Ya ni llorar es bueno

Recuerdo la época en que arrojaba piedras a las multitudes, señalando con burla al que mentía por ganarse un mendrugo de pan. Odiando al que aspiraba cada año a tener un auto nuevo y condenando a los que iban tomados de la mano al país del adulterio. Con risa soberbia me reía del que rogaba que le tocaran el sexo y de aquel que lloraba porque en su libertad se sentía preso. No soportaba al que vivía como los demás le dictaban. Yo me reía entonces, pero ahora los entiendo y hasta perdí la sonrisa.

Me recuerdo despreciando al que iba arrodillado a la casa de Dios a pedirle auxilio, y también al que la misma ayuda rogaba a su vecino. Ahora que la inmortalidad se me escapó de las manos, me encuentro actuando papeles que ayer hubiera yo rechazado. Ahora sé que la supuesta imagen y semejanza que compartimos con el Creador es la posibilidad de hacer el bien o el mal desde el fondo del corazón.

Por fin entiendo eso de que con la vara que mides serás medido y todo me dolería menos si ella estuviese aún conmigo. Camino solo por la ruta que me ha de llevar hasta el final. A veces estoy tan cansado que ya no puedo ni mirar.

Ojalá sea cierto eso de que todos podemos aspirar a ser perdonados, si en verdad queremos vivir sin estar equivocados. Ya no me burlo con tanta fuerza, es más, ya no me burlo en lo absoluto, desde que me descubrí haciendo lo que hace cualquier adulto.

Me hubiese gustado conservar mi inocencia, pero ya ni llorar es bueno, ahora sólo aspiro a la paciencia.

2009

Anuncios

El mapa de las relaciones sentimentales en tres frases

Existe cerca de de donde vivo una colonia clasemediera alta, en donde destinan cierta calle para que los vecinos salgan a hacer ejercicio; es decir, no se cierra la calle, sino que se destina el borde de un camellón en forma de pista de hipódromo, para que la gente salga a correr, caminar o andar en bicicleta. Algo parecido al patio de ejercicios de una escuela, prisión o de un manicomio, pero sin rejas ni altas bardas (siempre me recuerda una pintura de VanGogh).
Prisoners Exercising Vincent van Gogh
Ayer, caminando yo por ahí, pude notar un grupo de tres ciclistas, uno de los cuales iba entreteniendo a sus compañeros con su charla. La primera vez que pasaron junto a mí alcancé a oír al entretenedor decir: “… con que le provoques una sonrisa ya es tuya…”. Poco después volvieron a pasar y alcancé a oír al mismo tipo decir: “…basta con una patada en los huevos y listo…”, y tuve la oportunidad de una tercera frase poco después: “… ni que fuera la única, hay muchas en el mundo…”
Es curioso cómo en tres frases rápidas, el tipo pareció resumir la historia de muchas relaciones románticas. La ilusión y la magia agradable (aunque definitivamente difiero de la simpleza de la idea, es decir, yo he hecho reír a muchas mujeres, y no hice mías ni al 1% de ellas), pero bueno, tomemos la frase como el inicio del enamoramiento, él quiere hacerla reír y ella ríe. La fase de la ilusión siempre es alegría y encantamiento, sonrisas y sonrojos. Felicidad y embriaguez sin alcohol (algunas veces sí hay acompañamiento etílico). Cada persona quiere hacer sentir bien a la otra, quedar bien. Oh l’amour! Primavera, pajarillos y cielos hermosos (hasta los lluviosos). El mundo es un horizonte por recorrer, uno ya no está solo, dos hacen uno, y todo es jijí jajá.
Sigue el puntapié en los testículos. Una mujer tiene ovarios, pero como dijera Colón, todo es como un huevo. Quizá el ciclista experto en relaciones humanas se referiría a ponerle un “estate quieto” a un rival, que significaría la defensa de esa territorialidad que siguen aplicando las bestias pseudo racionales que se denominan humanas una vez que tienen pareja. Me refiero a esos que ven a su pareja como propiedad y que experimentan los Iagosos celos Oteleros (sin motivos reales), las inseguridades y las rivalidades. Defender lo propio de los zánganos y ladrones que merodean por el paraíso infernal. No todas las relaciones tienen ansias propietarias, pero no son pocas las que sí.
Claro que esa frase del puntapié puede tener otro significado: el rompimiento violento en las relaciones disfuncionales o cuando los chistes dejan de tener gracia. Cuando el que hacía reír ya no es “el ser más divertido del mundo” sino un “imbécil que no toma nada en serio” o un “tarado que de todo se carcajea”. Cuando vuelan platillos en la cocina (sin tener que llamar a expertos en ufología), cuando la agresión verbal cruza la frontera y llega al pueblo de los puños, las patadas y las heridas. También he visto esa película, y recuerdo que incluso fui amenazado por tijeras que agujeraron mi camisa favorita. Cada quien habla de cómo le fue en la feria.
plates
Para terminar con lo que dijo el ciclista, su tercera frase no es la vencida, sino la que intenta sobreponerse al vencimiento. Una vez separado, tras la relación buena o mala, viene el luto del alejamiento. Siempre habrá dolor, quizá mucho, quizá poco, pero siempre lo habrá. Uno suele añorar a la persona que alguna vez se amó, no importa si al final todo fue un trago más amargo que el pan de la Última Cena. Y en el cabizbajamiento subsecuente, no faltará el amigo que tratará de dar esperanzas basándose en la sobrepoblación mundial: en este mundo hay muchas mujeres más, ella no es la única. Mlas noticias: ella es única e irrepetible, como de alguna manera lo somos cada uno de nosotros.

