Día de San Valentín

San Valentín, y lo digo sin cobardía: no es en absoluto mi día.

Demasiados globos, regalos y comidas, demasiados corazones y el mío ya no sirve muy bien.

No es amargura, es que esta pinche fecha siempre me ha sabido a farsa, a enajenación, y me disgusta el reproche indirecto que el 14 de frebreo le hace a quien vive en soledad.

¿Para qué establecer un día para decir lo mucho que quieres alguien? ¿No quieres siempre a esa persona? De entrada, ¿sabe ella que la quieres? ¿Tienes que recurrir a una fecha impuesta para disimular tu olvido o será que debes forzósamente decírselo cada 14 de febrero, porque es mejor expresarlo cuando los demás hacen lo mismo?

No soy bueno en el juego, y tampoco en el amor, por eso no apuesto y por eso me invento historias para cuando estoy solo.

El 14 de febrero apesta a demasiado comercio, pero no lo digo por ardor, que más me arden las victorias que perdí por no haber sabido conservarlas.

En fin, de mí inicialmente esperan originalidad y al final me exigen que sea como los demás.

San Valentín, demasiadas flores, chocolates y ositos de peluche, demasiados dulces e infiernos para diabéticos.

¡Ay qué dramático suena esto!, pero el 14 de febrero no me gusta desde antes que fuera consciente de lo que significa querer.

Para mi mala suerte, tiendo a romper lo que ya estaba quebrado pocos días antes del día oficial del amor, por más vendido que este sea; pues que así sea.

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