Abandono

Hace décadas el hombre apocado llegó al suburbio, cuando esta colonia residencial estaba muy separada de la ciudad… claro, de lo contrario no se habría llamado suburbio. Llegó con su esposa y dos hijos: una niña y un niño. Dicen que él era contador y su esposa una glamorosa ama de casa.

El tipo diariamente se despertaba preguntándose cómo una mujer así, tan llamativa y radiante, se había fijado en un ser tan gris como él, y como no encontraba respuesta a su duda diaria es quizá por eso que fuera tan celoso. Para preservar su bien más preciado y misterioso, levantó una barda alta rodeando su jardín trasero, para que nadie pudiera mirar hacía su casa, y también levantó otra casi muralla en el frente, para que nadie supiera lo que en el interior de su hogar pasaba.

Las discusiones matrimoniales eran frecuentes, no importaba que las compras cotidianas de abastecimiento las hiciera él, siempre acusaba a su esposa de estarse viendo a alguien. Pero ella únicamente salía de la prisión residencial para ir al salón de belleza.

El tiempo siguió su marcha militar e inmisericorde, la niña se convirtió en mujer, y tan pronto alcanzó la mayoría de edad se casó con el primero que le propuso matrimonio y se largó de la casa paterna. Ya no se supo más de ella en la colonia, que poco a poco se pobabla más y más, adquieirndo de esta manera mayores problemas: suciedad rampante y delincuencia creciente.

Al poco tiempo también se fue la esposa, harta de las actitudes del marido, de esos celos sin fundamento. “Me arreglo porque así me quisiste, así te gusto”, le decía ella constantemente. Pero él insistía en que ella se embellecía por cornamentarle su viril y hueca cabeza. Igual al no tener la compañía de su hija, la mujer ya no tuvo de dónde sacar fuerzas para aguantar más la imbecilidad de su esposo. Simplemente un día se largó. Ya no se supo más de ella en la colonia.

El hijo permaneció unos años más al lado de su padre, para retenerlo el hombre le compraba perros, y el hijo estaba encantado con los canes, intentó hacer un criadero canino, pero no resultó, aunque desde entonces la casa siempre tenía al menos tres perros.

El hijo terminó la universidad y se casó, se fue de la casa y el hombre quedó solo, acompañado de tres perros.

A partir de entonces todo fue abandono. El jardín no fue arreglado de nuevo y se convirtió en maleza, las paredes de la casa no fueron pintadas, las ventanas no volvieron a ser lavadas, y el hogar se convirtió como por arte de magia en una ruina. El hombre removió su tanque de gas una vez que hubo una fuga que alarmó a los vecinos, y ya no instaló uno nuevo. Calentaba el agua en hornillas eléctricas, y se bañaba arrojándose tazas de agua caliente, en las hornillas eléctricas también calentaba su comida enlatada, único alimento que consumía desde que vivía solo. Los tres perros murieron de hambre y de sed.

La casa no se limpiaba por dentro y poco a poco fue invadida por torres de papel periódico, que se convirtieron en montañas. El hombre compraba tres o cuatro periódicos cada día, y los conervaba en su casa, hasta que tuvo que dejar de comprarlos para poder tener un estrecho camino dentro de su hogar por el cual poder deambular. Para entonces ya no trabajaba y vivía de su pensión.

En la colonia los vecinos se fueron convirtiendo todos en ancianos, los policías eran igual de imbéciles que siempre, solo que ahora más prepotentes y corruptos, resentidos con la sociedad, bichos que maldecían sus puestos de trabajo y se desquitaban con los viejos residentes de la colonia encontrando mil y una formas de molestarlos.

El hombre salía ocasionalmente de su casa para ir a un parque, sentarse a mirar a la nada, y regresaba a casa. No hablaba con nadie, no conocía a sus vecinos, nunca lo había hecho, ¿para qué empezar ahora?

Los robos a las casas se incrementaron, los policías estaban las más de las veces involucrados en los delitos… ya era demasiado tarde para retomar el orden. El destino cobra muy caro los pecados de indolencia y cobardía.

El hombre no tenía nada que le robaran. Su casa, de hecho, parecía abandonada. Nadie notaba realmente sus salidas al parque, bueno, nadie excepto la vecina de enfrente, que se la vivía asomada a la ventana de su casa, mirando pasar la vida y atestiguando la decadenciasin freno de la calle.

