Un ave canta en la mañana

Un ave canta en la mañana.

Milagro matutino de todas las fechas.

El ave saluda al día con su canto.

Es un maravilla, como las nubes enormes que flotan en el cielo.

Como la luna que brilla discreta antes de cederle espacio al sol.

El ave decide volar y buscar comida.

En las ramas de un árbol corre una ardilla.

Cantos y naturaleza, enclavados en este espacio de “civilización”.

Pero nadie parece notar estos aspectos del mundo.

La gente duerme o muy aturdida se dirige a cualquier lugar.

Pensando en sus cosas.

Ideas mezquinas o de ambición desmedida.

No hay tiempo para mirar al cielo.

¿Qué caso tendría voltear hacia un árbol?

La gente en su laberinto mental de demencia cotidiana.

Hundida hasta el cuello en las aguas del agobio.

Tratando de flotar con sus histerias y envidias, pan suyo de todos los días.

Mientras un ave canta en la mañana.

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En estos días

Solté las amarras mientras danzaban las masas marranas, felices de festejar lo infestejable, por el mero hecho de despilfarrar a crédito.

Dije adiós en el puerto, y a nadie le importó. No puedo decir que eso es bueno o malo, he decidido no emitir juicios de valor.

“¿Ya compraste las muestras del afecto insincero de tu corazón? ¿Tienes lista la botella de agua de Leteo etílica para las fiestas con amigos desleales y familiares desangrantes?” Yo respondí que no.

Lo mío no es cinismo ni indiferencia, simplemente puse en su sitio cada cosa de mi vida. No me siento mayor ni menor, quizá un poco más tranquilo.

Un presidente nuevo que será igual o peor que el anterior, y los muchos apuestan todas sus esperanzas por el siguiente falso mesías, sólo porque vende camisetas de pis and love.

Sigo esperando el último tren en la misma estación, donde la razón brilla por su ausencia y el cochambre del absurdo es cada vez más grueso.

La tolerancia obligada es intolerancia hitleriana. LGTBYYCBSSS, blanco, negro, amarillo, enano, retardado, Gengis Kan de la Mongolia clandestina, simplemente no hables ni digas palabras prohibidas. La hipocresía siempre resalta más lo que dice querer ocultar.

Miro la hora, se acerca el momento, y mientas tanto aplico mi Maestría de Perder tiempo.

Hasta que llueva fuego, de nuevo…

Plegaria

Dios: en mi desesperación te ruego sin sangre en mis rodillas,

porque en mi incredulidad trato de tener un miligramo de fe.

Me cuesta mucho amar a esta especie fallida de la cual soy parte

y de la que desconfío, de hecho no tengo confianza ni en mí.

Esta especie que se siente más grande que la vida,

aunque sinceramente tampoco considero que la vida sea gran cosa.

Si eres tan poderoso, si es que existes, si eres lo que pensaba Spinoza y yo sólo un peón en el tablero desgastado,

te pido que me dejes salir por una puerta, aunque no sea la grande.

No pido ser indultado, aunque yo no pedí que me arrojaran al ruedo,

y me importa un comino podrido si muero y nadie experimenta por mí un duelo.

Nomás ahórrame días restantes de lo que me impones, sin tener que pagar impuestos de más,

sin tener que repetir el curso completo en la universidad de la existencia,

sin tener que aplicar de nuevo la desgastante tolerancia para con mis semejantes.

Dios, déjame salir de aquí sin dolor, sin ser una víctima, sin tardanza con lo poco que aún queda de mi corazón.

Sabes que las más de las veces, si no es que todas, fui honesto o intenté serlo, y que mis equivocaciones nunca se produjeron por mala fe.

Sabes que no le hice a nadie (ni a los peores) lo que jamás quise para mí.

No fui bueno, pero tampoco fui malo, y si fui tibio por favor no me vomites Señor.

Sólo déjame salir ya, si es que se puede, o al menos déjame descansar en paz.

Dormir sin despertar en urna, cripta o cajón, o en la fosa común, a mí me da igual.

