Voy por cigarros

“Voy por cigarros”, dijo el canijo y cerró la puerta por fuera. Jamás volvió.

Lo buscaron en el lugar de la abuela que vuela, donde lo rancio y pasado sólo por ser viejo es llamado ‘clásico’. Un clásico idiota, que además huele rancio.

Lo buscaron en un puerto sin mar y en el tugurio del mal augurio; en el edificio sin tiempo y en la ciudad del estrés, cualquier ciudad que se precie de serlo desborda estrés, a la una, a las dos y a todas horas.

Lo buscaron en la montaña artificial de aventuras dosificadas, empaquetadas, y en los lentos rápidos de agua clorada. En la onanas tirolesas de 20 metros y en los hediondos subterráneos metropolitanos.

Lo buscaron en los brazos vacíos de sus viejas amantes y en la mirada descarada de la Maleva de San Telmo. Al final, cansados, lo dieron por muerto.

“Voy por cigarros”, dijo el mismo día que pensó que su vida no era realmente suya, que la curiosidad murió cuando cambió sus tiendas de campaña por una casa de ladrillos construida por un práctico cerdo. La perdió el día en que su aerostático globo se llenó de lustrosos niños lastrosos y comenzó a llorar en silencio, sin lágrimas; el día en que su egoísmo fue enterrado por las arenas de un autoconvencimiento con ilusorios fines de lucro. Había que ser excelente. Perdió su vida el día en que confundió la felicidad con lo que te dicen que debe hacerte feliz. El final empezó cuando el sexo fue mecánico, cuando la sal sabía a papel blanco y los besos ya no tenían electricidad, cuando le importó un carajo lo que salía de boca de su esposa, cuando la puerta no estaba allí para impedir la entrada sino para no dejarlo salir. El día en que ya no lo calentaba el sol, sino la hoguera de Juana de Arco. Todo le dio asco y terror… hasta el momento que sin haberlo planeado dijo: “Voy por cigarros”, y después de cerrar la puerta por fuera jamás volvió.

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Despertares

En el territorio de los tibios vomitados por Dios, donde impera la hediondez de las alas quemadas de ángeles caídos, me descubrí cansado y sin ánimos de ir contra la farsa.

Había intentado quitarme el velo que todo distorsiona, ese que pinta cosas distintas ante tus ojos. El cristal opaco marca registrada, hecho en china por niñas explotadas.

Intenté salir del fango en el que me hundía a cada paso, traté de olvidar los errores que cometí por tratar de ser alguien distinto, pero igual a lo demás.

Todo fue un mal sueño.

Al despertar descubría la misma situación: nada es tan malo como para no ser sobrellevado, y nada es tan bueno como para luchar por ello. Yo soy otro más.

Me cansé de las palabras decisivas que no producían cambio alguno. Me perdí en las promesas que se pierden en el río de los segundos. Noté mis manos y descubrí que construían blasfemias de oro, mire a la multitud y me vi más solo.

Esperé la redención sentado, agotado, La esperé y ella jamás vino hacia mí. Busqué respuestas en mis semejantes y encontré más dudas e inquietudes.

Traté de llamar al que muchos me dijeron que tenía todas las soluciones, pero él fingió estar ocupado, un triste mago de Oz, al que algunos llaman dios.

Dirigí la vista a mi interior, dominando el miedo que me daba ese abismo, pero sólo encontré tinieblas.

Todo carecía de sentido no había dónde apoyarse.

Vagué por las calles ignorando las miserias ajenas, caminé sin compadecerme de nadie. Absoluta indiferenia ante el mal ajeno, queriendo olvidar que a la larga termina siendo muy propio.

Atestigüe debilidades aun en aquellos que presumían de solidez. Sólo sentía que era uno más.

Pero volví a despertar hacia el primer sueño. No podía resignarme, decidí desempolvar mis antiguos ideales. Ya no espero que todo cambie, ni siquiera quiero revolucionar algo; pero no puedo esperar sentado, con los brazos cruzados, diciendo que soy sólo otro más.

No te daré mi resolución, pues de nada te serviría, únicamente quise compartirte mi confusión, para que sepas que lo que sientes no te es exclusivo; para que sepas que ambos lo sentimos y que podemos compartirlo.

Así fue y así será por los siglos de los siglos.

masa

Carretera (las distancias)

Era mucha la distancia entonces. Pero yo recorría la sinuosa carretera desde la madrugada con el fin de llegar a ti.

