Así fue, es y será

Decía el que sabe que conocemos primero el cielo que nuestro corazón, y más aún ahora que tenemos tantos distractores y herramientas evasivas que nos alejan de nosotros mismos, y por ende de la Verdad. Somos cada día más vacíos y desconocidos. Así fue, es y será, naturaleza humana.

Nos conmovemos profunda y efímeramente ante desastres donde mueren cientos de personas, ajenas a nuestra realidad cercana, porque en el fondo pensamos que eso podría ocurrirnos a nosotros. Pero si nuestro vecino o pariente se returce de dolor, tendemos a jactarnos o a mostrar indiferencia. Amamos a la humanidad, pero no a la gente que conocemos.

A los animales los maltratamos o los tratamos como seres humanos; rara vez respetamos sus dignidades originales. No me es extraño, yo mismo lo he hecho. Así fue, es y será; pura naturaleza humana.

Somos muchas sonrisas cuando necesitamos algo o cuando somos vendedores. En cambio somos amargura, molestia y caras de aspereza cuando alguien nos pide lo que sea, sin ofrecer nada más valioso a cambio.

Hacemos culto a la belleza y juventud, como si fueran perfectos y perpetuos, huímos de la fealdad y la vejez, aún cuando nos pueden contar buenas historias si cerramos los ojos y de que, si sobrevivimos lo suficiente, serán mañana nuestras características.

Tenemos terror a la muerte, aunque es la compañía más constante a nuestro lado, qué absurdo.

Somos ilógicos, irraconales e idiotas, a pesar de que insistimos en presumir lo contrario. Así fue, es y será; pura naturaleza humana.

Envejecer, enfermar y morir, es el futuro de cada uno; sin excepción. Por eso más nos vale rescatar y aprovechar los tesoros de cada día, aunque sean pocos. El mañana siempre podrá ser peor.

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Hasta que la muerte nos separe

Firmemos el pacto de nuestra unión para siempre, y no nos alejemos nunca jamás.

Demos un paso adelante, más allá del enamoramiento efímero, que suele comenzar en verano, pero que no sobrevive al invierno.

Anestesiémonos en serio con series, películas y deportes, y cuando nuestros ojos se pongan rojos como semáforos en alto, tomémonos mecánicamente de las manos y deambulemos sin sentido ante los aparadores del centro comercial.

Ingiramos todos los días nuestros alimentos rápidos, juntos y en silencio. El verdadero cariño no necesita de palabras. Lo juro.

Vayamos al templo cada semana, para mostrarles a todos lo unidos que estamos y la solidez de nuestra fe verdadera. Así sea.

Aburrámonos juntos, pues el tedio es parte de una relación, sin sacrificio nunca hay amor.

Durmamos todas las noches en la misma cama y acompañémonos a todas las fiestas, hasta que estas sean únicamente funerales.

Construyamos con nuestras 4 manos un sólido futuro, a prueba de toda contingencia, fortalezcamos este engaño hasta tener la certeza de que es posible un mañana así.

Convenzámonos de que la inminente soledad que trae el tiempo es solo un cuento, el Lobo de Pedro, el cielo de Henny Penny, y de que estaremos acompañándonos hasta el final.

Hasta que la muerte nos separe.

Silicon Valley

El aire huele a limpio, quizá no lo esté tanto, más bien será que estoy acostumbrado al aire contaminado que impera en la podredumbre de la cual partí.

Los asiáticos invaden Estados Unidos por aquí, solo que en vez de poseer tiendas de conveniencia lo hacen programando o conduciendo taxis.

Aceras en extinción. Nadie camina, los desarrolladores urbanos parecen creer que todos nacemos con automovil.

Veo en unos años a todo mundo ciego, con monitores en vez de ojos y cinturas de greuso planetario, temiendo la llegada de su tercer infarto.

Valle del Silicón, eres tan artificial como las curvas de una maniquí. Me agrada tu gente, aunque en ocasiones parece olvidarse que es humana.

En el cuarto del motel escucho fingidos gemidos de placer, que nada tienen que ver conmigo.

Aquí se generó la última abundancia económica. Una burbuja que explotó. Una mentira que nos sigue haciendo creer que todo es más eficiente, que estamos más comunicados y que somos más inteligentes. Todo falso, sigue siendo el clásico engaño de la era de las cavernas, solamente que más sofisticado.

Mismo drama, distinto escenario

Para el hombre de razón es la única salida digna y lógica de este mundo absurdo (dijo Camus a su camello campesino en una Camción).

Marzo 2001

Una vez más, como los días de antes

Una vez más, como los días de antes son los días de ahora, todo igual.

Nadando en la turbia pecera de ese olvido, hijo natural del descuido.

De nuevo en el mismo sitio, para el que involuntariamente acostumbras comprar boleto.

Tu típica mala apuesta en el tradicional y hediondo mal juego.

Una vez más en una burbuja de silencio, mientras afuera suda la noche bulliciosa.

Estás así por haber cambiado lo más por lo menos, asfixiante cambalache que te dejó vacío.

Contemplando, frío, el polvo que dejó tras su carrera el sueño fugado.

Te sientes como los que simulan indolencia en la sala de espera del infierno.

Y no hay de otra, más que aceptar como siempre la derrota.

No queda más que contemplar el lento desfile gris de las horas.

No es posible conentrarte, es imposible abstraerte o sustraerte.

Fiera con jaqueca en la jaula de ese olvido, cosecuencia lógica del descuido.

