La navidad de la familia Araña

La familia Araña, que habitaba en la gran telaraña de un jardín se disponía a prepararse para la celebración de Nochebuena. Mamá, que inició el día pisando con sus cuatro patas derechas al salir de su pequeña cama, pensaba reñir a Papá porque éste no daba indicios de buscar un mejor sitio dónde trasladar a su familia. Pero, “es 24 de diciembre y sería impropio que inicie este día peleando con Papá”, se dijo Mamá posponiendo para otro día la recriminación a su marido.

Papá con sólo mirar los múltiples ojos de su esposa adivinó al instante lo que ella pensaba y le dijo: “Antes de prepararnos para los festejos de la noche, me gustaría entregarles mi regalo avisa a todos que empaquen sus pertenencias rápidamente y se reúnan conmigo en la vieja ventana rota”.

Mamá fue a avisarle a Hija, quien la noche anterior había tenido esta discusión con su padre:

Hija (acercándose cariñosamente a su Papá y con una voz melosa): Papaíto ¿verdad que me quieres mucho?

Papá (casi cayendo en la trampa, pero encendiendo de inmediato su sistema arácnido de protección): Sí hijita, ya lo sabes bien que sí.

Hija: Oye, me preguntaba si yo… eh… yo…

Papá (pensando que un preámbulo tan dubitativo presagiaba una difícil petición): ¿qué es lo que mi hija querida quiere pedir a su Papaíto?

Hija: Bueno es que… Escarabajo Cara de Niño me invitó a pasar la noche del 24 en su departamento-agujero y yo quisiera ver si tú me lo permites.

(Escarabajo Cara de Niño era el novio en turno de Hija Araña, un ‘bueno para nada’, según la opinión de Papá, que ‘sólo sabe manipular excrementos ajenos’.

Papá: Lo siento hijita, pero ya sabes muy bien que la celebración del 24 de diciembre es FAMILIAR. Ya tendrás otra ocasión de salir con Escarabajo en el futuro.

Hija: Pero Papá, tú no entiendes, él ya avisó a su familia para que yo asista a su reunión…

Papá: Pues que les avise ahora que no vas a poder asistir.

Hija: Pero, tú sabes bien que eso no es correcto. No seas injusto…

Papá: Espera, esto no tiene nada que ver con asuntos calificables de correctos o incorrectos. Tú le dirás que avise que no puedes ir y punto. Así que por favor piensa un poco en tu actitud, señorita, y acepta que pasarás con TU FAMILIA la noche del 24.

Hija: Pero todo tiene que ser de acuerdo a lo que TÚ decides…

Papá: Ya sabes que mientras TÚ vivas en MI telaraña se hará lo que YO diga y si no te parece, la rama que conduce al muro es lo suficientemente fuerte para soportar tu salida.

Tras la frase que utilizan todas las arañas progenitoras cuando se ven en una situación similar, a Hija no le quedó de otra más que dar la media vuelta pensando: “ya verá cuando yo sea independiente, entonces podré hacer lo que YO quiera de mi vida”.

Toda la familia Araña se reunió con Papá en la vieja ventana rota. De allí Papá los condujo al interior de la cocina y no se detuvieron hasta llegar a un gran sitio cerrado y oscuro.

“Este es nuestro nuevo hogar”, anunció Papá inflando con orgullo su voluminoso abdomen.

“¡Papá, es maravilloso!”, exclamó Hija olvidando todo el malhumor y vislumbrando un futuro dorado, digno de ser presumido, habitando en esa gran vivienda cálida y acogedora.

“¿Pero, qué no es este el hogar de los Cucaracha?”, dijo el Abuelo, rompiendo las ilusiones y la alegría familiar.

“Sí, lo era, pero ayer me lo vendió Cuco Cucaracha por muy poco…”, le respondió Papá sabiendo de antemano que el Abuelo haría una observación semejante, “…por la adicción al juego que tiene Cuco Cucaracha tuvo que malbaratar su vivienda”.

El nuevo hogar era amplio, limpio, seco y, sobre todo, cálido. Las lisas paredes metálicas eran un ejemplo perfecto de la limpieza. Mamá Araña terminó de elaborar las camas, tras lo cual procedió a fabricar esferitas de seda para ambientar el hogar. Hija Araña estaba pensando en la cara que pondrían sus amigas al ver su nueva casa; aunque también dudaba de si sería conveniente seguir saliendo con Escarabajo Cara de Niño, pues con el nuevo estatus adquirido tal vez hasta podría reconquistar el corazón de Alacrán Galán.

En ese momento, un sonido como de voz humana se escuchó afuera de la flamante casa de los Araña (ellos, de ese sonido, sólo entendieron algo asó como: “EO, EE, E, OO”).

“Bien, tomemos nuestros asientos y dispongámonos a devorar esta deliciosa mosca que…”, dijo Papá ignorando por completo el sonido humano. Pero su frase fue interrumpida por una gran luz proveniente de la súbita apertura de una de las paredes del hogar.

La familia se llenó de terror ante el también repentino olor a gas que salía del grueso tubo de varios orificios, y al ver acercarse a este una gran mano humana con una cerilla encendida.

Lo último que vieron los miembros de la familia Araña (exceptuando al Abuelo quien descansaba sin sospechar que su sueño repentino se convertiría en su sueño eterno) fueron grandes y apocalípticas lenguas de fuego, escapadas de los orificios del tubo. En pocos segundos lo único que quedó en ese hogar fueron restos carbonizados de la familia Araña, un buen fuego y un gran pavo horneándose.

Esa noche la familia de Pedro López disfrutó una deliciosa cena cuyo platillo principal fue un pavo que quedó listo un poco tarde porque el horno no se encendió a tiempo.

El 25 de diciembre Cuco Cucaracha regresó a su hogar, felizmente aliviado de haber podido pagar todas sus deudas y tratando de decidir a quién le haría la misma broma macabra la próxima navidad.

NOTA: La frase humana que oyó la familia Araña poco antes de morir fue: “Pedro, prende el horno”; pero, como es bien sabido por quienes han vivido dentro de un horno, las consonantes expresadas desde el exterior son imposibles de escuchar.

 

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