Como Moisés

“No me pasa nada”, me dijo ella por tercera vez, y no cantó ningún gallo. En su tercera repetición de esa frase carente de veracidad ella tampoco se preocupó por disimular el enfado que irradiaban sus ojos. Tres veces la misma frase en menos de cinco minutos. Tres veces la contradicción entre palabra y hechos.

Era claro que le pasaba algo, y que ella esperaba que yo lo supiera o lo intuyera. Y yo no tenía ni idea, de verdad, sino por qué le pregunté tres veces “¿Qué te pasa?”. Me sentía como Santo Tomás taladrando con un dedo. Las mujeres son muy inteligentes, más que los hombres creo yo, y nos tratan como inferiores en las situaciones sentimentales, lo extraño es que a veces creen que tenemos su don de la clarividencia y aunque suelan tratarnos como idiotas en la relación, en ciertos momentos asumen que somos tan brillantes como ellas para adivinarlo todo.

No me estoy haciendo el inocente ni fingiendo demencia, en verdad no sabía qué le pasaba. Habíamos hecho las paces aquella mañana, por quinta vez en una semana. Esto de jugar a la pipa de la paz y firmar tratados versallescos nada justos era cada vez más frecuente en los últimos tiempos. Yo, mientras adaptaba mi comportamiento y mi personalidad para pisar con cuidado ese suelo de cascarones en se había convertido nuestra relación, me preguntaba qué estaba pasando.

Al principio, como en cualquier relación, todo marchaba en aguas calmas con viento en popa. Entiendo que nada puede ser como al inicio para siempre; cuando lo que molesta no tiene importancia y todo causa gracia. Pero cuando se alcanza la confianza plena, o algo que se le parece, es que empiezan los problemas.

En un rincón lejano de mi mente me cuestionaba si no debimos ser sólo amigos; algo así como Moisés, viendo de lejos la Tierra Prometida, pero sin llegar hasta ella, hasta ese Israel que es un infierno desatado desde siempre. Quizá debimos ser sólo amigos, igual nomás amantes, sin cruzar el umbral “de la pareja” y evitar asentarnos en el territorio de los compromisos y responsabilidades del amor verdadero, donde ya no hay tantas sonrisas ni ilusiones.

Cuando lo que era gracioso termina convertido en semillas de exasperación, cuando abundan los “deberías saberlo”, “en verdad estoy bien” y “no tengo nada”, es que la nave de la relación comienza a hacer agua y se mantiene a flote por un supuesto interés común, por el tiempo ya invertido, por miedo a la soledad, por mera costumbre o por que hay hijos rehenes.

No le pregunté “¿Qué tienes?” por cuarta vez, simplemente me puse de pie y salí de la habitación. Salí “a comprar cigarrillos” sin mirar atrás, para no convertirme en sal. Y lo curioso es que yo nunca he fumado.

moisés

Yo no le temo a la muerte

Yo no le temo a la muerte…

Pues la vida es un truco, una vil ilusión,

es la construcción artificial de un espejismo natural.

Únicamente somos sombras en un teatro que termina en tinieblas.

No somos ni siquiera polvo.

La vida es energía, nada más, el resto es imaginación.

No conocemos más que el presente, que a su vez es un engaño al igual que el tiempo.

Nos inventamos todo para darle un sentido al absurdo, para sentirnos algo.

Somos sombras que sueñan y desaparecen, nada más.

Nuestro para siempre es sinónimo de nunca.

Te digo, la vida carece de razón, de cualquier sentido.

El motivo y la razón se los creamos cada uno para sentirnos alguien.

Para creer que vamos a algún lado. Pero al final está la nada, que siempre ha estado.

La vida no es buena ni mala, ni maravillosa ni trágica.

Es un accidente.

Es el sonido de una varita que se rompe y que no tiene eco en la eternidad.

La nada es todo, y de vuelta otra vez.

Yo no le temo a la muerte, le temo a la vejez.

Nuestra apuesta

Nos sentimos enormes, aunque seamos pigmeos en el mundo.

Somos la chatarra más fina del Jardín del Edén.

“De mejores lugares nos han echado”, le mentimos al Arcángel,

mientras nos orinamos de risa en su flamígera espada.

Mutis obligado por la puerta del sol.

