Como la primera vez

Recuerdo tu primer día en este lugar.

Fui tu primer cliente.

La persona que te entrenaba te acercó a mí,

y tras darte indicaciones breves te dejó sola conmigo.

Sonreíste y dominaste tus nervios con una gran fuerza de voluntad.

Sin duda era también tu primer trabajo.

Comprendí tu situación y fui muy considerado, más de lo que suelo ser normalmente.

No es que sea bueno por naturaleza, tampoco soy malo, soy como cualquiera, supongo.

Antes de irme te agradecí y tú me dijste “gracias” con una linda sonrisa.

Regresé al mismo lugar varias veces, con moderada frecuencia.

Siempre que notabas mi presencia fingías no reconocerme.

Cada vez que me atendías era como la primera vez, como si yo fuera tu primer cliente y como si jamás se hubiésen cruzado nuestras miradas anteriormente.

Así se sucedieron muchos reencuentros contigo, en tu trabajo.

Después me fui a vivir lejos, muy lejos, más allá del océano.

Pasaron los años y regresé a vivir a este mismo agujero pestilente y podrido.

Hace poco volví a tu lugar de trabajo y me atendíste.

“Hace mucho tiempo que no lo veía”, me saludaste con una sonrisa sólida y de experiencia.

“Estuve lejos”, te respondí algo sorpendido por el reconocimiento, “es posible que ahora me veas con más frecuencia”.

Tu sonrisa se amplió con educación y me atendiste con el esmero acostumbrado.

Al final te agradecí y tú me dijiste “gracias” exhibiendo tu sonrisa jovial.

Hoy estoy aquí de nuevo.

Hoy vuelves a fingir que no me reconoces, que nunca me has visto.

Tu acción me sabe al eco de un juego viejo, de cuerdas desgastadas a punto de romperse.

La nueva representación de una vieja obra de teatro que el público se sabe de memoria.

Quizás antes me hubiera intrigado tu reacción, pero en el presente no me importa, sinceramente me da lo mismo.

Quizá la próxima semana regresaré y tú me atenderás.

Quizás decidas reconocerme o fingir que nunca me has visto.

No lo sé.

Pero invariablemente, como en cada ocasión que me has atendido, yo te lo agradeceré.

Y tú me dirás “gracias” sonriendo como la primera vez.

Siempre como esa primera vez que podría ser la última.

 

 

 

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La catástrofe

La súbita catástrofe nos hace sentir unidos, que somos hermanos, solidarios, que todos nuestros corazones palpitan al mismo ritmo. Despertamos al llamado de los necesitados.

La catástrofe nos saca de nuestras rutinas, nos impele a ayudar a todos los afectados. La cohesión y la buena voluntad llegan de inmediato a su clímax.

Pero un catástrofe deja muy pronto de ser novedad y, en poco tiempo, es sustituida por otro encabezado a ocho columnas o titular destacado en la página principal. Las conciencias se sienten satisfechas con lo que hicieron en dos días. La catástrofe se convierte en anécdota y en comentario para el resumen noticioso de fin de año.

Los afectados de repente son abandonados a su mala suerte o lenta muerte. Regresan las indiferencias y los rencores anteriores, vuelven también los días comunes, y respecto a los semejantes se impone de nuevo la indiferencia. El brillo de las almas se apaga ante los escombros internos de lo cotidiano. Los borregos vuelven al redil danzando la canción impuesta.

La unidad se viene abajo, y de nuevo todo al carajo. Mientras no seas un damnificado, todo lo ajeno te vuelve a importar un bledo. Solos de nuevo… naturalmente.

Naturaleza humana, aquí y en China.

catastrofe

Vida

Laberinto con paredes de espejo, atiborrado como el tren subterráneo en hora pico. Ratones en insensata carrera y minotauros con furia o diarra. Así es la vida en la ciudad.

Despedidas de gente que quisieras que no se fuera, permanencias insistentes de personas cuya cercanía ya no deseas. He visto mucho, igual no demasiado aún, pero he notado que a pesar de los cambios aparentes, todo en el fondo es igual. Así es la vida en general.

Cinco mueren mientras otros diez nacen, quinientos mienten mientras uno dice media verdad. Nos quejamos de los gobernantes, pero en el fondo casi todos diríamos que sí si se nos ofreciera el poder, y con algarabía nos corromperíamos en mil pedazos. Así es la vida en nuestro interior.

Los viajeros cansados dejan empolvar sus maletas y los sedentarios se ufanan de haber viajado por todo el mundo desde su computadora o su televisión. La gente es la misma aquí y en China, sólo varían las complexiones y los colores. Nadie es superior, nadie inferior en tanto a razas, todos somos la misma moneda de cara sublime y cara jodida echada a suertes en la vida.