Un día de un mayo, un hedor imposible de ignorar emanó de la casa del hombre. Los vecinos, quizá por pudor o por mera idiotez, no dijeron nada, nunca decían nada, nunca hacían nada, ni en su propio beneficio, así que soportaron la pestilencia quejándose solamente para sus adentros, siempre guardando silencio respecto al insulto olfativo que salía de la casa en ruínas y pensando que las cosas iban cada día peor en la colonia.

Cinco años después de la pestilencia, cuando el otrora suburbio ya había sido engullido por la voraz ciudad, el hijo regresó a la casa paterna, pues su esposa lo había corrido del hogar porque no soportó ya más sus celos. El hijo llamó a la puerta, pero nadie acudió. El hijo aún tenía la llave y abrió. Todo estaba cubierto de polvo, y al fondo del pasillo vio un bulto tirado, descompuesto, emulando la figura de un hombrecillo en el suelo.

La vecina de la ventana confirmó que, efectivamente, hacía mucho, muchísimo tiempo, aquel hombre no salía de su casa.

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Tener ojos y no ver

Algunos (cada vez menos) dicen que Dios es un Padre bueno, viejito de barbas blancas, humanoide que es únicamente amor y bien. Otros dicen que Dios es un hueco de donde emana toda la maldad y que se divierte con el sufrimiento de su creación. A veces pienso que la verdad está a la mitad de los dos extremos, aunque cada vez me persuado más de que si existe un Dios, está más allá del bien y del mal.

Toda fe, toda iluminación que se quiere compartir, termina convirtiéndose en religión, teología e institución humana con una rígida administración que dejando de mirar a la verdad voltea su mirada hacia la ambición y el poder. Cadenas de dogmas, cerrazón de mentes y fanatismo, ese es el invariable destino de cualquier revelación auténtica que se quiere compartir, aunque sea con la mejor intención. La naturaleza humana incluye el absurdo y la imposición, la compulsión por opacar lo puro y sobrevivir a costa de la destrucción.

Queremos encontrarle un sentido asequible a la vida, queremos comprobar que nuestras creencias personales son La Verdad, y convencer a nuestros semejantes de ello, con discursos, patadas o a punta de armas; cuando parece que el sentido de la existencia es la simpleza [que no debe confundirse con la soberana estupidez, ni el infantilismo de los imbéciles que quieren hacer pasar su taradez por inocencia], es respirar, ver que lo bueno y lo malo están entremezclados, aceptar que todos somos partes de la razón y que nadie posee en sí la razón, es bajar del altar dorado al miedo y al deseo.

La broma final, universal, es descubrir que para conocer todo esto, a menos que seas un genio, necesitas llegar a viejo… aunque la mayoría ni aún así nos acercamos a la luz.

Río-Estigia-Mitología-11

El martirio más absurdo

Es un hecho
Nada saldrá tal como lo planeas
Nada está garantizado
Así es esto, supéralo
Nada es para siempre
No todo es tan malo
Ni todo tan bueno
Nada es perfecto
Nada es 100% correcto
Nada
Puedes bailar el vals de la autocompasión cada día de tu vida
Puedes quejarte de los tragos amargos de la noche a la mañana
Y de la mañana a la noche remojar en ácido de tu boca todas tus heridas
Nada de eso mejorará tu existencia
Nada de eso cambiará un ápice tu miseria
Supéralo
Desclávate de tu cruz autoimpuesta
No pido que seas optimista
Ni que te conviertas en ignorante, títere de la corriente
Simplemente deja ya de transformar en imposible lo que por naturaleza es difícil
Deja de mirar con tus gafas oscuras el mundo
Nadie se muere por amor
Nadie deja de respirar por una decepción
Ni siquiera tienes que ser fuerte para seguir viviendo
Cualquiera puede hacer eso
No hay que hacerle al idiota, como tampoco hay que querer pasarse de listo
Deja de quitarle más sentido a la sinrazón
Deja de buscarle los tres pies al gato y las tetas a una culebra
Deja de culpar a tus padres, a tus maestros o al Señor
Asume tu papel y responsabilidad
Simplemente vive sin oponerte al todo
Aprende a negociar incluso contigo
No te quiebres, no te rompas
Sólo deja de inmolarte al dios de tu injusticia
Simplemente supéralo

