Esperando el último tren

El llanero solitario tenía a su indio y posiblemente un gran parásito en las tripas. El indio se llamaba Toro, o Tonto, o igual era las dos cosas. Dicen que el quijote tenía a su Sancho Panza. No importa que ambos lacayos supieran que sus jefes estaban locos, lo importante era hacerse compañía para conversar.

El llanero solitario y Toro/Tonto
El llanero solitario y Toro/Tonto

Yo he ido a algunas partes pero me tengo que guardar las conversaciones o escribirlas, como lo hago ahora, porque no tengo escudero, excusa, disculpa, ni perro que me ladre. París fue un buen lugar, y aunque algunos momentos tuve la compañía de un buen alemán que me sirvió de guía y otros la de una mujer más buena que el alemán en sentidos que nada tienen que ver con la moral, estuve realmente solo, como lo he estado siempre que viajo.
Lo que pudiera preocupar es que quizá ya me acostumbré a la compañía mía que sólo yo me proporciono, y por eso ya ni siquiera puedo tener amistades esporádicas. Esto es preocupante por un pequeño detalle: estoy comenzando a aburrirme de mí.
Todo iba bien mientras me sentía una persona interesante. Las lecturas me distraían gratamente y las películas eran valiosas fugas momentáneas. Ahora ya no hay autores que me sorprendan como antes (y no creo haber leído tanto como pudiera pensarse) y las películas me parecen variaciones del mismo guión. Por otro lado, parece que al fin me conocí y con eso perdí mi capacidad de sorpresa.
¡Está bien! Si tuviera un Tonto, Toro o un Sancho Panza, una Julieta o una Otela, las cosas podrían ser peor, estaríamos dos a disgusto en vez de sólo uno. ¿Para qué buscar ya un socio o una compañera?, ¿para conseguir un chivo expiatorio que lave mis frustraciones?, ¿para tener a quien poder recriminar por teléfono?, ¿para competir con alguien y descubrir quién tiene el grito más elevado del vecindario?, ¿alguien para medir fuerzas y voluntades y saber qué tanto podemos aguantar antes de de caer en la violencia verbal y luego en la física? Hmmm cada quien habla de cómo le fue en la feria.
Hay que tener cuidado porque el egoísmo prolongado puede ocasionar la pérdida de la capacidad de amar. Otro problema es que cada vez me produce más pereza conocer a alguien (para lo que sea). Ya no se me ocurre qué decir después del primer “hola”. Y la verdad eso me tiene sin cuidado.
¿Me convertí en lo que temía? Pavor me daba ser un materialista aislado del mundo, centrado en sus posesiones más que en sus posiciones. No, realmente no soy el Jeckyl de ese Hyde (igual soy el Hyde del Jeckyl). No soy tan materialista, sólo un comodino indolente que se queja en su pasividad, pero que no quiere ya dar ningún paso. Me la paso pasando en el juego de la vida.
Aún podría despertar de nuevo, reinventarme otra vez, aunque no estoy convencido de ello, pero ya también me cansé de estar dormido. No hay sangre ni vino que puedan redimirme de este tedio, no hay cielo ni infierno que me motiven o asusten. Es el vacío con todo, o la nada llena, da igual. ¿Dónde estamos ahora? ¿Qué sigue? Ya ni la curiosidad me alienta.
Mi voz suena cansada. Hay cada vez menos qué decir. Me creí hasta mis mentiras y ahora ya no puedo creer. No puedo dejar de pensar en Dios, pero ¿hasta cuándo se mantendrán apilados los guijarros de mi fe? Esto me recuerda a la estación de trenes de Torreón, donde esperé horas y horas, en un vano aparente, pero con la diferencia que entonces conocía la hora aproximada en la que llegaría el último tren.
Bien, tengo el boleto en la mano, por lo menos eso creo, veamos qué tan lejos llega mi paciencia. El cielo comienza a nublarse, iré a protegerme antes de que empiece la tormenta. ¿Cuánto tardará en llegar el tren? Si ves en los clasificados un anuncio que solicite Toros, Tontos o Sanchos, no lo respondas, lo más seguro es que se trate de un potencial ladrón de tu tiempo.
El último tren
El último tren

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Renuncia

Ignoro cuáles sean tus ilusiones, de hecho sin notarlo has borrado las mías. El camino que tenía yo tan seguro terminó en un callejón, de esos que no tienen salida. Dices que quieres estar conmigo, cuando en el fondo no me soportas, ¿por qué se necesita perder algo para entonces realmente valorarlo? Mi memoria es mala, pero mi rencor a veces parece de acero, por esa razón es probable que jamás me dejen cruzar las puertas del cielo. Ojalá no dijera todo lo que pasa por mi mente, ahora sabes porqué de la mesa de juego siempre salgo perdiendo. La responsabilidad es compartida, si es que hay culpable, lo somos quienes estuvimos involucrados. El juez es parte y además comparte todo, excepto la sentencia. Tras el atraco el botín fue dilapidado y como siempre en esos casos sale ganando quien no intervino en la historia. Nadie sabe para quién trabaja. Por eso me gustaría presentar mi renuncia oficial, por triplicado, para que ya nadie piense que quiero continuar. Por eso me voy, y aunque me veas yo estaré en otro lado, lejos aunque me escuches platicar. Todo lo que tomé consciente o inconscientemente lo he pagado con intereses, y no estoy dispuesto a pagar los platos que rompen otros. Me tomaré el siguiente tren hacia ningún lado y ahórrate mejor el dinero de la despedida y las intenciones, que más tarde lo puedes necesitar. Te dejo poquitas palabras y buenos deseos, y lo más limpio posible el espacio vacante que otra persona vendrá a ocupar. ¡Buena suerte para todos!