Las conductas y las ilusiones sólo cambian de apariencia, en tanto que el tiempo es circular. Ya olvidé quién dije que sería yo, tampoco recuerdo las personas que fui. He visto rostros lozanos ajarse con los años y también los he visto volver a nacer. Aunque nada cambie y me diga a mí mismo en momentos que todo es igual, descubro que todas las cosas son variaciones mágicas de una sola maravilla y sólo por eso vuelvo a respirar.

Fácil y difícil

Es fácil hacer promesas, lo difícil es cumplirlas. Es bien sencillo decir ‘para siempre’ y ‘nunca’, eso es tan sencillo como decir cosas bonitas cuando ardes con pasión, a menos que seas Juana de Arco.

Lo difícil es seguir siendo tú y mantener vivos tus sueños.

Es fácil hacer amigos, lo difícil es conservarlos. Es sencillo ver una estrella, pero imposible alcanzarla, pues no es más que el eco luminoso de algo que fue un sol, ahora muerto, desaparecido mucho antes de que se inventaran las mentiras.

Es fácil amar y odiar, esos no son más que sentimientos hermanados que seguido experimentamos. Es bien sencillo juzgar y condenar, así como es difícil soportar ser juzgados.

Es fácil sentirse casi perfecto, lo difícil viene cuando redescubres los colores de la realidad. Es sencillo sentirse inmortal, lo difícil es digerir el concepto cuando nos estamos muriendo.

Es fácil creer en Dios, lo arduo es tratar de conocerlo; es muy duro aceptar que una divinidad no es de uso personal. Es bien fácil embriagarse con la ceguera de la fe, lo difícil es soportar su resaca.

Fácil es decir que eres fuerte, complicado es tener que demostrarlo; sucede igual cuando presumes ser inteligente, y lo difícil es no quedar ante todos como tarado.

Puede ser fácil convencer a los demás de que eres un líder, un ser superior, pues las masas suelen tener mucho apetito de quimeras y utopías; lo difícil es descubrirte un ser cualquiera y sentir tu vulnerabilidad.

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Sólo nosotros

Sólo seres como nosotros pueden convertir el oro en amargura, las bendiciones en llanto y hacer ruinas las ternuras. Sólo gente como tú y yo puede pervertir lo bueno, convertir en mentiras lo verdadero y al final no preguntarse ni un por qué. Al principio fuimos los mejores amigos, pero nos empeñamos en destruirlo; ahora ni siquiera puedo estar contigo, si volviéramos a empezar haríamos de nuevo lo mismo. Sólo gente como nosotros, que en el fondo no es tan mala, convierte el amor en tedio y el azúcar en cizaña. Quizás nuestra historia termine con nuestros cuerpos, igual no volvemos a encontrarnos, pero estoy seguro de que si lo hacemos, habrá remordimientos al mirarnos. Sólo gente como nosotros decide ignorar lo que estaba escrito. Sólo alguien como yo reza por volver a verte aunque sepa que no coincidimos.

Identidades

Hermanos, pero desangrados. Amigos, pero en desacuerdo. Compañeros con fines ajenos, todo es diferente, según como lo vemos. Amantes, pero llenos de temores. Esposos atados por costumbre. Tarde o temprano baja lo que sube y no hay borracho que trague lumbre. Socios, pero con distintos intereses. Vecinos, pero muy alejados. Ladrones cuidando nuestras espaldas, nos dejaremos en paz hasta que no quede nada. Caminantes, pero de distintas rutas. Padres, pero ignorando el futuro. Todo se pone más difícil, entre más cosas descubro. Creyentes, pero escépticos en la médula, Jueces con las balanzas rotas. Puedes ahogarte en tus propios llantos, pues eso a nadie le importa.

De lo mucho y de lo poco

Muchos hablan demasiado y de lo que hablan conocen demasiado poco; pocos identifican al amor en la primera vista, pocos son conscientes del momento en que están fabricando un recuerdo, casi nadie es lo que aparenta ser. Pocos son los amigos verdaderos, pocos los que se atreven a una entrega total, pocos tienen sentimientos sinceros, muchos se preguntan qué te pueden robar. Pocos aman a los otros como se aman a sí mismos, pocos saben utilizar el sarcasmo de manera que no sea un arma barata, pocos son amables con los caídos, muchos te estiman cuando quieren obtener algo de lo que tienes. Pocos ven más allá de sus narices, pocos cumplen lo que prometen, pocos son realmente libres, casi todos hacemos lo que más nos conviene. Pocos se resisten al dinero, pocos aplican las leyes de honor, pocos conocen la palabra eterno, muchos escupen a la cara del amor. Puedo estar aquí, sin estar presente, puedo simular que sigo la corriente, pero esto a la larga sería fingir, creer en una mentira que no puedo tragar.