Amor

El amor es el virtuoso distractor, rayo cegador en el mundo de las sombras.

Sirve para poder soportar los absurdos de la existencia, para olvidar por unos momenos las injusticias, lo negro de las almas. Sirve para inyectar energía a los cada vez más débiles recuerdos de nuestra inocencia. Nos permite mirar hacia otro lado, para dejar de preocuparnos. Es caer, acompañados, en un grato vacío.

El amor es trabajo de equipo, el burladero de la soledad.

Aunque en el fondo siempre estamos solos (el amor hace que nos neguemos neciamente, por momentos, esa brutal verdad) creemos tener un cómplice en nuestra pareja, alguien que estará con nosotros cuando el Sheriff tense la cuerda con la que castigará nuestro crimen. Es una droga que nos eleva a lugares que ninguna otra sustancia o acción puede siquiera permitirnos atisbar.

El amor es el escapista, la evasión hecha obra maestra.

Llena nuestra mente de sueños que supuestamente se encuentran enraízados en lo cotidiano. Nos eleva a esos cielos que ni Dante pudo describir. Nos porpociona la locura necesaria para creer que el día de mañana será mejor.

El amor no dura para siempre, y cuando se agota nos duele.

Quizá cuando se acaba el amor es que morimos nuestra primera muerte, la no definitiva. Es cuando sufrimos para el resto de nuestra vida o nos autoengañamos en una conformidad del calendario. Su agotamiento suele ser el principio del negocio de mutua conveniencia.

Eso creemos.

Yo no te olvido. Los ecos de tus ideas hechas palabras aún resuenan en mi cabeza, mi boca sigue esperando el reenuentro con la tuya (a pesar de que busqué en otras, jamás fue igual). No te culpo de nada, quizá de seguir contigo hubiéramos cabado peor, pero quizá no me fijaría hoy tanto en todo lo aberrante e insultante.

Es un quizá, y perdona que aparentemente me haya desviado de tema, pues me proponía hablar del amor. Solo que al final el amor y tú siguen siendo para mí lo mismo. Aunque hace tanto nos hayamos perdido.

Verte de nuevo

Verte de nuevo no fue en absoluto una alegría, en realidad resultó ser una tristeza.
Como el perro bíblico que vuelve a su vómito, como el que regresa al lugar donde fue feliz,
el necio que con emoción acude al llamado de las sirenas, a pesar de las advertencias.
Lo que el viento se llevó no debe tener segunda parte.

Verte de nuevo fue sacar de la memoria algunos recuerdos, pocos buenos y muchos malos.
Fue realizar un absurdo que carece de sentido. Como crecerse al castigo.
Resucitador electrónico para el Lázaro que llevaba 4 años muerto.
Obtener de a gratis el mal sabor de boca que deja el perder tiempo en vano.

¿De qué sirve ponerse al día con alguien que dejó de importar?
¿Realmente hay necesidad de comparar?
¿Morbo por saber cómo me las he arreglado sin ti?
¿Constatar que aún me importas?

Verte de nuevo fue romper un encanto, constatar feamente que el tiempo no perdona.
Comprobar que igual sigue uno siendo idiota, pero que en el pasado mi mal era más grave.
Hay gente que para nosotros debe permanecer muerta en la mente,
y sólo nos queda desearles mucha buena fortuna, pero lejos, muy lejos de nuestro lado.

Nadie sabe lo que tiene…

Qué orgullosa lucías cuando caminabas a mi lado, en los tiempos que yo te miraba por encima de mis hombros.

Qué brillantes sonrisas iluminaban tu rostro siempre que estábamos juntos, antes de que descubrieras que yo estoy tan incompleto.

Qué voracidad se veía en tus ojos cuando preguntabas por mi vida, cuando querías descubrir todo de mí, apreciando incluso las fallas que no se pueden ocultar.

Pero sólo fui capaz de ver todo eso en ti hasta después de separarnos, cuando seguimos diferentes rutas y ya no había manera de volver.

Qué poco valoré tus ideas cuando estuvimos cerca, entonces nunca presté atención a tus palabras, salvo a aquellas que eran elogios o preguntas sobre mí.

