Silicon Valley

El aire huele a limpio, quizá no lo esté tanto, más bien será que estoy acostumbrado al aire contaminado que impera en la podredumbre de la cual partí.

Los asiáticos invaden Estados Unidos por aquí, solo que en vez de poseer tiendas de conveniencia lo hacen programando o conduciendo taxis.

Aceras en extinción. Nadie camina, los desarrolladores urbanos parecen creer que todos nacemos con automovil.

Veo en unos años a todo mundo ciego, con monitores en vez de ojos y cinturas de greuso planetario, temiendo la llegada de su tercer infarto.

Valle del Silicón, eres tan artificial como las curvas de una maniquí. Me agrada tu gente, aunque en ocasiones parece olvidarse que es humana.

En el cuarto del motel escucho fingidos gemidos de placer, que nada tienen que ver conmigo.

Aquí se generó la última abundancia económica. Una burbuja que explotó. Una mentira que nos sigue haciendo creer que todo es más eficiente, que estamos más comunicados y que somos más inteligentes. Todo falso, sigue siendo el clásico engaño de la era de las cavernas, solamente que más sofisticado.

Mismo drama, distinto escenario

Para el hombre de razón es la única salida digna y lógica de este mundo absurdo (dijo Camus a su camello campesino en una Camción).

Marzo 2001

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Una vez más, como los días de antes

Una vez más, como los días de antes son los días de ahora, todo igual.

Nadando en la turbia pecera de ese olvido, hijo natural del descuido.

De nuevo en el mismo sitio, para el que involuntariamente acostumbras comprar boleto.

Tu típica mala apuesta en el tradicional y hediondo mal juego.

Una vez más en una burbuja de silencio, mientras afuera suda la noche bulliciosa.

Estás así por haber cambiado lo más por lo menos, asfixiante cambalache que te dejó vacío.

Contemplando, frío, el polvo que dejó tras su carrera el sueño fugado.

Te sientes como los que simulan indolencia en la sala de espera del infierno.

Y no hay de otra, más que aceptar como siempre la derrota.

No queda más que contemplar el lento desfile gris de las horas.

No es posible conentrarte, es imposible abstraerte o sustraerte.

Fiera con jaqueca en la jaula de ese olvido, cosecuencia lógica del descuido.

El tiempo se llevó todo, incluso metió en su arcón a las musas,

Dejándote solo en estos momentos arduos de sobrellevar.

Es la prisión en la que convertiste tu libertad.

Una vez más, años después casi todo es igual.

Una vez más, como los años de antes, son los años de ahora, todo igual.

 

Agosto 2005

fagin

Incompatibilidad (desconocidos artificiales)

El tiempo que he vivido desde que te conocí ha sido dictado autoritariamente, pero sin exigencia aparente ni comprobable, por el ritmo de tu propio reloj tiranológico nuclear.

Las rutas que he tratado de seguir han sido las indicadas por tu brújula, cuya aguja parece la hélice del biplano del Barón Rojo, enriquecida con metanfetamina.

Por ti he esperado, haciendo de la paciencia un desastre y de la desesperación un arte.

Tú, tan fijada en el pasado, dejas morir el presente, pudriendo de antemano los posibles frutos del mañana.

Y yo, tan tarado, que me sigo mareando por seguir dando vueltas en tu círculo vicioso.

Llegó el tan nefasto día de las recriminaciones, decir “yo todo te lo di” y oír la respuesta de “yo jamás te pedí nada”.

Bien pagados los dos.

Uno quiso saber quién iba a escribir la historia de lo que pudo suceder, la otra siempre quiso escribir la historia de lo que fue y lo que jamás sería.

Así sucede que tras quererse tanto, dos nuevos extraños artificiales, se separan con amarga espuma del mar de la rabia y la comezón irrascable del rencor. Se separan heridos, ardidos bajo el quinto sol y como viviendo en el sexto infierno.

Dos seres con visiones distintas, ahora esforzándose en desconocerse, breves compañeros de viaje, que al descubrir el mutuo cobre se dieron cuenta de que no tenían nada en común, ni la corriente eléctrica de sus impulsos.

