Solía

Solía ser una buena persona, sólo que tuvo que ir a la escuela.

Solía estar lleno de inocencia, sólo que se puso a ver televisión.

Terminó creyendo que el éxito tocaría a su puerta y le traería carretadas de billetes, sólo era cuestión de saber el tono con el que llama la suerte.

Solía ser considerado con los demás, sólo que entró a trabajar en una gran empresa, donde las ganancias y el buen puesto son lo único que se debe conservar.

Pero no hay día en que no se desgasten sus engranes, a las máquinas siempre habrá que cambiarles piezas, cuando te dicen que mejor te quedes en la calle, se te acaban los motivos para organizar fiestas.

Solía soñar, pero la realidad le provocó insomnio perpetuo, ya no puede sonreír desde que descubrió la falacia del mundo perfecto.

Solía tener ideas, sólo que el consumo le dejó la mente en blanco.

Le prometieron un otoño dorado y un final feliz, pero no se lo garantizaron, y jamás se lo cumplieron.

La negra sigue bailando y presumiendo su sonrisa de marfil.

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Así fue, es y será

Decía el que sabe que conocemos primero el cielo que nuestro corazón, y más aún ahora que tenemos tantos distractores y herramientas evasivas que nos alejan de nosotros mismos, y por ende de la Verdad. Somos cada día más vacíos y desconocidos. Así fue, es y será, naturaleza humana.

Nos conmovemos profunda y efímeramente ante desastres donde mueren cientos de personas, ajenas a nuestra realidad cercana, porque en el fondo pensamos que eso podría ocurrirnos a nosotros. Pero si nuestro vecino o pariente se returce de dolor, tendemos a jactarnos o a mostrar indiferencia. Amamos a la humanidad, pero no a la gente que conocemos.

A los animales los maltratamos o los tratamos como seres humanos; rara vez respetamos sus dignidades originales. No me es extraño, yo mismo lo he hecho. Así fue, es y será; pura naturaleza humana.

Somos muchas sonrisas cuando necesitamos algo o cuando somos vendedores. En cambio somos amargura, molestia y caras de aspereza cuando alguien nos pide lo que sea, sin ofrecer nada más valioso a cambio.

Hacemos culto a la belleza y juventud, como si fueran perfectos y perpetuos, huímos de la fealdad y la vejez, aún cuando nos pueden contar buenas historias si cerramos los ojos y de que, si sobrevivimos lo suficiente, serán mañana nuestras características.

Tenemos terror a la muerte, aunque es la compañía más constante a nuestro lado, qué absurdo.

Somos ilógicos, irraconales e idiotas, a pesar de que insistimos en presumir lo contrario. Así fue, es y será; pura naturaleza humana.

Envejecer, enfermar y morir, es el futuro de cada uno; sin excepción. Por eso más nos vale rescatar y aprovechar los tesoros de cada día, aunque sean pocos. El mañana siempre podrá ser peor.

Divagación existencial

Pocas cosas seguras tiene la vida:
a) nada es siempre fácil
b) todo está en cambio constante (por eso la Fortuna es una rueda, a veces medio jodida con el eje roto, pero una rueda al fin)
c) nadie sale vivo de aquí.

Uno puede intentar caminar siempre por el lado luminoso, y quizá lo consiga a medias (de seda), pero es difícil. No hay nada sólido de dónde agarrarse, sostenerse, y el asidero más falso es la religión, cualquier religión. Quizá la espiritualidad pueda funcionar. Además quien termina aferrado ciegamente a una fe establecida, es porque antes resbaló, y decide seguir resbalando en compañía de muchas sabandijas resbaladizas.

A lo largo de la vida uno tiene aciertos, pero parece que por cada acierto hay un trío de errores o un póquer de meteduras de las 4 patas. Mala cosa apostar por algo “para siempre”, porque todo cambia, así que uno se adapta o se resigna, y resignarse es las más de las veces algo indigno.

Es bueno saber tragarse el orgullo, lo que está feo es pasarse por la traquea también la dignidad.

Siempre me dio risa esa frase barata de “amigos/amigas por siempre”, por irreal. Ahora me provoca carcajadas ante la fácil ilusión de quien cree tener bastante (un siempre) por vivir.

No creo ser cínico, ni me vanaglorio de llamar realismo a mi ocasional amargura. Tengo altibajos, como cualquiera, lo diferente en mí es que nunca aprendí a ocultarlos ni a disimularlos. Simplemente no puedo, no es honestidad, sino incapacidad de ocultar.

No tengo prisa por morir, pero tampoco me emociona vivir mucho más de lo que ya he vivido. No se trata de depresión ni de desilusión, es algo así como una pereza existencial. Ya vi demasiado sin haber visto mucho, y si esto es lo que hay, pues no estoy tan interesado en conocer más.

Qué cosas estas de la vida.

Alea jacta est (la jalea es de jocoque)