tormento

Bob Dylan y el Nobel de Literatura

Me alegro mucho por Bob Dylan, no hay suficientes premios para celebrar su obra… aunque sí sería bueno que los premios fueran congruentes con lo que Dylan hace. Para mí el único artista de la cultura occidental más grande que Bob Dylan, en eso de expresar con palabras la naturaleza humana y la humanidad en el mundo, es William Shakespeare, sin embargo las de Dylan no son solo palabras. Por décadas he sido un gran admirador del trabajo de Bob Dylan, y a él le debo mi interés por la literatura. Por sus canciones comencé a preguntarme quiénes eran Julieta, Pound y T.S. Eliot (“Desolation Row” es una invitación indirecta a la literatura), leí a Herodoto y a Tennessee Williams. ¡Gracias a Dylan me interesé en las obras de Shakespeare!

Dylan es el compositor de canciones más influyente de todo el siglo XX, influencia que sigue vigente a la fecha. No hay compositores de canciones celebrados que no hayan sido, directamente o de segundo grado, influenciados por Dylan. Dylan fue una gran influencia de los Beatles para escribir letras de canciones.

Poca gente habla de la habilidad de Dylan para componer música, sus melodías no son repetitivas en cuestión de notas musicales, a pesar de ser muchísimas a lo largo de los años. Y aunque su voz no es del agrado de demasiadas personas, nadie interpreta una canción de Dylan mejor que Dylan mismo (bueno casi nadie, puede haber algunas excepciones como Hendrix cantando “All Along the Watchtower”). Dylan es, principalmente, un compositor de canciones e intérprete de las mismas, ese es su gran aporte a la cultura y al mundo.

Sí, Bob Dylan ha incursionado en la actuación, en el guionismo y en la dirección de cine, ha sido un excelente conductor de un buen programa de radio y ha escrito dos libros. Pero ninguna de estas actividades ha trascendido ni remotamente como sus canciones.

Sí, las canciones de Dylan son poéticas, pero seamos honestos, no son sonetos, y una letra de Bob sin su música siempre será una obra incompleta, sin insinuar con esto de que la letra no valga nada, ¡vale mucho! Pero es que sus obras son concebidas como letra y música, una por sí sola no es tan rica y valiosa como lo es con la otra.

Sí, las letras de Dylan fueron revolucionarias, artísticamente hablando, y como dije, son influencia de prácticamente de todos los compositores que han vivido después de Dylan (d. D.). De entre sus canciones las hay que hablan de sentimientos, de realidades sociales, de expectativas, las hay que son historias, sin faltar un par Westerns, pero son canciones, no discursos, ni poemas, ni novelas, son excelentes canciones.

De ahí que creo que el premio Nobel de literatura a Bob Dylan, es injusto por que:

a) Es un reconocimiento que mutila de algún modo la obra de Dylan, al reconocer solo una parte de ella (letras), y no tomar en cuenta la otra (música).

b) Ignora a verdaderos autores de literatura, quienes son grandes en ese arte. Entonces ahora ¿hay que darle el Nobel de Lietaratura a Emmanuel Lubezki porque las imágenes que capta para las películas son pemas visuales?, ¿hay que darle Grammys a Murakami por la musicalidad de sus textos?, o yendo más lejos ¿el Consejo Mundial de Boxeo debe darle a Dylan un título de campeón mundial porque en su vida Bob practica el box?

Nunca he creído mucho en el Nobel de literatura, suele ser otorgado, salvo contadas excepciones, a buenos autores que no aportan demasiado a nada, salvo al aburrimiento, gente que en 100 años quizá solo sea recordada porque ganó ese premio y no por su obra (García Márquez y Camus son dos de las contadas excepciones), pero con que el premio le haya sido otorgado al gran Bob Dylan, el Nobel pierde sentido y credibilidad. Bueno, eso creo, como si a los de su consejo les importara.

dylan

Cuando me veas perdido

El libro prohibido, con todos sus secretos y verdades, permanece muy bien escondido, guardado junto al cadáver del que robó frutas con San Agustín. Sin embargo, aunque el conocimiento total estuviese a alcance de todos nosotros, nadie le prestaría la más mísera atención, pues tenemos mucha prisa y estamos demasiado ocupados en aquello que conforma nuestras rutinas, la ruina del día a día.