De aquel cariño forzado, convertido en adicción, sólo quedará, si bien les va, la indiferencia y el mal sabor. Ojalá hubiesen visto a tiempo los signos en la carretera de la incompatibilidad.

Ocaso (el regreso)

Mis botas de viajero ya están muy desgastadas. Recorrí el mundo sin encontrar lo que buscaba. Sólo descubrí que pese a los colores, las costumbres y los idiomas, todos somos iguales… en el fondo. Los paisajes pueden cambiar, otros escenarios fuera de los de teatros artificiales. En algunos lugares hace más calor que en otros. Pero las personas somos en el fondo iguales, sin importar en dónde estemos.

Me alejé de la casa de mi padre con soberbia. Hasta hice perdidas las llaves. Pasaron muchos años y me encuentro de nuevo tocando a su puerta. Ahora está cerrada, ¡qué extraño!, él dijo que siempre estaría abierta.

La reina María me cortó de su corte, argumentando que los años comienzan a oler en mí. Sé muy bien que hubiese olido mejor si mis bolsillos tuvieran algo que ofrecerle.

En las calles aquellos que se abstenían de clavar sus dagas en mi espalda ahora me han perdido todo el respeto. Alfiletero humano. Imagino que es el pago que tengo que hacer por haber satisfecho mi curiosidad.

Mis amigos son hoy sólo nombres grabados en piedras sembradas en un campo sin santidad, que no suelo visitar.

Tengo frío, aun bajo el mediodía del desierto, siento que hasta mi alma se me quedó en otro lugar.

Ojalá pudiera decir que estoy arrepentido, pero todo fue bueno mientras duró. Todo tiene su tiempo y yo bebí con demasiada prisa. Lo que me asusta es lo que queda por vivir. Por eso estoy aquí, afuera de la casa de mi padre, para ver si es cierto lo que de él entendí.

beggar

Cuestionamientos

“¿Es posible ser un vaquero sin vacas?”, se preguntó el ganadero cuando de su rancho se llevaron los animales para sembrar soya patentada. “¿Acaso puede existir un banquero sin banco?”, se decía el cajero cuando las transacciones comenzaron a realizarse por computadora. “¿Tiene razón de ser un escritor cuando ya nadie lee?”, expresaba el autor con nostalgia mientras observaba una nueva quema de libros. “¿Vale la pena estudiar cuando parece no haber futuro?”, lloraba la linda joven que tiraba sus apuntes a manera de rendición al ver la fila de desempleados en la feria del empleo. “¿Existe realmente un altruista que no quiera ser alumbrado por reflectores?”, cuestionaba antes las multitudes en el exclusivo auditorio el célebre filántropo. “¿Hay acaso médicos cuyo objetivo sea realmente la salud de la humanidad?”, pensó con rapidez un doctor en lo que elegía le palo de golf para su siguiente tiro. “¿Habrá realmente riqueza cuando los pobres conformen la totalidad?”, se dijo el empresario cuyo principal pasatiempo era contar su dinero y buscar países cuya mano de obra fuera cada vez más barata. “¿Hay razón para pensar en un mundo regido sólo por absurdos?”, escribió el filósofo antes de irse a dormir con el fin de escapar de la realidad. “¿Es suficiente orar para que exista un Dios?”, dudaba el sacerdote mientras impartía mecánicamente la comunión. “¿Existen derechos humanos aún para aquellos que se comportan como bestias?”, clamaba un hombre victimado por la brutalidad al servicio del poder. “¿Es acaso quejarse el primer paso para el cambio real?”, me pregunto yo. “Y después de esto… ¿Qué?”, se preguntaba un viejo que sentía cercano el fin.

duda

Algún día…

Creyéndose soldados de acero, sin ser más que figuras de pajilla pintadas de plata, van por el mundo conquistando efímeros tesoros de inmundicia. Aunque probablemente existe Dios, todo es tan grotesco, ellos se sienten divinos, mientras niegan sus propios demonios. El poder y el dinero han cegado sus ojos, sus sentidos sólo desean el frío contacto del oro. El que a hierro mata, tarde o temprano es muerto por el hierro, y al que más tiene supuestamente más se le exigirá. Ojalá sea esto cierto.

