¡Eso es todo amigos!

eso es todo amigos

Ignoro quién es Dios, o qué es. Creía tener una emocionante noción al respecto… ahora ya no tengo la más remota idea, ni siquiera una ubicada en el Lejano Oeste. Dudo de mucho, aunque de algo estoy seguro: Dios no es un viejecillo bonachón de barba tratada como con blanqueador una versión con varios años encima y sin cicatrices en las manos o en el costado de Jesús C. de estampita (© & ℗ que el Vaticano no registró a tiempo)—, un ancianito de mirada corderil sentado cómoda y beatíficamente en un trono sin juegos y con tanto, tantísimo, amor que no sabe ni dónde ponerlo. No lo creo.

Y ajena a Dios, la vida parece no tener sentido, no importa que las calles suelen tenerlo y que se diga que la existencia es un camino o un recorrido. Presiento que en la vida no hay intención, ni dirección o motivo ante tanto absurdo palpable y sinrazón reinante, ¿cuál es el caso o el punto? Grandes esperanzas sin basamento. Y qué tal si Dios es el caos, el no plan, el accidente perpetuo, la no matemática, la desalentadora ecuación sin solución que ocupa todo el largo y ancho de una multiañolumínica pizarra de aula galáctica que se pierde en la chistera imaginaria de un jumbo mago. ¿Qué tal si Dios es el todo que se convierte en la nada o la imaginación de una nada que se creyó todo?

La maldición humana es entonces la razón, esa que permite la conciencia, la percepción mentalizada, la lógica, la ambición, el poder y la búsqueda de respuestas, pero que al final es una vil lusión. La razón, ese fruto prohibido del Jardín del Edén que se nos atraganta y que nos hace alucinar que todo en el mundo está a nuestra disposición y que para todo hay un por qué, cuando en realidad esta idea sólo nos sirve para dispararnos a nuestros propios pies. El pensamiento es la aberración mayor de la naturaleza. Ahí tienes la explicación de tanto idiota en el mundo, y mira que hasta llegan a presidentes y ministros. Creo que no somos nada más que el mal viaje inducido de una mariposa junkie que ni siquiera existe.

Te confieso que en verdad quisiera que el más allá de esta existencia fortuita y efímera fuera la nada absoluta, la no individualidad, la no conciencia. Quisiera que al cerrar los ojos se dijera: “esto es todo, amigos”, y ya no hubiera otro carrete ni otra emocionante aventura.

Si estoy en lo cierto no tendré manera de comprobarlo, igual por eso mismo de allá nadie regresa.

 

Si yo fuera alquimista, astrólogo o histérico esotérico

Si yo fuera alquimista, astrólogo o histérico esotérico, profundizaría en algunos temas, como:

La hora perfecta, las 15:15, que a la vez tiene la coincidencia exacta de las manecillas en el 3 de un viejo reloj.

Las manzanas, pues las de Adán y Newton sirvieron para despertar de un letargo, mientras que la de Blancanieves hundió a la joven en un abismal sueño. Quizá también mencione algo sobre la conexión William Tell-William Burroughs y la relatividad de la puntería.

El misterio de por qué los fantasmas aparecen vestidos, y demostrar que la ropa también tiene alma.

Los enanos que enfadados nos arrojan latas desde el interior de las máquinas expendedoras de sodas enlatadas, y de paso también mostraría que la nanotecnología es en realidad un sistema de explotación que somete a los nanoenanos.

La piedra hemorroidal que convierte el excremento en oro, y usarla para joder a los diez primeros de la lista de Forbes, como ellos nos jodieron primero a nosotros.

La quimera de que las redes sociales pueden cambiar el rumbo de una nación o incluso al mundo.

El enterum que nos permitiera no sólo contactar a los seres del más allá, sino ver su entorno y realidad.

La profética visión de los tiempos flexibles, que permitía a los Picapiedra celebrar la Navidad miles de años Antes de Cristo.

El hipnótico encanto que hace que la gente atiborre los cines y consuma películas que versan sobre el mismo tema una y otra vez.

La prueba definitiva de que la estupidez humana se debe a que todos somos unos tarados genéticamente alterados por ser descendientes de una misma familia, ¡la de Noé!

Averiguar por qué tiendo a perderme en los laberintos de las chicas nacidas en Tauro.

En eso y más profundizaría si yo fuera alquimista, astrólogo o histérico esotérico.

Navidad_picapiedra

Encuentros furtivos

Aquellos encuentros furtivos de aquella época llena de misterios y sorpresas se esfumaron antes de que la costumbre se aposentara en nuestros días compartidos.

Huyeron para no volver, se llevaron con ellos las emociones intensas y las ganas de agradar, se fueron al país de las cartas perdidas y la seducción sincera.

Tan pronto se fueron, hizo acto de presencia la súbita tormenta furiosa exigiendo la separación, imponiendo el adiós absoluto.

Grabados en mi memoria siguen aquellos encuentros furtivos, cuando eras como la Wendy con Pan y vino, y no la mujer propiedad de…

Tu nombre verdadero, ahora callado en mis labios, permanece gritado en el fondo de mi mente.

Probablemente nuestras vidas se crucen de nuevo, quizá en otros encuentros furtivos, mientras tanto “tiempo al tiempo”, como repite sin cansarse un viejo… pues la esperanza muere al último.