Sorteando los accidentes, maldiciendo a los inconscientes, parando sólo por combustible, y de inmediato a retomar la ruta. Escuchando canciones, elevando oraciones, inventando lamentos ante los lentos cambios del odómetro. Asegurándome que esta vez todo sería diferente.

El mediodía me hacía ver acuosos espejismos que bailaban sobre el asfalto,  mientras el frente del auto iba coleccionando inocentes insectos. Yo ni me inmutaba, nada me desviaba de mi objetivo imperdible: estar contigo lo más pronto posible.

Y cada que llegaba puntual al lugar acordado para nuestro encuentro, era para esperarte, reventando yo por dentro, porque tienes la costumbre de llegar siempre tarde. Para sentirte más importante, o interesante, recorrías tres calles a una velocidad tal que un caracol aturdido te podía rebasar.

Cuando por fin te veía, cuando llegabas conmigo, no me dejabas ni abrazarte, y solías tener prisa porque otros asuntos te comprometían. Pero eso no lo notaba yo en ese momento, no me contrariaba ni un poquito, porque estaba embriagado por el licor de la felicidad producida por tu cercanía, que al menos era física, meramente newtoniana y platónica.

Transcurridos menos de 30 minutos contigo, siempre te tenías que ir, y no me quedaba otra más que regresar a la carretera, solo, en compañía de mi alma vendida. Libremente enfadado, habiendo dejado la felicidad en algún lado, tenía que recorrer otra vez los mismos kilómetros, pero en la dirección contraria.

Mi vuelta a casa era un recorrido más lento que el de la mañana, manteniendo esa velocidad reglamentaria para los que no quieren despertar. Así fue la rutina por años, tantos trayectos que si los uniéramos me hubieran llevado sin problemas a la luna, y de regreso.

Hasta que un día subí al auto, y la madrugada me me condujo a otra carretera distinta, que me alejó de ti.

Es mucha la distancia ahora. Sigo viajando, incrementando la separación entre tu persona y la mía. Olvidándote a 110 kilómetros por hora.

Así es la cosa.

http://en.wikipedia.org/wiki/File:Mexican_Federal_Highway_76.png
http://en.wikipedia.org/wiki/File:Mexican_Federal_Highway_76.png

Del engaño y el autoengaño

Todo lo que te enseñaron y creíste vivir, en este caso, es falso. No fue cierto lo de Pedro ni lo del Pollito, pues ni viene el lobo, ni se cae el cielo, porque el primero siempre estuvo allí, y el otro se cae sin aviso. El amor existe, pero es una lotería, no una fantasía al alcance de todos.

El enamoramiento es como la historia, tiene principio y un final. Los signos de los tiempos siempre son confusos, pero el que tenga ojos que vea, aunque no hay más ciego que aquel que se niega a ver. (Si no pregúntale al olvidado ciego de Buñuel).

Miss Q y el aprendiz de jedi quisieron verse jodidos jodiendo a otros, ¿para qué hicieron lo todo lo que pudieron para hacérnoslo creer? Caretas de mal teatro, o engaños flojos, pasados de listos, para distraer, qué disgusto descubrir una verdad tan asquerosa.

No se puede tener todo en la vida, aunque valga la pena intentarlo; ojalá que quienes lo intentan lo hicieran sin abusar de otros. Sembradío de cadáveres y pistas falsas, en la peor manera del peor narcotraficante o político intrigante, y se creen inteligentes por traicionar la buena fe (esto no requiere de inteligencia, sino de una barata dosis de vileza).

Un Réquiem suena en la lejanía, ni idea de por quién doblan las campanas estiradas, le preguntaría al honesto Ernesto, pero se fue, “adelantándose” como dicen los eufemistas racistas, una vez que descubrió lo que salía del cañón de su escopeta.

No fui ni el mejor, ni lo peor, pero esas hirientes comparaciones tuyas… siempre están de más.

A veces es mejor agarrar las maletas y largarse, pero cuando se hace eso, se debe hacer de verdad. Las puertas no deben dejarse entreabiertas cuando se toma una ‘decisión final’. Pésima costumbre esa de terminar una relación para retomarla a cada rato, porque así sólo se logran agrandar las ofensas y acabar muy mal en el verdadero final.

El cadáver dista mucho de ser exquisito y carcomido está, tal como lo retrató el viejo Baudelaire.

Que Job se quede con su paciencia y tú cosecha lo que mal sembraste.

