Tu pasado en mi presente

Puedo imaginarte aquí, puedo ver tu pasado loco en mi presente sin ti.

Ahora tomas todo muy en serio, especialmente tu carrera y el dinero.

Pero puedo imaginarte aquí y ahora, como antes eras:

riendo con euforia un tanto exagerada, para presumir a todos que eras feliz.

Aquí veo a muchas chicas interpretando ese papel que desechaste hace años.

Más adelante, cada una de ellas será otra Wendy que dejará el Pan y crecerá al ritmo de las exigencias sociales, laborales y biológicas.

Puedo ver tu pasado en estas chicas, mientras en ti veo el futuro de algunas.

Qué bueno que no vivimos más, con este tiempo es suficiente para hartarse de tanta repetición.

Anuncios

Lo más difícil es la espera

Lo más difícil es la espera.

Que comiencen las vacaciones, que llegue el amanecer del 25 de diciembre, que empiece el espectáculo. Que sea tiempo de poder sentarse a la mesa con los mayores, de ver lo que ellos ven, de que te entiendan. Que el mundo te tome en serio.

Que se haga realidad la cita que tanto trabajo te costó conseguir. Que nunca más tengas que lidiar con el álgebra. Que te pregunten, que te digan “Sí”.

Que desaparezca la larga fila, que recibas la llamada que te rescatará del frío en un sábado por la noche, que puedas salir sin tener que pedir permiso, que te den el empleo al cual aspiras, que nazca quien será el nuevo eje de tu vida, que termine este mal gobierno.

Que la conversación de  tu interlocutor deje de ser un monólogo que tragas por educación, que ya no tengas necesidad de expresarte en relatos patéticos y dolorosos en primera persona, que puedas salir de la antesala, que alguien decida cerrar el grifo de los reproches, que cicatricen las heridas.

Esperar la partida, esperar un regreso, tejiendo y destejiendo, para volver a tejer.

Que los neumáticos del avión se despeguen del suelo llevándote lejos de aquí, que al fin vuelvas a pisar la tierra que añoras, que comiences las acciones que salvarán tu alma, que llegue el instante en que te perderas irremediablemente en el río de la eternidad.

Que ya dé inicio la noche, que por fin aparezcan los primeros brillos del sol, que vuelvas a ver los ojos que muestran la única verdad en la que crees o que veas caer el muro de la realidad.

Que se termine tu condena, que puedas salir del hospital, que puedas darle prisa al mal paso, sin caer, que empiece tu vida o bien que llegue su punto final.

Las más de las veces se espera en vano, por algo que no valía la pena esperar, pero aunque fuera el caso contrario, invariablemente lo más difícil es la espera, siempre.

tio

Gigante

Hoy me imaginé qué pasaría si yo fuera un gigante. Suena bien, ¿no crees? Ser tan grande que mi cabeza llegara más allá de las nubes y que mis pies abarcaran la distancia de muchas calles. Cualquier gran ciudad se convertiría en un bonito juguete para mí, entonces podría pasarme todo el día jugando con los coches que más me gustan.

Si yo fuera gigante, podría desplazarme muy rápido de un lugar a otro. ¿Te imaginas? Recorrer grandes distancias sin aviones, ni autos ni magia. Si, por ejemplo, yo me encontrara en la ciudad, de un salto podría llegar al campo; y desde el campo, de dos saltos podría llegar hasta el mar, para nadar y nadar, hasta cansarme. Y no correría el riesgo de ahogarme, porque mis pies siempre alcanzarían el fondo de los océanos.

Si yo fuera gigante, haría todo lo que quisiera, pues nadie me regañaría al no existir nadie más grande que yo.

En la noches, solo necesitaría estirar una mano para tocar las estrellas y también agarraría la luna para usarla como pelota.

De día podría viajar hasta el desierto y construir castillos de arena, como los que hago en la playa, ¡pero de tamaño real!, y en ellos pondría una guardia compuesta por elefantes que antes tomaría cuando pasara por la selva… no, no por la selva, en realidad a mi paso por la sabana, pues en la selva no hay elefantes, según me ha dicho mi papá.

