Paciencia

Paciencia

Dijo el viejo en el mar, “adornando” la palabra con las maldiciones altisonantes que aprendió de su vecino el arriero.

Paciencia

Es eso que solemos predicar sin molestarnos en dar el ejemplo; aunque sospecho que lo mismo pasa con la honradez, la amistad y la virtud.

Paciencia

Dijo el jefe de policía a sus brutos golpeadores cuando vio que se les estaba pasando la mano con el inocente que no quería confesar un delito vacante de responsable.

Paciencia

Es lo que necesitamos cuando no coincidimos, cuando discutimos sin escuchar, cuando tratamos imponer nuestros puntos de vista, cuando perdemos la cordura sin llegar a ningún acuerdo, cada vez más rotos y menos “nosotros”.

Paciencia

Exigen los ricachones, papas y faraones al pueblo sometido, y prometen que aquellos que lloran en este mundo tendrán felicidad con altos intereses en el más allá.

Paciencia

Nos pedirá el portero del Cielo para engañarnos un momento más, antes de revelarnos que no habrá nada en absoluto una vez que traspasemos las puertas que guarda.

Paciencia.

 

Este escrito debería titularse “en lo que salen los tlacoyos”. Mi manera de matar el tiempo cuando carezco de un libro, pero tengo mi cuaderno. Fui esta mañana al supermercado para comprar los tlacoyos que olvidé comprar ayer, pero el comal estaba frío como la tumba del carnavalesco, como cualquier tumba de hecho. Entonces me dijo el encargado que la venta comenzaría en 30 minutos. Sali de la tienda, tome mi cuaderno, y mientras esperaba la tlacoyogénesis, pensé en la palabra Paciencia, y de ahí que salió esto.

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Lamentarse como forma de vida

El genio de Aladino se da topes contra el muro principal del palacio de Schariar ante la gente idiota que desaprovecha el poder de la lámpara maravillosa o que va a las oficinas de Hacienda para declarar el tesoro de Alí Baba.

Esas personas que por temor, prejucio, cobardía vil o estupidez barata dejan pasar la oportunidad melenuda que se les sirvió en bandeja argenta, sin haber disfrutado siquiera del velado baile de Salomé.

Tanto que pidieron a los dioses por una oportunidad, por un abrazo o un beso; tanto que rogaron a la providencia del monoteísmo tripartita para que les sonriera la Fortuna o los acariciara la Suerte buena.

Tanto para nada. Nada en absoluto.

Se quedan con las manos vacías contemplando en el cielo 101 aves volando sincronizadamente, mientras escuchan los ronquidos del camarón que viaja con la corriente y se identifican patéticamente con el perro de las dos tortas.

Jamás entenderé a las personas que muestran su mayor indecisión en los momentos críticos, esos seres que se quedan apachurrados por la puerta del elevador porque no saben si entran o salen, o los que como un Indiana Jones dubitativo mejor desandan la ruta sin llevarse el ídolo que buscaban, aunque ya lo tenían a su alcance.

Supongo que aquellos que dejan ir el tren de las ilusiones materializadas no querían realmente lo que presumían ansiar.

O quizá su mayor goce existencial consista en quejarse de que la vida conspira en su contra, en soportar sobre sus lomos la cruz para presumir al mundo su carga, en lamentarse de que nacieron bajo una estrella de signo negativo y en gritar por todas las rutas de Eolo que lo suyo es el martirio. Son siempre personas tan piadosas que piden a Dios por todos nosotros, pero en especial por ellas.

No las entiendo… de hecho no sé por qué quisiera yo entender a semejantes criaturas.

Sólo espero que no vengan de nuevo a contarme sus penas voluntarias, deseando que les sirva de compasivo pañuelo para sus lágrima de cocodrilo y que me quede conmovido con su “resignación” artificial. Ya no más. Nunca, como dijo el cuervo.

No soñé contigo

Para quien inspira y aporta ideas en eras de vacas flacas

No soñé contigo, de hecho ni siquiera dormí.

Pasé la noche pensando en ti, en volverte a ver,

en tu personalidad, tus ideas, tu voz y tu risa.

Pasé la noche pensando en cómo se puede adelantar el tiempo,

pero llegué a la conclusión de que todo llega en su momento.

No soñé contigo, estuve pensando y pensando en ti,

emocionado porque pronto estaremos ambos frente a frente,

para vernos y escucharnos sin tecnología de por medio,

efectuando un encuentro tal y como lo dictan las normas de los más lejanos ancestros.

No soñé contigo, de hecho ni siquiera dormí,

porque pasé la noche pensando y pensando en ti.

Y si lo analizamos, eso no tiene nada de raro,

porque incluso durante el día,

en ti me la vivo pensando.

 

El mensaje

Para poder enviarte el mensaje, tuve primero que vaciar la botella, bebiendo todo su contenido.

Esa acción me sirvió de paso para armarme de valor en mi desarmada timidez. Para sentir que podía hacer lo que me propuse hace mucho y que postergué por miedo. Para encontrar mejores palabras que aquellas dictadas sólo por tu inspiración.

