Soñé

Soñé cuchillos, pero no fue un sueño peligroso o malo, como dicen los expertos en  interpretar sueños. Eran cuchillos nuevos, bien empaquetados, eran muchos y muy bien afilados, pero con sus partes cortantes perfectamente resguardadas. Nadie salió herido ni se lastimó a ningún animal en dicho sueño.

Me soñé dentro de una cabina telefónica en el desierto, me urgía llamarte, pero por más que me supiera tu número me era imposible marcarlo. Cada intento era un nuevo error de marcación. Elegía correctamente los números del principio, pero siempre los últimos se me confundían. Jamás me pude comunicar contigo.

Soñé que de nuevo confundía el 52 con el 25, aquí no tenía que marcar ningún teléfono, sólo perdía constantemente la noción y el paso del tiempo. Y mientras pensaba esto, afuera de un cine viejo con miles de focos encendidos en su marquesina, una bala perdida me daba en el pecho: el blanco incorrecto de un negro final. Cuando sentí que la bala me atravesaba y me estaba muriendo, desperté sobresaltado.

Soñé una vieja hacienda en el campo, donde se iba a celebrar una boda. Cuando estoy despierto nunca voy a ninguna de esas celebraciones, no me gusta ser partícipe de falsas uniones. La novia era alguien a quien estimo, pero que hace ya demasiado tiempo que no veo. Desde un balcón yo la vi llegar, y sin saber cómo, ella se encerró en la habitación de ese balcón mientras yo la observaba desde la entrada del viejo edificio. Creo que jamás la veré de nuevo.

Soñé que en una calle mojada por la lluvia había un taxi destartalado esperando a alguien. El taxista, viejo y calvo, escribía sus memorias en un grueso cuaderno, usaba un bolígrafo amarillo de punta extrafina, justamente como los que jamás utilizo yo para escribir, porque no se deslizan bien sobre el papel.

Soñé que veía a mi padre, quien ya lleva muerto algunos años. Yo le preguntaba qué hacía aquí, pues él ya había fallecido. Me dio gusto verlo, pero yo sabía bien que él no debía estar allí. Fue como cuando soñé el regreso de Michael Jackson, en el mismo desierto donde estaba la cabina de teléfono. Al parecer, sueño con muertos que no se convencen de estarlo.

Soñé que volaba. Como de costumbre, comenzaba dando saltos cada vez más altos, hasta que me alejé mucho del suelo y alcancé las nubes. Y también como de costumbre, una vez en el cielo yo ignoraba cómo bajar; y comencé a caer. Cuando estuve a punto de impactar el piso y morir… desperté.

Soñé que se había hecho realidad uno de esos sueños de vigilia que llamamos ilusión. Todo era tan real que en verdad estaba convencido de que eso estaba sucediendo. Así son todos mis sueños: reales hasta que despierto.

otto-e-mezzo

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Publicado por

Mobtomas

Algo de lo que he plasmado en mis libretas: escritos, cuentos, divagaciones, reflexiones, genuflexiones verbales, cuentos, historias, histerias y pensamientos. Esto es como una botella en el mar cibernético.

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