También podría llegar hasta China y jugar con su Gran Muralla.

Todo sería muy bueno si yo fuera gigante.

Aunque… ahora que lo pienso, nunca podría entristecerme y llorar, pues si llorara, mis lágrimas inundarían el mundo, y eso no sería nada bueno.

Imagino que tampoco podría saltar, pues ocasionaría terremotos en el planeta y entonces se derrumbarían muchas casas y edificios. La gente me tendría miedo. Por eso, los ejércitos del mundo me perseguirían como si yo fuera un monstruo destructor, como los que salen en las películas de horror. Eso no sería bueno, porque entonces nadie me querría.

Además, si yo fuera el único gigante, no podría jugar con nadie de mi tamaño. ¡Qué pena!, y no podría haber más gigantes porque no cabríamos en la Tierra.

Entonces qué bueno que no soy un gigante, de esta manera hay personas que me quieren y puedo tener amigos.

gigante

En la verde pradera

Una tarde de extrema timidez solar, en la verde pradera, las nubes se divertían imitando caprichosamente diversas formas: caballos, ogros, damas y descarriados caballeros grises, dragones y sueños de quienes jamás quisieron ser gerentes.

Abajo, en la tierra, un gusano jugaba a ser gallina, mientras el zorro dormía en su madriguera y soñaba que esa noche por fin saciaría su hambre, pues en vez de gallinas se proponía comer gusanos.

A la distancia se distinguían los ladridos de varios perros, que se incomodaban con las campanadas de la lejana iglesia de pueblo, eran como hijos olvidados de Pavlov.

Ningún niño retozaba por la pradera, pues todos los niños eran para entonces adultos completamente desarrollados que se habían mudado a la gran ciudad.

Como sabes, ninguna persona que se precie de madura gusta de retozar por las praderas. Por eso en este campo sólo juegan las nubes y los gusanos.

¿Por que la gente deja de jugar? ¿Por qué decide permanecer en la ciudad? Mejor dejemos de preguntarnos cosas absurdas y busquemos una tarde de timidez solar en la verde pradera.

Foto de Rocío Pardos, el uso de la imagen fue gentilmente autorizado por su autora. Visita el estupendo blog de Rocío en http://fotografiarocioph.com/
Foto de Rocío Pardos, el uso de la imagen fue gentilmente autorizado por su autora. Visita el estupendo blog de Rocío en http://fotografiarocioph.com/

Vida en sociedad

Alrededor de un año, con aparentes gestos inteligentes de razón profunda, cuando no hay en esa cabeza ni lógica elemental, sin embargo es la época en que la mente absorbe todo con avidez de monje medieval en hambruna canterburesca.

Alrededor de los 5 años, es el imperio del sentido común, la razón pura, lógica que poco a poco se irá quebrando con la convivencia, las costumbres y la educación. La malicia ya está allí, hay pureza e inocencia, ¡Bendito sea Dios!, pero la mala leche del Diablo ya se nota en una crueldad extraña, a veces no tan incipiente, con los seres que se perciben más débiles y eso incluye a veces a los mismos padres.

La adolescencia es creer en ideales, convencerse que sólo falta voluntad para cambiarlo todo, para desfacer entuertos, o bien cuando empieza la indolencia que carcome como cáncer. Todo esto para decirle al mundo “hey, yo soy yo, no soy una extensión de nadie ni de nada”. La educación se afina más y la sociedad impone sus reglas, al fin es sólo una fase.

Luego empezar a cumplir con el guión correspondiente, seguir al pie de la letra el juego de castas occidentales, empezar a creer que la sociedad es más importante que uno (quizá no conscientemente), terminar la carrera, casarse, trabajar, y buscar el lugar seguro para el futuro. El engrane entra en su sitio, no siempre el adecuado, pero de algo hay que comer. Época de las vanas esperanzas que se irán rompiendo poco a poco al paso del tiempo.

Tanto golpe contra los muros de la realidad hacen que se impongan el temor o el cinismo, de tantos golpes o se forma un caparazón o se tiene miedo a todo. Sin embargo, en medio de tanta estupidez adquirida y vivido, digerida y asumida, se pretende que el mundo crea que los años nos hacen más sabios. ¡Patrañas viles!