Sólo pido paz, que si no se puede para el mundo, que se pueda al menos para mí.

¿Es eso, Dios, demasiado pedir?

sin

Fama

Mi escrito parece tarea escolar: una descripción larga de nimiedades cotidianas, sórdidas y disparadas una tras otra, con muchas obscenidades, vicios, malas palabras y costumbres poco usuales, capaces de escandalizar a esa mayoría aborregada carente de criterio y valor para atreverse a nada.

Mi novia envió el escrito a un concurso, dijo que le encantó y yo la dejé hacer, no tenía ninguna intención para con esas palabras escupidas en papel. Lo digo en serio.

Los jueces del concurso opinaron que era un texto revolucionario, honesto y sin concesiones, que iba más allá de la provocación gratuita y que detonaba el pensamiento. ¡Patrañas! Así fue que le dieron a mi escrito el primer premio y lo publicaron. La verdad creo que sobrevaloraron en exceso una mierda que se me ocurrió simplemente como ejercicio escolar.

El libro se vendió como pan tibio. Por supuesto que la gente no abarrotaba las librerías como cuando salen al mercado el nuevo modelo de dispositivo electrónico o los mocos envasados de alguna celebridad, pero se agotó en dos meses. Después todos comenzaron a comentar acerca de él.

La gente conservadora lo criticaba sin siquiera haberlo leído, las Iglesias y religiones lo anatemizaron y con los expertos críticos de izquierda le encontraban significados y códigos revolucionarios que yo jamás hubiese sospechado. ¡Por Dios era sólamente una jodida mierda que se me ocurrió como ejercicio escolar y que plagué de marranadas propias y de gente que conozco!

Por si eso fuera poco, los medios desataron un asedio contra mí. Querían entrevistarme o invitarme a sus espacios, me buscaron para participar en mesas redondas, y de todas las malditas formas; me querían para que apareciera en emisiones de entretenimiento para subnormales. ¡Vaya molestia que es estar de moda!

No soy la celebridad que por pose vil simula detestar que los cretinos la atosiguen. ¡Detesto que los cretinos me acosen!, es realmente asfixiante. Sí he recibido dinero, pero creo que la joda es demasiada y no lo vale. Yo no busqué esto, no tenía aspiraciones de ningún tipo. Escribí porque se me ocurrió, lo metí al concurso para darle gusto a mi novia, a quien ya no soporto y casi ni veo. Lo juro por todo lo sagrado y lo profano: no esperaba ganar el concurso ni mucho menos esta manifestación masiva de estupidez intensa.

Esta maldita promoción del libro, un ciudad a otra, forzado por haber firmado un contrato sin leer las letritas. De hotel a hotel, tragándome cada día la galleta del abandono en compañía, siempre en habitaciones impersonales.

Este hotel es de muchas estrellas, más de cinco, quizás aparece con todas las de la vía láctea en las guías de turistas, incluida la del puto Michelin. Aquí hay demasiada finura para descansar o coger. Coger ¡ja!, ¿dónde está ahora la que me metió en esto? Este lugar tan pulcro me inspira hasta pena para cagar en el excusado brillante. Siento que sería como tirarse un pedo ante la Monalisa o algo así.

Quizás esta habitación sea un buen escenario para el escándalo. Para despedirme de la forma más grotesca de esta Feria de Suciedades, del absurdo colectivo que además hoy te adora y mañana te olvida por otra celebridad, accidental o construida.

¡Al carajo con todos! Que me encuentren desangrado o ahogado en vómito, sigo dudando usar la pistola que llevo en la maleta. Como sea, nada tiene sentido. Y pensar que toda esta mierda se debe a un escrito que, de verdad, parece tarea escolar.

fans

El mesero romano y la seguridad existencial

En el restaurante del cantante folk italiano hay un mesero bien plantado, rostro como de escultura clásica, pero con mirada pentrante y ademanes de charlot, pues no puede impedir hacerse el gracioso, esto va incluido en su naturaleza, por fortuna sus gracias son acertadas y dan pie a sonrisas de quien las atestigua.

