Malena

Malena es una belleza, es tersa, es la promesa que nunca se cumple; te puede hacer dar vueltas en un desierto por 40 años sin otorgarte por ello ninguna recompensa, salvo el extravío y mucho tiempo perdido.

Un anzuelo irresistible es Malena, poderosa maestra vudú del sentimiento, manipulación con disfraz de afecto; siempre ofreciendo una manzana roja y prohibida, haciéndote creer que tomarla es lo correcto.

Felina en su vestido largo, Malena te hace perder la cabeza; con su minifalda ella nunca llega tarde, aunque siempre está retrasada.

Sus ojos tan verdes resaltan en su piel morena, te hipnotizan y no te das cuenta de que entre más atenciones le tengas, ella te hará menos caso.

A Malena, como empresa de importancia, no la debes llamar, ella se comunica contigo.

Escultura candente, con voz que anuncia paraísos, susurros que enloquecen y desplantes que arponean.

Malena no miente, te advierte, siempre dice la verdad cuando susurra con ternura que de ella no debes enamorarte.

A Malena cuando dices que la quieres, te responde simplemente “lo sé”, como un mercenario de Star Wars.

Te acostumbras con Malena a tener las manos vacías y los labios fríos, de vez en cuando te acaricia para conservarte en su órbita y te revive con un beso ocasional.

Malena es sirena, de cuyo canto no hay cera que te proteja; es presente, pasado y futuro. Mientras te va desgastando la espera, Malena no tiene edad.

Reina y señora, emperadora de tus pensamientos y tus horas, Malena siempre está en lo cierto, no importa que tan obvio sea su error; le encanta que le digan que es la Atila del corazón.

Con Malena tu mente terminará creyendo que el dolor es parte del amor.

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Extravío

Cansado de apostar por la resurrección, perdido como el niño que caza mariposas en un bosque ardiente, sin rumbo fijo, estás ahora buscando cualquier puerta.

La religión te mintió como te mintió la economía, llantos sin lágrimas… ni siquiera de cocodrilo. De mil profetas uno dice media verdad, los demás mienten con o sin dientes. Me gustaría decirte que existe un camino, pero estoy más extraviado que tú, aunque todos conduzcan a Roma.

Los dados en el aire y César habla de la suerte mientras embarra su pan con jalea echado en un rincón. Busquemos mejor arañas en el techo hasta que nos sorprenda la muerte con una caja envuelta en papel azul.

El abandono es frío como un beso al mármol. El rito desgastado ya no tiene nada que ofrecernos, los centros comerciales han sustituido a las catedrales y ¿sabes qué? Framcamente querida, me vale madres.

Cada vez más juntos, más apretados, pero por dentro más alejados. Las sonrisas no dejaron huellas en tu cara ¿viviste con amargura o encontraste un buen cirujano plástico?

Una guitarra vuela en mil pedazos mientras las mentiras sonríen, y tú las crees sólo por la blancura de su dentadura. ¡Qué impostura!

Yo me despido como cuando le decía adiós a papá. Todos terminaremos en el olvido. Te veo abordar el tren de tu decisión y yo me quedaré limpiando la estación.

El desfile de los seres grises carece de música, pero te atrae aun contra tu voluntad. De cabeza en el precipicio de la duda te preguntas: ¿dónde está ahora lo que ayer fue certeza?

Quizás mañana el cuarto se ilumine, quizás también tenga yo algo que decir. El alcohol saca a flote muchas tonterías y verdades, el alcohol es un lubriante para las sociedades. El dolor cuando es muy intenso empieza a dejar de sentirse.

Quemas tus diarios y borras tus recuerdos. Francamente querida, me importa un bledo. En el fondo ¿a quién pretendes engañar? La hoguera de las vanidades arde sin dar calor. Ya es tarde para creer en el amor.

Está lista tu ropa blanca para la fiesta de lodo. Los dados vuelan y César habla otra vez de suerte, ahora sé que podré olvidarte hasta que me sorprenda la muerte.

Es SU momento

“Es nuestro momento”, se lee en modernas letras (lo que sea que esto signifique) estampadas con exactitud de computadora en la playera del engendrito bípedo que viene a llenarse la tripa acompañado de sus progenitores.

Y las letras dicen la verdad.

Es el momento de este chico, y yo voy de salida.

Es el momento de que los jóvenes la caguen tal como la cagué yo en mis tiempos, como también lo hicieron todas las generaciones anteriores.

