Mirando ángeles

Se dice que los niños pequeños son capaces de reconocer a sus madres por el olfato y por la voz de ellas, pero pocas veces se dice que también tienen la capacidad de ver a esos ángeles etéreos que deambulan entre nosotros, que están en este Mundo por curiosidad o por encargo divino.

Hay ángeles buenos y los hay malos, como los hay bellos y también tan feos que serían capaces de hacer llorar de miedo al campeón mundial de los pesos pesados; pero solo los niños pequeños pueden ver a los ángeles etéreos.

A los niños pequeños no los subyuga la belleza de los ángeles hermosos, ya sean estos del Cielo o del Infierno (en donde por cierto hay muchos ángeles bellos); a los niños pequeños tampoco les asusta la fealdad de los ángeles horrendos (de los cuáles hay muchos en el Cielo), pues para los niños pequeños la apreciación estética es una habilidad que se les enseña, algo no natural.

Cuando descubras a un niño pequeño mirando fijamente hacia un sitio en apariencia vacío, es que en realidad está viendo a un ángel, bueno o malo, bello o feo, no importa, el crío lo mira como se mira a una silla, a un cacahuate o a un elefante.

Todos los niños pequeños pierden la habilidad de ver ángeles cuando adquieren la capacidad de comunicarse efectivamente con los bichos de su misma especie; y la falta de práctica desemboca irremediablemente en el olvido de que alguna vez fueron capaces de ver a los ángeles etéreos.

Ya de mayores, a los únicos ángeles que podemos ver, son a los encarnados.

Me consta.

marruecos

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