Esperando

Dos temporales tropicales y descorteses que jamás dan aviso previo, atorados como toros en la valla que separa el campo de la villa. Tú y yo, querida. Ignoro cómo llegué a esto, sólo sé que todo empezó cuando dudé de Dios por creer en ti.

Entonces las nubes dejaron de ser algodones flotantes para convertirse en visible humedad suspendida, fue cuando tus llegadas eran en realidad ausencias que se traducían en una despedida prolongada, jamás oficializada.

A lo mejor, peor quizá, todo se debió a que cambié el bolígrafo por un aparato electrónico o a la guerra cotidiana, cada vez más cercana, que los diarios describen, pero cierto estoy de que contigo las sombras me empezaron a parecer más oscuras y las ilusiones comenzaron a escasear. ¡Hasta un malnacido mago traidor decidió entonces revelar secretos profesionales por televisión!

Lo único que aprendí a tocar  en mi vida fue tu piel y las puertas, lo único que supe afinar fue tu órgano de catedral. Me pregunto si alguna vez quise realmente probar la manzana o sólo lo hice porque se supone que es lo que todos debemos hacer.

Lo único que ha madurado en mí es la indiferencia hacia los extraños y hacia todo aquello que hoy emociona y que dicen que mañana será parte de los libros de historia.

Mi cometa jamás se elevó más allá de los tres metros, sin importar que soplase mucho viento; viento que puede llevarse todo, menos tu recuerdo, el cual me esfuerzo en borrar. Vanidad de vanidades y sólo vanidad, todo en vano. Rabino con rábano.

Mientras, me sigues acusando de ser el abogado del diablo por decir lo que pienso, por dudar lo que dudo y creer lo que creo, que es poco en realidad.

Ya ni siquiera tengo maletas porque no se permite equipaje en el lugar que me obligas visitar, en el fondo espero que ese destino sea ningún lugar.

La estación está en desorden, el tren no tiene horario, dicen que llegará como los ladrones o como el fin del mundo. Yo lo esperaré recitando el diccionario.

Agosto 2008

station

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ad náuseam

Náusea. Tripas revueltas por la tormenta. Subir y bajar, el mar intranquilo, sin puerto. A veces llega uno a la playa y todo bonito (hasta casi aprende uno a nadar) pero de nuevo llegan los nubarrones y ahí vamos. Montaña rusa existencial, que coquetea con la ruleta de la misma nacionalidad. Se pide tregua y se obtiene más guerra. Siempre igual. Nunca en el mismo canal. Se propone como solución la indiferencia, mayor absurdo que el actual. No hay arca de Noé, sólo animales naufragando a la deriva. Tan soberbios, tan malditos en su autoimpuesta elevación. El pecado, si es que existe algo así, fue trepar al otro en un nicho, que se quemó hasta el carbón por culpa de una vela vomitiva. Ya nada está claro. En la tormenta el cielo se confunde con los abismos del océano. S.O.S. ESO Es todo (enemigos).

Hacerse viejo

Ella sabe cómo andar entre la multitud, fingiendo demencia, desconociendo a los conocidos, y tú también decides negarla aunque no haya un gallo que cante tres veces. No hay nada por hacer ya que no se puede retroceder el tiempo, no queda más que tragar y aprender, aceptando que todos somos más viejos. Él se queja de haber entregado todo sin recibir nada a cambio. Pero para ser sinceros ella jamás lo obligó para que hiciera eso. No es válido ofrecerse y luego empezar por ello los reclamos y el arrepentimiento; mejor es sacar pecho y aceptar que uno se va haciendo viejo. El tipo del ego gigante, quien respira aplausos decide ignorar que algún día caerá en el olvido; y esto no es ningún error, es simplemente la ley universal del destino. A veces es sutil como una caricia, otras es fuerte como latigazo, pero siempre llega el descubrimiento de que a pesar de nuestros esfuerzos en contra, nos vamos todos haciendo más viejos. Silencioso en una habitación fría, conoces en carne viva el significado del abandono. La felicidad duradera por estos rumbos es demasiado escasa cuando también es escaso el dinero. Si fueses un genio desde tu lámpara podrías pasarte la vida riendo, pero a pesar de eso no evitarías el irte haciendo más viejo. Intentas robar doncellas en tu afiebrada imaginación, intentas montar caballos que ya tienen dueño. Mi corazón está demasiado aturdido, apenas y siento, sólo sé que a cada momento me voy haciendo más viejo.

¿Adónde se fue el cariño?

De la obsesión amorosa al odio intenso tan solo hay una pequeña distancia. Extrañas enfermedades del alma que sólo el tiempo y la suerte pueden curar. Hay quienes prefieren soportar las peores humillaciones antes que sufrir la indiferencia, hay quienes prefieren vivir como lo hacen las piedras. Entre la adoración extrema y la repulsión excesiva sólo hay una separación que mide lo que el grueso de un fino cabello. Aleja de tu persona, como a la peste, cualquier verdad a medias. Huye de la duda. No esperes a que se mueran los mejores sentimientos. No dejes que fallezca el afecto. Muchos se han preguntado lo mismo a lo largo de la historia, y los que pudieron evitar el crimen se lo siguen preguntando: ¿adónde se fue el cariño? Esos momentos de felicidad sobrehumanos se convirtieron misteriosamente en tormentosos recuerdos que te impedirán volver a ser la misma persona. Por eso no dejes que la marea de las dudas termine ahogándote y destruyendo tu sentimiento.