Las estrellas fugaces continúan rayando el cielo, las nubes reflejando tonos efímeros y creando formas de una manera artística que no puede ser bien recreada por la mano del hombre, ni capturada por ninguna tecnología, no en su totalidad. Y por desgracia todos mantenemos nuestras miradas pegadas al suelo o a las pantallas, buscando lo que no se nos ha perdido, ansiando lo que se nos impone como necesario.

La mayoría de los poetas prefiere hacer versos simples para comerciales exagerados, en vez de dedicarle esfuerzos a los cantos eternos; esos poetas obtienen suficiente dinero rimando las bondades de los cereales, aunque quizás morirían de hambre intentando cantar las verdades a sus semejantes.

Los impúdicos servidores públicos están descaradamente a la venta, su servicio se decanta siempre por el mejor postor. El rico se enriquece y el pobre enferma y muere, nadie debe ser matenido, pero están sacrificando a la gallina de los huevos de oro. Y nadie dice nada, pues en el fondo cada uno de nosotros tiene la esperanza, de que algún día tendremos el poder y el control, entonces diremos “al diablo con los demás”, de la misma manera que hoy gritan quienes nos pisotean.

Dicen que pensar estas cosas no es bueno para la salud, el problema es que cuando quiero ahorrarle conflictos a mi vejez, surge de repente alguna noticia que me altera y resucita malamente mi sorpresa de su sepulcro. Nunca podré acostumbrarme a la maldad absoluta ni a la indiferencia insulsa; no creo que lleguen a ser de mi total agrado los abusos y la ignorancia resignada. Por eso, cuando veas que estoy perdido no creas que nada me importa, pues o estoy dedicando tiempo a ver qué carajos me corresponde hacer para cambiar el mundo, o viendo cómo morirme de descontento.

Mayo 2001/Septiembre 2016

angel

Verte de nuevo

Verte de nuevo no fue en absoluto una alegría, en realidad resultó ser una tristeza.
Como el perro bíblico que vuelve a su vómito, como el que regresa al lugar donde fue feliz,
el necio que con emoción acude al llamado de las sirenas, a pesar de las advertencias.
Lo que el viento se llevó no debe tener segunda parte.

Verte de nuevo fue sacar de la memoria algunos recuerdos, pocos buenos y muchos malos.
Fue realizar un absurdo que carece de sentido. Como crecerse al castigo.
Resucitador electrónico para el Lázaro que llevaba 4 años muerto.
Obtener de a gratis el mal sabor de boca que deja el perder tiempo en vano.

¿De qué sirve ponerse al día con alguien que dejó de importar?
¿Realmente hay necesidad de comparar?
¿Morbo por saber cómo me las he arreglado sin ti?
¿Constatar que aún me importas?

Verte de nuevo fue romper un encanto, constatar feamente que el tiempo no perdona.
Comprobar que igual sigue uno siendo idiota, pero que en el pasado mi mal era más grave.
Hay gente que para nosotros debe permanecer muerta en la mente,
y sólo nos queda desearles mucha buena fortuna, pero lejos, muy lejos de nuestro lado.

¡Grrr, Tigre! (Una broma del tiempo)

Una vieja escoba es herramienta activa de limpieza sobre la loseta, creando durante su labor una música que suena a jazz salvajemente improvisado. Cientos de pares de zapatos desgastan sus respectivas suelas, unos con mayor rapidez, otros incluso con candor vocacional; al ritmo de las prisas de sus propietarios, que corren y temen llegar tarde. Claro que hay excepciones, como aquel hombre cruzado de brazos bajo el asta.

“Te espero bajo la bandera a las 9 en punto”, le dijo él anoche a la impuntual que hoy espera con desesperación desbordada (la susodicha, que no se llama Susana, viene lejos, a 14 calles de distancia, caminando con insuperable calma). El individuo mira su reloj que, como si le insultara, le recuerda que ya son la 9:47. El tipo piensa de nuevo en largarse, siente pus hedionda en la herida de su orgullo, pero al recordar a la mujer que citó, decide concederle otros 10 minutos más de espera.

