Cinismo sincero

Tenía puerto seguro, pero perdí el rumbo. Lo sé.

Las disculpas salen sobrando, mi falta no tiene excusa.

El pecado de dar todo por hecho, de cambiar lo valioso por lo novedoso.

No hay justificación. Pero se cuenta que hubo una vez un Marqués que sólo sirvió faisán exquisito a un Cardenal (su platillo favorito según su paladar) durante una semana para ejemplificar que hasta lo mejor aburre.

¿Será el Cielo el mismo caso?

Luzbel tuvo que caer para valorar lo perdido, y sin embargo después de su gracia ya no le resultó gracioso a nadie.

Alcanzar, habituarse, aburrirse, explorar, arrepentirse y resignarse, los actos de una tragedia que parece repetirse hasta la saciedad, entre tú y yo, entre los demás, y en una de esas se repite en el más allá.

En el aquí y ahora, con sinceridad te pido perdón, no una oportunidad sino otro intento, pero con la misma sinceridad, que te parecerá cinismo, no puedo jurar que lo que pasó no vuelva a pasar.

Quizá aprendí la lección, quizá haga todo lo posible por enmendarme, pero uno nunca sabe lo que el mañana traerá en su canasta, ni quien espera al doblar la próxima esquina.

¿Por que mejor no vivir el momento en vez de jurar por esa eternidad que nos queda tan grande?

Me pongo en tu lugar, y la verdad es que yo hubiera reaccionado peor que tú. No falla, cuando el culpable es también ofendido siempre resulta ser un juez más severo.

Dejo pues el veredicto en tus manos, con mi mayor honestidad, por vivir el aquí y ahora, que sea lo que tenga que ser.

látigo

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