Sus ropas elegantes, sus sonrisas de comercial y sus discursos bajo reflectores no pueden ocultar completamente lo que sucede en derredor. ¿En verdad piensan que el hambriento morirá satisfecho con sus boletos de circo? ¿Creen que el oprimido es feliz cuando carece de un techo? La violencia es lo peor, en vez de solucionar termina desangrando, pero ¿cómo convencer de eso al que esté sediento de venganza? El tiempo suele hacernos olvidar pero difícilmente perdonamos; el hombre es un ser que tiende a repetir su historia, cree que el presente es único y es víctima de sus modas.

El rumbo está marcado de antemano, mientras el mundo gira y sigue girando. Quien está en el centro terminará afuera y el que está abajo, mañana estará en la cima. Pero en algún momento se invertirán los papeles de nuevo. No te dejes engañar por las tendencias, todo ha sido y será siempre lo mismo. Nadie quiere escuchar y nadie nunca ha escuchado. El futuro ha estado siempre escrito en nuestro propio pasado. Y ellos siguen desfilando en su escenario de oropel, que lo aprovechen y disfruten mientras tanto, porque algún día, algún día…

(Enero 1998)

Feliz cumpleaños para mí

87
Literalmente, a flor de piel llevo las huellas de mi sobrevivencia. Mi aliento, yo misma lo percibo, es como apolillado, como de armario de mi abuela, de esa abuela que murió más joven que lo que yo soy ahora. Huelo a lo que soy, un ser humno viejo.
Las expectativas de vida son más ahora, y si se tiene dinero, ni te cuento.
Antes me preguntaba si no debí matarme cuando pude hacerlo. No porque quisiera estar muerta, sino que a veces, sólo a veces, me cuestionaba, y de vez en cuando lo sigo haciendo, si esto que hago es vivir. Y eso me lo preguntaba también cuando podía caminar, y hablaba y veía mejor. Que risa me doy.

Por supuesto que lo actual no es vida si lo considero con el punto de vista que tenía hace 20 o 30 años o más, pero es mi vida actual. Esta soy yo ahora, no hay de otra. Sobreviviente a embolias, a diabetes, a muchos males, que no se van, pero que se doman. Medicina que no cura, que sólo prolonga. Que aturde y aminora síntomas. Mientras la muerte avanza. Pero, pues la muerte está con nosotros desde que nacemos, aunque ahora está más cercana a mí. El corazón sigue latiendo y yo aquí.

Quizá lo único bueno de haber muerto antes, es que me hubiera evitado ver cosas que jamás imaginé, y que jamás hubiese deseado ver. La peor es la reación al estilo buitre de mis familiares, de mis propios hijos. Es como para hacer vomitar al más estóico y al más ayunador. El hijo que a pesar de su indiferencia insultante exige un adelanto de lo que le tocará, el otro hijo que manipulado por su mujer se transformó en un interesado insistente, jodido deshuevado, la hija que quisiera ayudarme a pasar el tiempo, pero que se desespera siempre que lo intenta, el otro hijo que simplemnte se largó, enviando la “ayuda monetaria necesaria” (ayuda que no necesito, ya que su padre me dejó bien provista materialmente, ayuda material que nada es comparada con lo que hubiera querido su presencia, que me visitara de vez en cuando… pero ya no, por mí que haga lo que quiera).
87 y como bebé de nuevo tengo que aprender a caminar.
En vez de mis amorosos padres esta vez los que me enseñan a dar pasos son el chofer, un terapeuta y la enfermera en turno. Lo hacen por dinero, pero a veces siento más cercanía con estos extraños mercenarios que con la gente que tiene mi misma sangre en sus venas.
Mis hijos, mis nietos, ninguno me tiene paciencia, cómo quisieran ellos verme fría en un cajón, pero ya a estas alturas la verdad no tengo prisa. En serio, a todo se acostumbra una.