Qué insoportables me resultaban tus amistades, de quienes te aislé durante nuestra relación. En un principio simulé que eran agradables, pero estaba tan seguro de ti que las desterré, haciendo que sólo giraras en torno a mí.

Ya no estás, y es ahora cuando más te aprecio e incluso te necesito. Mi pozo seguirá abierto aunque ya no se ahogará nadie en él. Ya no estás, y no hay forma de rellenar este hueco en mi alma, pues tiene tu figura y nadie más puede encajar. De ti sólo me queda el eco de tu voz en mi mente y la memoria de tu hermosura. Un gélido frío usurpó el puesto de la grata calidez.

No sé qué hubiera sido de nosotros de haberte yo valorado desde el inicio, pero igual todo se hubiese desgastado y termináramos igual de distanciados como ahora.

De nada sirve formular hipótesis con tela de fantasía. Quizá lo mejor sea olvidar.

tree

Pequeños perros (adiós adjetivado)

El séptimo enano saca de paseo con demasiada frecuencia a su perro miniatura, pues hay muy poco espacio en su departamento, ubicado en el vertiginoso piso 47 del edificio Lilliput, diseñado por la arquitecta Lilith del Edén, máxima exponente del postmodernismo tardío. Yo los observo, tratando de evadirme del momento y de tus palabras, mientras soy observado con indecorosa avidez, digna de caníbales, por un trío de policías corruptos.

Cocodrílicas lágrimas brotan de tus precámbricos ojos, mientras baratamente me dices adiós, a mí, a quien indiscriminadamente llamabas amor.

Tu ártica sangre fluye por tu gimnástico cuerpo, que ahora gira exclusivamente en torno a una primitiva fisiología, a la que sólo tienen acceso esas nóveles manos de quien perjuramente te promete ser absolutamente sincero. Es ese nuevo alguien que avariciosamente posee en el presente tu hirviente corazón, y todo lo demás de ti.

Totalmente obnubilado, debido a la sinrazón incandescente de tus palabras hirientes, te digo adiós, deseándote suerte. Y cuando con parsimonia te alejas, los policíacos agentes sagaces se acercan sigilosamente a mí para sacarme el difícilmente ganado dinero, por haber aparcado erróneamente el auto en un lugar estrictamente prohibido.Culpa meada.

Así es la vida, son gajes desgajados del oficio.

dog

Incompatibilidad (desconocidos artificiales)

El tiempo que he vivido desde que te conocí ha sido dictado autoritariamente, pero sin exigencia aparente ni comprobable, por el ritmo de tu propio reloj tiranológico nuclear.

Las rutas que he tratado de seguir han sido las indicadas por tu brújula, cuya aguja parece la hélice del biplano del Barón Rojo, enriquecida con metanfetamina.

Por ti he esperado, haciendo de la paciencia un desastre y de la desesperación un arte.

Tú, tan fijada en el pasado, dejas morir el presente, pudriendo de antemano los posibles frutos del mañana.

Y yo, tan tarado, que me sigo mareando por seguir dando vueltas en tu círculo vicioso.

Llegó el tan nefasto día de las recriminaciones, decir “yo todo te lo di” y oír la respuesta de “yo jamás te pedí nada”.

Bien pagados los dos.

Uno quiso saber quién iba a escribir la historia de lo que pudo suceder, la otra siempre quiso escribir la historia de lo que fue y lo que jamás sería.

Así sucede que tras quererse tanto, dos nuevos extraños artificiales, se separan con amarga espuma del mar de la rabia y la comezón irrascable del rencor. Se separan heridos, ardidos bajo el quinto sol y como viviendo en el sexto infierno.

Dos seres con visiones distintas, ahora esforzándose en desconocerse, breves compañeros de viaje, que al descubrir el mutuo cobre se dieron cuenta de que no tenían nada en común, ni la corriente eléctrica de sus impulsos.

De aquel cariño forzado, convertido en adicción, sólo quedará, si bien les va, la indiferencia y el mal sabor. Ojalá hubiesen visto a tiempo los signos en la carretera de la incompatibilidad.

Olvido

Honestamente no sé a qué se debe lo que no se adeuda, y tampoco me acuerdo de lo que había al otro lado del agujero negro. Dicen que por mi falta de memoria soy un caballero.

