Tiempos modernos

Parece que el espejo de la verdad desnuda se ha empañado.
Cualquier ignorante es Rey Feo en este mal carnaval, donde todos buscamos desesperadamente ser horribles, y todos somos reyes aparentes en este reino de la mediocridad estandarizada.
Mientras eso sucede, alguien más listo que nosotros, pero en el fondo más estúpido también, jala los hilos del teatro de marionetas de cabezas huecas.

¿Qué nos hizo olvidar que siempre debemos cuestionar la autoridad?

Puede que el fuego se combata con el fuego, pero las pendejadas jamás pueden combatirse con pendejadas.
Así seguimos asustándonos con fantasmas artificiales de nuevo cuño y esclavizándonos con necesidades creadas, ansiando las cosas innecesarias. Soñando con poseer imposibles que tienen etiquetas con precio y se exhiben en aparadores. Queriendo y creyendo ser estrellas bajo los reflectores, cuando en realidad a nadie importamos.
Nos enfrascamos en absurdos y discusiones sin sentido, vociferamos con pasión ciega el orgullo de cosas que debieran ser naturales… dejamos que lo importante se agrave o nos mate.

La igualdad no se logrará simulando ignorar las diferencias.

Y violencia, mucha violencia, por doquier. Lamento aceptar que el cine y la TV nos ayudaron a “normalizarla”.
La intolerancia se pavonea elegantemente vestida con ropas de buenismo. Lo políticamente correcto es la dictadura de los cobardes idiotas.
Crimen y superioridad (sexual, racial o de la más pura estupidez), es un binomio inseparable.
El nuevo jinete siamés es el de Enajenación y Guerra, la nueva peste que nos asola.
Me siento como la Rosa dentro de la cabina telefónica.

nuda veritas

 

El tío Gepetto

El tío Gepetto es pintoresco, es un viejo italiano que no fabrica juguetes, sino que trabaja como mesero en un restaurante uruguayo de la Ciudad de México.

El tío Gepetto es de verdad viejo, no se tiñe el pelo de blanco (que ha sido blanqueado por los años), ni se pinta de gris los bigotes. Su espalda está un poco encorvada, en un ángulo similar al de la torre de Pisa. Su rostro es como un mapa de rutas existenciales.

Salió de su patria hace no muchas años para buscar subsistencia en el continente americano, pero no en la América de las barras y las estrellas, pues no le agradan los gringos , a quienes considera un mal imperio (el remedo barato de aquella grandeza romana que suele asociarse con Julio César y Augusto). De hecho, los estadounidenses le desagradan tanto que si le pides al tío Gepetto un café americano te responde: “querrás decir agua de calcetín”, en puro español.

El tío Gepetto vino a México cuando sus hijos se alejaron de él para hacer cada uno su vida, para no recordar a su papá ni siquiera en Navidad. Él dice que ese desapego de la familia lo tomaron sus hijos de las películas de Hollywood, dice que ese cine mató a la familia italiana, a la verdadera y natural familia italiana, no a la mafia.

El tío Gepetto fue contratado por el restaurante italiano de propietarios uruguayos, donde se venden pasta y pizza, para darle más credibilidad al local. Habla bien el español, pero siempre intercala alguna palabra en italiano para ambientar el lugar. Pronto, prego, scusi, buona fortuna… Siempre una palabra italiana dentro de sus frases en español con acento, excepto cuando te corrige sobre el “agua de calcetín”.

El tío Gepetto sabe cómo explotar al máximo su denominación de origen.

gepetto

 

Fiesta

La camelia sintética que acaricia el maquillaje de tu mejilla es la artificialidad deslizándose sobre una mentira. Me sonríes con tus dientes Cheshire pintados de blanco excesivo, en un rictus de alegría externa tan natural como la de maniquí de gran almacén con descuentos.

Nadie piensa en la muerte, aunque todos la llevamos a cuestas desde que nacemos. ¿Será que pretendemos ignorarla por costumbre?, ¿será por miedo?

Las telas sintéticas encandilantes parecen hechas de luz. Las pieles farsantes con que se visten las bestias extasiadas parecen en verdad de origen animal. Nadie conversa, sólo se escucha el monótono latido de una música que sirve para aturdirnos y hacernos olvidar. Bailar y olvidar. Estar sin ser, ser sin estar. Dame una pastilla más.

Varias pantallas conforman un muro multicolor, otras tantas, solitarias como islas de imágenes, cuelgan del techo mostrando animaciones de computadora tan reales que pienso que muy pronto ya no se requerirán actores humanos. Una máquina bastará para producir todas las tramas que se puedan reinventar y poblarlas de dibujos convincentes que también sepan bailar.

Las naves de aquellos que aspiren a la inmortalidad a través de sus obras no zarparán del muelle del anonimato, y vivirán en el olvido automático. Quisimos facilitarnos tanto la vida, que al final nadie será ya necesario, para nada.

Pero no te detengas a pensar, deja ir lejos a esa habilidad innecesaria. Naveguemos juntos por la corriente, mira que todos los ríos conducen a la misma Roma.

Así estamos hoy: temerosos de la muerte, viviendo una vida de muertos vivientes.

sonrisa