Si yo fuera alquimista, astrólogo o histérico esotérico

Si yo fuera alquimista, astrólogo o histérico esotérico, profundizaría en algunos temas, como:

La hora perfecta, las 15:15, que a la vez tiene la coincidencia exacta de las manecillas en el 3 de un viejo reloj.

Las manzanas, pues las de Adán y Newton sirvieron para despertar de un letargo, mientras que la de Blancanieves hundió a la joven en un abismal sueño. Quizá también mencione algo sobre la conexión William Tell-William Burroughs y la relatividad de la puntería.

El misterio de por qué los fantasmas aparecen vestidos, y demostrar que la ropa también tiene alma.

Los enanos que enfadados nos arrojan latas desde el interior de las máquinas expendedoras de sodas enlatadas, y de paso también mostraría que la nanotecnología es en realidad un sistema de explotación que somete a los nanoenanos.

La piedra hemorroidal que convierte el excremento en oro, y usarla para joder a los diez primeros de la lista de Forbes, como ellos nos jodieron primero a nosotros.

La quimera de que las redes sociales pueden cambiar el rumbo de una nación o incluso al mundo.

El enterum que nos permitiera no sólo contactar a los seres del más allá, sino ver su entorno y realidad.

La profética visión de los tiempos flexibles, que permitía a los Picapiedra celebrar la Navidad miles de años Antes de Cristo.

El hipnótico encanto que hace que la gente atiborre los cines y consuma películas que versan sobre el mismo tema una y otra vez.

La prueba definitiva de que la estupidez humana se debe a que todos somos unos tarados genéticamente alterados por ser descendientes de una misma familia, ¡la de Noé!

Averiguar por qué tiendo a perderme en los laberintos de las chicas nacidas en Tauro.

En eso y más profundizaría si yo fuera alquimista, astrólogo o histérico esotérico.

Navidad_picapiedra

La única esperanza

“Eres nuestra única esperanza”, le dijeron las masas al político que prometía y prometía, en dulces palabras, frases cortas de mercadotecnia barata y anuncios televisivos de 30 segundos. El candidato garantizaba que de ser electo traería la paz, el bienestar y la seguridad, pero jamás les dijo a los votantes cómo lo haría. Al final ganó las elecciones, para no hacer nada más que aparecer en la lista de millonarios de Forbes, y cuando terminó su periodo dejó el país en peor estado del que lo encontró durante su campaña. Luego… échenle la culpa a los políticos.

“Eres mi única esperanza”, le dijo la chica de la pésima puntería sentimental al semental aparentemente considerado, que en realidad era como Marlon Brando al inicio de el rostro impenetrable. Parece que hasta el ser más santo se vuelve un tirano cuando alguien le ofrece ser su esclavo incondicional, el sometimiento absoluto en bandeja de plata. Esa chica terminó de nuevo con su corazón destrozado y cuando murió esa relación se puso desesperadamente a poner en alguien más su única esperanza. Luego… échenle la culpa al destino.

“Son nuestra única esperanza”, le dijeron los mexicanos miserables, habitantes del pueblo desértico, a los 7 magníficos, para que estos los protegieran del maldito Calvera, ¿o era Tuco?, como sea, no falta el Western donde un bonche de débiles, cobardes que disfrazan su temor presumiendo ser pacíficos, le ruega a un puñado de pistoleros que los protejan de los forajidos desalmados. Pero cuando la película llega a su final feliz y los pistoleros valientes se van del pueblo tras acabar con el tirano, yo siempre he creído que otro desalmado aparece para fustigar al pueblo en paz, y la misma historia vuelve a empezar de nuevo. Luego… échenle la culpa a los bandidos.

“Eres mi única esperanza”, dicen muchos creyentes al Dios en quien dicen creer sobre todo cuando son atormentados por una necesidad. Piden y piden, al padre bueno para que los proteja, los ayude, les solucione los problemas y les dé de comer; pero convenientemente ignoran la frase del contrato que dice “Ayúdate que yo te ayudaré”. Luego… échenle la culpa al Diablo.