El mesero se hace especialmente el simpático con una clienta norteamericana, que viene bien acompañada por su esposo; este último es un digno personaje de chiste, el típico gringo estereotípico, ganso inocente que pareciera tragarse cualquier malicia sin que se le atore en la garganta, y hasta sin siquiera notarla. A pesar de esa imagen, se nota que el gringo es un tipo exitoso.

El esposo no entiende nada de las gracias del mesero, pues su cerebro sólo capta lo que se dice en el idioma de los negocios, cifras, ROI, tendencias e intereses, y presentaciones empresariales, un fulano institucional hasta en su reducido sentido del humor.

La esposa, en cambio, capta los mensajes mundanos, los dobles sentidos, las connotaciones sexuales, los “me gustas” y “la noche promete mucho para nosotros dos”… que el mesero le emite, éste es todo un macho latino y tiene toda la atención de la joven casada.

Pero la esposa no soltará su tabla de salvación, no importa qué tan bravo sea el mar de las tentaciones. Se traga sus deseos, sin ahogarse, con tal de tener un futuro y la universidad para sus hijos.

Yo doy gracias al cielo por alejarme un rato del mundo aséptico y recordarme por qué trabajo. Me levanto de la mesa, doy propina al charlot semental, luego dejo atrás a esa pareja estadounidense, digna representante de lo que no quiero hacer con mi vida.

Roma, Sept 17, 2008

De vuelta

De vuelta al silencio, al agujero blanco, al vacío.

De vuelta a la banda de los niños perdidos, a la culpa injusta, al olvido y al cero sin matemáticas, a la desesperanza, a ser un quijote sin cruzada, un simple dolorido, a ser el mártir hueco sin causa ni cruz; a leer sin parar y sin volverme lo suficientemente loco como para olvidar lo que pasó.

De vuelta a imaginar lo que nunca será, pero ahora lo imaginaré sin ti.

De vuelta a escribir palabras como fantasmas, a tener recuerdos ficticios, a caminar sin sentido, a observar sin involucrarme, a ser el testigo indiferente que colgó de nuevo su protagonismo en una pared y a ser habitante del pueblo llamado “Si hubiera…”.

De vuelta al descuido y a la respiración mecánica, a mendigar minutos entre los amigos. Como Sansón saliendo sin ojos de la peluquería tratando de recordar qué tan brillante es el sol.

De vuelta a frecuentar a las hermanas de la caridad, a acariciar el aire, a pagar facturass existenciales y a dormir de más.

De espaldas a todo, de vuelta a la nada.

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Jamais vu

El déjà vu es identificable y sorprendente, pero su opuesto absoluto, el jamais vu, por definición pasa siempre inadvertido.

Jamais vu es aquello que José Alfredo Jiménez dice muy bien en una ranchera:

Nada me han enseñado los años
Siempre caigo en los mismos errores
Otra vez a brindar con extraños
Y a llorar por los mismos dolores

Jamais vu es actuar como el canino del libro de los Proverbios:

Como perro, que vuelve a su vómito, tal es el imprudente , que repite su necedad

Es el tipo al que Ruby se refiere en la Brownsville Girl de Dylan:

Ruby just smiled and said, “Ah, you know some babies never learn” [Ruby se limitó sonreír y dijo: “Ah, ¿sabes?, algunos nenes nunca aprenden”]

Es el coyote hambriento del desierto creyendo que ahora sí atrapará al maldito correcaminos.

Es el estudiante de medicina con vocación, pero sin capacidad, que celebra la vigésima vez que vuelve a recursar el primer semestre de la facultad.

Es el pueblo que realmente cree que nomás con votar una vez cada determinado número de años está viviendo una democracia real.

Es el optimista que insiste en que este mundo de veras va a cambiar.

Jamais vu, Jamais vu, Jamais vu, dijo el cuervo en francés, y siguió diciendo lo mismo una y otra y otra y otra…