Principio de incertidumbre

Exigiste siempre el uso de condón, fuiste precisa con los anticonceptivos y las cuentas de la luna (espejo del tiempo, según Borges), redujiste al máximo los riesgos de la morbosidad de Venus, ¡bien por ti!, sin embargo engendraste un crío… el Espíritu Santo es Inocente. Así adquiriste un boleto para un trayecto que durará hasta tu último suspiro.

Tu escalera social se rompió en el penúltimo peldaño, tu vida dio volteretas de poseso y Hitler marchó de nuevo.. A sus campos de prisioneros, el dictador les llamó spas, en donde como preso tienes que pagar. No creíste que fuera él, porque usaba otro nombre y ya no tenía ese bigotillo tan ridículo. De nuevo tu mundo cayó como castillo de naipes y tú te diste cuenta demasiado tarde.

Llegar entusiasmados a la edad e la jubilación en la posmodernidad líquida, ultraapocalíptica y psicotrópica nos sirve principalmente para descubrir que las pensiones y la seguridad social son mitos del pasado. ¡A trabajar de nuevo, viejo amigo!, sin sueldo ni contrato, como empacador de supermercado.

Amasar pan para amasar fortuna, engordar la cuenta bancaria y asegurar la holgura  futura para que de repente… ¡todo y nada!, llegó la peste negra artificial, manufacturada por la conspiración que está más arriba de la teoría, se caen las bolsas y la economía, y comprobamos todos que la Edad Moderna es más letal que la Media.

Cursos de seductor, vocación de cocatriz, Romeo en el balcón y Lady Macbeth cumpliendo su ilusión, alegría efímera porque de repente llega un meteorito que recordarían los dinos, si vivieran. Y eso es todo amigos.

No hay nada garantizado, salvo eso que ya sabes y no quieres ni mencionar. Lo único seguro es el movimiento y la energía, y en realidad no hay promesas verdaderas grabadas en mármol.

No jures nada, no creas que hay metas definitivas, sólo déjate llevar por este río de vida, y cuando sea suficiente, puedes imitar a San Melquiades y hacer un mutis por la izquierda, con gracia tierna.

“Di mi nombre”, le dijo J*** al profeta de las tablas, “pero jamás lo digas en vano”.

Dino

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