Nada

Pilatos, lava tus manos en lo que Judas tensa bien su cuerda. Nadie conservará en su memoria que un tal Bill colaboró en la extinción de los búfalos.

En la noche quieta, llena de borrachos estrellados que no volverán a ver los astros, brindemos por nuestras efímeras felicidades, en esta vida que es nada, comparada con todo y con el más allá, y que es todo lo que tenemos acá.

Hamlet termina tu omelette, Speedy termina el queso que robaste, el presidente es siempre el que mejor miente, y mi única vocación fue la de quererte.

Por ahí puede estar la bala que me terminará, o quizás sea un cocktail de cianuro on the rocks, por ahí puede estar ya el ente que por robarme tres pesos me dejará tendido en un callejón, y yo ya no volveré a ver los astros.

Stalin era Koba antes de hacerse de acero, pero siempre fue la misma basura; y Nerón sólo quiso ser poeta, mientras que Mao prefirió el poder.

No se culpe a nadie de nada, porque nada somos y en nada nos convertiremos. Somos la nada, aunque respiremos, y seremos la nada, aunque creamos.

En la jarcería

El matrimonio de varias décadas contemplaba la marcha del tiempo, ambos bien acomodados detrás del mostrador de su jarcería. Antes en su tienda vendían artículos para limpieza hechos de fibra vegetal o de elementos naturales, hoy en su establecimiento lo que abunda son los objetos de plástico. Sin embargo el negocio sigue teniendo el aroma único de las jarcerías.

El matrimonio ha vendido, a lo largo de los lustros, cientos de escobas y escobetas, baldes, jergas y cubetas, trapos y estropajos, zacates y esponjas. También ha atestiguado el paso de distintos gobiernos, sin ver nunca ningún avance real en el país: los pobres se hacen más pobres y los ricos son cada vez más escasos, pero los que hay son cada vez más ricos.

El matrimonio dejaba fluir los días sin novedad, ya con muy poca capacidad de sorpresa. Nada parecía condimentar sus vidas, ni sacarlos de la adormecedora monotonía del sístole y diástole de cada día. Hasta que una mañana soleada…

Por el umbral de su jarcería, el matrimonio vio entrar a una dama dinámica y bien parecida, que les dijo “buen día”, y después aspiró para llenar sus sanos pulmones con el aroma del negocio; tras lo cual, sonrió como emitiendo una luz astral y se retiró del local.

El matrimonio nunca había presenciado un acto surrealista natural, se sorprendieron y se miraron mutuamente sin decir nada, sintiéndose bien gracias al grato calor en el corazón que les dejó la sonrisa de la dama misteriosa. El matrimonio concluyó que el asombro puede regresar cuando menos se le espera.

El monje negro

Estaba yo sentado, plantado, a la orilla del camino, anonadado sin esperar nada ni a nadie en especial, ensayando mis imitaciones de bufón popular, que por entonces estaban muy de moda en la descortés corte de cualquier cortado no inglés.

Yo me esforzaba por tratar de dominar los bobos chascarrillos fáciles que tantas carcajadas producían en los cazadores sin carcaj, en los príncipes de hueco cráneo de globo terráqueo y en las princesas de portada de revista del corazón, y de la moda agobiante y gobernante.

Entonces, por el camino, apareció un monje negro con un perro viejo, que tampoco era blanco, ni del tono de los chistes. Los relatos de costumbres acostumbran indicarnos que personajes como este monje obscuro son sabios y serios, que pagan sus peajes con dinero de bolsillos ajenos. En realidad ignoro si eso es verdad, y tampoco pude notar su supuesta sabiduría, pues al verme, el monje negro se detuvo frente a mí, mientras su perro trataba de lamer el cielo.

Mirándome sin miramientos, el monje me dijo: “En Pakistán murieron 22 personas en una boda, todo porque acostumbran hacer disparos al aire para celebrar. Uno de los invitados, con un obús mortero, no supo manejar bien el arma y en vez de tirar al cielo, tiró al novio, a los 14 niños del coro (que ahora entonan cánticos realmente celestiales) y a otros tantos invitados, hiriendo a no menos de 20 y no más de 21, incluyendo a la novia, quien quedó viuda el mismo día de su boda. ¿No crees que la gente es realmente estúpida?”.

Yo, sorprendido por la historia, me quedé boquiabierto porque supe que eso había sucedido temprano en un verano de la Tierra de nuevo calentamiento global crítico artificial. El monje llamó a su perro y se alejaron, empequeñeciéndose en el horizonte rinoceronte de dura piel de hiel.

Yo, como si nada y como dada, retomé mis intentos de ser tan gracioso como buen bufón popular y olvidé el asunto de la boda en Pakistán con la siguiente noticia de intrascendencia que pasó por el camino.

monk

Descargo de responsabilidad

Seguro tu mente tejerá lo contrario, antes de que se haga la luz siempre sucede eso, pero en verdad no te conviene mi compañía, soy mala cosa.

Soy el que come mariposas en la tierra de volcanes, también me alimento de serpientes si se me atraviesa alguna. Soy lo que cubre el suelo de esta pocilga.

Puedo tocar el arpa como lo que tú llamas ángeles, y convertir mis ojos en diamantes cuando te escucho, pero estos no son más que trucos baratos.

