El (auténtico) nido abandonado

Costó trabajo construirlo, pero lo logramos.

El amor no dio las fuerzas necesarias, y hasta nos sobraron.

Todo eran entonces  ilusiones y fantasías.

Cuando estas comenzaron a escasear, llegaron los hijos.

Los pequeños nos mantuvieron juntos un poco más.

Pero el tiempo pasa y ellos emprendieron su vuelo.

¿Y luego?

Intentamos crear nuevas ilusiones y fantasías, pero todo fue en vano.

La magia estaba agotada.

Ya nos conocíamos demasiado.

Tiempo de emigrar, cada quien por su lado

y de dejar el nido, completamente abandonado.

Nido abandonado

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¿Por qué?

Quisiera saber por qué se nos obliga a asesinar a nuestro niño interno en nombre de la madurez y la productividad.

Por qué se admira a la gente que dice ser como niños, y en realidad actúan como inconscientes idiotas.

Quisiera que alguien me dijera por qué la tecnología avanza tan rápido mientras seguimos siendo las mismas bestias de siempre, sin importar que a lo largo de la historia se hayan expuesto muchas buenas ideas.

Explíqueme alguien por favor por qué hay amores que fueron brillantes como soles y que terminan siendo tan oscuros como la maldad.

Díganme por qué la gente exige verdades diciendo mentiras, y se ofenden cuando se les dice la verdad.

Por qué la sabiduría está tan anudada con el dolor.

Por qué nos dicen que Dios es amor y a golpes nos intentan convencer de ello. Dime por qué mucha gente termina enganchada a lo que le hace daño.

Por qué es tan difícil rechazar el papel en la gran farsa.

Tengo más preguntas, pero éstas son personales y mejor se las hago a la gente involucrada.

Escatología (el escribidor chino)

Totalmente en contra de su voluntad, el equilibrista chino fue la comprobación viviente de esa ley de Newton inspirada por una manzana. Tras su caída, en desgracia, el chino fue relegado, renqueando, a limpiar los servicios sanitarios del Mesón de los Mimos. No más alturas para el equilibrista.

A partir de que le encargaron la limpieza de inmundicias mundanas, el chino se convirtió en escribidor. La inspiración le llegó, en dosis modestas y morbosas, con las pintas obscenas y de moralidad obscura que había en las paredes de cada cubículo de inodoros y mingitorios, en las que los mimos se expresan escribiendo las palabras que su profesión no les permite proferir.

El escribidor chino, ex-equilibrista, notó que también los mimos eran seres soeces y procaces en los sanitarios, en especial cuando el signo de sagitario estaba a la alza condescendiente de occidente. “Cada quien su paja”, escribió en silencio frente al mingitorio un progenitor mimo para educar a su vástago mudo, mientras ambos tenían en la mano sendos pájaros figurados, de esos que no pueden volar ni en cientos.

Amalgamando sus observaciones letrínicas y añadiendo observaciones existenciales, el escribidor chino creó un inmenso volumen capaz de dejar chica la búsqueda del tiempo perdido de Marcel (Proust, no Marceau), donde revelaba los universales significados de la pícara indecencia con connotaciones sexuales y la falsa censura del buen gusto.

En su obra enriquecida, el chino incluyó anexos sobre los flatos escapistas de ancianos que los domingos comen hamburguesas del rey en áreas de comida rápida de los centros comerciales favorecidos por la burguesía arribista, otros sobre los diversos tipos de sustos capaces de sublevar los esfínteres y desrrellenar las tripas en los momentos más inapropiados, culminando con la sublime descripción girondina de orgasmos sádico-escatológicos usando palabras tan blandas como el queso untado a los nachos inspirados en los relojes de Dalí.

En un paréntesis que más parecía un oasis entre un gran desierto de mierdas y demás secreciones y desviaciones, el escribidor chino hablaba de los abrazos que unen a los pechos, tanto los de afecto sincero del corazón, como los falsos y utilitarios que son dados a cambio de judosas recompensas en monedas de plata.

