Monstruosidades

En mi egocentrismo monstruoso pensaba que me voy desvaneciendo con el paso del tiempo y el atropello de la vida; pero ahora sé que es un destino compartido con todos mis semejantes. La rutina no volverá a ser la misma de antes y aún no identificamos cómo serán las nuevas costumbres. La incertidumbre levantó la mano y nos abofeteó feamente: “no se olviden de mí”, nos dijo, “estoy presente incluso en el mar calmado”.

En nuestra soberbia monstruosa pensamos que podíamos componer todo lo que le rompimos al mundo, pero el mundo no nos necesita tanto como nosotros a él. Eso lo descubrimos quienes separamos los ojos de las pantallas luminosas y miramos a través de las ventanas de nuestras casas. Quizás estaremos la próxima semana en este barrio, quizás no, quizás ni siquiera alcancemos a cruzar esa fecha en nuestros calendarios.

En nuestra ignorancia monstruosa disfrazamos la indiferencia con una falsa compasión lejana hacia los pobres, los migrantes, los oprimidos. Pero luego descubrimos que esos otros son espejos de nosotros mismos, y que también somos víctimas de la indiferencia de los demás. La vida es como el juego de serpientes y escaleras, donde los dados no pueden ser comprados como se compra la justicia humana.

En mi despertar veo muchas cosas, cambios y renovaciones que pasarán inadvertidas para la mayoría. Aunque igual y también optaré por la enajenación para dejar de pensar, de escuchar y así no ver lo que hay en realidad. Quizás decida volver a dormir, pedir una dosis del opio de la estupidez que tanto abunda, y creer otra vez que me desvanezco solo, que puedo salvar el mundo comprando coca cola y que yo no soy como los otros. Quizás…

Thames

La recta final

Arrugas, calvicie, vista corta,

movimientos lentos, salud minada, respiración entrecortada,

indolencia, indiferencia, amargura,

fijaciones artificiales en la sensualidad juvenil,

fe ciega en los avances de la medicina,

insomnio, relatos repetitivos y mucho temor a Dios o a la muerte,

terror a la posible nada posterior a la vida,

corazón casado, pulmones que huelen mal,

pulso gelatinoso, falta de voluntad,

fuerza reducida casi a la nulidad…

Hasta que llega el último suspiro,

la recta final de la existencia larga puede ser una tortura.

 

Nada

Pilatos, lava tus manos en lo que Judas tensa bien su cuerda. Nadie conservará en su memoria que un tal Bill colaboró en la extinción de los búfalos.

En la noche quieta, llena de borrachos estrellados que no volverán a ver los astros, brindemos por nuestras efímeras felicidades, en esta vida que es nada, comparada con todo y con el más allá, y que es todo lo que tenemos acá.

Hamlet termina tu omelette, Speedy termina el queso que robaste, el presidente es siempre el que mejor miente, y mi única vocación fue la de quererte.

Por ahí puede estar la bala que me terminará, o quizás sea un cocktail de cianuro on the rocks, por ahí puede estar ya el ente que por robarme tres pesos me dejará tendido en un callejón, y yo ya no volveré a ver los astros.

Stalin era Koba antes de hacerse de acero, pero siempre fue la misma basura; y Nerón sólo quiso ser poeta, mientras que Mao prefirió el poder.

No se culpe a nadie de nada, porque nada somos y en nada nos convertiremos. Somos la nada, aunque respiremos, y seremos la nada, aunque creamos.

En la jarcería

El matrimonio de varias décadas contemplaba la marcha del tiempo, ambos bien acomodados detrás del mostrador de su jarcería. Antes en su tienda vendían artículos para limpieza hechos de fibra vegetal o de elementos naturales, hoy en su establecimiento lo que abunda son los objetos de plástico. Sin embargo el negocio sigue teniendo el aroma único de las jarcerías.

El matrimonio ha vendido, a lo largo de los lustros, cientos de escobas y escobetas, baldes, jergas y cubetas, trapos y estropajos, zacates y esponjas. También ha atestiguado el paso de distintos gobiernos, sin ver nunca ningún avance real en el país: los pobres se hacen más pobres y los ricos son cada vez más escasos, pero los que hay son cada vez más ricos.

El matrimonio dejaba fluir los días sin novedad, ya con muy poca capacidad de sorpresa. Nada parecía condimentar sus vidas, ni sacarlos de la adormecedora monotonía del sístole y diástole de cada día. Hasta que una mañana soleada…

Por el umbral de su jarcería, el matrimonio vio entrar a una dama dinámica y bien parecida, que les dijo “buen día”, y después aspiró para llenar sus sanos pulmones con el aroma del negocio; tras lo cual, sonrió como emitiendo una luz astral y se retiró del local.

El matrimonio nunca había presenciado un acto surrealista natural, se sorprendieron y se miraron mutuamente sin decir nada, sintiéndose bien gracias al grato calor en el corazón que les dejó la sonrisa de la dama misteriosa. El matrimonio concluyó que el asombro puede regresar cuando menos se le espera.