Así estoy el día de hoy, en mi cumpleaños, en el parque de costumbre, como bailando el danzón macabro del invierno existencial. Al menos así debe lucir mi reaprendizaje para caminar a esos jóvenes enamorados y a esos niños que juegan bajo el mismo sol que yo. Lo intento con estas piernas que parecen haber olvidado cómo se camina y que sienten que soy una carga inmensa para ellas, que me soportaron (literalmente) durante casi siglo.

Sé que las viejas mujeres conocidas que me miran ahora, que también son sacadas a “pasear” por sus enfermeras a este parque, en sendas sillas de ruedas, se mueren de envidia al verme dar mis nuevos primeros pasos. Esas viejas, a pesar de ser en su mayoría más jóvenes que yo, no tienen la esperanza de volverse a poner de pie. Yo igual lo hago porque no tengo nada más qué hacer. En algo debo ocuparme en lo que entrego mi alma al Creador.

Hoy cumplí 87, y desde temprano recibí las felicitaciones de los familiares, con sus mejores deseos por que viva mucho. Pendejos, si me quisieran tan viva me dedicarían al menos unas horas, ya no al día, sino a la semana. Les volví a  pedir que me metan a un buen asilo, pues los hay, y puedo pagarlo, al menos allí tendría gente con quien conversar de cosas que nadie más entiende; pero no “¡Madre cómo te vamos a meter a un botadero humano!”, me dicen indignados, sin percibir que me tienen en un lujoso botadero, abandonada. Pero no hay manera de hacerlos entrar en razón.

Es el problema de ser vieja, que una ve con más claridad muchas cosas, aunque los ojos ya no funcionen nada bien. Y sí, quizá se cubre uno con una capa de indiferencia ante casi todo. Quizá sea algo de cinismo. No sé. puede que simplemente sea falta de energía, o el convencimiento de que nada tiene sentido, excepto sobrevivir. Hacerlo hasta el último momento.
No sobrevivo por joder a “mi gente”, no valdría la pena hacerlo. No cambiaría nada. Lo hago porque ¿hay otra opción?

Ojalá pudiera expresar las cosas como las pienso, ojalá pudiera hablar sin que mi lengua arrastrara las palabras, sin que suene lenta o incluso estúpida, decir las cosas un poco más de prisa, hablar al mismo ritmo de mis pensamientos. Pero, no, todo se me hace lento, menos el cerebro. Y no estoy imbécil.

Eso es lo feo.

Pero fuera de eso, 87 son un logro.
Supongo que si no me he muerto será por algo.
Feliz cumpleaños para mí.

Algo cambiará tu vida (dijo la adivina)

“Pronto, antes de que este día termine, algo sucederá, y cambiará drásticamente tu vida”, dijo la adivina anciana a su ansiosa clienta, la cual pidió a continuación información más detallada al respecto, con mucho respeto.

“Lo siento”, le dijo la vieja a su joven clienta, “me está prohibido decir más”, y llevándose la arrugada mano a la cabeza, como si con ese movimiento pudiera brindar algún alivio a su sesera, la anciana dio la sesión por terminada.

La bella joven salió del oscuro cuarto decorado enteramente con impresionantes figuras grotescas, aves nocturnas disecadas, muñecos vudú polvorientos, ramas torcidas y secas de árboles añejos- y sin poner mucha atención a nada, debido a sus profundas reflexiones,  llegó hasta la calle.

Cuando la joven abstraída llegó a la esquina, el semáforo estaba en rojo. Un hombre  maduro y opulento, recién divorciado y hambriento de afecto, a bordo de un flamante Mercedes, miró a la joven y sintió de inmediato el flechazo del estúpido Cupido.

La joven también reparó en el caballero, y deseó haber tenido una apariencia más arreglada para ese momento, pues el tipo se le hizo muy agradable.

