Distancia y oscuridad

“¿Qué tan lejos estamos de estar cerca?”, decía la frase pintada en un muro callejero.

“Como a mil millones de años luz en galaxias de penumbras”, susurré tomando tu mano.

Tú saliste de tu habitual ensimismamiento para decirme: “Perdón, ¿dijiste algo?”.

Yo respondí, como punto final: “Los años luz miden distancias, no luminosidad”.

Y segumos caminando juntos, cada uno por su lado.

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Agujero negro (Foto de: Event Horizon Telescope Collaboration) https://eventhorizontelescope.org/
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Se supone que debe ser bello

Cuando tu nombre es magia, tu presencia parece serlo todo.

Tu ausencia, como es lógico, significa la nada.

Invocar tu nombre es alterar el ritmo del corazón,

Estar contigo es perder la lógica, olvidar los malos momentos.

Lo único malo es que pareciera que en dicho enamoramiento yo dejo de ser,

Como si únicamente existiera en función de tu persona.

De ahí que cada separación sea siempre un suplicio,

Mayor cuanto más grande es la distancia.

Es bonito quererte, pero no es grato sufrir tanto,

Lo que más quisiera es amarte en la independencia.

Ojalá no necesitara altas dosis de ti a cada rato.

Que tu nombre fuera algo grato siempre,

Y no sólo cuando estás conmigo.

Eso quisiera, pero cuando manda el corazón,

Difícilmente hay razón, aunque ésta se incluya en su nombre.

Se supone que debe ser bello (y no es tan grato)

Cuando tu nombre es magia, tu presencia parece serlo todo.

Tu ausencia, como es lógico, significa la nada.

Invocar tu nombre es alterar el ritmo del corazón,

Estar contigo es perder la lógica, olvidar los malos momentos.

Lo único malo es que pareciera que en dicho enamoramiento yo dejo de ser,

Como si únicamente existiera en función de tu persona.

De ahí que cada separación sea siempre un suplicio,

Mayor cuanto más grande es la distancia.

Es bonito quererte, pero no es grato sufrir tanto,

Lo que más quisiera es amarte en la independencia.

Ojalá no necesitara altas dosis de ti a cada rato.

Que tu nombre fuera algo grato siempre,

No sólo cuando estás conmigo.

Eso quisiera, pero cuando manda el corazón,

Difícilmente hay razón, aunque se incluya en su nombre.

Carretera (las distancias)

Era mucha la distancia entonces. Pero yo recorría la sinuosa carretera desde la madrugada con el fin de llegar a ti.

Sorteando los accidentes, maldiciendo a los inconscientes, parando sólo por combustible, y de inmediato a retomar la ruta. Escuchando canciones, elevando oraciones, inventando lamentos ante los lentos cambios del odómetro. Asegurándome que esta vez todo sería diferente.

El mediodía me hacía ver acuosos espejismos que bailaban sobre el asfalto,  mientras el frente del auto iba coleccionando inocentes insectos. Yo ni me inmutaba, nada me desviaba de mi objetivo imperdible: estar contigo lo más pronto posible.

Y cada que llegaba puntual al lugar acordado para nuestro encuentro, era para esperarte, reventando yo por dentro, porque tienes la costumbre de llegar siempre tarde. Para sentirte más importante, o interesante, recorrías tres calles a una velocidad tal que un caracol aturdido te podía rebasar.

Cuando por fin te veía, cuando llegabas conmigo, no me dejabas ni abrazarte, y solías tener prisa porque otros asuntos te comprometían. Pero eso no lo notaba yo en ese momento, no me contrariaba ni un poquito, porque estaba embriagado por el licor de la felicidad producida por tu cercanía, que al menos era física, meramente newtoniana y platónica.

Transcurridos menos de 30 minutos contigo, siempre te tenías que ir, y no me quedaba otra más que regresar a la carretera, solo, en compañía de mi alma vendida. Libremente enfadado, habiendo dejado la felicidad en algún lado, tenía que recorrer otra vez los mismos kilómetros, pero en la dirección contraria.

Mi vuelta a casa era un recorrido más lento que el de la mañana, manteniendo esa velocidad reglamentaria para los que no quieren despertar. Así fue la rutina por años, tantos trayectos que si los uniéramos me hubieran llevado sin problemas a la luna, y de regreso.