Las palabras que salieron de mi boca se fueron con los cien pajarillos que echaron a volar, y valían más que el pájaro ajeno que sostienes ahora en tu mano.

Los colores no hablan, sólo brillan; los derrotados sólo gimen y chillan. No recuerdo a qué se debe lo que no se adeuda, como también olvidé la manera de afinar tus cuerdas.

No recuerdo bien mi primera noche en este mundo, pero comienzo a recobrar la idea de lo que es ser totalmente feliz por aquí.

Me gusta, en ocasiones, ser un solitario sin llanura, claro que a nadie le gusta ser un abandonado, porque eso no es más que amargura.

Las caricias son efímeros tesoros para la piel, en parte por eso debería estar prohibido decir “para siempre” y también “nunca jamás”.

No recuerdo mi primera noche en este mundo y tampoco recuerdo haberte conocido. No recuerdo bien nada de lo que creí conocer, tampoco sé si alguna vez supe convertir tu plomo en oro.

No me tomas en serio cuando hablo seriamente, y haces lapidarias mis frases cuando bromeo. La vida es redonda, como lo es la Tierra, como lo es el futuro y como lo son las monedas.

Mis palabras se pierden en tu laberinto, con tres minotauros que tienes a sueldo pagado por tus sentidos.

Fuiste mi todo siendo en realidad nada, y tras la tormenta, llega siempre la calma.

No recuerdo haber usado mezclilla, como tampoco recuerdo cómo eran tus sonrisas.

 

Water Forget-me-not or True Forget-me-not or Myosotis scorpioide

Sólo gente como nosotros

Sólo seres como nosotros pueden convertir el oro en amargura, las bendiciones en llanto y hacer ruinas las ternuras.

Sólo gente como tú y yo puede pervertir lo bueno, convertir en mentiras lo verdadero y al final no preguntarse ni un por qué.

Al principio fuimos los mejores amigos, pero nos empeñamos en destruirlo; ahora ni siquiera puedo estar contigo, si volviéramos a empezar haríamos de nuevo lo mismo.

Sólo gente como nosotros, que en el fondo no es tan mala, convierte el amor en tedio y el azúcar en cizaña.

Quizás nuestra historia termine con nuestros cuerpos, igual no volvemos a encontrarnos, pero estoy seguro de que si lo hacemos, habrá remordimientos al mirarnos.

Sólo gente como nosotros decide ignorar lo que estaba escrito. Sólo alguien como yo reza por volver a verte aunque sepa que no coincidimos.

soñé contigo

soñé contigo, pero desperté.

soñé contigo, y luego no tuve nada que celebrar.

soñé contigo, y te llamé para contártelo,

pero sólo obtuve el vacío merecido.

sigo soñando contigo

con amor y con respeto,

con cariño compartido

sin afectar al interfecto, que sigue vivo en tu olvido o en mi recuerdo.

soñé contigo esta noche

sueño contigo a la luz del día

esperando revivir con tu persona

el pasado vivido e imaginado.

sueño contigo, te deseo

pero no puedo hacer más que soñar.

 

Del engaño y el autoengaño

Todo lo que te enseñaron y creíste vivir, en este caso, es falso. No fue cierto lo de Pedro ni lo del Pollito, pues ni viene el lobo, ni se cae el cielo, porque el primero siempre estuvo allí, y el otro se cae sin aviso. El amor existe, pero es una lotería, no una fantasía al alcance de todos.

El enamoramiento es como la historia, tiene principio y un final. Los signos de los tiempos siempre son confusos, pero el que tenga ojos que vea, aunque no hay más ciego que aquel que se niega a ver. (Si no pregúntale al olvidado ciego de Buñuel).

Miss Q y el aprendiz de jedi quisieron verse jodidos jodiendo a otros, ¿para qué hicieron lo todo lo que pudieron para hacérnoslo creer? Caretas de mal teatro, o engaños flojos, pasados de listos, para distraer, qué disgusto descubrir una verdad tan asquerosa.

