Toma de decisiones

Al llegar a la orilla del agitado río de alquitrán, el hombre del inmaculado traje de lino dejó en el suelo con sumo cuidado a la novia vestida de blanco que hasta ese momento cargaba a cuestas. La recostó en sobre verde hierba, que no era ni mala ni buena, simplemente esplendorosa, para después arrojarse a la corriente oscura y tratar de alcanzar la cruz salvadora que estaba en una islita en el centro del turbulento río.

Con dificultades llegó hasta la cruz, la levantó y resultó pesar mucho más que la novia, después el hombre intentó regresar a la orilla donde estaba la mujer sobre la hierba, quien fumaba lánguidamente para percibir todo con más intensidad. Pero mientras nadaba con dificultad, el hombre del ahora sucio traje de lino sentía que se hundía en el río. Era la cruz o la vida, una exigencia digna de ladrón que le expresó la supervivencia. En esos casos el instinto gana, a menos que seas mártir o santo, y no hay santos vivos, pregúntale al Vaticano si no me crees.

Al llegar a la orilla, sucio y sin cruz, el hombre descubrió que la novia impaciente se había marchado, con todo y hierba. Perder cruz y novia el mismo día no amargó al hombre, quien con una ligera sonrisa aceptó la experiencia como una lección más, de las muy caras que nos da la vida. Se dijo a sí mismo que probar el fruto de la sabiduría y aferrarse a la espiritualidad en un mundo material es como firmar un contrato de infelicidad permanente, pero eso no lo amargó.

En general quieren hacernos creer que sólo existen dos caminos: el de la fe ciega en algo divino e intangible o el de la fría ciencia de lo palpable y mesurable. Igual hay 27 caminos más, pero se nos ocultan quizá nomás para hacernos una mala jugada.

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El falso profeta

El falso profeta predijo que esto iba a pasar, pero no fue en realidad una profecía, sino un acto de sentido común.

El falso profeta dijo que el reino de Dios comienza aquí y ahora; pero los santos varones que respiran aire encerrado lo callaron ordenándole, como penitencia, que escribiera 500 veces el Sermón de la Montaña.

El falso profeta dijo que la espiritualidad no se relaciona con los bienes materiales, que no se es superior a los demás por la cantidad de anillos de oro que uno posea. La banca de la ortodoxia lo mandó arrestar por intentar desestabilizar la economía mundial.

El falso profeta al salir de su arresto dijo que todos tenemos los mismos derechos y que debe imperar la razón, por este motivo políticos y militares hablaron muy seriamente con los santos varones.

El falso profeta fue tildado por la religión imperante, además de falso, de blasfemo, hereje, apóstata e impostor. Algo similar a lo que según dicen le sucedió a Jesús.

El falso profeta iba a ser arrestado para encarcelarlo definitivamente mientras encabezaba una marcha pacífica, pero fue muerto de un balazo por un hombre que decía defender los valores tradicionales y salvaguardar las palabras del Todopoderoso.

La gente bien se alegró del fin del falso profeta, y el equilibrio siguió tan desequilibrado como de costumbre.