Él bajó la ventanilla de su auto para llamar a la joven, pero ésta para entonces ya había regresado a sus reflexiones y no lo escuchó. Se preguntaba si la adivina se hubiese referido en su predicción a José, el ex novio con quien había roto hacía apenas dos semanas.

José, el ex, era un patán pedante, holgazán bueno para nada, macho petulante, alcohólico violento, grosero y nada guapo, pero ella aún lo amaba.

El semáforo cambió a verde y el hombre maduro opulento aceleró su auto, totalmente ignorado y con la palabra en la boca, meintras ella volvió a caminar.

El Mercedes desaparecía para siempre de su vida y ella siguió caminando pensando en José, cuando casi chocó de frente con un vendedor ambulante de billetes de lotería que le salió al paso.

“Güerita, cómpreme uno. Es para hoy, mire que es de buena suerte, termina en siete”, le dijo el vendedor a la joven, algo desesperado pues no había vendido ni un boleto en todo el día. Ella apenas lo notó y se siguió de largo tratando de encajar la figura de su ex novio en la profecía escuchada hacía unos minutos.

Esa misma noche el boleto que le ofreció el vendedor ganó el premio mayor.

Pero esa tarde ella siguió caminando, reflexionando, llegó hasta abordar un autobús y se sentó al lado de una mujer de desaliñado aspecto. Ésta también iba reflexionando, pero alrededor de su propio pasado, llegando a conclusiones que resultarían muy interesantes a cualquiera, pues trataban sobre las relaciones de pareja. La desaliñada quería compartir sus pensamientos con alguien y por eso intentó hacerle conversación a la joven preguntándole la hora. La joven dejó de pensar unos segundos en José para responder a la mujer desaliñada: “lo siento, no tengo ni idea”, y después se volvió a encerrar en sí misma.

La desaliñada se desalentó y pensó que igual y no valía la pena nada de lo que había reflexionado, entonces también se encerró en sí misma y se puso a pensar en lo que vería por televisión llegando a casa.

El mundo se volvió a quedar sin saber qué es lo que hacer funcionar bien a una relación.

La joven decidió bajar del autobús cuando estuvo cerca de la casa de su ex novio José (jamás se enteró que dos cuadras más adelante el bus sería embestido por un tren y ninguno de los pasajeros sobreviviría, aunque de alguna manera el chofer logró escapar).

La joven decidió armarse de valor gracias a lo que creyó que le había anunciado la anciana adivina, y fue a ver a José. Mientras tocaba el timbre daba los últimos toques a su discurso y a su petición de que volvieran a ser novios.

El patán pedante, abrió la puerta y tras escuchar las palabras de la joven, sonrió y accedió (“No es tan fácil encontrarse a alguien tan pendejo en este mundo”, pensó José cuando le decía a ella que sí).

Durante seis meses la joven pensó ser feliz y agradecía a la adivina su profecía. Pero eso duró hasta que sorprendió al novio patán pedante besándose con una morena en un café, pues él creía que la joven estaba entonces en el cine con unas amigas. En ese momento ella dio así por terminado su noviazgo con José y se propuso jamás volver a creer en las adivinas.

