Anciano porno costumbrista

A la hora acostumbrada, el tembloroso anciano llega al café de siempre. Luce su moco de pavo, es decir su impresionante tarjeta caduca de identificación que cuelga de su arrugado cuello, inutilidad de cartón que recuerda sus días de gran poder cuando laboraba en la Secretaría de Gobernación que se encarga de censurar, como sea, lo que no está bien visto por los gobernantes del país. El viejo lleva mucho tiempo retirado y su pensión es jugosa, pues les hizo muchos favores a muchos políticos importantes a lo largo de sus muchos años en la Secretaría.

El anciano ingresa al área de fumar, donde nadie lo fuma, y busca en su entorno alguna chica linda que desnudar con su mirada, para después tomar asiento cerca de ella. Las meseras llaman al vejete “señor” con aparente respeto, aunque a sus espaldas todas le llaman raboverde, se quejan de invitaciones a intimaciones asquerosas y de tocamientos no solicitados, pero lo respetan quizá por su edad, quizá por las conexiones que pudiera aún tener o igual por las jugosas propinas que les deja.

El anciano siempre llega al café con un periódico deportivo en la mano y siempre ordena, en un tono de serpiente que invita al pecado, un café “muuuy caliente”. Oculto dentro de su diario de mediocridades futbolísticas, el viejo suele llevar escondida una revista de porno duro.

Entonces mientras bebe su café, el viejo pone rígidas sus ideas simulando que lee su diario deportivo, pero en realidad atento a lo que está impreso en el cuché de porno intenso que oculta dentro del diario. Si por casualidad otro comensal, o comensala, sorprende al anciano realizando su picardía editorial, él sonríe beatíficamente, cierra la porno edición y se pone a leer los resultados del Campeonato FIFA-de-lo-que-sea que se esté jugando ese día.

Pero si la comensala es la joven bonita cerca de la cual decidió tomar asiento, el vejete abre más su revista porno de manera que la chica pueda verla mejor, y después se pasa la punta de la descolorida lengua por sus agrietados labios mientras las niñas perversas de sus ojos brillan con cansada lujuria hacia la mirada sorprendida de la chica.

Esta es su máxima satisfacción, el orgasmo seco de una vejez no aceptada.

Una vez alcanzado el erotismo entre sus telarañas mentales, el septuagenario termina su café, paga la cuenta y se va del restorán, para mañana volver a empezar el ritual.

Noviembre 2011

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¿Qué vería Dante hoy en el infierno?

¿Qué vería Dante hoy en el infierno?

Pantallas jumbotrónicas con perpetuos infomerciales de media hora en un bucle que no acaba, conductores texteando en su dispositivo móvil mientras mueven su auto a 150 km/h chocando y chocando sísifamente, políticos enriquecidos a costa de la flaqueza ética de las masas, policías que abusan de su placa y militares que aplacan a golpes sangrientos las olas adversas que molestan a los que ostentan el poder.

Niños tratados como mercancía, mujeres asesinadas nomás por ser mujeres, impunidad e injusticia, mentiras que se aceptan como verdades y verduras contaminadas con desechos industriales.

Francesca da Rimini y Paolo Malatesta no son ya nada. Quizá en el nuevo infierno están los que persiguen a quienes abortan por necesidad, a los que no aceptan a los LGTBLGBGLUGLUB porque la ley cuadrada exige que nadie puede ser libre ni en la íntima aquiescencia, los que comen animales que fueron sacrificados tras un suplicio existencial, y los glotones carniceros cierran los ojos queriendo pensar que la carne se cría en anaqueles del supermercado. Y quizá yo, comiendo una vaca que vivió y murió feliz.

¿Qué pintaría Dante hoy en su infierno?

En vez de Judas se encontraría al Joker, en vez de Zeus a Superman, a las masas vistiendo camisetas del Fútbol Club Barcelona, pateándose sus mutuos traseros pintados como balones y con el Himno de la UEFA Champions League sonando de fondo, rodeados por las macabras llamas la la última morada, que en realidad es roja candente.

Hoy Dante vería a los principales entes del Fondo Monetario Internacional, bailando el reggaetón del centavo birlado, a los magnates petroleros vomitando eternamente aceite y desechos del EXXON Valdez, al tipo que diseñó el Titanic y al que planeó el ataque del 11 de septiembre, dando un discurso en pro de la riqueza en un inglés con acento de Texas.

