Pero tienes trabajo

Te encuentro repartiendo cupones del King Burguer en el centro comercial.

Con tu espalda curvada, cual arco de la derrota, y pantalones demasiado ajustados, donde se embuten tus muslos.

Tu abdomen se desborda gelatinosamente por arriba de la línea de tu ficticia cintura.

Se nota que esta semana agregaste bastante sufrimiento a tu báscula.

Te vi repartiendo cupones de descuento, con tu rostro exhausto por las horas extra no remuneradas.

Tu cabello aclarado artificialmente, mal teñido, te hace lucir como si tuvieras 10 años más de los que indica tu acta de nacimiento.

Eres joven, no eres feliz, pero tienes trabajo.

Un trabajo de bajo sueldo, sin derechos ni protección. Sometido únicamente a la regla tácita y tóxica del “lo tomas o lo dejas”.

Si te enfermas no recibes nada, si te esfuerzas puede que ya no tengas que repartir cupones ni limpiar los baños.

Los derechos laborales por los que tanta gente dio su vida en el pasado, son una especie de leyenda lejana. No es justo, no está nada bien, pero tienes trabajo.

Al menos tienes empleo, y de categoría, porque es en una trasnacional que sale en las películas.

¡Bendita suerte!

 

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