Rompimos los platos y ahora tenemos que pagar las facturas.

Sudor de la frente y pan, ¿de dónde crees que viene todo eso?

Alguien tiene siempre que pagar.

Quisimos las cosas por el lado difícil,

y nos quemamos ahora con el sartén sin mango.

Pero no debemos llorar por las consecuencias de nuestras decisiones.

¿Acaso olvidaste lo aburrido que era ser cortesano celestial?

¿No recuerdas el día en que la Gracia Divina dejó de ser graciosa?

¿Qué pasó con eso de “más vale ser amo en el Infierno que siervo en el Cielo”?

Hmmm, tienes razón, aquí tampoco somos mucho.

Siervos y sirvientes constantes de algo que jamás comprenderemos.

¡Pero al menos tenemos el volante del auto existencial!, (aunque no lo sepamos manejar).

Y nos sentimos enormes, aunque seamos pigmeos en el mundo.

Es el sino nuestro de cada día, con el pan de sudor, claro está.

No nos queda de otra mas que encontrarle sabor al viaje.

Esa es nuestra apuesta.

Habiéndolo perdido todo y sin nada que ganar, no podemos perder más.

Tratemos pues de sacar lo mejor de este lugar.

Expulsados del Eden

 

Desgarbo

Siempre trazabas en tus sueños un lujoso auto dorado como el sol, estacionado en una presidencia nacional o un palacio real con mil celosías. Esas imágenes se mezclaban en tu mente afiebrada con viejas escenas de Casablanca.

Tu romanticismo ideal, producto de novelas baratas y princesas Disney, y tu corazón latiendo al ritmo de mermelada y miel, eran la combinación perfecta para atraer moscas y bichos inmundos.

Eso era tu vida cuando no dormías: películas e ilusiones de neón, príncipes sin rostro, magnates de billeteras herniadas y rostros de padres potenciales; y todo terminaba siendo una cadena de falsas escaleras al Cielo, que jamás te acercaron a tus ideales.

Tus contoneos eran como grandes pantallas que proyectaban los interiores del templo de la esperanza, pero sólo en el gremio de los canallas se imaginaban ser el sacerdote ideal. Margarita que sólo pudo atraer cerdos.

Confundida entre las adúlteras sin amor con abrigos de curiosidad, aceptaste promesas ligeras y perdiste todas tus apuestas. Tuviste suerte de nacer aquí, esto te salvó de ser diana de piedras arrojadas por manos morenas.

No puedo decir si lo que hiciste estuvo bien o mal, eso puede que lo descubramos ambos si existe otra vida.

Hoy tu belleza se deslava, desperidicada. No hay de dónde agarrarse, ni cómo sostenerse. Si hasta Greta Garbo se desgarbó por la vejez, ¿qué podemos esperar nosotros, mortales simplones?

El ruedo está vacío y ya no quedan toros, sólo malos bailarines de flamenco que te emulan. Tu imán ya no atrae ni a la lujuria más desesperada. No hay auto de sol ni palacios, unícamente soledad desnuda.

La vela se apaga y la pluma se queda sin palabras. Hora de que nuestro camino se bifurque sin que sepamos si nos volveremos a encontrar, sólo el tiempo lo dirá; y mira que el tiempo no existe en realidad.

Junio 2002

garbo

Sobre losetas de olvido

Hay una canción que me hacía sentir, que detonaba en mí rosarios de emociones, ansias y deseos. Esa canción hacía que me dolieran las distancias, que celebrara cada abrazo y perdiera la cabeza en cada beso.

Hoy esa canción no tiene significado para mí, simplemente me deja insensible.

Cuando mis emociones despertaban gracias a esa canción, yo creía en muchas cosas, el futuro lucía amplio, como el cielo y el mar, y el presente perpetuo como una película sin fin. La juventud es un cierto tipo de ceguera y la vejez trae consigo, cuando no el desencanto, un cinismo llamado realismo, que es como torear para sobrellevar la vida, sin necesidad de lastimar animales.

Había un rostro que yo solía añorar imagino que el tiempo habrá hecho de él una cara irreconocible o una caricatura del que conocí. De aquel rostro no puedo empalmar las facciones, ahora es como una nebulosa en la licuadora de mi mente.