Y en el tercer infierno se encontraría a Steve Jobs argumentando que en verdad era un genio porque el consumismo es una necesidad, mientras Henry Ford sigue atacando el jazz porque es música de los negros inferiores diseminada por los judíos que son los enemigos del mundo. Así era el viejo Henry, y no tiene por qué ser diferente si en verdad hay un infierno para siempre.

Para muchos, extrañamente, todo esto es el paraíso.

caballo infernal

 

El teléfono suena, de nuevo…

El teléfono suena, de nuevo…

Ahora es por la salvación de mi alma.

No lo contesto, ¿para qué si no creo en eso?

El predicador desiste, pero sólo por un instante, toma aire e insiste. Parece que se toma muy en serio eso de ser un pastor preocupado por sus ovejas descarriadas o que le dan una comisión jugosa por cada arrepentido inmaterial que entra al Paraíso. ¿Qué pasaría si el tipo se llegara a enterar de que no existe tal lugar, de que los ángeles se aburrirían de ver cada día la Gracia del Señor después de 789 siglos continuos y de que el Infierno no es peor de lo que ahora tenemos?

El teléfono suena, de nuevo…

Ahora es una agencia que quiere aglutinar anónimamente mis preferencias.

No lo contesto, ¿para qué si no me interesa?

El encuestador insiste, quiere saber mi opinión sobre la situación actual. Saber si estoy harto de que los peores sean quienes gobiernen (¿peores con respecto a quienes?, ¿no sabe que en esas cualidades el 99.99% de los humanos somos iguales?), quiere conocer qué opino acerca de la corrupción (¿de cuál?, le diría yo, ¿la del alma, que tiende a la moral que más le afecta?, ¿la del cuerpo, que se corrompe a cada momento de manera natural?), quiere saber por quién voy a votar. Los días de elecciones siempre acudo a las casillas a anular mi voto, eso no le interesa al tipo inquisidor en absoluto. No tiene ningún caso contestar. ¿Para qué? ¿Contribuir al espectáculo del pseudoconocimiento y de la pseudodemocracia? No, gracias.

El teléfono suena, de nuevo…

Quieres hacerme sentir mal otra vez.

No lo contesto, ¿para qué si ya pasamos demasiadas veces por eso?

De qué sirve escuchar tus recriminaciones, tus gritos culpándome de los errores de los dos. ¿Qué sentido tiene que llegue el momento en que te desesperes y cortes una vez más tu discurso interrumpiendo violéntamente la comunicación sin permitirme expresar ni un “pío”? Dejándome en compañía del mecánico tonito de ocupado: tut, tut, tut… ¿Para qué regresar al asunto muerto que ya debió haberse sepultado hace bastante tiempo?

El teléfono detesta el silencio y vuelve a sonar.

Alguien me quiere ofrecer beneficios y grandes oportunidades que yo no busco.

Si le contestara, el vendedor me saludaría cortesmente y me preguntaría cómo estoy, como si le importara de veras. Luego pasaría a recitar la letanía de glorias y bondades que aprendió como autómata. Los loros parlanchines siempre suenan con más cerebro que un vendedor al teléfono. Antes solía escuchar a esta gente por conmiseración, piedad de la piedra de mi corazón, pues es su trabajo después de todo. Pero hace tiempo que opté por decirles “no me interesa” antes de que terminaran su saludo. ¿Para qué premitirles que pierdan nuestro tiempo (el de ellos y el mío)? Ahora ya ni les contesto. Aún así siguen insistiendo.

Carajo ¿qué necesidad tengo de pasar por todo esto?

Mañana cancelaré la línea telefónica.