Hay muchos libros en mi cabeza, de mi boca salen temas variados, a veces puedo resultar interesante, pero una vez saciada mi hambre, ya nadie me importa.

Puedo decir que nunca tomo más de lo que me otorgan, jamás uso la violencia y pago con la misma moneda. A pesar de ello, sobre mí más te vale no elucubrar esperanzas.

¿Pero sigues aquí? ¿Por qué la incredulidad se despeja hasta casi la medianoche? Suelen percatarse de la realidad hasta que no pueden expresarse más que con reproches.

Me resulta tan incómodo escuchar reclamos, cuando todo fue claramente dicho desde el principio. ¿Acaso no hablamos el mismo idioma?

En fin, sigamos, pero ya lo veo venir. Qué feo es esto de que en un mundo de sombras, la verdad suele ser lo más difícil de creer.

Regresar

Me duele en el alma ver a alguien en una situación como la tuya.

No me compadezcas, por favor, la compasión sabe mucho a insulto, no me compadezcas…

No te compadezco, sé es que no es fácil pasar por ese tipo de situaciones. Me impacta que en un instante todo lo que creías haber conseguido se desvanezca, que toda la paz y tranquilidad se pierdan por circunstancias ajenas a ti, a mí. Supongo que a cualquiera le puede pasar; sin embargo, en verdad me duele verte así. ¿Qué piensas hacer?, ¿vas a regresar con él?

¿Crees que estoy loca? Él me ocasionó todo lo peor en mi vida, regresar con él es dejarle que acabe conmigo, simplemente yo no podría regresar a su lado. Aunque… pudo haber cambiado en estos años, ¿no?

No lo creo, nadie cambia del todo, es decir, él es así de raíz, es su naturaleza. Tú necesitarías que él se transformara en otra persona, y nadie cambia tanto en toda una vida, mucho menos en cinco años.

Es verdad, nadie cambia. Sería un error regresar con él.

Estarías mal de la cabeza si lo hicieras.

Sí, definitivamente, de todas las cosas que pudiera hacer mal en mi vida, regresar a su lado sería la peor, aunque…

¿Aunque?…

Él sigue siendo mi esposo, hay algo que aún me ata a él.

Pero ¿no acabas de decir que regresar a su lado no es una opción para ti?

Podrían obligarme, ¿no?

No lo creo si tú no accedes.

Está claro que no accederé, ni loca lo haré…

Aquel le rogó, le juró que había cambiado durante la separación, que la vida juntos sería distinta a como había sido, porque su transformación era verdadera. Ella regresó a su lado una semana después de esta conversación, y nadie la obligó a ello.

Enamoramiento en la contingencia

En plena contingencia, amor de primera vista, literal, entre dos miopes a sana distancia. Dos metros de cercanía máxima, uno y otra con cubrebocas, pero bastó mirarse mutuamente a los ojos, con miradas nebulosas como húmeda mañana de San Francisco.

Dos miradas y aceleración de pulsaciones, ninguno sufría de presión alta, con mariposas revoloteando en sendos estómagos anotaron mentalmente la hora y el lugar para ayudar a la suerte a reunirlos de nuevo. Y así fue, los dos tenían el mismo interés.

Durante días se observaron en el mismo lugar, respetando la cercanía máxima de los dos metros, ambos creyeron haber encontrado su media naranja. Aún no era tiempo de concertar una cita, ante tanto riesgo de contagio. Mejor así: silencio, de lejos y esperando.

Cuando por fin terminó la contingencia, se encontraron en el mismo lugar de todas las veces, como por casualidad otra vez. Pudieron acercarse y por fin intercambiar palabras salidas de sus bocas, ahora sin protección.

Pura desilusión: él no tenía mentón, ella tenía los labios ulcerados, los dientes de él eran de un sucio amarillo mazorca y los de ella chuecos y multicolores como vómito de LEGO®. Mal aliento en los dos casos, y lo que es peor, ambos eran bastante idiotas.

¡Ah, pero qué bellos eran sus ojos a la distancia! Ojalá por siempre hubiesen portado cubrebocas.

Lego

Cambio e incertidumbre

Cambio e incertidumbre, eso es la vida. Un suspiro efímero en la gran extensión ficticia que llamamos tiempo. La historia no es una ciencia exacta porque cada quien cuenta la experiencia desde su perspectiva, nunca explica el todo y jamás predice nada. Nadie puede decir qué pasará en el futuro, el cazo de cobre de Nostradamus hace mucho que se descompuso. La hormiga y la cigarra es una fábula divertida, pero nadie nos dijo lo que le pasó a la hormiga en el segundo invierno de sus afanes (le dio un ataque cerebral ocasionado por el estrés).

Nuestro mundo artificial es una apariencia, una ilusión que duele. El dinero es otra convención absurda, sin la cual no podemos vivir, o eso dicen y lo creemos (al menos yo no puedo vivir sin dinero). El miedo a la muerte puede que resida más en que sentimos que esta es un cambio e incertidumbre más ilegible que la vida, le tememos porque más vale malo por conocido que bueno por conocer. Así que por eso nos aferramos a esto, tratando de convencernos que durará para siempre y que encontraremos algo seguro para aferrarnos. La vida es absurda por naturaleza, cambiante e incierta. Nada más.