Esos “para siempre” no duran ni lo que una vida y en realidad el “nunca” ocurre todos los días.

La historia con ella prometía, sonaba bien como melodía desencadenada o sinfonía que transporta; fue ese tipo de amor tan bonito como un cuento que quisieras fuera cierto. Pero las hadas no existen y una zapatilla de cristal se rompería al primer cha cha chá.

Además, el tiempo termina borrándolo todo. Yo aún puedo escuchar la canción que te dije, pero imagino que la insensibilidad siempre antecede a la nada.

El cartero siempre llama dos veces, y yo llamé hasta siete veces siete a esa puerta.

Hoy no quedan ni ruinas de aquello, quizás un vago recuerdo.

Norma Desmond y Valentino bailan tango sobre losetas de olvido.

tango

La maldición de la dama de los buenos deseos

La dama de los buenos deseos te entregó el boleto (sólo de ida) para enviarte al Infierno con buenas palabras… al clásico estilo del “te quiero mucho, pero vete al carajo”. ¿Qué conclusión, Holmes, podemos sacar de tan elemental y común acción?…

Hay vampiros y vampiresas que sólo por ser parásitos viles se creen perpetuos y poderosos. Simples payasos en un circo sin arena, pero con muchos animales sin alma. Arrójales a estos últimos un balón y se divertirán estúpidamente otros 4 años.

Hay un bar famoso por sus escanciadores en España, quizá lo soñé pero casi apostaría que lo viví. Me sorprendí de toda la bebida que se desperdicia en el piso, es como ver un espectáculo en el que se pierde miles de por cientos de lo que debería consumirse. Espera a que los japoneses compren en lugar: ya no habrá más desperdicio (y la cosa será más vigilada si el patrón es japonés-estadounidense).

No sé si era Henry Ford —cuatro ruedas— quien tenía un retrato de Hitler —bigote ridículo— en su escritorio, o era Hitler quien tenía un retrato de de Ford en el suyo; el punto es que ambos eran temidos por los perros, ambos eran antisemitas y sus respectivas progenitoras son dos anónimas damas muy evocadas.

Esa costumbre de apuntar con el acusador índice, de ver pajas en ojos ajenos, de creer que todo paje es un borrego y que ser pajero es algo nuevo. La inspiración de calidad para un masturbación está ahora al alcance del lumpenpopolo bibidí babidí bú. Antes los mejores productos propiciantes para la mastuercización estaban exclusivamente al alcence de un rey, del papa o del rico burgués, sólo ellos podían tener acceso a la pornografía (a la que entonces se le llamaba gran arte); luego la imprenta, la fotografía y el cine le dieron el beneficio a las masas con manos. Ahora todo está asequible en internet.

Fiebre y cafeína, son dos elementos que no todos deberían mezclar, la mezclilla no se obtiene de la mescalina, y un mascalzone no usa su ropa interior como chicle.

“No lo sé Watson, me sobrepasa el absurdo”, dijo Sherlock dando una pipada a su chupa. Quizá la dama de los buenos deseos debió ahorrarse el boleto. No es correcto tratar de encubrir una maldición con hermosas palabras. Además, cuando abres los ojos, comprobarás que el Infierno siempre está en el mismo lugar que el Cielo.

pintura

Un ave canta en la mañana

Un ave canta en la mañana.

Milagro matutino de todas las fechas.

El ave saluda al día con su canto.

Es un maravilla, como las nubes enormes que flotan en el cielo.

Como la luna que brilla discreta antes de cederle espacio al sol.

El ave decide volar y buscar comida.

En las ramas de un árbol corre una ardilla.

Cantos y naturaleza, enclavados en este espacio de “civilización”.

Pero nadie parece notar estos aspectos del mundo.

La gente duerme o muy aturdida se dirige a cualquier lugar.

Pensando en sus cosas.

Ideas mezquinas o de ambición desmedida.

No hay tiempo para mirar al cielo.

¿Qué caso tendría voltear hacia un árbol?

La gente en su laberinto mental de demencia cotidiana.

Hundida hasta el cuello en las aguas del agobio.

Tratando de flotar con sus histerias y envidias, pan suyo de todos los días.

Mientras un ave canta en la mañana.