Tuve que beber el contenido hasta el fondo, para tener la fuerza de expresarme bien, a conciencia; perdiendo sin saberlo la inocencia y de paso la decencia. Y una vez bebido, las cosas me parecieron realmente más ligeras, posibles sin ningún obstáculo; me sentí capaz de arrojarme a cualquier foso y salvar cualquier distancia. Supermán sin kriptonita en un viaje de iniciación, la progenitora de Tarzán en la convención de la selva.

Bebí la botella, hasta dejarla seca como el Sáhara, listo el envase vació para proteger y transportar el importante mensaje a través de los siete mares, desafiando las tormentas y las fronteras, e ignorando al servicio postal. Pero yo estaba mareado, sé que escribí algo, con cierto trabajo, quizá garrapateado, y no recuerdo más. ¿Dije servicio postal?

Dicen que me fui sin despedirme, que tras secar la botella, la puse en mi bolsillo y salí caminando como marioneta en manos de un maraquero, quizá de un severo enfermo de Parkinson. Dicen que me fui, y que no echaron de menos al bufón, pues sus gracias ya eran más pesadas que el plomo de Plutón.

Nadie sabe cómo llegué a mi destino, cómo atravesé en mi desastroso estado la peligrosa avenida transitada; ni yo sé cómo desperté completamente vestido, tal como la noche anterior, con mi ropa arrugada, deshidratado, con una extraña compartiendo mi cama, y que me dijo que le dije que la amaba.

Para poder enviarte el mensaje, tuve primero que beber el contenido de la botella. Al final no sé dónde quedaron mis palabras, mis ilusiones, mis propuestas ni mis poemas. Al final no supe si lo dije todo mal, o siquiera si lo dije en absoluto.

La próxima vez trataré de enviar mis mensajes en un sobre o quizá en una canasta de mimbre tejido. Las botellas no son de fiar.

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El ojo del huracán

El ojo del huracán es la mayor paz.

Es la quietud en el centro de la vorágine,

Esa tranquilidad mientras las vacas vuelan, al igual que todo lo demás.

Silencio rodeado de estruendo.

Posiblemente es donde Buda nos decía que debemos estar.

El ojo del huracán.

Gracias

Las cosas son, y el son del corazón es un ritmo que no puedo seguir con mis dos pies izquierdos.

La vida pasa, como ciruela que rueda. Muela sin juicio, razón que no consuela.

Los zapatos con suelas de hule no hacen ruido.

Por cada adiós hay tres bienvenidas, en un embudo de relaciones, pero al revés.

Y así es, pero eso se va acabando conforme transcurren los años.

De repente: el desierto, sin zarza en llamas y sin poderles decir a las llamas incas que vengan.

Sanidad ante todo. Asepsia purulenta de la sociedad y de lo que debe ser, según lo que los pocos les exigen a los muchos.

Estuve enfermo y ahora sé de qué.  Por eso me despido para empezar de nuevo.

Curiosamente despedirse no es ahora más fácil que las veces anteriores, e incluso me resulta más difícil.

La costumbre es lo más duro de romper, primero se me rompieron las alas, la salsa y la sesera.

Cordura de cordero en matadero. No hay nada sagrado en eso.

Al menos esta vez quedé medio entero.

Tengo otras cosas por hacer.

Le pregunté a Dios ¿por qué?, y creo que me contestó: “no eres tú, soy Yo”, y me quedé mudo, salado como estatua de la galería Lot.

Big Bang y el universo cambia de eje (éjele jeje).

Espero que esta no sea la euforia previa al tobogán que acaba en el averno, porque no quiero visitar ese lugar de nuevo. No en un buen tiempo.

La balanza de mi cabeza se declara en reparación.

Soy mal jugador, porque no me retiré de la mesa a tiempo, sino hasta que me explusaron de la sala.

No soy perfecto pero tampoco tan jodido, no está mal si yo lo digo. Nunca en domingo.

Dignidad, dignidad, espero que no se haya ido al lugar de los calcetines desaparecidos que nunca vuelven.

Lo que volví fue el estómago y volveré la cara en veinte años, para ver si estos son algo. No es un tango.

Confío en mí porque descubro que en mí confían. No soy ni remotamente un billete verde o monedita de oro, y no son las mías aspiraciones divinas de aspiradora fina.

Pierde sólo el que siempre se queja.

Gracias por el afecto y la confianza.

dolar

Soñé contigo

Soñé contigo, y como siempre terminé despertando.

Soñé contigo, con fiestas y vino, pero luego no tuve nada que celebrar.

Soñé contigo, y te llamé para contarte mi sueño,

pero sólo conseguí el vacío repetido.

Sigo soñando contigo,

las más de las noches y casi todos los días.

Sueño contigo con amor y con respeto,

con cariño compartido,

sin afectar al interfecto que sigue vivo en tu olvido y en mi recuerdo.

Soñé contigo anoche,

y te pensé a la luz del día.

Me la vivo esperando revivir con tu persona

un pasado real y también el imaginado.

Sueño contigo, te deseo,

pero respecto a ti no puedo hacer nada más que soñar.