Ahora es el turno de este joven y sus contemporáneos para joder todo un poquito más, quizás algunos de ellos dirán que lo hacen en nombre del bien y del progreso (dos palabras que a la naturaleza le importan un bledo, o menos), pero la cagarán igual.

Es la hora de que los jóvenes tomen las riendas de la autodestrucción barnizada de evolución, de dar un paso más hacia el aniquilamiento, que si lo vemos bien también es un “avance”, aunque al lugar no asimilado, negado. Todos, desde Adán, o lo que sea que él represente, hemos contribuido a esa labor de ir “hacia delante”.

Indiferencia, ambición, sed de control, egoismo… en alguna de ellas entramos cada uno de nosotros… falsas morales y religiones reprobables. Depende de tu punto de vista decir si tuvimos éxito o fracasamos. Al final da lo mismo, todos llegamos a la nada.

Ahora es SU momento, yo me voy orillando al vado para dejarlos pasar.

Los dejaré creer en sus mentiras, no por bondad, sino porque aunque les advirtiera jamás me creerían. Nada cambiaría, como nada ha cambiado en esencia.

Me orillo en la carretera, debajo de los anuncios espectaculares que arden.

Allí me quedaré dormido hasta que me cubra el olvido. El bendito olvido.

 

Pura indiferencia

Miro tus ojos y sólo percibo un abismo.

Tus palabras huecas salen en sílabas huérfanas y jamás responden lo que te pregunto.

No entiendo para qué me buscaste de nuevo.

Para qué rompiste la distancia y el silencio que nos separaban.

Si fue por ego, esta vez tu jugada no dio resultado, hubieras recurrido a tus espejos.

Ahora tu altar ya no luce tan alto, aunque de hecho dejé de mirar hacia arriba.

Te acercaste de nuevo pidiendo disculpas por algo que no las requería.

Un perdón innecesario que fue un pretexto para el acercamiento.

¿Olvidaste que nuestra relación se había convertido ya en un desierto?

Supongo que la culpa fue del cambio climático. No eres tú ni soy yo.

Ahora estamos juntos de nuevo, pero más separados que cuando estuvimos alejados.

No me interesa lo poco que dices, y mi vida te es bastante ajena.

¿No lo ves? Somos el naufragio sin bote salvavidas y sin asideras.

El hundimiento que incluso carece de drama.

Pura indiferencia.

Quizá necesitabas saber que estar solos en compañía es peor que estar abandonada en una colina.

Ahora que lo descubriste, regresemos a nuestros extremos.

Seguir juntos no tiene sentido. Nada. Es pura indiferencia.

gohst

Paciencia

Paciencia

Dijo el viejo en el mar, “adornando” la palabra con las maldiciones altisonantes que aprendió de su vecino el arriero.

Paciencia

Es eso que solemos predicar sin molestarnos en dar el ejemplo; aunque sospecho que lo mismo pasa con la honradez, la amistad y la virtud.

Paciencia

Dijo el jefe de policía a sus brutos golpeadores cuando vio que se les estaba pasando la mano con el inocente que no quería confesar un delito vacante de responsable.

Paciencia

Es lo que necesitamos cuando no coincidimos, cuando discutimos sin escuchar, cuando tratamos imponer nuestros puntos de vista, cuando perdemos la cordura sin llegar a ningún acuerdo, cada vez más rotos y menos “nosotros”.

Paciencia

Exigen los ricachones, papas y faraones al pueblo sometido, y prometen que aquellos que lloran en este mundo tendrán felicidad con altos intereses en el más allá.

Paciencia

Nos pedirá el portero del Cielo para engañarnos un momento más, antes de revelarnos que no habrá nada en absoluto una vez que traspasemos las puertas que guarda.

Paciencia.

 

Este escrito debería titularse “en lo que salen los tlacoyos”. Mi manera de matar el tiempo cuando carezco de un libro, pero tengo mi cuaderno. Fui esta mañana al supermercado para comprar los tlacoyos que olvidé comprar ayer, pero el comal estaba frío como la tumba del carnavalesco, como cualquier tumba de hecho. Entonces me dijo el encargado que la venta comenzaría en 30 minutos. Sali de la tienda, tome mi cuaderno, y mientras esperaba la tlacoyogénesis, pensé en la palabra Paciencia, y de ahí que salió esto.

Anciano porno costumbrista

A la hora acostumbrada, el tembloroso anciano llega al café de siempre. Luce su moco de pavo, es decir su impresionante tarjeta caduca de identificación que cuelga de su arrugado cuello, inutilidad de cartón que recuerda sus días de gran poder cuando laboraba en la Secretaría de Gobernación que se encarga de censurar, como sea, lo que no está bien visto por los gobernantes del país. El viejo lleva mucho tiempo retirado y su pensión es jugosa, pues les hizo muchos favores a muchos políticos importantes a lo largo de sus muchos años en la Secretaría.