Libro no autorizado

Me sentí con suerte al encontrar disponible la única banca del reducido parque. Se hallaba lo suficientemente lejos del bullicio de los niños que jugaban futbol. Saque de la mochila el libro que tanto trabajo m había costado conseguir y comencé a leerlo.
No había llegado a la mitad de la primera página cuando frente a mí se detuvo un policía y sin más preámbulo me ordenó: “dame ese libro”.
Miré al oficial y le pregunté por qué. Simplemente respondió: “no es de los libros autorizados”.
“Por favor”, le dije en un tono medio en broma, pero con tintes de incipiente molestia, “es ‘Moby Dick’, ¿cómo que no está autorizado?”
“No sé, no es un libro autorizado. Los colores de la portada no son los correctos”.
Yo lo sabía, pero ¿qué de malo había en leer un clásico, que no hacía mucho era obligatorio leer en las escuelas? Los libros autorizados a los que se refería el policía, eran un puñado de títulos, que versaban sobre moral, civismo, buenas costumbres y autoayuda, escritos por el monopolio de medios de comunicación en conjunción con el Gobierno. Todos tenían el mismo diseño en sus cubiertas, sólo variaban los colores, dependiendo del tema. Otros libros autorizados eran los de ficción, de cubierta púrpura, pero que se limitaban a una serie de vampiros adolescente, una de un mago infantil y otra de porno suave y comercial (siempre dentro de las buenas costumbres). Ningún clásico, ningún otro título de hecho, estaba incluido en la lista de autorizados.
Yo pensé que leer un libro “no autorizado”, en caso de conseguirlo, no estaría prohibido, ni llamaría la atención, pues creí que a nadie le importaría ya que casi nadie lee en este país.
“Dame ese libro”, dijo el policía arrebatándome el volumen de las manos mientras desenfundaba su pistola. Arrojó el libro al suelo y le disparó, deshaciéndolo y haciendo volar las páginas en pedacitos tras cada disparo. Los niños que jugaban se tiraron automáticamente pecho tierra. Al ver que el oficial había terminado de disparar, reanudaron el partido como si nada hubiera pasado. Ya nadie se asustaba de los disparos, a menos que el arma te apuntara a ti.
“Voy a registrar la falta”, decía el policía mientras escaneaba la identificación que tenía yo colgada de una cadena. “La multa te llegará por electrónicamente y si la pagas antes de una semana te sale más barata”, me explicó.
El oficial se dio media vuelta y de alejó diciendo algo a través de su radio transmisor: “El infractor ha sido registrado, no hay para remitirlo a los separos”.
Yo no entendí, ¿cómo habíamos llegado a esto? No entendí nada y lentamente me alejé de ahí en sentido contrario a la dirección tomada por el policía.
Ciudad de México 2027

Relatividad del tiempo

Perdiéndose en aquel sendero desconocido del aire Sherlock Holmes dejó de inyectarse para decir “alguien debe poseer la información”. La azafata le respondió “este avión aterrorizará en dizque diez minutos”. “Debo abrocharme el cinturón ahora mismo” dijo el campeón de peso semi incompleto que sería conducido a medias al cadalso por la inopinadamente inhóspita opinión púbica. Muchos pensaron que eso sería divididamente divertido, por eso comenzaron a bailar tap al ritmo de un vals venereamente vienés. El presidente que sería asesinado para convertirse en el mártir de San Martín hizo como que ignoraba lo que sucedía, mientras a sus espaldas vendían a tres esclavos por el precio de una gelatina. “La tierra es de latinas desangeladas, como lo son tus ideas y tus vueltas”, dijo un anciano soldado romano mientras discutía asuntos banales con un banano. “Mi corazón es un libro abierto, en blanco”, dijo el Romeo sin rosas que pronto se jubilaría sin haber amado. “Lamentablemente tu cerebro también es una hoja en blanco, en la que no me apetece escribir nada y en la que encontré más vació del necesario para la meditación” le dijo la Julieta que pronto moriría por haber amado demasiado. El san Nicolás en huelga reía mientras sus dientes caían en un cenicero, como los de Caín y un burro. “La actividad febril puede conducirnos más rápido a la meta de nuestra existencia” dijo el holgazán que no tenía prisa por llegar a ningún lado. “Nadie sabe en qué momento está haciendo historia” murmuraba el escritor incomprendido mientras deshojaba la guerra y la paz con tranquilidad. El famoso fotógrafo epiléptico apareció para tomar una instantánea para la posteridad. “El pasado debe servir para adquirir experiencia y no para intentar revivirlo… no mires atrás”, dijo un sodomita que corría despavorido mientras arrastraba a su esposa pava convertida en estatua de sal. ¿No sientes a veces que alguien intenta conducirte por un espeso pantano para tratar de alcanzar algo mientras te ahogas? Creo que la clave está en saber discernir y eso sólo se aprende con el tiempo. Como el tiempo es relativo, relativamente es cierto el hecho de que ahora lo has perdido.