El tiempo se llevó todo, incluso metió en su arcón a las musas,

Dejándote solo en estos momentos arduos de sobrellevar.

Es la prisión en la que convertiste tu libertad.

Una vez más, años después casi todo es igual.

Una vez más, como los años de antes, son los años de ahora, todo igual.

 

Agosto 2005

fagin

Incompatibilidad (desconocidos artificiales)

El tiempo que he vivido desde que te conocí ha sido dictado autoritariamente, pero sin exigencia aparente ni comprobable, por el ritmo de tu propio reloj tiranológico nuclear.

Las rutas que he tratado de seguir han sido las indicadas por tu brújula, cuya aguja parece la hélice del biplano del Barón Rojo, enriquecida con metanfetamina.

Por ti he esperado, haciendo de la paciencia un desastre y de la desesperación un arte.

Tú, tan fijada en el pasado, dejas morir el presente, pudriendo de antemano los posibles frutos del mañana.

Y yo, tan tarado, que me sigo mareando por seguir dando vueltas en tu círculo vicioso.

Llegó el tan nefasto día de las recriminaciones, decir “yo todo te lo di” y oír la respuesta de “yo jamás te pedí nada”.

Bien pagados los dos.

Uno quiso saber quién iba a escribir la historia de lo que pudo suceder, la otra siempre quiso escribir la historia de lo que fue y lo que jamás sería.

Así sucede que tras quererse tanto, dos nuevos extraños artificiales, se separan con amarga espuma del mar de la rabia y la comezón irrascable del rencor. Se separan heridos, ardidos bajo el quinto sol y como viviendo en el sexto infierno.

Dos seres con visiones distintas, ahora esforzándose en desconocerse, breves compañeros de viaje, que al descubrir el mutuo cobre se dieron cuenta de que no tenían nada en común, ni la corriente eléctrica de sus impulsos.

De aquel cariño forzado, convertido en adicción, sólo quedará, si bien les va, la indiferencia y el mal sabor. Ojalá hubiesen visto a tiempo los signos en la carretera de la incompatibilidad.

Ocaso (el regreso)

Mis botas de viajero ya están muy desgastadas. Recorrí el mundo sin encontrar lo que buscaba. Sólo descubrí que pese a los colores, las costumbres y los idiomas, todos somos iguales… en el fondo. Los paisajes pueden cambiar, otros escenarios fuera de los de teatros artificiales. En algunos lugares hace más calor que en otros. Pero las personas somos en el fondo iguales, sin importar en dónde estemos.

Me alejé de la casa de mi padre con soberbia. Hasta hice perdidas las llaves. Pasaron muchos años y me encuentro de nuevo tocando a su puerta. Ahora está cerrada, ¡qué extraño!, él dijo que siempre estaría abierta.

La reina María me cortó de su corte, argumentando que los años comienzan a oler en mí. Sé muy bien que hubiese olido mejor si mis bolsillos tuvieran algo que ofrecerle.

En las calles aquellos que se abstenían de clavar sus dagas en mi espalda ahora me han perdido todo el respeto. Alfiletero humano. Imagino que es el pago que tengo que hacer por haber satisfecho mi curiosidad.

Mis amigos son hoy sólo nombres grabados en piedras sembradas en un campo sin santidad, que no suelo visitar.

Tengo frío, aun bajo el mediodía del desierto, siento que hasta mi alma se me quedó en otro lugar.

Ojalá pudiera decir que estoy arrepentido, pero todo fue bueno mientras duró. Todo tiene su tiempo y yo bebí con demasiada prisa. Lo que me asusta es lo que queda por vivir. Por eso estoy aquí, afuera de la casa de mi padre, para ver si es cierto lo que de él entendí.

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Cuestionamientos

“¿Es posible ser un vaquero sin vacas?”, se preguntó el ganadero cuando de su rancho se llevaron los animales para sembrar soya patentada. “¿Acaso puede existir un banquero sin banco?”, se decía el cajero cuando las transacciones comenzaron a realizarse por computadora. “¿Tiene razón de ser un escritor cuando ya nadie lee?”, expresaba el autor con nostalgia mientras observaba una nueva quema de libros. “¿Vale la pena estudiar cuando parece no haber futuro?”, lloraba la linda joven que tiraba sus apuntes a manera de rendición al ver la fila de desempleados en la feria del empleo. “¿Existe realmente un altruista que no quiera ser alumbrado por reflectores?”, cuestionaba antes las multitudes en el exclusivo auditorio el célebre filántropo. “¿Hay acaso médicos cuyo objetivo sea realmente la salud de la humanidad?”, pensó con rapidez un doctor en lo que elegía le palo de golf para su siguiente tiro. “¿Habrá realmente riqueza cuando los pobres conformen la totalidad?”, se dijo el empresario cuyo principal pasatiempo era contar su dinero y buscar países cuya mano de obra fuera cada vez más barata. “¿Hay razón para pensar en un mundo regido sólo por absurdos?”, escribió el filósofo antes de irse a dormir con el fin de escapar de la realidad. “¿Es suficiente orar para que exista un Dios?”, dudaba el sacerdote mientras impartía mecánicamente la comunión. “¿Existen derechos humanos aún para aquellos que se comportan como bestias?”, clamaba un hombre victimado por la brutalidad al servicio del poder. “¿Es acaso quejarse el primer paso para el cambio real?”, me pregunto yo. “Y después de esto… ¿Qué?”, se preguntaba un viejo que sentía cercano el fin.

duda