Silencio

Silencio, el deseo ahogado en la fosa profunda, donde todos los días se sienten como día de muertos.

Muerte en vida, existencia sin frutos, Onán regando la tierra baldía.

Silencio, esperanzas en puntas de lanzas, que no ven guerras, ni tienen paz. Búsqueda de respuestas en tiros de dados, en frases de libros, en placas de autos.

Silencio, no se reciben la llamada ansiada, la señal apropiada ni el mensaje esperado; se siente el olvido total, el frío intenso de la indiferencia.

Ojalá no importara, ¡pero importa tanto!… a pesar de las resoluciones y de los juramentos. ¡Importa demasiado a pesar de todo! Maldita mitad platónica, fantasía imposible de los desfasados.

Ojalá no doliera cuando se pierden la apuesta, el orgullo y la apostura. Ojalá no importara y se pudiera retomar el rumbo original.

Pero importa, pero nada. Todo lo que queda es la nada y el más puro silencio.

silencio

Esperando la Aurora

Ha sido una larga noche en vela.

Llena de aterradores pensamientos sin esperanza.

Soy testigo claro, iluminado por el eco de los tiempos,

de que no tiene caso apostarle al mañana… los dados están recargados.

Sin embargo aquí estoy, respirando y pensando, esperando la aurora.

La vida es corta para muchos.

Principalmente para aquellos que no la saben vivir.

Para quienes cada día es una rutina y cada noche una ruina,

esos son los dopados con series, canciones en serie, modas inmundas y dispositivos sometedores.

La vida es corta sobre todo para quienes no tienen ni idea de lo que es la libertad.

Al final nada importa y sin embargo aquí estoy, esperando la aurora.

La soledad no es una maldición, el abandono sí, y estos son tan hermanos como Abel y Caín.

De arriba nos hacen creer que no estamos solos, cuando en realidad acá abajo estamos abandonados.

La vida no tiene ninguna razón ni motivo en sí, está en nosotros crear el nuestro, y seguirlo.

Pero somos pereza viviente, preferimos todo empaquetado, a pesar de que el precio a pagar sea nuestra propia destrucción.

A veces es difícil seguir por aquí y sin embargo aquí sigo, respirando y pensando, esperando la aurora.

esperando la aurora

Simplemente te espero

Mientras espero no leo, pues la vista se me agota ya por cualquier cosa, para colmo de males no veo bien de lejos, entonces mejor escribo lo que viene a mi mente, que suele ser tu recuerdo.

Llevo tu aroma grabado en mi mente, de alguna manera en mis labios perduran tus besos. Tu imagen me acompaña noche y día, y viceversa, hacia adelante y en reversa. Te comienzo a extrañar desde cada momento en que nos separamos.

No sé si el amor sirva para describir correctamente mis sentimientos, lo curioso del caso es que contigo no tengo miedo de entrar en ese territorio. No temo a nada relacionado a ti, ni me censuro al expresarme con letras o con acciones, abro mi alma y digo cosas ciertas, en libertad.

Supongo que debo ejercitar mi paciencia y esperar por el momento indicado. ¿Será lo que necesito para pasar el futuro a tu lado?

A pesar de todo, siento una frustración al no poder expresarte con claridad todo lo que me inspiras, es por ello que renuncio a escribir y mejor simplemente te espero.

Mayo 2001

 

Lo más difícil es la espera

Lo más difícil es la espera.

Que comiencen las vacaciones, que llegue el amanecer del 25 de diciembre, que empiece el espectáculo. Que sea tiempo de poder sentarse a la mesa con los mayores, de ver lo que ellos ven, de que te entiendan. Que el mundo te tome en serio.

Que se haga realidad la cita que tanto trabajo te costó conseguir. Que nunca más tengas que lidiar con el álgebra. Que te pregunten, que te digan “Sí”.

Que desaparezca la larga fila, que recibas la llamada que te rescatará del frío en un sábado por la noche, que puedas salir sin tener que pedir permiso, que te den el empleo al cual aspiras, que nazca quien será el nuevo eje de tu vida, que termine este mal gobierno.

Que la conversación de  tu interlocutor deje de ser un monólogo que tragas por educación, que ya no tengas necesidad de expresarte en relatos patéticos y dolorosos en primera persona, que puedas salir de la antesala, que alguien decida cerrar el grifo de los reproches, que cicatricen las heridas.

Esperar la partida, esperar un regreso, tejiendo y destejiendo, para volver a tejer.

Que los neumáticos del avión se despeguen del suelo llevándote lejos de aquí, que al fin vuelvas a pisar la tierra que añoras, que comiences las acciones que salvarán tu alma, que llegue el instante en que te perderas irremediablemente en el río de la eternidad.

Que ya dé inicio la noche, que por fin aparezcan los primeros brillos del sol, que vuelvas a ver los ojos que muestran la única verdad en la que crees o que veas caer el muro de la realidad.