No se puede tener todo en la vida, aunque valga la pena intentarlo; ojalá que quienes lo intentan lo hicieran sin abusar de otros. Sembradío de cadáveres y pistas falsas, en la peor manera del peor narcotraficante o político intrigante, y se creen inteligentes por traicionar la buena fe (esto no requiere de inteligencia, sino de una barata dosis de vileza).

Un Réquiem suena en la lejanía, ni idea de por quién doblan las campanas estiradas, le preguntaría al honesto Ernesto, pero se fue, “adelantándose” como dicen los eufemistas racistas, una vez que descubrió lo que salía del cañón de su escopeta.

No fui ni el mejor, ni lo peor, pero esas hirientes comparaciones tuyas… siempre están de más.

A veces es mejor agarrar las maletas y largarse, pero cuando se hace eso, se debe hacer de verdad. Las puertas no deben dejarse entreabiertas cuando se toma una ‘decisión final’. Pésima costumbre esa de terminar una relación para retomarla a cada rato, porque así sólo se logran agrandar las ofensas y acabar muy mal en el verdadero final.

El cadáver dista mucho de ser exquisito y carcomido está, tal como lo retrató el viejo Baudelaire.

Que Job se quede con su paciencia y tú cosecha lo que mal sembraste.

El hombre sin corazón

Ella no había sido la primera.

No se separaron por nada extraordinario.

La historia de ambos, como todas las historias, incluyendo las histéricas, tuvo un principio y forzosamente su final.

Así, nada más, ella se fue y él cerró la puerta por dentro.

No transcurrieron muchos días cuando él empezó a añorarla, recordando sólo lo bueno, únicamente lo positivo; hasta que olvidó por completo el porqué de sus separación, haciendo del rompimiento el mayor misterio del mundo para él.

La selectividad de la memoria, que suele ser una autentica enemiga.

Poco a poco todo comenzó a desaparecer. Primero fue su auto, ese que con tanto trabajo había terminado de pagar, 4 años después de que la máquina había sido último modelo. Nada insólito si se toma en cuenta la inseguridad de la ciudad.

Él reportó su auto como robado y jamás fue encontrado. Cosa de todos los días, a cualquiera le pasa.

Decidió no reponerlo y volver a caminar, pensó que le haría bien.

Después fueron los amigos, poco a poco se perdieron.

Los números telefónicos que tenía en su agenda ya pertenecían a puros desconocidos y nadie se detenía ya en casa de él.

Siguió mecánicamente con su vida, o con lo que le fue quedando de ella.

Una mañana, su casa amaneció sin espejos.

La siguiente desaparición fueron los muebles y, una tarde a su regreso del trabajo, donde solía estar su casa encontró un enorme terreno baldío, lleno de mala hierba que al parecer llevaba mucho tiempo enraizada.

No se estaba volviendo loco, la dirección era la misma, los vecinos también, pero nadie parecía reconocerlo.

Se fue a vivir debajo de un puente transitado. Su trabajo también se había esfumado, ya no tenía caso pagarle a un compositor para quien las notas desaparecen del alambrado de un pentagrama.

Comenzó a mendigar para mantenerse entretenido.

Se le fugó también el interés.

Sus recuerdos se fueron desvaneciendo hasta que su memoria (la mentada enemiga) no dibujaba el rostro de ella y sus labios no evocaban el nombre de la dama esfumada ni en sueños.

Una mañana de abril sintió un agudo dolor en su pecho, como si a un muñeco vudú con su estampa le clavaran una larga aguja. Fue llevado de emergencia a un hospital de beneficencia.

Los médicos que lo atendieron no creían lo que atestiguaban: al vagabundo adolorido le faltaba el corazón.

El caso se hizo famoso, un hombre ‘vivo’, aparentemente sano, que en vez del músculo vital tenía un hueco total. Nada, sólo vacío.

No lo pudieron certificar como muerto, pues el tipo respiraba, se movía y pensaba; sólo le faltaba el corazón y la memoria.

A partir de entonces ya nada desapareció. Un inteligente empresario circense lo contrató.

Ahora cualquier persona con suerte (y que pague el boleto), podrá asistir al circo, cuando éste se encuentre cerca de su vecindario, y mirar al hombre que no tiene corazón, quien ahora ocupa el lugar del dromedario.