Descargo de responsabilidad

Seguro tu mente tejerá lo contrario, antes de que se haga la luz siempre sucede eso, pero en verdad no te conviene mi compañía, soy mala cosa.

Soy el que come mariposas en la tierra de volcanes, también me alimento de serpientes si se me atraviesa alguna. Soy lo que cubre el suelo de esta pocilga.

Puedo tocar el arpa como lo que tú llamas ángeles, y convertir mis ojos en diamantes cuando te escucho, pero estos no son más que trucos baratos.

Hay muchos libros en mi cabeza, de mi boca salen temas variados, a veces puedo resultar interesante, pero una vez saciada mi hambre, ya nadie me importa.

Puedo decir que nunca tomo más de lo que me otorgan, jamás uso la violencia y pago con la misma moneda. A pesar de ello, sobre mí más te vale no elucubrar esperanzas.

¿Pero sigues aquí? ¿Por qué la incredulidad se despeja hasta casi la medianoche? Suelen percatarse de la realidad hasta que no pueden expresarse más que con reproches.

Me resulta tan incómodo escuchar reclamos, cuando todo fue claramente dicho desde el principio. ¿Acaso no hablamos el mismo idioma?

En fin, sigamos, pero ya lo veo venir. Qué feo es esto de que en un mundo de sombras, la verdad suele ser lo más difícil de creer.

Regresar

Me duele en el alma ver a alguien en una situación como la tuya.

No me compadezcas, por favor, la compasión sabe mucho a insulto, no me compadezcas…

No te compadezco, sé es que no es fácil pasar por ese tipo de situaciones. Me impacta que en un instante todo lo que creías haber conseguido se desvanezca, que toda la paz y tranquilidad se pierdan por circunstancias ajenas a ti, a mí. Supongo que a cualquiera le puede pasar; sin embargo, en verdad me duele verte así. ¿Qué piensas hacer?, ¿vas a regresar con él?

¿Crees que estoy loca? Él me ocasionó todo lo peor en mi vida, regresar con él es dejarle que acabe conmigo, simplemente yo no podría regresar a su lado. Aunque… pudo haber cambiado en estos años, ¿no?

No lo creo, nadie cambia del todo, es decir, él es así de raíz, es su naturaleza. Tú necesitarías que él se transformara en otra persona, y nadie cambia tanto en toda una vida, mucho menos en cinco años.

Es verdad, nadie cambia. Sería un error regresar con él.

Estarías mal de la cabeza si lo hicieras.

Sí, definitivamente, de todas las cosas que pudiera hacer mal en mi vida, regresar a su lado sería la peor, aunque…

¿Aunque?…

Él sigue siendo mi esposo, hay algo que aún me ata a él.

Pero ¿no acabas de decir que regresar a su lado no es una opción para ti?

Podrían obligarme, ¿no?

No lo creo si tú no accedes.

Está claro que no accederé, ni loca lo haré…

Aquel le rogó, le juró que había cambiado durante la separación, que la vida juntos sería distinta a como había sido, porque su transformación era verdadera. Ella regresó a su lado una semana después de esta conversación, y nadie la obligó a ello.

Enamoramiento en la contingencia

En plena contingencia, amor de primera vista, literal, entre dos miopes a sana distancia. Dos metros de cercanía máxima, uno y otra con cubrebocas, pero bastó mirarse mutuamente a los ojos, con miradas nebulosas como húmeda mañana de San Francisco.

Dos miradas y aceleración de pulsaciones, ninguno sufría de presión alta, con mariposas revoloteando en sendos estómagos anotaron mentalmente la hora y el lugar para ayudar a la suerte a reunirlos de nuevo. Y así fue, los dos tenían el mismo interés.

Durante días se observaron en el mismo lugar, respetando la cercanía máxima de los dos metros, ambos creyeron haber encontrado su media naranja. Aún no era tiempo de concertar una cita, ante tanto riesgo de contagio. Mejor así: silencio, de lejos y esperando.

