Así fue, es y será

Decía el que sabe que conocemos primero el cielo que nuestro corazón, y más aún ahora que tenemos tantos distractores y herramientas evasivas que nos alejan de nosotros mismos, y por ende de la Verdad. Somos cada día más vacíos y desconocidos. Así fue, es y será, naturaleza humana.

Nos conmovemos profunda y efímeramente ante desastres donde mueren cientos de personas, ajenas a nuestra realidad cercana, porque en el fondo pensamos que eso podría ocurrirnos a nosotros. Pero si nuestro vecino o pariente se returce de dolor, tendemos a jactarnos o a mostrar indiferencia. Amamos a la humanidad, pero no a la gente que conocemos.

A los animales los maltratamos o los tratamos como seres humanos; rara vez respetamos sus dignidades originales. No me es extraño, yo mismo lo he hecho. Así fue, es y será; pura naturaleza humana.

Somos muchas sonrisas cuando necesitamos algo o cuando somos vendedores. En cambio somos amargura, molestia y caras de aspereza cuando alguien nos pide lo que sea, sin ofrecer nada más valioso a cambio.

Hacemos culto a la belleza y juventud, como si fueran perfectos y perpetuos, huímos de la fealdad y la vejez, aún cuando nos pueden contar buenas historias si cerramos los ojos y de que, si sobrevivimos lo suficiente, serán mañana nuestras características.

Tenemos terror a la muerte, aunque es la compañía más constante a nuestro lado, qué absurdo.

Somos ilógicos, irraconales e idiotas, a pesar de que insistimos en presumir lo contrario. Así fue, es y será; pura naturaleza humana.

Envejecer, enfermar y morir, es el futuro de cada uno; sin excepción. Por eso más nos vale rescatar y aprovechar los tesoros de cada día, aunque sean pocos. El mañana siempre podrá ser peor.

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Ojalá siempre fuera navidad

Ojalá siempre fuera navidad, como la pintan en la TV.

La gente preocupándose por los demás, dando prioridad al amor y al cariño.

Los malos encontrando su lado bueno y los buenos pirándose al Cielo.

Que el verdadero calor emanara de los corazones, aunque navidad sea calurosa en la Argentina y fresca en las Azores.
Ojalá que navidad no fuese salir de compras y regalar por regalar, pero si eso impide que seamos malos, ni modo, salgamos al centro comercial. Es preferible un consumidor aturdido que un hijo de puta sanguinario.

Ojalá el aprecio a la humanidad y la justicia imperaran, como en los especialies de navidad de la tv.

Que dejáramos de lado las investigaciones por asesinatos, porque ya no fueran necesarias; que a los zombis se los llevara también el carajo.

Ojalá viviéramos en paz y en armonía, ayudando realmente a quienes lo necesitan y no siendo paternalistas.

No me gustaría que la vida fuera tan idiota como los especiales navideños de los Picapiedra, pero si eso nos trajera tranqulidad, pues yabadabadú.

Odio los villancicos, pero si por escuchar esos berreos embarrados de cursilería todo fuera mejor, venga, que sigan bebiendo agua los peces en el río y que el borriquillo siga conduciendo a la virgen.

Más que todo lo anterior, me gustaría que todos fuésemos conscientes de que lo más conveniente es el bien común, que sólo tuviésemos el tipo de egoísmo que no se alimenta del mal ajeno, que supiéramos que somos parte del mundo y que el mundo es también parte de nosotros. Sé qué todo esto es imposible, por eso deseo que siempre fuera navidad, tal como la pintan en tv.

Pero si la cosa ya no tiene remedio, y en este mundo todo lo que es bueno es fantasía, que alguien me avise dónde puedo encontrar mi País de Nunca Jamás.

Esperando el último tren

El llanero solitario tenía a su indio y posiblemente un gran parásito en las tripas. El indio se llamaba Toro, o Tonto, o igual era las dos cosas. Dicen que el quijote tenía a su Sancho Panza. No importa que ambos lacayos supieran que sus jefes estaban locos, lo importante era hacerse compañía para conversar.

