Locura y crimen

“…pero es que siempre es lo mismo contigo…”, dijo gritándole al teléfono, o mejor dicho: a la persona que le había llamado para continuar con la cadena de reclamaciones.

La rabia salía cañoneada de sus ojos y su respiración estaba más agitada que monje en lupanar. Se sentía como la tonta víctima de un fraude, del peor timo, y para muchos la peor estafa suele ser siempre de naturaleza sentimental, cuando no es económica, por supuesto.

¿Cómo empezó a sentir este odio? ¿Cómo es que alguna vez creyó que se querían?

El amor tierno del pasado parecía ahora increíble, un sueño bocetado por Escher y nada más. ¿Cómo puede ser que la persona que tanto querías se convierta en tu mayor suplicio, en esa cruz que debes cargar con resignación en nombre del amor?

Debido a su gran cristiandad, al parecer compartida con su pareja, se habían jurado cariño mutuo y por siempre ante el padre que es hijo y espíritu al mismo tiempo. Compromisos y juramentos divinos que al parecer en estos tiempos profanos se tienen que romper por mera salud mental, pues las cosas parecen a veces acercarnos al umbral de la locura o quizá del crimen pasional.

Tras el grito aclara su garganta y como en un momento de lucidez piensa que no soporta más a esta persona, recuerda también que más de una vez cruzó por su mente arrojarla por las escaleras como alud de carne o lanzarle el lindo juego de cuchillos de acero inoxidable como en un acto de indio borracho en el circo del Lejano Oeste.

Dios es grande y ha contenido los instintos asesinos, pero ¿para qué esperar a que Dios decida jugar a los pigmeos?

Esta llamada le ha hecho tomar una decisión: no regresará esta noche a casa, se irá lejos, allá por donde se encuentra el caño del del océano. Tomará el primer autobús que encuentre, o mejor aún, ese que recorra más kilómetros. Empezará tardíamente una nueva vida, dedicándose a lo que sea. A estas alturas todo será siempre mejor que regresar “a casa”.

Piensa que al menos no hay hijos de por medio, y da gracias a Dios.

Termina la llamada recriminatoria y arroja el teléfono al cesto de basura, luego empieza a caminar siguiendo al sol de la tarde, hacia la estación de autobuses.

Un ingreso menos al hospital siquiátrico, un apelativo menos en el penal estatal… hablando de manera potencial, por supuesto.

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Publicado por

Mobtomas

Algo de lo que he plasmado en mis libretas: escritos, cuentos, divagaciones, reflexiones, genuflexiones verbales, cuentos, historias, histerias y pensamientos. Esto es como una botella en el mar cibernético.

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