cloned
También, sin duda, hay muchos amigos más sensatos que no dirían semejante tontería. Sí hay mucha gente, y es probable que hayamos demasiados que nos parecemos entre nosotros, pero sin embargo cada persona tiene una combinación única. Nadie sustituye a nadie, quizá el nuevo alguien sea más compatible con uno, quizá nos brinde más magia; quizá no, pero el caso es que no es el clavo que sacará otro clavo (¿en serio alguien ha tratado de desclavar en la realidad clavos con clavos, en vez de usar un martillo o pinzas?). Sí, hay mucha gente, y nunca conoceremos ni remotamente a la mayoría de las personas que existen. Si alguien se fue, simplemente es capítulo cerrado y a lo que viene. Mirar a atrás y cerrar la puerta y no esperar encontrar a que alguien la cierre por nosotros.
En fin, las frases de ese ciclista me hicieron pensar en esas cosas.

Ya ni llorar es bueno

Recuerdo la época en que arrojaba piedras a las multitudes, señalando al que mentía por ganarse un mendrugo de pan. Odiando al que aspiraba cada año a tener un auto nuevo y condenando a los que iban al país del adulterio. Con risa soberbia me reía del que rogaba que le tocaran el sexo y de aquel que lloraba porque en su libertad se sentía preso. No soportaba a quien vivía como los demás le dictaban. Yo me sonreía entonces, pero ahora los entiendo y hasta perdí la risa.

Me recuerdo despreciando al que iba a la casa de Dios a pedir auxilio, y también del que la misma ayuda la pedía a su vecino. Ahora que la inmortalidad se me escapó de las manos, me encuentro actuando papeles que ayer hubiera yo rechazado. Ahora sé que la imagen y semejanza que compartimos con el Creador es la posibilidad de hacer el bien o el mal desde el fondo del corazón.

Por fin entiendo eso de que con la vara que mides serás medido y todo me dolería menos si ella estuviese aún conmigo. Camino solo la ruta que me ha de llevar hasta el final. A veces estoy tan cansado que ya no puedo ni mirar.

Ojalá sea cierto eso de que todos podemos aspirar a ser perdonados, si en verdad queremos vivir sin estar equivocados. Ya no me burlo con tanta fuerza, es más, ya no me burlo en lo absoluto, desde que me descubrí haciendo lo que hace cualquier adulto.

Me hubiese gustado conservar mi inocencia, pero ya ni llorar es bueno, ahora sólo aspiro a la paciencia.

Uno más

En el territorio de los tibios vomitados por Dios, donde huele a las alas quemadas de los ángeles caídos, me descubrí cansado y sin ánimos de ir contra la farsa. Había intentado quitarme el velo que todo distorsiona, ese que pinta cosas distintas ante tus ojos. Intenté salir del fango en el que me hundía a cada paso, traté de olvidar los errores que cometí por tratar de ser alguien distinto. Pero todo fue un mal sueño. Al despertar descubría la misma situación: nada es tan malo como para no ser sobrellevado, y nada es tan bueno como para luchar por ello. Yo soy otro más. Me cansé de las palabras decisivas que no producían cambio alguno. Me perdí de las promesas que se pierden en el río de los segundos. Noté mis manos y descubrí que construían blasfemias de oro, mire a la multitud y me vi más solo. Esperé la redención sentado, agotado, La esperé y ella jamás vino hacia mí. Busqué respuestas en mis semejantes y encontré más dudas e inquietudes. Traté de llamar al que me dijeron que tenía todas las soluciones, pero él fingió estar ocupado. Dirigí mi vista a mi interior, dominando el miedo que me daba ese abismo, pero sólo encontré tinieblas. Todo carecía de sentido no había dónde apoyarse. Vagué por las calles ignorando las miserias ajenas, caminé sin compadecerme de nadie. Atestigüe debilidades aun en aquellos que presumían de solidez. Sólo sentía que era uno más. Pero volví a despertar hacia el primer sueño. No podía resignarme, decidí desempolvar mis antiguos ideales. Ya no espero que todo cambie, ni siquiera quiero revolucionar algo; aunque ya no puedo esperar sentado diciendo que soy sólo otro más. No te daré mi resolución, pues de nada te serviría, únicamente quise compartirte mi confusión, para que sepas que lo que sientes no te es exclusivo; para que sepas que ambos lo sentimos y que podemos compartirlo. Así fue y así será por los siglos de los siglos.