Desechando por completo la apuesta por la resurrección, perdido como el niño que cazaba mariposas en el bosque denso, sin rumbo, me dedico ahora a buscar una puerta, cualquier puerta.
La religión me mintió, como un llanto sin lágrimas, marca registrada, o como colorido comercial. De mil profetas y sus discípulos indisciplinados solo se extrae media verdad.
Me gustaría decirte que hay un camino, pero la verdad ahora estoy más extraviado que tú.
Los dados en el aire y César se jacta de la suerte, busquemos mejor arañas en el techo
hasta que nos sorprenda la muerte, que ojalá llegue como una caja envuelta en papel azul.
El abandono es frío como un beso al mármol, e insisto que el rito desgastado ya no tiene nada que ofrecer. Cada vez más juntos en apariencia y por dentro más alejados en realidad.
La sonrisa no dejó huellas en tu cara. Una guitarra vuela mientras el mentiroso sonríe, y tú le crees sólo por la blancura de su dentadura. ¡Qué impostura! Yo me despido como cuando le decía adiós a mi papá.
Todos terminaremos en el olvido. Te veo partir en el tren de tu decisión y yo me quedo limpiando la estación, carente de ideas, así como de idas y venidas. El desfile de los seres grises carece de música, pero te absorbe aún contra tu voluntad.
De cabeza en el precipicio de la duda te preguntas: ¿dónde está ahora lo que ayer fue certeza? Quizás mañana la habitación se ilumine, quizás también tenga yo algo que decir.
El alcohol saca a flote muchas tonterías y pocas verdades. El dolor cuando es ya muy intenso deja de ser sentido. Quemas tus diarios y borras tus recuerdos. Francamente querida, me importa un bledo. En el fondo ¿a quién pretendemos engañar?
La hoguera de las vanidades arde sin dar calor. Ya es tarde para creer en el amor. Está lista tu ropa blanca para la fiesta de lodo. Los dados vuelan y César se jacta de la suerte, sé que podré olvidarte hasta que me sorprenda la muerte.
Agosto 2001

Té para dos

Té para dos, aunque prefiero el té senta-dos.

Té para dos, que igual nos ayuda a eliminar la tos.

Té a fin de mes, para que en nueve de estos quizá seamos tres.

Té para mí, té para ti, té para el tee y no para el golfo que te ronda.

Té para todos, excepto para la triangulación incómoda.

Té de la Compañía Británica de las Indias Orientales,

Té para los colonos de Boston y para hundir con él los males.

Té para las penas, con piquetito, claro, pues así estas son menores.

Té de Jazmín para Aladino, y también para el bandido 39

que olvidó la clave de la cueva, y eso que era nueva.

Té para mí, té para ti, té para dos otra vez.

Y quizá en nueve meses tengamos té para tres.

Prefiero mil veces tomar té, a estar con las manos vacías.

te

Naufragio afectivo, sin elección (aparente)

El violinista del Titanic sigue tocando el vals triste con el agua al cuello, igual no es resignación, sino que quizás el capitán que se hunde con su barco impone el ejemplo, con acciones, no con palabras; aún así, abordo del insumergible viajaban fariseos felices y lombrices erectas, con toda la incongruencia de sus actos y sus verborreas. De menos el barco ya está limpio, porque las ratas lo abandonaron primero, antes que las damas y los niños, por supuesto, ratas simbólicas de la cobardía y la suciedad del alma. Sálvese quien pueda. Gritos y atropellos, todo a voz de cuello, excepto los sentidos llantos del muñeco de ventrílocuo, tan vacío, con sus ojitos de vidrio perdidos en el infinito y la mandíbula caída por la sorpresa. El vals sigue sonando. 1, 2, 3, 1, 2, 3… El iceberg es tan grande que aún rodeándolo te rompe. Burbujitas como de champán bajo la superficie del mar y la sirenita que lo atestigua está más petrificada que aquella que homenajea a un autor de joyas infantiles en un país del Norte de Europa. En medio del hundimieno, soñé que me tomaba vitaminas correspondientes a todo el abecedario y que Ponce de León me daba el secreto de su fuente, todo en vano ya, porque el barco se va a pique inexorablemente. Y el vals se sigue escuchando. 3, 2, 1, 3, 2, 1… Las dificultades en las relaciones entre hombres y mujeres no son cuestiones de género, sino de especie, somos más iguales que lo que queremos aceptar, aunque me digas lo contrario (solo por llevarme la contraria y querer imponerte). Ellas no son de Venus, nosotros no somos de Marte, todos y todas nacimos bajo el mismo Cielo y colaboramos por igual para construir el mismo Infierno. El juego parece consistir en no dejar que te rompan el corazón, para eso debes ocultar tu mano que arroja las piedras, poner cara de jugador de Póker y tener boca de poeta creíble; pero sigo necio pensando que no hay amor verdadero si no dejas de lado el juego y te dedicas a ser con toda honestidad. Contradicción contraindicada en las relaciones humanas. No hay amor de verdad si uno no se quita la coraza y se expone. Honesto al 100%. Se sigue oyendo el vals. Pero de repente, al notar que algo es seguro, parece que el interés se pierde. Se termina la cacería, se rompe el encanto y a otro lado con el circo, o al fono del océano con toda la tripulación. El iceberg rompe el casco, las ratas ya están más ahogadas que tortas de Guadalajara, esas ratas fueron las primeras y serán las últimas, no podía ser de otra manera, es su naturaleza. Y el violinista sigue tocando.

Ventana

A través de una ventana entran los rayos del sol en la casa desolada. A través de dos ventanas veo el brillo de tu alma.

Desde una ventana se atestigua lo que pasa en las calles, y por ella pudiera entrar un ardiente coctel de odio arrojado por alguien oprimido.

Por la ventana del baño entró ella en una canción, mientras que en otra tonada la fenestra es adornada con flores.

Hay cada vez más gente que reduce su mundo a lo que mira por ventanas electrónicas. Sin importar la marca, así de absurda es adicción a la tecnología.

Quizá por una ventana nos miraba Dios antes de aburrirse o de hacer verdad lo que de Él dijo Nietzsche.

A través de una ventana se podrían ver las acciones privadas que ocultan gruesas cortinas, o lo mismo en dirección contraria al mirar por las celosías. Aunque somos parecidos tenemos distintas manías.

Por una ventana puedes ver el paisaje correr si viajas en tren; pero será un hueco, y no una ventana, al final del tunel por donde todos saldremos en nuestro tiempo.