Pero ¡ay!, la humanidad jamás tendrá tiempo suficiente para lamentarse apropiadamente así viva otros improbables mil años de la pérdida de esa voluminosa y valiosa obra maestra del escribidor chino, quien una funesta mañana la dejó sobre un excusado sin perdón, para mientras tanto dedicarse a limpiar con ambas manos el espejo opaco de los lavabos. La obra (literaria, no intestinal) cayó accidentalmente en el remolino acuoso que se alimenta de excreciones humanas. Dejemos correr una furtiva lágrima en señal de duelo.

El culpable de esta pérdida fue un mimo miope, que presuroso por deshacerse de su carga de Dairy Queen® marrón, cubrió accidentalmente el volumen con sus heces y demás desechos, desequilibrándolo por completo del borde del trono y de inmediato oprimió el botón que hizo que todo el trabajo de años del ex-equilibrista se fuera por el caño hacia el canal democrático que no distingue razas, religiones ni ideologías, el canal donde la justicia es la misma para todos los productos finales, entrañables, de la humanidad. La equidad más completa solo se consigue entre la mierda.

Claro que en realidad al valioso volumen únicamente se le adelantó su destino, pues todo y todos, sin excepción, tenemos ese final, real y metafísicamente hablando.

equilibrista edificios

¿Qué caso tiene?

Te cuadraste ante el despertador todas las mañanas, a la misma hora y con el mismo disgusto, excepto en los festivos y fines de semana.
Desde pequeño memorizaste la versión de los vencedores y ridiculizaste la de los vencidos. Lanzaste piedras a las personas que los demás apedreaban, sin enterarte de los motivos, y también fuiste una voz más en ese gran coro que suena tan feo.
Después de la escuela conseguiste un trabajo haciendo “horas nalga”, checando entradas y salidas en tu tarjeta, con el fin de asegurarte el pan de cada jornada. Al agotar tu etapa “productiva” recibiste un reloj de latón dorado y una buena patada en el trasero.
Como debe ser cada día, año tras año, hasta llegar al último y jamás ser el primero.
¿Qué caso tiene todo eso?, ¿por qué importó tanto?
Mis respuestas te sonarían a un delirio de fiebre, por ello sólo pregúntate: ¿qué caso tiene?

Hiciste muchas amistades para hablar de deportes, del clima y las noticias.
Tuviste romances para burlar la “horrorosa soledad”.
Ensayaste en vano el arte de las separaciones y ni siquiera aprendiste a sobrellevar las resignaciones, pero sí dominaste el mal truco de estar solo en compañía.
Odiaste siempre la muerte estando en realidad muerto antes de tiempo, te acostumbraste a creer que tu farsa se podía llamar vida.
Añoraste a toda persona ausente y a ti nadie te echaba en falta.
Ahorraste frenéticamente para tener algo en el invierno de tu descontento.
Contrataste seguros de las prestigiadas compañías de ladrones, fingiendo ignorar que el desastre aparece cuando menos te lo esperas.
Ejerciste religiosamente tus vacaciones viajando con enjambres de turistas.
Fotografiaste 85 de los 100 lugares que “debes visitar antes de morir”, según las encuestas y libros de muchas ventas, sin conocer jamás otros pensamientos. Todo fue una inútil acumulación de fotos y millas.

Hoy tus restos se encuentran en el lote de un cementerio, que con mucha anticipación y esfuerzo pagaste. Creíste que así adquirías un pedazo de paz para la eternidad, pero en menos de tres años sobre ti habrá un centro comercial.
Antes de poder ser algo fuiste nada, y nada seguiste siendo cada momento en que respiraste. Hoy has vuelto a la nada absoluta y silenciosa que nada ve y que nada siente
Y yo me sigo preguntando ¿qué caso tiene?

dandyposada2

La realidad depende de cada quien

Los músicos callejeros, familia escuálida que vino del campo a la ciudad huyendo del hambre en busca de una oportunidad, miraron con cierta admiración y envidia el auto último modelo que dio vuelta en la esquina.