tel

Things have changed


Una canción favorita, reinventada, casi cada noche, pirotecnia en notas acústicas, capturada en grabación y no se hacen las cosas dos veces igual. Prevenir rutina, costumbre y oxidación. Adiós adiós, hasta lo que se quiere. Quizás sea el extremo, extremaDura blanda. Verdad revelada: no se reblandecen los corazones que son de piedra.
En sí la canción original es una maravilla, quizás soy un ciego fanático en lo que respecta a Dylan, la historia me dará la razón, aunque no suelo tenerla. No me rebanaré orejas ni siquiera las patillas, ni reduciré mis pies para estar de moda en China. “Me solía importar, pero las cosas cambian”.
Sin razón sin sentido, ¿para qué darle gusto a todos o a una sola persona? Doy argumentos y armas que se me pueden revertir, aunque haya aún gente que piensa que soy invertido. “que ladren los perros”, como no dijera el Quijote. No soy homofóbico, pero hay mundos que de plano no me interesan, aunque haya quien no lo crea. Igual no pertenezco a nada, a ninguno, igual me he inventado mi mundo y aunque inexistente es el único para mí.
Los dramas exagerados, las palabras y las caídas son o para querer encajar o para desencajarme más, posiblemente para tener algo que decir y que se me entienda. No soy superior, no soy cerveza, ni modelo, y sí, tienen razón si piensan que muchas veces ni yo me entiendo. No quiero que suene a algo urgente, son los movimientos de reajuste, la tierra tiembla y tira edificios, las olas destruyen poblados en las orillas, yo sólo me muevo con mis palabras.
Demasiadas palabras pero en ellas siempre está mi verdad. Que me devuelvan mis gafas oscuras, no quiero que me vuelvan a leer el alma inacabada y en constante proceso de construcción. Cuando creí llegar a América, resultó que eran las Indias, qué huevo de Colón ni qué hueva fina de peces. Ya no es un S.O.S.
No me digan que soy absurdo, pues quien me lo dice no conoce el mundo. Producto del ambiente o producto de NO querer ser parte dependiente del mismo. No lo sé, pero no voy por el mismo camino, e incluso dudo de ir en algún camino. Volviendo a la canción, mejorada, ritmo que impide reconocerla hasta que empieza a cantar. Por cosas así a veces siento que vale la pena seguir vivo, no me rindo. A veces me canso, pero falta, siento que falta.
Las cosas cambian a una velocidad mayor a la que puedo responder. Yo en mi mundo y el mundo girando, a veces me topo con gente que sabe lo que digo, gente gentil; pero me aferro a quien no me entiende. Sino sino nosi nose no se. Curiosidad con algunos tintes de esperanza.
Ese es mi currículum vitae, sin vitaminas y no enriquecido con Fierro. Impaciente, colérico, aferrado, ¿para qué quiero más Fierro? No hay cielo, ni infierno, todo está aquí empaquetado y revuelto en una licuadora (¿por qué crees que el mundo gira y gira?)
Sublime la letra de la canción, mezclada con un arreglo que hipnotiza y encanta, la música es el salvavidas de las tormentas, como lo es la literatura, pero para asirse realmente hay amigos. cada uno es su sitio, sin jerarquía. Los organigramas son necesarios en las empresas no en mi alma.

Dicen que soy gracioso, no lo creo. Lo que digo es amargo, es cansado, es antisocial.

Digo verdades que percibo, mis verdades, que son reflejos de las mentiras aceptadas, oficiales, sólo que distorsionadas como espejos de la feria, en el puesto que está al lado del fenómeno que se convirtió en lagarto.

La gente ríe de las cosas que digo más en serio.

¿Serán tan idiotas que no ven? ¿Es risa nerviosa?

Decir que estoy harto de tanta imbecilidad, incluyendo (o mejod dicho “sobre todo…”) la mía, afloja los tornillos “carcajilosos” de quien me escucha. Ríen y ríen.

La gente parece aleccionada para encontrar algo gracioso en todo espectáculo, incluso en el más sórdido y jodido drama, como si el precio del boleto les tuviera que garantizar al menos una risa.
En fin, hable mucho y aunque no dije nada en apariencia lo dije todo. No hay apuro, no hay dolor, mareo de despertar rápido. Nada está garantizado. No pido auxilio ni ayuda, ya no es momento para eso, sólo me encuentro tratando de definir en un mapa en blanco qué sigue, si es que sigue algo. No me culpen a mí, sino a esta canción que me da vueltas en la cabeza desde que desperté. Nada está definido. hay cosas que cambian sólo en apariencia, pero no lo hacen en esencia.
Al veces el escenario cambia más rápido de lo que podemos reaccionar. No hay mal que dure cien años, aunque haya muchos que pueden soportar males de dos siglos. A veces llega el punto de “frankly my dear, I don’t give a damn”, para caer en la misma historia en otro lado, con otra persona. Hay veces que jamás se vuelve a “give a damn”.
Dios dice, así está escrito y así será. Y el Faraón abusó de su confianza por no querer dejar salir a Moisés. Ojalá se acaben las plagas, ¡llamen al exterminador!

