Nada que contar

Nada que contar,

ni siquiera números

y mucho menos cuentos.

En estas mil y una noches destrelladas,

sin Sherezada,

de insomnios que parecen perpetuos,

no se pueden contar ni corderos.

Nada que contar,

pues son tantas las desgracias cotidianas y las injusticias quita risas en este mundo,

que se han convertido en parte de nuestra normalidad.

¿Qué te voy a contar?

Y de la violencia ni hablo,

no tengo nada que contar de ese exceso nacido de la falta de seso de muchos,

ante el pasarse de listos que realizan unos pocos.

Nada que contar,

ni una cuenta regresiva a la Navidad,

pues dejé de creer en santa clós y en Jesús,

de hecho hasta dudo ahora de que exista dios.

Nada que contar,

pues las palabras se pasan de largo,

lejos de mi alcance cuando quiero retratarlas en el blanco de un pantalla o de un papel.

Ya ni me sale el “ser o no ser”

porque en este todo uno realmente navega en la nada.

¿Ahora ves por que no tengo ya nada que contar?

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