El llanero solitario y Toro/Tonto
El llanero solitario y Toro/Tonto

Yo he ido a algunas partes pero me tengo que guardar las conversaciones o escribirlas, como lo hago ahora, porque no tengo escudero, excusa, disculpa, ni perro que me ladre. París fue un buen lugar, y aunque algunos momentos tuve la compañía de un buen alemán que me sirvió de guía y otros la de una mujer más buena que el alemán en sentidos que nada tienen que ver con la moral, estuve realmente solo, como lo he estado siempre que viajo.
Lo que pudiera preocupar es que quizá ya me acostumbré a la compañía mía que sólo yo me proporciono, y por eso ya ni siquiera puedo tener amistades esporádicas. Esto es preocupante por un pequeño detalle: estoy comenzando a aburrirme de mí.
Todo iba bien mientras me sentía una persona interesante. Las lecturas me distraían gratamente y las películas eran valiosas fugas momentáneas. Ahora ya no hay autores que me sorprendan como antes (y no creo haber leído tanto como pudiera pensarse) y las películas me parecen variaciones del mismo guión. Por otro lado, parece que al fin me conocí y con eso perdí mi capacidad de sorpresa.
¡Está bien! Si tuviera un Tonto, Toro o un Sancho Panza, una Julieta o una Otela, las cosas podrían ser peor, estaríamos dos a disgusto en vez de sólo uno. ¿Para qué buscar ya un socio o una compañera?, ¿para conseguir un chivo expiatorio que lave mis frustraciones?, ¿para tener a quien poder recriminar por teléfono?, ¿para competir con alguien y descubrir quién tiene el grito más elevado del vecindario?, ¿alguien para medir fuerzas y voluntades y saber qué tanto podemos aguantar antes de de caer en la violencia verbal y luego en la física? Hmmm cada quien habla de cómo le fue en la feria.
Hay que tener cuidado porque el egoísmo prolongado puede ocasionar la pérdida de la capacidad de amar. Otro problema es que cada vez me produce más pereza conocer a alguien (para lo que sea). Ya no se me ocurre qué decir después del primer “hola”. Y la verdad eso me tiene sin cuidado.
¿Me convertí en lo que temía? Pavor me daba ser un materialista aislado del mundo, centrado en sus posesiones más que en sus posiciones. No, realmente no soy el Jeckyl de ese Hyde (igual soy el Hyde del Jeckyl). No soy tan materialista, sólo un comodino indolente que se queja en su pasividad, pero que no quiere ya dar ningún paso. Me la paso pasando en el juego de la vida.
Aún podría despertar de nuevo, reinventarme otra vez, aunque no estoy convencido de ello, pero ya también me cansé de estar dormido. No hay sangre ni vino que puedan redimirme de este tedio, no hay cielo ni infierno que me motiven o asusten. Es el vacío con todo, o la nada llena, da igual. ¿Dónde estamos ahora? ¿Qué sigue? Ya ni la curiosidad me alienta.
Mi voz suena cansada. Hay cada vez menos qué decir. Me creí hasta mis mentiras y ahora ya no puedo creer. No puedo dejar de pensar en Dios, pero ¿hasta cuándo se mantendrán apilados los guijarros de mi fe? Esto me recuerda a la estación de trenes de Torreón, donde esperé horas y horas, en un vano aparente, pero con la diferencia que entonces conocía la hora aproximada en la que llegaría el último tren.
Bien, tengo el boleto en la mano, por lo menos eso creo, veamos qué tan lejos llega mi paciencia. El cielo comienza a nublarse, iré a protegerme antes de que empiece la tormenta. ¿Cuánto tardará en llegar el tren? Si ves en los clasificados un anuncio que solicite Toros, Tontos o Sanchos, no lo respondas, lo más seguro es que se trate de un potencial ladrón de tu tiempo.
El último tren
El último tren

Trinidades en partes iguales

Confucio NO inventó la confusión, sólo le puso nombre. No esperes gran cosa de la aspirante a reina de belleza, más vacía que una aspiradora eficiente, aunque igual nos engaña, y su mente funciona a partir de las nueve. No esperes gran cosa del rey feo en el carnaval, que vale lo que la popularidad reintante le permite. Para el miércoles vuelve a ser el campanero despreciado sólo atractivo para quien tiene zoofila sifilítica. Profilaxis epiléptica sicalíptica. Aprender a vivir con uno mismo no es asunto sencillo, y se complica cuando se intenta convivir con todas aquellas personas que están fuera de la frontera de la propia piel. No hay caseta, ni puesto fronterizo, sólo cada quién por su cada cual. No es multiplicación, más que de obstáculos y problemas, pero a veces… A veces marean los malabares del “como creo que soy”, “cómo me perciben” y “lo que en realidad soy”. La verdad está formada de un poco de las tres. No soy un oso, ni un delfín ni un atún apestoso, en las orillas petroleras de un Golfo chamuscado. Quemar puentes y naves sólo es efectivo cuando de verdad sabes que ya no vas por ciertos rumbos. Pero te hace construir balsas endebles si la seguridad era sólo un espejismo, terminas dando tumbos en el fondo sin fondos. Ojalá no me hubiera deslumbrado en vano tantas veces, ni hubiera tantas veces, de manera innecesaria, disparado adioses. El oro no es pirita, y no todo lo dorado se debe adorar. No aspiro a la santidad, ni ningún polvo; pero tampoco quisiera hacer mal a nadie. Antes del mal, mejor la indiferencia o la invisibilidad. No quiero matar cabras con la mirada, ni espero que ningún cabrón me mate (aunque ganas no les han de faltar a dos o tres respetables participantes de la sociedad bien aceptada… si supieran que su intención ni caso tiene, y que con eso realmente aspiran más al suicidio que al homicidio). Tampoco es recomendable analizar hasta el cansancio cada paso que se va a dar, ni dudar a cada rato. Descartes a veces descartaba su corazón, y en la manga no tenía a la reina roja del palo mayor. Trato de romper el guión preescrito de mi vida, para proscribirlo, y reescribirlo día a día. T.S. lo dijo creo que en una P.S., el ayer ya no es, el mañana aún no llega, sólo tenemos el hoy. Tenemos la experiencia y los sueños, que igual deberíamos mezclar con la realidad. Soy parte mi padre, soy parte mi madre y parte yo. Todo está dicho. Adiós.

Volver a soñar

La noche susurra secretos que a nadie interesan y que todos comparten. Es insensato arrojar piedras en la lluvia pétrea que cae sobre el desfile de culpables en el que todos participamos. Ahora nadie carga cruces porque las cruces se desgastaron en la historia, cada quien reza a su dios personal. Esquivar impuestos, adquirir lo más que se pueda, necesitar lo que por naturaleza no es necesario y llorar sólo en las películas. Autoproclamarse dueños de la razón y por la razón sentirse superiores a los animales; cometer actos bestiales que ninguna otra especie haría, actos que a su vez carecen de razón. Persiguiendo sombras, atesorando polvo, creando recuerdos que en el fondo sabemos que tarde o temprano vamos a olvidar. Se oyen lamentos de ilusiones perdidas y aún así todos optamos por volver a soñar.