La existencia

La vida es rosa, para una cierta pantera, pero no la del poema de Borges, eso es seguro.

La vida pueden ser días de vinos y rosas en un fin de semana perdido, pero de ser así te espera una resaca muy cruda.

Las cosas no suelen ocurrir como quisieras, pero las piedras rodantes dicen que si tienes suerte acontecen como mejor te conviene.

Voltaire desnudo, es una estatua repudiada, la esencia del ser humano jamás, toma nota, jamás cambia, y lo más constante en una persona es su progresiva decadencia.

La vida es supervivir y suspirar, y si te toca la buena fortuna es mejor que ganarte la lotería, lo cual no es buena fortuna en realidad.

A pesar de tres oportunidades, me quedo con las manos vacías, con las esperanzas desbordadas y posibles bonos para la otra vida (en la cual no creo y ni siquiera deseo).

Este barrio no es mi negocio, no soy el rey de este lugar, ni del más allá tampoco.

No soy de aquí, ni soy de allá, Buda me perdone, pero no quiero dar vueltas en la rueda de la desfortuna marca Karma, ni ser el soldado del general en jefe que por su suertuda posición kamasutrana existencial no para de joder a sus subalternos.

Sólo me queda lograr ser libre, ahora, ser yo. Espero ser todo y espero terminar en nada.

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Oscuridad en el esplendor

En el gran parque, pulmón verde rodeado por la gris ciudad, en ese parque todo bien cuidado, con sus altos árboles frondosos y diversos senderos para caminar, donde los citadinos se ejercitan, tratando de vencer en las luchas diarias contra el reloj.

En ese parque respetado, con aves cantando como si fueran su propia banda sonora, existe un caminito a lo largo del cual hay bonitos faroles, y que pasa cerca de la parte trasera de un foro done los domingos una orquesta sinfónica revive las imaginaciones de los compositores clásicos.

En ese lugar, detras del foro, cerca del caminito, hay una negra entrada a un sitio oscuro, que aunque tiene una puerta, esta permanece siempre abierta, por lo que si pasas por allí verás el rectángulo tenebroso que conduce a un lugar tan oscuro como la política.

Del interior solamente se distingue la penumbra y un pequeño foco incandescente, de los viejos, siempre encendido, pero con una luminosidad tan baja que nada aporta realmente para despejar la oscuridad de ese interior casi infernal.

Supongo que debe ser el cuarto de algún empleado de mantenimiento, donde suele guardar sus herramientas para tener bien cuidado el foro o su parte del parque, puede quizás que sea el lugar de encuentro de empleados retozones, sin ambargo no deja de ser algo espeluznante un espacio tan oscuro en medio de tanto esplendor natural. Nunca me he asomado, no por miedo, o quizá sí. Supongo que no lo hago nomás por preservar el misterio.

¿Qué tal si al asomarme veo sólo cuatro paredes mal pintadas? ¿O qué tal si las cuatro paredes están decoradas con carteles o fotos amarillentas, ya sea de chicas desnudas presumiendo un pasado que hoy ha deshecho con rabia la gravedad, ya sea de deportistas de actualidad o quizá de Maradona o de Julio César Chávez? ¿Qué tal si solo hay un catre en donde duerme un viejo empleado, esperando a que le asignen algún trabajo?

Ese lugar puede ser amenazante para cualquier madre y servirle para ejemplificar a sus hijos los lugares a los que por nada del mundo deben acercarse. Esa preocupada mamá, supongo que creerá que si se asoma al interior del cuarto descubrirá diversas bragas deshilachadas por el suelo o sostenes arranados desesperadamente con los dientes. Igual nomás hay tres condones usados haciendo que el piso luzca desaseado.

No lo sé, en verdad prefiero no asomarme, y así dejar que la imaginación vuele o preservar el secreto de esa oscuridad.

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No le apuestes a la juventud

No le apuestes a la juventud

se va cuando ni cuenta te das

no le apuestes a la firmeza

se cae cuando menos lo esperas

no hay nada que el tiempo no viole

de la manera más cruel

salvo las letras.

el cuero da de sí

el oído se pierde

la vista, ni te imaginas,

pregúntale a Borges.

no le apuestes a nada

y quizá tengas reintegro

da las gracias

y vámonos de aquí.