El auto, conducido por un anciano acompañado de su esposa, aceleró, pues el matrimonio emocionado iba retrasado a su importante cita con la hija y la nieta de ambos. La hija, tan admirada por la pareja, recientemente divorciada, y la nieta, adolescente insoportable que se convertía en autista en presencia de sus abuelos, por fin habían aceptado comer con ellos.

Cuando los viejos entraron en el restaurante con un poco de retraso respecto a la hora acordada, se percataron de que la hija y la nieta aún no habían llegado, así que pasaron a una mesa y se dispusieron a revisar sus redes sociales para sobrellevar la espera.

Tiempo después, hartos los dos de contemplar tanta estupidez en sus dispositivos, decidieron leer la carta del restaurante, aunque cada quien sabía de antemano lo que iba a ordenar: el platillo favorito de su hija. Tras leer dos veces la carta de la alfa a la omega y de la seca a la meca, la anciana preguntó a su marido: “¿y si le llamo?”. El viejo asintió con parsimonia de tortuga vieja, esperando basado en la experiencia lo peor: la cancelación de la cita.

La vieja llamó, luego le dijo a su esposo: “se les hizo tarde, pero ya casi llegan”. Satisfechos los dos, volvieron de nuevo a revisar sus redes sociales. Los comensales del restaurante ya se habían renovado un par y media de veces, cuando por fin se apersonaron la hija y la nieta, esta con sus inseparables audífonos oyendo música a todo lo que daba el volumen de su aparato.

La hija saludó a sus padres, como Mussolini saludaba a sus tropas, y después ordenó que se cambiaran de mesa porque esa que habían elegido los viejos no le agradaba. Todos se cambiaron a una mesa al fondo del restaurante. Una vez que tomaron asiento en sus nuevos lugares, la hija dijo a sus padres que ella y la nieta ya habían comido, y que tendrían que irse pronto porque tenían otro compromiso.

En breves palabras todos se dijeron que estaban bien, y cuando llegaron los platillos que los felices ancianos habían ordenado, la hija y la nieta se despidieron y se fueron. Los viejos comieron solos, pero muy contentos de haber visto a las dos añoradas ausentes.

Esa misma noche el viejo murió de un infarto fulminante, nada relacionado con lo que había comido en el restaurante. La viuda tuvo que vender el auto último modelo para pagar los gastos del hospital que nada pudo hacer por el anciano, y para el hacerse cargo apropiadamente de los restos del viejo. Ella no tardará mucho en acompañarlo en el más allá.

La hija en el funeral no se cansó de repetir a quien la oyera, abrazando a su madre, que ella siempre había estado muy unida a su padre, y que de hecho había convivido mucho con él hasta el último día de su vida (“literalmente”, remarcaba ufana). La anciana asentía, mientras la nieta permancía en el fondo de la funeraria, oyendo su música e importándole todo un carajo, así será hasta que deba conseguir trabajo.

Mussolini Saludando

 

Esperando la Aurora

Ha sido una larga noche en vela.

Llena de aterradores pensamientos sin esperanza.

Soy testigo claro, iluminado por el eco de los tiempos,

de que no tiene caso apostarle al mañana… los dados están recargados.

Sin embargo aquí estoy, respirando y pensando, esperando la aurora.

La vida es corta para muchos.

Principalmente para aquellos que no la saben vivir.

Para quienes cada día es una rutina y cada noche una ruina,

esos son los dopados con series, canciones en serie, modas inmundas y dispositivos sometedores.

La vida es corta sobre todo para quienes no tienen ni idea de lo que es la libertad.

Al final nada importa y sin embargo aquí estoy, esperando la aurora.

La soledad no es una maldición, el abandono sí, y estos son tan hermanos como Abel y Caín.

De arriba nos hacen creer que no estamos solos, cuando en realidad acá abajo estamos abandonados.

La vida no tiene ninguna razón ni motivo en sí, está en nosotros crear el nuestro, y seguirlo.

Pero somos pereza viviente, preferimos todo empaquetado, a pesar de que el precio a pagar sea nuestra propia destrucción.

