Reinicios

No es lo que tienes, sino lo que eres. No es lo que piensas, sino lo que sientes. Los verdaderos colores no se ven con los ojos, sino con el alma que los usa de ventanas. No soy una buena persona, sólo que contigo trato de ser mejor. Pero mejor no intento nada más y trataré de ser quien soy. El tiempo es relativo, y para muchos no existe. A veces fui yo mismo mañana y otras seré el mismo ayer. Tanto quiero preguntarte, mientras no encuentro las palabras para responderte. Ojalá no esperes tanto de mí, para no correr el riesgo de defraudarte. Por favor recuerda que no soy más que un hombre. Igual el día en que salde mis cuentas pueda al fin conocer la verdad. Dejaré de cuestionarte y te trataré con todo respeto, pues es la única manera real para llegar a alguien. Si me alejo y regreso ojalá me disculpes, es que necesito desesperadamente encontrar la verdad. Nadie nace sabiendo y echando a perder se aprende. No quiero sabiduría a costa de perjudicarte. A veces siento que la vida es redonda, y uno comienza de nuevo al llegar al final; sin embargo, el principio nunca suele ser igual.

Alguien, una persona y nadie

Era una casa (no como el hogar que siempre he querido, sino como las casas que siempre he tenido) y alguien llamaba a la puerta: “¡puerta!, ¡puerta!, ¿en dónde estás?” Nadie contestaba: “las puertas no pueden contestar, sólo saben abrirse o cerrarse como las piernas de ciertas mujeres con intereses especiales”. Alguien se molestó mucho con nadie por el tono metafórico y misógino que tuvo la respuesta, pero más le molestaba no saber qué contestar. Como suele suceder en este tipo de discusiones, en las que se dicen cosas que tienen como finalidad lastimar a otra persona, alguien se traga el enojo y se queda con la boca cerrada. Nadie dijo: “¡ahí tienes, las puertas pueden permanecer tal y como ahora está tu boca. Lástima que ésta no sea como las puertas que se abren sólo cuando uno lo desea”. Nadie se percató que habló de más y que no había tomado ninguna precaución. Mientras alguien incrementaba mudamente su rencor una persona abrió la puerta y dijo: “lo escuché todo, ¿acaso soy el responsable de las llaves de esta casa que nadie se empeña en convertir en hogar?” Alguien se sintió aliviado, nadie se sintió molesto y una persona tomó asiento. “No entiendo cómo te gustan los sedimentos de té y no lo bebes como todos los demás”, nadie dijo tratando de hacer sentir mal a una persona. “El resto me lo tomo igual que el asiento”, respondió una persona mientas alguien sonreía. Era grato atestiguar que una persona puede lograr lo que a alguien le resulta imposible, y llegar hasta el grado de lastimar a nadie. “No entiendo por qué nos empeñamos a vivir bajo el mismo techo, si ni siquiera nos soportamos”, dijo una persona a las otras dos. Nadie dijo: “esto es más absurdo que permanecer encerrado un domingo soleado de primavera, esperando una llamada que no tiene trazas de que será realizada”, y luego pidió a una persona que abriera la puerta. Lanzando dagas con los ojos (algo realmente difícil de hacer, pues la mayoría no podemos ni siquiera sostener un cuchillo con los párpados) nadie se fue para siempre de allí y una persona se quedó a vivir con alguien. Nadie pudo ser feliz, pero alguien no lo fue una persona; sin embargo la costumbre es más fuerte que alguien o que una persona y probablemente que nadie.

Pesa mucho envejecer

Pirarse con pirotécnicas sin técnica alguna, agotamiento de ideas y ningún elixir capaz de devolver lo perdido. El tiempo es un ladrón que se lleva todo y te deja experiencia, que nunca es suficiente, quizás lo sea… hasta el último momento, para cuando ya de nada te sirve. No hay sustancia que me haga ver lo que antes veía y ahora incluso mis ojos se han debilitado. No es negocio envejecer. Ponce de León tiene una fuente de la que él tampoco tomó. Louis y Lestat se mueren de aburrimiento en Nueva Orleáns, igual también me aburriría como ellos. Shakespeare y Cervantes se ríen con carcajadas desdentadas de la inmortalidad, porque resulta muy inmoral. La curva del tiempo va a terminar por hacer parabólica mi espalda. Y de eso Jesús no dijo nada, calló discretamente, como Sherezada. Tengo miedo de vivir confundiendo al 100% la realidad con la imaginación. Sigo caminando pero voy a la mitad de la velocidad en que solía hacerlo. No quiero vivir por siempre, pues pesa mucho envejecer.

