Extracto del Genesis apócrifo (versión animal)

En el principio absoluto, Dios creó el cielo y la tierra. Después, Dios se dijo (diciéndolo al todo): “Que en el agua nazca toda clase de animales, y que los cielos se pueblen de aves que vuelen sobre la tierra y entre las nubes”. Y así fue, pues no podía ser de otra manera.

Dios creó los grandes monstruos del mar, los invisibles seres del océano y todos los animales que en el agua nacen y que habitan y mueren en ella, y todas las aves, pequeñas y enormes, con diversos picos y plumajes. Al ver Dios las cosas estaban bien, con verdadero orgullo, de una autenticidad que sólo puede ocurrir en el Señor, bendijo con estas palabras a los animales que había creado: “Que tengan muchas crías, se multipliquen superando a las matemáticas que vendrán y llenen los mares, y que haya muchas aves en el cielo enriqueciendo mi creación”.

Luego Dios proporcionó a todos los animales lugares y alimento para nacer, crecer y reproducirse; pero el corazón de sus creaciones era duro y empezaron a atacarse entre ellas. Por eso el Señor confundió el idioma de todos los animales en la tierra, y del sitio de su disgusto los dispersó por todo el mundo. Por eso ese lugar se llamó pre-Babel.

Al ver que los animales seguían en discordia permanente entre ellos, el Señor volvió a llamarles la atención, advirtiéndoles que de continuar con sus malas acciones les enviaría un castigo que lamentarían hasta el día del Juicio Final.

Pero Dios endureció el corazón de los animales y estos no modificaron su comportamiento discordante. Entonces dijo: “Ahora hagamos al hombre. Él tendrá poder sobre los peces, las aves, los animales de cualquier lugar, antro o pradera, montaña o selva, y sobre los que se arrastran por el suelo”.

Cuando Dios creó al hombre, los creó varón y mujer, y les ordenó: ‘Tengan muchos, muchos hijos; atiborren el mundo y gobiérnenlo; dominen a los peces y a las aves, y a todos los animales que deambulan por el suelo. Siéntanse amos y señores, pero sin suplantarme, pues de lo contrario los castigaré sin miramientos”.

Desde entonces los animales jamás tuvieron paz, viviendo bajo el yugo del hombre, sirviéndole no sólo de alimento, sino también como penoso divertimiento. También aquellos animales que mansamente renunciaron a su libertad y dignidad sufrieron abusos por parte del hombre. Los que eran amos terminaron siendo esclavos, y los nuevos amos…

Y Dios vio que todo lo que había hecho estaba muy bien.

mundo

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