Que se termine tu condena, que puedas salir del hospital, que puedas darle prisa al mal paso, sin caer, que empiece tu vida o bien que llegue su punto final.

Las más de las veces se espera en vano, por algo que no valía la pena esperar, pero aunque fuera el caso contrario, invariablemente lo más difícil es la espera, siempre.

tio

Plantado de nuevo (naturalmente)

El reloj es el principal testigo de mi espera, y a la vez  es el limón que gotea en la rajada profunda que provoca la expectativa de tu andiada llegada, recordándome que te espero con cada uno de sus machacones tics y tacs.

Por dentro estoy más tormentoso que un ciclón salvaje en plena era del cambio climático, pero por fuera trato de lucir tranquilo, estóico y quieto, inmutable venciendo al mercurio de mi termómetro interno.

Un mono de piedra sólo mueve su cabeza, sonríe a lo que mira y como que se burla de mi espera; como si no hubiese tenido yo suficiente con el maldito reloj.

Decido ver a la gente caminar sin rumbo fijo, salir del tren o abandonar el andén, quisiera decir de ellos tantas cosas, pero mejor me callo, tan discretamente como Sherezada al terminar el capítulo de la noche, en ese entretenimienti del que dependía la conservación de su cabeza, y yo queriéndome arrancarme la mía, me limito a mirar.

Abro el diario abandonado de hoy, que me encuentro como a un huérfano en una banca, me y me entero de lo bien surtido que está el mercado de la carne, ¿a cuántos animales habrán hecho sufrir ayer para abastecer a todos los carniceros esta mañana. Me pregunto quiénes están en lo correcto y quiénes son los extraviados.

Vuelvo a mirar el reloj y pienso en tu aparente indecisión. cada vez hay menos gente, ya todos están en casa o celebrando con cualquier pretexto para olvidarse momentáneamente del tedio en sus existencias.

Te he esperado, siento como si te hubiese admirado desde mi infancia, y sin poder aún decir qué se siente escuchar de muy cerca el sonido de tu voz. Para pasar todo este tiempo he besado otras palabras. Con ello sólo compruebo que eres la indicada.

La última vez que te ví íbamos viajando en un tren cercano al infierno. Ambos salimos de allí tranquilamente, yo sin saber nada en concreto, tú con el mapa incorrecto. Han sido muchos pasos hasta llegar ante esta situación, en la que no sé si para ti soy tan amorfo como el humo de cigarro o si soy una especie de estrella, ente lejano y sólo un débil eco de algún pseudosol que fue, con insuficiente luminosidad.

El reloj me dice que, aunque no me mueva, cada segundo estoy más cerca de ti. Imagino que todo llega a su tiempo, sin importar la ansiedad que me enciende. La caja de música tocó su última tonada y ya no hay nadie más que yo en este lugar. Miro la hora y son mucho más de las doce. Parece que seré testigo solitario de otro amanecer, mientras tú me has regalado otra aparente indecisión sin envoltorio.

Regreso a casa, tan abandonado como salí de ella, pensando en ti, recordando que tu llegada igual y es del tipo de la del ladrón apocalíptico. Entonces estaré preparado, con una luz en mi ventana, la llave debajo del tapete de la entrada y tratando de no cometer actos que me tengan que hacer suplicarte. Termino sospechando que el reloj no sirve más que para adornar esa pared de la que se podría obtener mi lápida.

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Si no te he dicho recientemente que te quiero

Si no te he dicho recientemente que te quiero…

Es probable que sea porque lo doy por hecho, porque estoy muy feliz a tu lado, porque la felicidad hace olvidadizas a la personas, principalmente con respecto a lo más importante. Si hasta Dios es olvidado cuando la gente es feliz, ¿qué puede entonces esperar cualquier ser humano de los felices mortales?

Igual es porque no me gusta decir los que esperas escuchar, ni quiero que me des por hecho, ni me tomes por algo seguro y con lo que contarás hasta el fin de tus días o cuando llegue el Juicio Final (lo que ocurra primero).

Quizá se deba a que algo en ti me hizo sentir que no te gusta que te lo diga, aunque yo sienta de veras que te quiero mucho. Por eso guardo silencio en una ausencia aparente de monja que escribe. O quizá se deba a que temo, por decirlo, quedar en ridículo ante ti.

Es probable también que yo prefiera expresar lo mucho que te quiero con acciones y no con palabras, pues los actos suelen comunicar las cosas con mayor contundencia que los sonidos o los escritos, e incluso que las imágenes.

O pudiera ser que está cercano nuestro final, como dos que comparten algo. Todo lo que inicia se acaba en algún momento, si es que no evoluciona. Igual a nuestro amor le faltó obedecer algunas teorías de Darwin, y se quedó como un monito simpático haciendo piruetas en algún lugar del pasado. Es probable que juntos, tú y yo, ya no podemos seguir funcionando.

Quién sabe, sólo el tiempo lo dirá.

fool