Ella, la chica de la tardanza, no es bonita, pero es joven y muy atrevida, experta en el uso de ese poder femenino capaz de poner de rodillas a muchos hombres, especialmente a los maduros con crisis de envejecimiento, de los que es un ejemplo perfecto el fulano que espera al lado del asta. El hombre se cruza de brazos otra vez, fingiendo una seguridad en sí mismo que le compraría cualquier inocente y uno que otro indecente. Su cabello bien teñido está cuidadosamente peinado, su loción lo envuelve en un halo de seducción y madera, y su porte, a pesar del otoño, aún impone. Al menos eso es lo que él cree. En realidad su cabello está arreglado y oscurecido en exceso, su loción es un barato insulto para la mayoría de narices que tienen el horror de percibirla y su porte es una mezcla de desencanto y patetismo, coronados por una voluminosa panza cervecera.

La mañana está nublada, pero el tipo usa unas enormes gafas oscuras, él supone, y en esta ocasión sí acierta, que esos lentes ocultan sus arrugas, sobacos de elefante y patas de gallo de peso completo, alrededor de sus ojos. Vuelve a mirar su reloj, 9:59. En otros tiempos, él se hubiera largado a las 9.15, el cuarto de hora de cortesía para esperar a cualquiera, pero hoy esa regla fue ignorada. Él necesita conquistar a esa joven, demostrarse a sí mismo que “aún puede”. Está convencido que la juventud de la pareja es el mejor afrodisíaco y la solución a los diferentes problemas de cama que ha experimentado los últimos meses.

La chica está ahora a tres calles del asta. Él, mientras en la catedral suenan 10 campanadas, se pregunta con temor si ella vendrá. “Sonaba tan convencida…”, se dice mientras cruza sus brazos y su corazón presiente un decepción, “… además, las miradas que me brindó aquella tarde en el restaurante no pueden ser falsas”, piensa el tipo, y yo creo que esto podría dar pie a un tratado sobre el histrionismo femenino y el estupidismo masculino, que para ser justos tendría que equilibrarse con un ensayo sobre las supuestamente convincentes mentiras de los hombres y la temerosa credulidad estudiada de las mujeres.

El terror del hombre aumenta, 10.05 le espeta su reloj. El tipo chasquea la boca y a punto está de soltar una maldición, pero voltea a mirar la bandera y sus pensamientos se pierden en un nacionalismo artificial y comercial, piensa en sus compatriotas embriagándose el Día de la Independencia entre música folklórica y fuegos en el cielo. En ese mismo momento, la chica se detiene a dos calles del asta, para entrar en una farmacia y comprar un paquete de pastillas de menta. En lo que paga, ella descubre a su lado a un apuesto joven, alto, esbelto y bronceado, terso y bien bañado, que luce como para portada de revista de adolescentes, quien al pedir una cajetilla de cigarros le lanza una mirada coqueta  a la joven de la menta.

Ella siente un cosquilleo en el bajo vientre y devuelve la sonrisa, él comienza a decirle cosas típicas para entablar una conversación superficial, el clima está incluido, para terminar invitándola a desayunar cerca de allí. Ella acepta, pero repentinamente, como un eco macabro salido de un pantano a la media noche, recuerda la cita que tiene en el asta; pero el eco se olvida de inmediato y ella sale de la farmacia asiendo el brazo del galán juvenil, en dirección opuesta adonde se encuentra el asta bandera.

El hombre maduro se queda esperando hasta las 10.35, entonces decide largarse de allí, con el orgullo dolorido y el corazón molido.

broom

Junio 2000

Retazos

Un tiro de dados y el hombre con cabeza de cilindro perdió a su esposa, “nunca la quise realmente”, se dijo a manera de resignación, pero con una honestidad que espantó al más pintado. Curiosamente, desde entonces algo en el cilindriforme arde como ardilla en lava dentro de lavadora* cada vez que imagina a su “ex” en brazos que no son los de él.

Ayer conocí a un santo y no pude hacer otra cosa más que reír. “¿Cómo puede considerarse santo aquél que te entrega su tarjeta de presentación en la que aparece escrito en cursivas su nombre antecedido de la palabra SAN?”

Me inquieta el paso del tiempo, así como el sentido de la vida, pero dejando de mirar el reloj y al ver tanto comportamiento absurdo se me olvida. Sospecho que lo más probable es que en realidad no existan los momentos y terminemos todos en el mismo punto de partida. Eso sería una gran broma, algo cruel, pero grande sin duda.