Enfermedades y pérdidas, frío hasta en el más cálido verano, y si se tiene suerte, de repente la revelación, todo debió ser como al año y cuando mucho a los 5. Sencillo, decir no a la mierda impuesta, al control que jode, a la explotación que devora, pero ya es tarde, muy tarde. Todo es claro, entonces el corazón deja de latir.

Me consta (siempre)

Siempre la misma fábula, con el mismo animal que no aprende. Siempre la misma sopa de Esopo.

Siempre la idolización e idealización, que al final son sinónimos, y siempre despertar de ellas después de que un Moisés que bajó de la montaña arrojó sus tablas de multiplicar.

“Largo del paraíso”, nos gritamos, autoboicotéandonos el derecho a seguir como monos alegres en el bananero del Edén.

Todos terminamos creciendo, ¡ay de aquellos que se quedan como exiliados ilegales en el país de Nunca Jamás!, pues se ven obligados a convertirse en piratas, y siempre saldrán perdiendo (aunque se la pasen bien… de vez en vez… me consta).

Aunque tampoco se puede fingir la madurez.

Tampoco puedes decir que te encanta pagar impuestos (ni siquiera en el primer mundo es algo que guste a la gente… me consta).

Impuestas también son ciertas actitudes, tan malo es el adulto que justifica su idiota manera de ser diciendo que es “como un niño” (insulto a los infantes puros que por lo general sólo se vuelven idiotas al crecer), como impuesta es la seriedad y cordialidad que debes tener con toda la gente (¿qué sentido tiene saludar a quien te revuelve las entrañas con sólo verla? -y de quien eres totalmente correspondido en ese sentido).

Hay quienes agradan y hay quienes de mirarlos inducen al vómito (y yo soy menos monedita de oro que cualquiera… me consta).

Que existe gente (poca…pero no son tan pocos) a quien agrado, es cierto. Que existe gente (poca… y son muy pocos) que me agrada, también es cierto.

Que la mayoría me es idiferente y que les soy indiferente a todos ellos, es lo más cierto.

Así que ¿para qué mendigar palabras y pensamiento, sonrisas y besos?

El amor platónico es injusticia, y desperdiciar atenciones en lugares indebidos es regalar margaritas, perlas y diamantes a los cerdos.

También es malo (y mal visto) mendigar afecto.

Y al final, sinceramente, ni tú ni yo somos tan valiosos.

No te claves, la vida la densea uno mismo. Me consta.

Ya ni llorar es bueno

Recuerdo la época en que arrojaba piedras a las multitudes, señalando al que mentía por ganarse un mendrugo de pan. Odiando al que aspiraba cada año a tener un auto nuevo y condenando a los que iban al país del adulterio. Con risa soberbia me reía del que rogaba que le tocaran el sexo y de aquel que lloraba porque en su libertad se sentía preso. No soportaba a quien vivía como los demás le dictaban. Yo me sonreía entonces, pero ahora los entiendo y hasta perdí la risa.

Me recuerdo despreciando al que iba a la casa de Dios a pedir auxilio, y también del que la misma ayuda la pedía a su vecino. Ahora que la inmortalidad se me escapó de las manos, me encuentro actuando papeles que ayer hubiera yo rechazado. Ahora sé que la imagen y semejanza que compartimos con el Creador es la posibilidad de hacer el bien o el mal desde el fondo del corazón.

Por fin entiendo eso de que con la vara que mides serás medido y todo me dolería menos si ella estuviese aún conmigo. Camino solo la ruta que me ha de llevar hasta el final. A veces estoy tan cansado que ya no puedo ni mirar.

Ojalá sea cierto eso de que todos podemos aspirar a ser perdonados, si en verdad queremos vivir sin estar equivocados. Ya no me burlo con tanta fuerza, es más, ya no me burlo en lo absoluto, desde que me descubrí haciendo lo que hace cualquier adulto.

Me hubiese gustado conservar mi inocencia, pero ya ni llorar es bueno, ahora sólo aspiro a la paciencia.