Hasta que un día subí al auto, y la madrugada me me condujo a otra carretera distinta, que me alejó de ti.

Es mucha la distancia ahora. Sigo viajando, incrementando la separación entre tu persona y la mía. Olvidándote a 110 kilómetros por hora.

Así es la cosa.

http://en.wikipedia.org/wiki/File:Mexican_Federal_Highway_76.png
http://en.wikipedia.org/wiki/File:Mexican_Federal_Highway_76.png

Lejos (desde un lugar del “primer mundo”)

El deseo arde como la leña en el fuego, pero la fogata está a gran distancia. Te encuentras en donde está mi hogar, mi pertenencia, y yo ajeno en el extranjero.

Aquí se respira destrucción bajo el orden obligado, sólo por hacer dinero me desterré. Los muertos son como raíces podridas y el fruto aquí es el oro a crédito y todo lo que se puede comprar con él, lo demás es lo de menos.

La pureza presumida es una mezcla engañada, la princesa dormida no despierta con un simple beso.

El tiempo se hace odioso, pasa lento en apariencia, pero deja su carga de decadencia en mi cuerpo. Enfermo con salud, así me siento.

Vacío en la abundancia. Que triste lamento.

Lo perdido no podrá recuperarse, el destino seguro nos tiene guardado un final macabro y sigo pensando que de habérnoslo propuesto lo pudimos cambiar.

Los caminos llegaron todos no a Roma, sino a un callejón sin salida.

La próxima parada puede que sea otro infierno.

Abandono

Pudieras decir que el calor es semejante al del desierto, dentro de la habitación sólo se escucha el incesante cuchicheo de la soledad, dentro del corazón, sin embargo, está el gélido sentimiento de la añoranza. El recuerdo que tienes de ella es una chispa con el que intentas darte alivio; pero no hay alivio cuando la distancia te sabe a abandono.

Dices que no es dependencia, sino necesidad de escuchar su voz, sus ideas y su risa. Necesidad de saberla cerca de ti, a pesar de tantos kilómetros entre ustedes; pero la lejanía física y más la espiritual te saben a abandono.

Al salir, el escenario parece perfecto para una historia ideal: primavera, cielo azul, niños jugando y aves cantando en el verdor de los árboles. Aun el paisaje más alegre puede incluir tragedias, la tuya se titula abandono.

Dicen que con perseverancia el agua puede perforar rocas, también así es como pueden derrumbarse murallas, lo que olvidan decir es que la paciencia es seis veces más difícil cuando tus días están plagados de abandono.

Si ya hiciste todo lo que podías, aún en tu desesperanza tienes que esperar. Ojalá tus acciones y palabras hayan sido suficientemente claras, después de todo, lo que tiene que ser sucederá. Dicen también que el abandono no dura para siempre, ojalá -al menos en esto- los que dicen estén en lo correcto.

Soledad de Hans Eggimann
Soledad de Hans Eggimann

El carrusel del absurdo

Los ojos fijos en el lado equivocado, deseando lo que NO se puede tener, y teniendo sólo para llenar el vacío. Cometiendo injusticias, alimentando ilusiones mal acuñadas; sólo para mantener el ego ocupado. Pagando las culpas al mismo tiempo que las cometemos, comiendo corazones que no nos importan para tratar de alcanzar los que nos son negados. Escalones palpitantes que de manera innoble pisamos. Ignoro si con el tiempo todo esto disminuirá o si tendrá fin; mientras tanto nos comunicamos con nuestros propios ecos, añorando lo que no nos pertenecerá. Esperamos mientras hacemos que alguien más pierda la esperanza. La edad en sí misma no da sabiduría y por lo general nos hace más idiotas. La universidad de la vida se paga lamentablemente con experiencias dolorosas y, peor aún, ahí no se tienen vacaciones. Ensueños de castillos con torres de marfil, finales rosas y protagonistas ideales; sueños que al despertar con el frío balde de la realidad se convierten en amarguras. El viento viene y va, los años se quedan, la arena se acaba y pronto seremos Tierra. Tiempo hay para recapacitar, pero a nadie parece servirle la razón cuando el corazón se ata a un capricho. Quizá el desperdicio es el verdadero motor de nuestras vidas y de nuevo en el mismo punto del círculo.

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Otras cosas anteriores (de otros sabores)

La cadena del sofista https://mobtomas.wordpress.com/2008/05/31/la-cadena-del-sofista/