No me culpes

Que te rompí el corazón, me reclamas con la tristeza de un día gris.

Te aseguro que fue sin querer.

Puede que haya sido una manera, inconsciente y jamás premeditada, de mantener el equilibrio universal, de hacer que sigan en el trapecio el yin y el yang sin caer al piso, pues no tienen red.

A lo mejor fue porque le quitaste la envoltura protectora a tu caja de latidos, y si no hubiera sido yo, igual te la hubiese roto otro cualquiera.

Quizás fue porque me pusiste en un altar y terminaste pagando por tu idolatría. Dicen que Dios es un dios celoso.

El punto es que no fue mi intención hacerte esto, debes creerlo.

Yo sé lo que sientes, también me ha pasado algunas veces. Es probable que yo haya pagado por adelantado el pecado que dices que cometí contigo.

Pero ánimo, de desamor nadie se muere; y no me condenes, porque en una de esas tú le romperás el corazón a alguien en el futuro, y podrías ser entonces víctima de tu propia condena hacia mí.

Aprende de la experiencia y sigue adelante, no hay más por hacer; yo no iré al templo de rodillas a flagelarme, por lo que dices que te dañé.

No te robé, no te estafé, ni siquiera te mentí, tampoco le di vitaminas a las aves de tu ilusión. Sólo fue, sólo ocurrió.

¿Qué culpa tengo yo que todos los encantos y enamoramientos, incluso los no provocados, tengan fecha de caducidad? ¿Qué culpa tengo yo de que lo nuestro haya tenido tan poca cuerda para andar?

No lo tomes a mal.

Seguro ahora serás más fuerte y tendrás experiencia para elegir mejor la próxima vez.

corazon

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