¿Qué vería Dante hoy en el infierno?

¿Qué vería Dante hoy en el infierno?

Pantallas jumbotrónicas con perpetuos infomerciales de media hora en un bucle que no acaba, conductores texteando en su dispositivo móvil mientras mueven su auto a 150 km/h chocando y chocando sísifamente, políticos enriquecidos a costa de la flaqueza ética de las masas, policías que abusan de su placa y militares que aplacan a golpes sangrientos las olas adversas que molestan a los que ostentan el poder.

Niños tratados como mercancía, mujeres asesinadas nomás por ser mujeres, impunidad e injusticia, mentiras que se aceptan como verdades y verduras contaminadas con desechos industriales.

Francesca da Rimini y Paolo Malatesta no son ya nada. Quizá en el nuevo infierno están los que persiguen a quienes abortan por necesidad, a los que no aceptan a los LGTBLGBGLUGLUB porque la ley cuadrada exige que nadie puede ser libre ni en la íntima aquiescencia, los que comen animales que fueron sacrificados tras un suplicio existencial, y los glotones carniceros cierran los ojos queriendo pensar que la carne se cría en anaqueles del supermercado. Y quizá yo, comiendo una vaca que vivió y murió feliz.

¿Qué pintaría Dante hoy en su infierno?

En vez de Judas se encontraría al Joker, en vez de Zeus a Superman, a las masas vistiendo camisetas del Fútbol Club Barcelona, pateándose sus mutuos traseros pintados como balones y con el Himno de la UEFA Champions League sonando de fondo, rodeados por las macabras llamas la la última morada, que en realidad es roja candente.

Hoy Dante vería a los principales entes del Fondo Monetario Internacional, bailando el reggaetón del centavo birlado, a los magnates petroleros vomitando eternamente aceite y desechos del EXXON Valdez, al tipo que diseñó el Titanic y al que planeó el ataque del 11 de septiembre, dando un discurso en pro de la riqueza en un inglés con acento de Texas.

Y en el tercer infierno se encontraría a Steve Jobs argumentando que en verdad era un genio porque el consumismo es una necesidad, mientras Henry Ford sigue atacando el jazz porque es música de los negros inferiores diseminada por los judíos que son los enemigos del mundo. Así era el viejo Henry, y no tiene por qué ser diferente si en verdad hay un infierno para siempre.

Para muchos, extrañamente, todo esto es el paraíso.

caballo infernal

 

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El infierno según yo

Dante impuso su propio infierno y a todos nos gustó; por eso lo aceptamos tal como él lo ideo. Me pregunto si yo, de haber tenido el ingenio de Dante, y claro, si él no hubiese escrito la Divina Comedia antes (o si la hubiese escrito, pero por una inseguridad crónica jamás la hubiera mostrado a nadie), el concepto de infierno sería otro. Quizá sería el de una oficina con parpadeante luz fría y blancas paredes, atestada de papeles y sin ventanas. Llena de contadores, sólo hombres. O podría ser una escuela eterna, en la que uno tuviese además que pagar, y en la que cada mes se realizaran exámenes y controles de lectura de típicos libros de texto, tan aburridos como por lo general lo son también los compañeros de viaje que nos tocan en un avión. Aunque el peor infierno de todos, para mí, es precisamente un viaje perpetuo en avión de clase turista, que hiciera escala de 14 horas en un aeropuerto, por cada 14 horas de vuelo. Pero que fueran de esos aviones cuyos asientos parecen haber sido diseñados para tiranosaurios rex enanos, sin colas y sin piernas; en los que se siente como si el respaldo que tienes enfrente quedara justo a tus espaldas (no es un imposible, viaja en uno de ellos y lo verás). Esos aviones cuyos baños son tan pequeños que al desechar algo ahí tienes que salir porque no hay lugar para los dos. En fin, si yo hubiera sido Dante, mi falta de imaginación me hubiera limitado a pintar el infierno como acabo de hacerlo, y de comedia no tendría nada.