El falso profeta

El falso profeta predijo que esto iba a pasar, pero no fue en realidad una profecía, sino un acto de sentido común.

El falso profeta dijo que el reino de Dios comienza aquí y ahora; pero los santos varones que respiran aire encerrado lo callaron ordenándole, como penitencia, que escribiera 500 veces el Sermón de la Montaña.

El falso profeta dijo que la espiritualidad no se relaciona con los bienes materiales, que no se es superior a los demás por la cantidad de anillos de oro que uno posea. La banca de la ortodoxia lo mandó arrestar por intentar desestabilizar la economía mundial.

El falso profeta al salir de su arresto dijo que todos tenemos los mismos derechos y que debe imperar la razón, por este motivo políticos y militares hablaron muy seriamente con los santos varones.

El falso profeta fue tildado por la religión imperante, además de falso, de blasfemo, hereje, apóstata e impostor. Algo similar a lo que según dicen le sucedió a Jesús.

El falso profeta iba a ser arrestado para encarcelarlo definitivamente mientras encabezaba una marcha pacífica, pero fue muerto de un balazo por un hombre que decía defender los valores tradicionales y salvaguardar las palabras del Todopoderoso.

La gente bien se alegró del fin del falso profeta, y el equilibrio siguió tan desequilibrado como de costumbre.

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Preparados para la pasión de Cristo

Iztapalapa, México D.F., Marxo 2010 – Todo listo para la representación. El circo máximo de la época romana, queda hoy reducido a un recuerdo de semana santa. Una vez más la ya legendaria puesta en escena de la pasión de Cristo, en Iztapalapa, México D.F., está a punto de empezar. Es grande la tradición, muchos años de realizarse. Los reporteros de la TV nacional, siempre tan profesionales e inteligentes, y en todos lados, buscando la trascendencia forzada hasta debajo de las piedras, se dirigieron al lugar para efectuar memorables entrevistas que llenen de información, conocimiento y conciencia a los televidentes.
Hasta donde sé, todos los actores que forman parte del viacrucis de Iztapalapa, son bien seleccionados y preparados por la Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana, y si acaso no todos son preparados, tenía entendido que al menos los que representan los papeles principales tenían que ser puros hasta cierto punto, y sí se les aleccionaba en lo que respecta a la religión que dicen seguir.
En la TV aparece a cuadro quien realizará el papel de la virgen María, madre de Jesús. Es una joven de alrededor 20 años de edad (posiblemente para la Iglesia la virginidad es fuente de la eterna juventud, pues a la virgen, madre del fundador del cristianismo quien al morir contaba con 33, siempre se le representa como de dos décadas de edad). El sagaz reportero, micrófono inquisidor en mano, le lanza a la joven una “brillante” pregunta: “Vas a representar a la virgen, ¿qué es lo más importante de la virgen María?” A tan brillante pregunta le sigue una igual de “brillante” respuesta: “Pus’… la virgen pa’ mí es importante porque siempre fue lo más importante pa’ ella la pureza de su cuerpo. O sea que siempre fue virgen, no tuvo relaciones, y fue pura y su cuerpo fue puro, sin relaciones por eso quedó embarazada cuando se le apareció el ángel”.
Lo bueno es que la gente es fervorosa, y está bien preparada para desempeñar sus papeles y saber de qué se trata la representación que hacen. Lo bueno es que la religión está cimentada en el conocimiento y en la verdad, que nos hace libres. Sé que no se puede condenar a un todo por la falta de una de sus partes, pero si en lo pequeño hay tantas fallas, no quisiera imaginar lo grande. Lo esperanzador es que existen reporteros que nos muestran la verdad del mundo a través de la TV. Miren que descubrir que lo más importante de la virgen es que se mantuvo pura… ¡ay de su hijo que tuvo que predicar tanto y hacer uno que otro milagro, cuando le hubiera bastado con el celibato!

Hasta la vista, ¡baby!

De la pasividad que finge interés, a la indolencia completa, no hay mucha distancia. Uno se engaña tratando de convencerse de que los demás sí importan, pero en el fondo sabemos que son sólo palabras, que no pensamos en los más que en función de nosotros mismos, o por temor a que el mal que a otros aqueja, nos suceda también. Todo se me hizo más claro cuando, durante una misa, cuando pasaron a recolectar las limosnas, me llevé la mano a mi bolsillo para sacar dinero y me di cuenta que todo eso carecía de sentido. De repente fue absurdo estar en ese templo, siendo parte de una ceremonia que comprendía, pero que sentía totalmente vacía. Por ello me levanté de la banca y salí de allí, sin esperar a que culminara el ritual. Más de un piadoso católico, y más de una ferviente anciana me lanzaron miradas fulgurantes que me condenaban al rincón más apestoso del infierno por mi deleznable abandono. Yo sonreí pensando que igual y así se sintió Luzbel cuando lo desterraron, pensando: “Éste es sólo un asunto entre Dios y yo”. Salí del templo y miré al cielo, todo era de un tono triste y plomizo, respirándose una brisa que presagiaba tormenta. Miré hacia atrás y no me convertí en estatua de sal. Lo único que percibí fueron algunas miradas de los fieles, algunos ojos seguían lanzando mudos deseos condenatorios contra mí, y otros con cierto tinte de envidia por mi salida. En ese momento no sólo sonreí, sino que emití una sonora carcajada que me fue imposible reprimir. Del cielo surgió un rayo tan repentino como el amor verdadero. El estúpido fenómeno meteorológico no encontró mejor lugar dónde posarse que en mi persona. Fui víctima de toda su natural descarga. Sé que éstas son las últimas reflexiones que haré en mi vida, aquí mientras adolorido me carbonizo en el atrio. Me largo de este mundo, lleno de rabia, pues esta bola de beatos van a pensar que este accidente fue un castigo divino. ¡Pobres idiotas!