquistarla? ¿No es esta la finalidad de cualquier cortejo?

Ella baila desnuda frente a su amante

Es el momento preciso en que el asunto puede dejar de ser enamoramiento o amor y convertirse en fijación, en “enculamiento” como diría la gente más refinada o en la necesidad de un urgente olvido. Los analfabetas funcionales, los poetas más estilizados y los tímidos, buscan todos lo mismo: acostarse con la mujer deseada y hacer que baile desnuda frente a ellos. Esto va más allá que Salomé quitándose velos frente al rey, y es la acción previa a la de Dalila jugando con el cabello de Sansón. Es el umbral de la intimidad más intenta, esa que todo lo cambia, que corta de tajo la dulzura, que derrumba las defensas, que da inicio a las exigencias, que fortalece la relación o que la empeiza a resquebrajar para que se derrumbe con un soplo.

Ella baila desnuda frente a su amante

Pudieron llegar hasta allí de distintas maneras. Tras un gentil galanteo que siguió todos los requisitos sociales y sentimentales que dicta ese alguien que no tiene nombre, pero sí presencia terrenal. O ser la consecuencia de un accidente o una explosión interna. Quizá sea el premio a mucha paciencia o la presa de una cacería bien planeada. A lo mejor sólo fue después de soltar súbitamente la riendas del comportamiento. ¿Quizá tras haber fijado el precio? Ella pudo ser tanto un ideal como una simple necesidad.

Después de las mutuas desnudeces, del intercambio de sales y sudores, de la primera exploración íntima, hay varias rutas a seguir:

Dejar el dinero y salir.

Entregar por más tiempo el dinero y la vida.

Continuar satisfaciendo ciertas necesidades animales que exige el cuerpo, mera física sin ataduras sentimentales.

Crearse una fantasía.

Crear una historia y echarlo todo a perder.

Empezar una negociación sensata.

Quizás haya otros caminos, pero esos son los que conozco.

Ella baila denuda frente a su amante

Si solían ser amigos la amistad cambiará a partir de ese momento, lo más probable es que se extinga por completo. Si eran extraños puede que se sigan viendo hasta definirse ambos, ya sea juntos o por separado. Si eran conocidos es posible que uno de los dos pregunte “¿Y ahora qué hacemos?”.

Esa intimidad que todos buscamos, termina cambiando cualquier relación.

El inexperto puede enamorarse de la prostituta irredenta que por experiencia rechazará dicho amor, o le sacará provecho mientras dure. La seria persignada que cedió por fin ante el insistente que persistió como gota de agua en la roca y que perderá el interés tras el encuentro de ombligos. Los enamorados pensarán que esto es amor, y quizá lo sea. La virtuosa puede convertirse ahí en puta y la puta en maestra que muestra todas sus virtudes. Tantas cosas que pueden suceder tras esa danza seductora.

Pero en realidad casi nadie piensa en nada cuando ella baila desnuda frente a su amante. Nadie piensa, ni se pierde en reflexiones, es ese momento único, quizá irrepetible, en el que si razonas te ausentas, y más vale estar ahí cuando sucede. Hay que vivirlo porque ya nada será igual, porque igual ya no vuelve a pasar.

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