Identidad

Enamoramientos unilaterales y monógamos.
Ilusión, un truco nada por aquí, nada por allá, el espejismo en el desierto para el que se muere de sed, todo en un teatro vacío.
Corazones estrujados, son el pavimento de nuestras calles.
Obra de sombras y música que en nada se asemeja a la de Tailandia. Demasiada Disneylandia, demasiado aislamiento de la realidad.
Enamoramiento del avestruz que tiene la cabeza cadavéricamente blanca de tanto conservarla bajo tierra.
Y creí que eso es amor…
Ideales inalcanzables que revolotean entre el Olimpo y las más melosas comedias de Hollywood.
Werther se cortó las venas con las páginas de una novela rosa.
El primer choque con la realidad fueron unos senos bien formados en una película y una revista guarra titulada “La noche de bodas”, vil pornografía de secundaria.
En el lugar de donde vengo no hay suficientes escuelas y sólo hay como tres maestros… con vocación.
Pasan los años y la pieza no encaja, pero el hombre es un ser social por naturaleza. Lo dicta la especie, lo lleva en la sangre.
Sin embargo en las ciudades todos estamos aislados, parecemos náufragos desesperados por asirnos a algo que flote. Cualquier cosa.
Creer que tus manos vacías tienen algo que ofrecer es sólo un sueño, en ellas nada más que aire y falsa ilusión.
Una vez que despiertas y mientras te alejas te cantan la barca de oro y si estás a la distancia no falta quien llore por la canción Mixteca y extrañe los tamales dulces y salados.
El mundo es grande, hay mucha gente, pero el que no encaja nomás no encajará, por más vueltas que dé, hasta que se entere que es como los demás, y entonces, si no se fija, pierde la identidad y empieza a brincar como los borregos, a ver salmones nadar, en sentido contrario, corriendo en la dirección corriente.
Llega un momento en que no puedes ser más que tú mismo, no importa qué camino hayas tomado, ya no hay marcha atrás.
Fundido en vida con el todo o esperar a ser parte del todo hasta después de morir.
El ángel que cayó más bajo se ríe desde su trono subterráneo, al menos él ya está acostumbrado.
Dizque más vale ser rey en el infierno que uno más en el cielo.

Alcohol (sobriedad)

Noches de alturas, cerca de la estrella más alejada y brillante, viva en apariencia. Amanecer en el fondo del Gran Cañón, disparado a la realidad con sentimientos de culpa y persecución. Tinieblas a pesar del sol. Más de uno puede ser un espía o un vigilante. Las acciones recientes, inconscientes y olvidadas; pero en el fondo están allí reclamado o burlando, no falta quien las haga recordar. Falsa puerta de salida, dolorosa la caída. Ese truco ya no es efectivo para darle el esquinazo a la rutina, al peso de los días, al sinsentido obligado. Sueños de fuga que en realidad son pesadillas. Temor a la noche, terror al día. Los amigos se van yendo, poco a poco, o uno se aparta de ellos; el tiempo sólo sirve para alejarse de los demás y acercando el final. No hay muchas opciones al parecer: el autoengaño, las flores del mal o pisar el acelerador; sólo dos si ya comiste del fruto prohibido del jardín de Dios. Ninguna conviene realmente. Hasta la siguiente mentira, de boleto ficticio y velo ante los ojos, para pagar las facturas a la mañana siguiente.

En vano

Gente que intenta robar corazones que nunca serán suyos mientras que otros siguen soñando en los amores más puros. Hay quienes por temor siempre usan lentes oscuros, viendo pasar sus días notando que pasan en vano. Hay quienes hacen buenas acciones que parecen malas, otros desfilan por las calles disfrazados de ratas. Muchos simple y sencillamente se la viven haciendo nada, ni siquiera notan que sus días pasan en vano. He conocido a más de una María, todas igual de confundidas acerca de su papel en la vida. Hasta ahora sólo una está perdida. También conocí a 50 madres más amargas que el peor vinagre. Se disculpan diciendo: “Es que lo llevo en la sangre”. Unos buscan su sitio correcto en el planeta, viajando por todos lados, sin descanso ni tregua. Hasta que descubren que ni la luna está contenta, porque sabe que vive sus días en vano. Judas besaba de forma parecida a como besas tú, mientras juras esperar a tu príncipe azul. Prefiero vivir en tu oscuridad y yo apago tu luz. Lautrec también vivió sus días en vano. Sería cómico si no fuera tan triste, y muy horrible si no fuera invisible, el vivir una existencia inservible y descubrir que todo fue en vano.