Cuando por fin terminó la contingencia, se encontraron en el mismo lugar de todas las veces, como por casualidad otra vez. Pudieron acercarse y por fin intercambiar palabras salidas de sus bocas, ahora sin protección.

Pura desilusión: él no tenía mentón, ella tenía los labios ulcerados, los dientes de él eran de un sucio amarillo mazorca y los de ella chuecos y multicolores como vómito de LEGO®. Mal aliento en los dos casos, y lo que es peor, ambos eran bastante idiotas.

¡Ah, pero qué bellos eran sus ojos a la distancia! Ojalá por siempre hubiesen portado cubrebocas.

Lego

Cambio e incertidumbre

Cambio e incertidumbre, eso es la vida. Un suspiro efímero en la gran extensión ficticia que llamamos tiempo. La historia no es una ciencia exacta porque cada quien cuenta la experiencia desde su perspectiva, nunca explica el todo y jamás predice nada. Nadie puede decir qué pasará en el futuro, el cazo de cobre de Nostradamus hace mucho que se descompuso. La hormiga y la cigarra es una fábula divertida, pero nadie nos dijo lo que le pasó a la hormiga en el segundo invierno de sus afanes (le dio un ataque cerebral ocasionado por el estrés).

Nuestro mundo artificial es una apariencia, una ilusión que duele. El dinero es otra convención absurda, sin la cual no podemos vivir, o eso dicen y lo creemos (al menos yo no puedo vivir sin dinero). El miedo a la muerte puede que resida más en que sentimos que esta es un cambio e incertidumbre más ilegible que la vida, le tememos porque más vale malo por conocido que bueno por conocer. Así que por eso nos aferramos a esto, tratando de convencernos que durará para siempre y que encontraremos algo seguro para aferrarnos. La vida es absurda por naturaleza, cambiante e incierta. Nada más.

¿Adónde se fueron todos?

¿Adónde se fueron todos?
A mi casa ya nadie llama y tampoco recibo visitas.
Mis pocas charlas son con extraños, y todas acerca de deudas.
Todo mundo está enganchado a pantallas de diversos dispositivos,
en el aislamiento total y presumiendo cientos de amigos.
¿Adónde se fueron todos?
Las compras se pagan en máquinas o se reciben en casa,
las mujeres se inseminan por mensajería o por servicio postal.
Los parques están más quietos que los cementerios
y el entretenimiento web tan solicitado como lo estaba el metro.
¿Adónde se fueron todos?
Al no ver a nadie todo es desconfianza, tu mano izquierda ya no se fía de tu pie derecho.
Es triste ver a lo que hemos llegado,
me preguntó ¿qué estaremos pagando?
Es el sueño ideal del ermitaño popular: todos encerrados.
La dulce ambición del dictador: todos encerrados.
¿Será que se acerca el regreso de Dios o es simplemente es nuestra siguiente fase?
El punto es que todo se siente más vacío que mi alma y yo me pregunto: ¿Adónde se han ido todos?

kafka

El cuerpo y la cabeza

Crees que haces lo correcto, que las decisiones que tomas al igual que tus bebidas son las apropiadas, aunque jamás son reflexionadas. Apuestas al caballo que presientes ganador, pero este termina invariablemente siendo el último de la fila. Todo te sale mal, la inspiración no es lo tuyo, quizás porque no has notado aún que la cabeza siempre va en dirección contraria al cuerpo.

Hitler pensó que si se apresuraba en Rusia terminaría el asunto antes del otoño (de verdad, no es que haya ignorado la experiencia de Napoleón). Luzbel pensó que  su encanto sería suficiente para mantenerse eternamente a la derecha del Padre o quizás en la Nube 9… y nosotros también nos equivocamos al creer que la tecnología nos resolvería todos los problemas.