A veces es difícil seguir por aquí y sin embargo aquí sigo, respirando y pensando, esperando la aurora.

esperando la aurora

Dodo (el último trago)

Qué se le va a hacer, no hay otra opción más que la resignación.

Sacar pecho y seguir derecho.

Cuando uno no encaja, nomás no encaja.

¡Carajo!

No puedo tener empatía ni con los inadaptados.

Me siento exiliado. Luzbel sin maldad ni belleza, desterrado de la comunidad total.

Descastado aún entre los que carecen de casta.

Y no es que yo sea subversivo, revolucionario o radical, simplemente lo que digo a nadie importa, aunque tampoco me importa mucho lo que dicen los demás.

Buzo solitario en las abismales aguas oscuras del océano de la incomprensión.

Sí, puedo tener muy ocasionalmente conversaciones interesantes, pero el encanto se rompe y de nuevo me veo en un desierto sin siquiera medio Simón.

¡Está cabrón!

Termino asimilándolo todo, hasta que cometo de nuevo el mismo error de creer que por fin he encontrado a algien especial.

Supongo que siempre caigo en los mismos errores con el mismo tipo de gente, totalmente incompatibles conmigo. Y otra vez al brindis solitario…

Al menos únicamente duele en lo que se derrumba la ilusión, después todo regresa a la normalidad.

dodo

Hay cosas de las que no hablo

hay cosas de las que no hablo

no es que no importen

sino todo lo contrario

me importan demasiado

algunas de ellas duelen

otras producen duelo

algunas no se pueden expresar en palabras

otras jamás serían comprendidas

hablo mucho

escribo muchísimo más

sin embargo es mayor la cantidad

de las cosas que me guardo

y no es porque no importan

sino todo lo contrario

Cambiar el mundo (idealismo)

Asiática… para los mexicanos pudiera ser coreana, japonesa o china, da lo mismo a los neomexicas, estos pseudoherederos de las gloras de antiguas civilizaciones que suelen rimar con “mantecas”, cuyo honor principal es dizquehaber inventado el 0. Para los mexicanos posthispánicos “ojos rasgados son ojos rasgados”, “chinito-japonés, come caca y no me des”, al menos esto último era antes del buenismo hipócrita actual. Y supongoo que, de manera similar, para un asiático un mexicano pudiera ser boliviano, peruano o argentino, da lo mismo, para ellos “ojos de vaca, son ojos de vaca”. Mundos diferentes, que ni Marco Polo podría unir definitivamente.

La chica asíática es estudiante de visita en tierra azteca, por intercambio escolar, acogida por una temporada en el seno de una familia mexicana. Vino con ganas de conocer este mundo tan lejano y miserable, tan legendario y ajeno (según su educación japonesa, pues ésta era su real nacionalidad). Ella vino a aprender español, y en el fondo aprovechar para conocer este tercer mundo del subdesarrollo vapuleado, imposibilitado para crecer, debido gran parte a los propios nacionales, pues no importa lo que digan los políticos mexicanos, la patria del nopal y del chile está verdaderamente subjodida.

La familia mexicana, clasemediera alta, le enseñó a su visitante a comer tortillas y tacos como lo manda Dios, no de esos burritos tiesos que los gringos han dado por llamar tacos. Pero la nipona adolescente quiso conocer más, ver la miseria de primera mano, con ese juvenil aire redentor quiere conocer “toda la verdad” y así tener bases para comprometerse a cambiar el mundo.

La familia, como dije, es acomodada y habitante en la zona judía y pudiente de Polanco, en el D.F. (hoy CDMX, contradiciendo las leyes de la simplicidad), y supo de inmediato adónde llevar a su hospedada, para no tener ellos que arriesgarse a ser robados, ni mancharse las manos o ni los pies al entrar en contacto con esa gente sucia y desarrapada, ” que da lástima, pero que debería bañarse, pues la pobreza no está peleada con la higiene”… se la llevaron pues a un crucero víal con semáforo, enclavado entre tiendas dignas del Rodeo Drive y Lincoln Road, en el mismo Polanco defeño, ya  que allí seguro hay siempre alguien pidiendo limosna.