Tan ajeno

Con la cultura en el culo (donde muchos creen que debe estar), las sombras flotan sin huella y sin sentido. Todo prefabricado. En serie, no bromeo, a distintas medidas, pero los mismos patrones y los otros, en su mayoría esclavos, que se creen muy libres. La rebeldía domada, empaquetada, emparentada y apadrinada. La crítica sólo sirve para hablar de intrascendentes cosas que escupe la televisión, sobre todo de futbol. Amarrados al tiempo, la moda y la productividad. Sedientos de necesidades creadas. Las mismas opiniones de sus líderes, sólo se cuestionan qué regalar en navidad y en san Valentín. Miran al extraño como si éste fuera de otro mundo, ese extraño que siguiéndoles la corriente les dice: “mi reino no es de este mundo”, qué inmundo. Hoy probablemente lo clavarían en una antena que sirviera para transmitir series y más futbol. Y ahora sí somos uno, haciéndonos creer que somos únicos. Todo en cajitas que resultan infelices, decoradas con el arte del merchandising en aras de la huequez, comunicaciones al alcance de la mano, para ya no decir nada diciéndolo todo. Porque no participas dicen que te sientes patológicamente superior. El pato Donald en el mundo de las matemáticas tenía más razón. Sé que el Reino no es de este mundo, pero entonces no tengo ni idea de dónde puede estar. No veo señales ni rutas que me lleven a él. Me siento también extraño en el lugar donde nací y no soy profeta ni en el extranjero.

Las ropas de la ausencia

La dolorosa ausencia tiene dos ropajes favoritos, que usa cuando visita a sus víctimas (quienes curiosamente suelen ser las mismas): el de cualquier noche y el de domingo por la tarde. Cuando la dolorosa ausencia se viste de domingo por la tarde, hace que el tiempo se sienta inútil y que la espera sea amarga, todo a pesar del sol. Pero tiene una promesa: la rutina próxima del lunes. Cuando la dolorosa ausencia se viste de noche, ataca a sus víctimas con mayor virulencia y además les niega la calidez del sol. El tiempo transcurre lento y su promesa es el amanecer. De las dos vestimentas de dolorosa ausencia no prefiero ninguna, además tengo mis fórmulas para eludirla, sin importar sus ropajes. Los domingos por la tarde suelo escaparme físicamente a los sitios donde el tiempo adquiere su dimensión correcta. Cuando se viste de noche, escapo mentalmente a reinos de otras épocas o de otras dimensiones, o mejor construyo mis propios reinos, donde el tiempo adquiere toda dimensión. A veces parece que soy un escapista de la realidad.

Noche de fábula

Allí estaba el gran cerdo, con una rosa tatuada en el trasero, con la frase “bésame mucho”, grabada en letras amarillas neón. Demasiada TV acerca de situaciones que en realidad no importan, fumé otro cigarro y un gato empezó  maullar mi nombre, entre el humo de las estupideces quemadas, bajo la luna. Nadie sabía en ese momento hacia dónde íbamos, y muy tarde descubrimos que no fuimos a ningún lado, eso fue después de que la pluma expiró. Extraños secretos y febriles delirios, si no me crees pregunta a edgar allan poe. Algunas hermanas de la caridad ofrecieron su ayuda a las estrellas y a ciertas personas que nunca pudieron verlas. El tiempo es más relativo de lo que pensaba y terminé preguntándome hasta cuando iba a soportar la obra. “Ding, Ding, Dong”, cantaron el villancico unos chinos invadidos en su propia casa por una cadena de supermercados. Lo ridículo está de moda y tu amor siempre se fue con el mejor postor, tras dejar mi pozo en la peor sequía. Dentro de su complejidad todo está muy claro. El beso del alcatraz negro fue la despedida. Moraleja: No hables de lo que ignoras y no ignores lo que debes conocer.