Tú siempre te esforzaste por ser la chica tranquila que caminaba por la ruta brillante, hasta que una basura te dijo que en realidad eres una fiera. La pobre basura tenía razón. Ahora tratas de reponerte de la sorpresa que te diste a ti misma y tratas de definir quién eres realmente, quizás pronto descubras que la cabeza siempre va en dirección contraria al cuerpo

Esa enfermedad mortal corría en tu familia como loco en autopista. El cangrejo mortal era parte de tu genética. Pero jamás quisiste prevenir nada, ni un solo análisis, ni una inspección, no fuera que te dieran “la mala noticia”. Cerrar los ojo no hace que el monstruo desaparezca, la sombrilla del coyote no detiene las rocas. Descansa en paz.

Pablo creyó que todo era amor, que no había necesidad de establecer jerarquías ni de imponer cargos pues la paloma blanca que jamás se fue, pero parece que tampoco está aquí pone todo en su lugar. Los fans de Pablo decían creerle, pero en el fondo sentían que el espíritu no era suficiente, y como pueblo de Israel exigieron un rey.

El pequeño César del hampa pensaba sólo en sí mismo al presumir que le importaban todos, su engaño fue exitoso y planeaba largarse con el botín de sus fechorías a la Cuba precastrista. Por otro lado, el soldado que pensaba en todos se engañaba creyendo que sólo le importaba su propia persona, y al final aceptó que sus pensamientos no eran los correctos, quitándose el egoísmo como si fuera una camisa. César y soldado partieron a la isla, el primero engañado y el segundo para hacer justicia. El soldado, al convertirse en héroe, comprobó que la cabeza siempre va en dirección contraria al cuerpo.

El tío

El tío es un bicho raro. Nunca se ha casado, tampoco tuvo hijos, jamás se le conoció alguna novia, ni novio (que en su caso termina siendo lo mismo). El tío no encontró la media naranja que le sirviera de sparring existencial.

El tío tampoco buscó un trabajo decente, como esos que tiene la buena gente, con horarios esclavos y salarios rutinarios.

El tío se limitaba a encerrarse en su habitación a escribir y a escuchar jazz todo el día, desde antes de que saliera el sol, hasta mucho después del crepúsculo. Únicamente necesitaba su bolígrafo, papel y su pequeño radio de transistores.

En ocasiones, el tío desaparecía algunas horas, quizás un par de días, y regresaba al hogar de su hermano, en el que vivía. Este hermano estaba cotidianamente casado con una buena ama de casa, con quien tenía cuatro hijos; y con fraternal apego mantenía al tío como un dependiente impuesto por el destino.

El tío siempre volvía flaco y ojeroso de sus correrías, como un quijote apaleado por policías, pero al regresar jamás comentaba nada de sus aventuras y solo se encerraba en su habitación a escribir y a escuchar jazz.

Ignoro qué hacía el tío con tantos escritos, eran demasiadas libretas, servilletas y cualquier cosa de papel, acumuladas en cajas y cajas rodeando su cama. No los vendía, no los publicaba, vamos, ni siquiera los compartía.

Esa era su rutina, hasta que un día el tío trepó a un árbol muy alto. Subió como gato desesperado y cuando llegó a la mayor altura posible gritó como gorila en celo: “¡Quiero una mujer!”.

Fueron muchas vueltas al reloj de arena las que pasaron para convencer al tío de que bajara. Llegaron los municipales, los bomberos y los cobradores de impuestos, pero no descendió hasta que llegaron los loqueros, acompañados de una monja enana. No era la mujer que el tío deseaba, pero la obedeció sin cuestionar nada.

El tío vive ahora en un nuevo hogar, donde hay algunas personas encerradas que se creen Napoleón, aunque la mayoría dice que está allí por error; unos dicen que los recluyeron en ese lugar por cuestiones de querencias, otros que por odios irreconciliables, pero la mayoría dice que los metieron por asuntos de dinero.