La nipona estudiante preparó con esmero su dádiva, a saber escribió una carta llena de buenos deseos, una diatriba de comprensión, solidaridad, esperanza y compromiso para luchar por justicia en este mundo desequilibrado, metió la misiva en un sobre y también incluyó allí un billete de 100 pesos, suma elevada para una limosn callejera en México.

Así la chica extranjera llegó con la familia local al crucero vial. Luz roja, un Mercedes Benz, un Audi y un Volkswagen se detienen, y de detrás de un árbol, salió como por arte de magia, hada meada de cuento triste, a mendigar una decrépita  y apergaminada anciana de unos 40 años (sí, la pobreza envejece, entre los humildes y marginales la tercera edad aparente empieza al cumplir los 30, a más tardar).

La japonesa se despega de la familia, quienes se quedan como conmovidos testigos a distancia de la joven en el camellón, ya que no quieren interferir, ni que se les achaque a ellos la buena acción de la chica, aunque la verdad es que no quieren convivir con un estrato tan pestilente y bajo.

“Te doy a usted este regalo, para ti es una carta, está también con una sor-pre-sa viene, gracias, es tuyo”, dice sonriente la joven japonesa mientras entrega el sobre cerrado en la mano la vieja morena.

Lo de la “sorpresa” lo enfatizó para que se entendiera que había algo de verdadero valor en el sobre.

La vieja paupérrima presiente, adivina, que cuando le dijeron “sorpresa” significaba que había dinero allí dentro (es pobre, pero no tarada), y agradece con una cadena de 15 Dios la bendiga, a cada uno de los cuales la japonesa responde con un “gracias”, conmovida, sintiendo que se ha ganado el cielo, o cualquier paraíso en el que ella crea… sonríe y casi llora de emoción.

La familia anfitriona, conmovida ante el cuadro de beneficencia heróica, llama a la japonesa. Fin de la función, fin de la buena acción, ahora “vamos a celebrarlo comiendo tacos en el restaurante Califa”, y todos hacen un feliz mutis por la calle de la izquierda.

A la anciana ya no le da tiempo, tras esta escena, de pedirle limosna a más autos, el breve drama emotivo duró casi 25 segundos, de todos modos casi nadie le da nunca ni un pinche centavo.

La vieja, una vez que nota que se pierden en la distancia la benefactora de lejanas tierras y la familia que la acompañaba, abre el sobre, saca el billete de 100 pesos, se persigna con él, y tira el resto del obsequi a la calle. Total, esta mujer ni siquiera sabe leer.

⋯ − − − ⋯

Aunque nadie dé una mierda por lo que digo, yo sigo hablando, sigo escribiendo.

Aunque Dios haya dejado descolgado su teléfono, le sigo llamando.

Respirando, mirando, sintiendo, rabiando.

Pensando, deseando, tragando y cagando.

Aunque la vida es sueño, simulo estar medio despierto.

Ansiando, descartando, resignándome.

¿Hay algo más que hacer, que inventarnos motivos y razones en esta sinrazón total?

“Ella” es una, ella es varias, o-varios señalados.

¿Te gustan las curiosidades? ¿Te gustan las señales?

Date un festín con este escrito freudiano.

Sólo sé, que no es de malta.

Sólo sé que quien no nada, se ahoga.

Y ahora, en el ágora, me asfixia tanta gente.

Igual hubiera sido mejor hundirme en el río de Corrientes.

La asfixia, la catafixia, malicia. No hay nada más que rime con Alicia.

Me maravillo en su país, con su sapiencia.

Lo que no se comprueba, NO es ciencia.

Créanme que cuando menos se me entiende, más digo.

El principe jodido que se disfrazó de mendigo.

Rima fácil, para maquillar imperfecciones,

dichos que son ríos, que ahogan ilusiones.

Los verdaderos profetas dijeron muchas cosas,

que espantan y que azoran.

Yó solo digo que todo es pendejada,

lo cual rima con chingada y yo sólo sé que no sé nada.

Thesos