El anciano ingresa al área de fumar, donde nadie lo fuma, y busca en su entorno alguna chica linda que desnudar con su mirada, para después tomar asiento cerca de ella. Las meseras llaman al vejete “señor” con aparente respeto, aunque a sus espaldas todas le llaman raboverde, se quejan de invitaciones a intimaciones asquerosas y de tocamientos no solicitados, pero lo respetan quizá por su edad, quizá por las conexiones que pudiera aún tener o igual por las jugosas propinas que les deja.

El anciano siempre llega al café con un periódico deportivo en la mano y siempre ordena, en un tono de serpiente que invita al pecado, un café “muuuy caliente”. Oculto dentro de su diario de mediocridades futbolísticas, el viejo suele llevar escondida una revista de porno duro.

Entonces mientras bebe su café, el viejo pone rígidas sus ideas simulando que lee su diario deportivo, pero en realidad atento a lo que está impreso en el cuché de porno intenso que oculta dentro del diario. Si por casualidad otro comensal, o comensala, sorprende al anciano realizando su picardía editorial, él sonríe beatíficamente, cierra la porno edición y se pone a leer los resultados del Campeonato FIFA-de-lo-que-sea que se esté jugando ese día.

Pero si la comensala es la joven bonita cerca de la cual decidió tomar asiento, el vejete abre más su revista porno de manera que la chica pueda verla mejor, y después se pasa la punta de la descolorida lengua por sus agrietados labios mientras las niñas perversas de sus ojos brillan con cansada lujuria hacia la mirada sorprendida de la chica.

Esta es su máxima satisfacción, el orgasmo seco de una vejez no aceptada.

Una vez alcanzado el erotismo entre sus telarañas mentales, el septuagenario termina su café, paga la cuenta y se va del restorán, para mañana volver a empezar el ritual.

Noviembre 2011

¿Qué vería Dante hoy en el infierno?

¿Qué vería Dante hoy en el infierno?

Pantallas jumbotrónicas con perpetuos infomerciales de media hora en un bucle que no acaba, conductores texteando en su dispositivo móvil mientras mueven su auto a 150 km/h chocando y chocando sísifamente, políticos enriquecidos a costa de la flaqueza ética de las masas, policías que abusan de su placa y militares que aplacan a golpes sangrientos las olas adversas que molestan a los que ostentan el poder.

Niños tratados como mercancía, mujeres asesinadas nomás por ser mujeres, impunidad e injusticia, mentiras que se aceptan como verdades y verduras contaminadas con desechos industriales.

Francesca da Rimini y Paolo Malatesta no son ya nada. Quizá en el nuevo infierno están los que persiguen a quienes abortan por necesidad, a los que no aceptan a los LGTBLGBGLUGLUB porque la ley cuadrada exige que nadie puede ser libre ni en la íntima aquiescencia, los que comen animales que fueron sacrificados tras un suplicio existencial, y los glotones carniceros cierran los ojos queriendo pensar que la carne se cría en anaqueles del supermercado. Y quizá yo, comiendo una vaca que vivió y murió feliz.

¿Qué pintaría Dante hoy en su infierno?

En vez de Judas se encontraría al Joker, en vez de Zeus a Superman, a las masas vistiendo camisetas del Fútbol Club Barcelona, pateándose sus mutuos traseros pintados como balones y con el Himno de la UEFA Champions League sonando de fondo, rodeados por las macabras llamas la la última morada, que en realidad es roja candente.

Hoy Dante vería a los principales entes del Fondo Monetario Internacional, bailando el reggaetón del centavo birlado, a los magnates petroleros vomitando eternamente aceite y desechos del EXXON Valdez, al tipo que diseñó el Titanic y al que planeó el ataque del 11 de septiembre, dando un discurso en pro de la riqueza en un inglés con acento de Texas.

Y en el tercer infierno se encontraría a Steve Jobs argumentando que en verdad era un genio porque el consumismo es una necesidad, mientras Henry Ford sigue atacando el jazz porque es música de los negros inferiores diseminada por los judíos que son los enemigos del mundo. Así era el viejo Henry, y no tiene por qué ser diferente si en verdad hay un infierno para siempre.

Para muchos, extrañamente, todo esto es el paraíso.

caballo infernal