El director de ese nuevo hogar nos dice que el tío vive allí muy tranquilo. Que es feliz con tal de tener a la mano un bolígrafo, papel y su radio de transistores. El tío escribe y escucha jazz, y lo mantienen alejado de cualquier árbol alto, pues si el tío descubre uno, lo trepa como gato desesperado y cuando llega hasta la mayor altura posible grita como gorila en celo: “¡Quiero una mujer!”… Además, la monja enana es una mujer muy ocupada.

El tío siempre ha sido un bicho raro.

 

Nadie conoce a alguien del todo

Nunca nadie conoce a alguien del todo, ni siquiera a su propia persona. Igual hay excepciones, así como hay también iluminados; pero esas excepciones, de haberlas, deben ser muy discretas.

La mujer que mantiene más elevado el nivel del misterio, se queda más tiempo grabada en tu memoria. Se reirá de ti regalándote un jarrón lleno de vino del olvido, pero cada que la intentes olvidar, la recordarás más.

Puedes convencerte de que el futuro ofrece cosas nuevas que, como agua del Leteo o como si fuera real ese vino del olvido, permitan reinventarte y te den otra vez ánimos para andar. Puede ser, quizás tengas tú la suerte que me eludió.

Si el amor es un juego, cada que me miro al espejo veo el rostro de la derrota. Por esa ruleta perdí la camisa, la cabeza y la paciencia. De ahí que me encuentre varado en este desierto, hasta que pase por aquí la línea del tren.

En cada mujer percibí ecos de la más misteriosa, de la inconquistable, y detrás de cada montaña siempre encontré una montaña más. En eso parece consistir la vida, hasta que descubres que nunca nadie conoce a alguien del todo… hasta que sorpresivamente termina.

concha

Antes

Ojalá todo fuera como cuando paseábamos por el parque, antes de ser amantes.

Añoro los tiempos de la cortesía y el cortejo, en que siempre había alegría en cada reencuentro y la ausencia era un hueco imposible de llenar.

Ojalá todo fuera como cuando te llamaba “señora” o te hablaba de “usted”.

Dulces tiempos antes de la intimidad, de la exploración de pieles y de la saciedad tras regresar del éxtasis.

Ojalá todo fuera como cuando la confianza no era excesiva y todo era sonrisas.

Cómo me hubiera gustado que no se perdieran esos tiempos de total respeto, del “hay tanto por descubrir”, del “muero de deseo”.

Ojalá jamás hubieran llegado las posesiones ni los reclamos.

Pero bueno, al final nada es para siempre y todo va para el mismo lugar.

renoir

Odio

Fíjate bien cuando odies a alguien, pues las más de las veces el odio es un espejo limpio y claro, de reflejo perfecto. Tendemos a detestar a aquellos que nos muestran características de nosotros mismos, sobre todo las más insoportables. De ahí que la piedra que le lances a los pecadores que juzgas con severidad, pueda transformarse en un búmeran que te rompe la crisma y el esquema de vida.

No hay maldad ni bondad en la naturaleza, ambas cosas, igual que las leyes y las condenas, son inventos humanos para sobrellevar la compañía y la sociedad. Lo curioso es que existe gente realmente malvada, que a su vez odia con gran encono a todo su entorno. Aún así hay grados de maldad, fíjate bien y verás que en ese rubro Trump es peor que el mismo Hitler (aunque los fines de ambos jamás justificaron sus medios).

La Historia es un juez severo, pero corrupto, que se inclina al lado de los vencedores y de los buenos narradores. La Historia no es ciencia, porque no puede ser realmente objetiva, cada quien cuenta experiencias desde su perspectiva. Pero curiosamente el eco que suele resonar más en la Historia es el que produce el odio. El odio grita más fuerte que el amor (y éste no necesita siquiera levantar la voz).

Antes de desatar tu odio, detente a pensar si es necesario que cambies algo de tu persona. Y si no tienes frenos para detenerte, ojalá que el golpe te despierte.

piedra