El monje negro

Estaba yo sentado, plantado, a la orilla del camino, anonadado sin esperar nada ni a nadie en especial, ensayando mis imitaciones de bufón popular, que por entonces estaban muy de moda en la descortés corte de cualquier cortado no inglés.

Yo me esforzaba por tratar de dominar los bobos chascarrillos fáciles que tantas carcajadas producían en los cazadores sin carcaj, en los príncipes de hueco cráneo de globo terráqueo y en las princesas de portada de revista del corazón, y de la moda agobiante y gobernante.

Entonces, por el camino, apareció un monje negro con un perro viejo, que tampoco era blanco, ni del tono de los chistes. Los relatos de costumbres acostumbran indicarnos que personajes como este monje obscuro son sabios y serios, que pagan sus peajes con dinero de bolsillos ajenos. En realidad ignoro si eso es verdad, y tampoco pude notar su supuesta sabiduría, pues al verme, el monje negro se detuvo frente a mí, mientras su perro trataba de lamer el cielo.

Mirándome sin miramientos, el monje me dijo: “En Pakistán murieron 22 personas en una boda, todo porque acostumbran hacer disparos al aire para celebrar. Uno de los invitados, con un obús mortero, no supo manejar bien el arma y en vez de tirar al cielo, tiró al novio, a los 14 niños del coro (que ahora entonan cánticos realmente celestiales) y a otros tantos invitados, hiriendo a no menos de 20 y no más de 21, incluyendo a la novia, quien quedó viuda el mismo día de su boda. ¿No crees que la gente es realmente estúpida?”.

Yo, sorprendido por la historia, me quedé boquiabierto porque supe que eso había sucedido temprano en un verano de la Tierra de nuevo calentamiento global crítico artificial. El monje llamó a su perro y se alejaron, empequeñeciéndose en el horizonte rinoceronte de dura piel de hiel.

Yo, como si nada y como dada, retomé mis intentos de ser tan gracioso como buen bufón popular y olvidé el asunto de la boda en Pakistán con la siguiente noticia de intrascendencia que pasó por el camino.

monk

Descargo de responsabilidad

Seguro tu mente tejerá lo contrario, antes de que se haga la luz siempre sucede eso, pero en verdad no te conviene mi compañía, soy mala cosa.

Soy el que come mariposas en la tierra de volcanes, también me alimento de serpientes si se me atraviesa alguna. Soy lo que cubre el suelo de esta pocilga.

Puedo tocar el arpa como lo que tú llamas ángeles, y convertir mis ojos en diamantes cuando te escucho, pero estos no son más que trucos baratos.

Hay muchos libros en mi cabeza, de mi boca salen temas variados, a veces puedo resultar interesante, pero una vez saciada mi hambre, ya nadie me importa.

Puedo decir que nunca tomo más de lo que me otorgan, jamás uso la violencia y pago con la misma moneda. A pesar de ello, sobre mí más te vale no elucubrar esperanzas.

¿Pero sigues aquí? ¿Por qué la incredulidad se despeja hasta casi la medianoche? Suelen percatarse de la realidad hasta que no pueden expresarse más que con reproches.

Me resulta tan incómodo escuchar reclamos, cuando todo fue claramente dicho desde el principio. ¿Acaso no hablamos el mismo idioma?

En fin, sigamos, pero ya lo veo venir. Qué feo es esto de que en un mundo de sombras, la verdad suele ser lo más difícil de creer.

Regresar

Me duele en el alma ver a alguien en una situación como la tuya.

No me compadezcas, por favor, la compasión sabe mucho a insulto, no me compadezcas…

No te compadezco, sé es que no es fácil pasar por ese tipo de situaciones. Me impacta que en un instante todo lo que creías haber conseguido se desvanezca, que toda la paz y tranquilidad se pierdan por circunstancias ajenas a ti, a mí. Supongo que a cualquiera le puede pasar; sin embargo, en verdad me duele verte así. ¿Qué piensas hacer?, ¿vas a regresar con él?

¿Crees que estoy loca? Él me ocasionó todo lo peor en mi vida, regresar con él es dejarle que acabe conmigo, simplemente yo no podría regresar a su lado. Aunque… pudo haber cambiado en estos años, ¿no?

No lo creo, nadie cambia del todo, es decir, él es así de raíz, es su naturaleza. Tú necesitarías que él se transformara en otra persona, y nadie cambia tanto en toda una vida, mucho menos en cinco años.

Es verdad, nadie cambia. Sería un error regresar con él.

Estarías mal de la cabeza si lo hicieras.

Sí, definitivamente, de todas las cosas que pudiera hacer mal en mi vida, regresar a su lado sería la peor, aunque…

¿Aunque?…

Él sigue siendo mi esposo, hay algo que aún me ata a él.

Pero ¿no acabas de decir que regresar a su lado no es una opción para ti?

Podrían obligarme, ¿no?

No lo creo si tú no accedes.

Está claro que no accederé, ni loca lo haré…

Aquel le rogó, le juró que había cambiado durante la separación, que la vida juntos sería distinta a como había sido, porque su transformación era verdadera. Ella regresó a su lado una semana después de esta conversación, y nadie la obligó a ello.