En esta modernidad tapizada de estupideces tecnológicas, diseñadas para “aligerarnos las existencias”, encontramos a la venta cualquier tipo de tonterías, mientras aumenta el número de gente que se queda sin hogar y muere de hambre. Al ritmo que la humanidad pierde su dignidad yo pierdo lo poco que tuve de creatividad. Mi imaginación terminó cuadrada, vendida por un sueldo dijo y un horario monótono.

Antes temía al temor, hoy la indolencia me impide temer (y recuerda que solo Judas temió). Por eso miro la pantalla y converso con quien se autocalifica de belleza (yo ni siquiera creo que sea mujer). Mato demasiado tiempo “conociendo” a quien nunca conoceré realmente (ni en persona). Después de horas que se fugaron como diarrea penalizada, dejo de lado la pantalla y duermo, para mañana volver a comenzar.

*Ningún animal fue lastimado durante la elaboración de este escrito.

Marzo 2001

chats

Estatua de ceniza

Satélite que girando sobre su propio eje, jejeje, en el lento vacío del espacio como derviche borracho, llega hasta el ardiente sol inclemente y se convierte en ceniza de miércoles. Sputnik estúpido y desechado, monje autoinmolado con menos causa que la del Dean, rebelandose contra todo para caer en la cruel sumisión del afecto unilateral, el suyo, dirigido a una divinidad celosa que jamás mira hacia al suelo, salvo para la foto sexy del calentario Pirelli.

Tu grandeza potencial queda reducida a la absoluta nada, por nada, y ni las gracias te dio tu falsa deidad. Dados cargados en el recuadro del margen, y tú ya estás demasiado afuera. Dicen que no se puede perder lo que nunca se ha tenido, sin embargo te sientes el perdedor de un juego que tomaste demasiado en serio. Arlequín maniqueo, prestidigitador sin manos, pulpo sin visión ni abrazos. Demasiados libros en tu mente, demasiada poesía y cinematografía, y muy poca dosis de realidad.

Los años acortaron tu futuro y encorvaron tu espalda, lo que no pudiste aprender ni siquiera podrás hoy digerirlo. Llevo mucho tiempo diciéndote lo mismo. Ahora no solo es tarde ya, es el ocaso y un declarado desperdicio de existencia, es oficial, con un historial de escasas sonrisas. La prisa ya da comezón y el séptimo año se multiplicó por seis. No busques el tiempo perdido ni por los caminos del cisne.

La energía no solo se transforma, también se puede desperdiciar. Hay mejores maneras de redactar un epitafio, mira si lo sé, pero es lo único que sale para esta noche. Se requiere el réquiem para aquel que no vivió realmente. Así de absurdo y nadie quiso escuchar la confesión, el fénix se quedó hecho cenizas en el cenicero del consultorio geriátrico. Por volar cerca de un sol que se autoproclamaba divino, que decidió ignorar las reglas e inventarse las suyas propias, muy contradictorias.

Para que las mentiras sean efectivas, se requiere de alguien que quiera creerlas, las creíste porque te las dijeron a tu medida. Efímera estatua de ceniza.

Abril 2008

sputnik

 

Una vez más, como los días de antes

Una vez más, como los días de antes son los días de ahora, todo igual.

Nadando en la turbia pecera de ese olvido, hijo natural del descuido.

De nuevo en el mismo sitio, para el que involuntariamente acostumbras comprar boleto.

Tu típica mala apuesta en el tradicional y hediondo mal juego.

Una vez más en una burbuja de silencio, mientras afuera suda la noche bulliciosa.

Estás así por haber cambiado lo más por lo menos, asfixiante cambalache que te dejó vacío.

Contemplando, frío, el polvo que dejó tras su carrera el sueño fugado.

Te sientes como los que simulan indolencia en la sala de espera del infierno.

Y no hay de otra, más que aceptar como siempre la derrota.

No queda más que contemplar el lento desfile gris de las horas.

No es posible conentrarte, es imposible abstraerte o sustraerte.

Fiera con jaqueca en la jaula de ese olvido, cosecuencia lógica del descuido.

El tiempo se llevó todo, incluso metió en su arcón a las musas,

Dejándote solo en estos momentos arduos de sobrellevar.

Es la prisión en la que convertiste tu libertad.

Una vez más, años después casi todo es igual.

Una vez más, como los años de antes, son los años de ahora, todo igual.

 

Agosto 2005

fagin