Después de un “te quiero”

“Te quiero”, le confesaste por fin. Realización de ese proyecto de múltiples desvelos. Por meses te propusite declarle lo que sentías. Hoy por fin dejaste de lado la inseguridad y apostaste el todo por el todo, buscando la certeza para acabar con esa tortura de la indefinición.

La estrechez aparente del sólo amigos cuando una de las dos personas está borrachamente enamorada de la otra es realmente un limbo para corazones autoengañados, una farsa cuya duración es directamente proporcional a la cobardía del que cree amar.

Ella fingió sorpresa cuando se lo dijiste, como si no lo hubiera visto venir desde hacía tiempo, y representó ese mismo tipo de asombro que usamos al abrir un regalo de Navidad que hemos espiado previamente en el armario.

Sin responderte nada, sin decir una palabra, nada ella desvió la mirada, como campesino medieval al escuchar que se acerca la campanilla del leproso, y sus bellos ojos se quedaron contemplando un horizonte vacío. En la súbita aridez que experimentaste volteaste al cielo y no viste ninguna nube de esperanza.

Ella dudó, luego existió, y tras un ligero trastabilleo conductual recuperó su aplomo de Superman de los 1950 y comenzó a hablarte de otro tema, lo más alejado posible de cualquier sentimiento.

Todo en apariencia volvió a ser como antes en ese instante, como de costumbre. Como si el exabrupto declaratorio no hubiera sido más que el eructo de una chinche vegana.

Terminaron la charla con el tono habitual y ella se despidió. Ella no te dió acuse de recibo de tu “te quiero”. No le dio una respuesta a tu declaración. Se fue por la tangente, como solía hacerlo Isabel Primera de Inglaterra.

Nada sucedió como esperabas, ni siquiera como en tus peores temores. No hubo respuesta ni reciprocidad, pero tampoco rechazo ni ofensa. Fue como si no hubieras desnudado tu alma o como si lo hubiras hecho en la playa nudista espiritual el día despúes al Juicio Final. Su indiferencia y omisión, su sobreseimiento, no estaban contemplados por ti.

Lo último que ella te dijo, antes de partir, fue: “Nos hablamos”.

Pero a partir de ese día ella jamás contestó tus llamadas ni se dignó a responder tus mensajes. Obvio que tampoco te llamó ni te escribió. Todo volvió a ser igual que antes de que la conocieras, con la diferencia de que ahora te la pensarás más veces antes de declarar tu amor.

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Publicado por

Mobtomas

Algo de lo que he plasmado en mis libretas: escritos, cuentos, divagaciones, reflexiones, genuflexiones verbales, cuentos, historias, histerias y pensamientos. Esto es como una botella en el mar cibernético.

2 comentarios en “Después de un “te quiero””

  1. Pues… qué triste y qué cobarde, no?
    ¿Qué clase de “amig@” desaparece sin decir adiós? 🙄
    Si no sientes lo mismo, díselo…pero no desaparezcas de esa forma tan despiadada…
    Aunque bueno… pensándolo bien… quizá esa sea la mejor ayuda para desenamorarse rápidamente de alguien que, según parece, no merecía la pena…🙄😏

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    1. Al parecer hay gente que cree que con ignorar las cosas no pasa nada (el coyote del correcaminos cerrando los ojos antes del impacto del tren), o que consideran que es mejor no lastimar a los demás “rechazándolos”, sin darse cuenta que el golpe de la inefinicón y lo inexplicable es peor. Al final supongo que eso hace interesante la vida, no sé exactamente para quién, pero es probable. ¡Saludos Ote!

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