Enamoramiento en la contingencia

En plena contingencia, amor de primera vista, literal, entre dos miopes a sana distancia. Dos metros de cercanía máxima, uno y otra con cubrebocas, pero bastó mirarse mutuamente a los ojos, con miradas nebulosas como húmeda mañana de San Francisco.

Dos miradas y aceleración de pulsaciones, ninguno sufría de presión alta, con mariposas revoloteando en sendos estómagos anotaron mentalmente la hora y el lugar para ayudar a la suerte a reunirlos de nuevo. Y así fue, los dos tenían el mismo interés.

Durante días se observaron en el mismo lugar, respetando la cercanía máxima de los dos metros, ambos creyeron haber encontrado su media naranja. Aún no era tiempo de concertar una cita, ante tanto riesgo de contagio. Mejor así: silencio, de lejos y esperando.

Cuando por fin terminó la contingencia, se encontraron en el mismo lugar de todas las veces, como por casualidad otra vez. Pudieron acercarse y por fin intercambiar palabras salidas de sus bocas, ahora sin protección.

Pura desilusión: él no tenía mentón, ella tenía los labios ulcerados, los dientes de él eran de un sucio amarillo mazorca y los de ella chuecos y multicolores como vómito de LEGO®. Mal aliento en los dos casos, y lo que es peor, ambos eran bastante idiotas.

¡Ah, pero qué bellos eran sus ojos a la distancia! Ojalá por siempre hubiesen portado cubrebocas.

Lego

Nadie conoce a alguien del todo

Nunca nadie conoce a alguien del todo, ni siquiera a su propia persona. Igual hay excepciones, así como hay también iluminados; pero esas excepciones, de haberlas, deben ser muy discretas.

La mujer que mantiene más elevado el nivel del misterio, se queda más tiempo grabada en tu memoria. Se reirá de ti regalándote un jarrón lleno de vino del olvido, pero cada que la intentes olvidar, la recordarás más.

Puedes convencerte de que el futuro ofrece cosas nuevas que, como agua del Leteo o como si fuera real ese vino del olvido, permitan reinventarte y te den otra vez ánimos para andar. Puede ser, quizás tengas tú la suerte que me eludió.

Si el amor es un juego, cada que me miro al espejo veo el rostro de la derrota. Por esa ruleta perdí la camisa, la cabeza y la paciencia. De ahí que me encuentre varado en este desierto, hasta que pase por aquí la línea del tren.

En cada mujer percibí ecos de la más misteriosa, de la inconquistable, y detrás de cada montaña siempre encontré una montaña más. En eso parece consistir la vida, hasta que descubres que nunca nadie conoce a alguien del todo… hasta que sorpresivamente termina.

concha

Aferrarse

A veces siento que trato de predecir al viento, que estoy predicando en el desierto, hablando desesperadamente en vano. Y tú, me das cuerda como aquellos juguetes mecánicos de un pasado que ya se siente tan lejano como las 1001 noches.

A veces siento que mis palabras son un monólogo perpetuo, que soy un boxeador de sombras que se pone en forma para nunca llegar al final que quiere. Me siento como  fábula sin moraleja, como el Romeo del celibato que carece de Julieta.

A veces siento que eres una entidad únicamente real para mí, un sueño que tengo en mis días y el insomnio constante de mis noches; que eres una hipnosis perfecta que me hace vivir en una fantasía.

Sigo escribiendo y sigo pensando en ti, aunque no te quiero convencer de nada. Te quiero como eres, si es que eres, y yo, pues, yo soy así.

Soñé contigo

Soñé contigo, y como siempre terminé despertando.

Soñé contigo, con fiestas y vino, pero luego no tuve nada que celebrar.

Soñé contigo, y te llamé para contarte mi sueño,

pero sólo conseguí el vacío repetido.

Sigo soñando contigo,

las más de las noches y casi todos los días.

Sueño contigo con amor y con respeto,

con cariño compartido,

sin afectar al interfecto que sigue vivo en tu olvido y en mi recuerdo.

Soñé contigo anoche,

y te pensé a la luz del día.

Me la vivo esperando revivir con tu persona

un pasado real y también el imaginado.

Sueño contigo, te deseo,

pero respecto a ti no puedo hacer nada más que soñar.

Lo que hay en medio

Entre el embriagador enamoramiento y la pesadez del tedio no hay mucho, aunque parezca haber toda una era entre ambos.

Entre la ilusión patriótica y el desencanto por el Estado hay menos cantos que los de 39 gallos.

Entre las verdades que te digo y las mentiras que me recriminarás sólo existe el desgaste de un buen acto de magia.

Entre el esplendor de la juventud y la opacidad de la vejez únicamente hay mentiras aplaudidas.

Pocas cosas se conservan, sólidas o inmutables desde su nacimiento hasta su fin, y entre ellas seguro que no se cuenta nada relacionado con la humanidad.

Entre el pasado y el futuro está ese vacío de fantasía perpetua que llamamos presente.

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No hay nada nuevo bajo el sol (Ec. 1:9)

“Supongo que todo debe ser así”, pensó mientras anudaba los cordones de sus finos zapatos y recordaba que los avances tendían a complicar la vida, en vez de mejorarla. “Este calzado es muy impráctico si lo comparamos con las sandalias”, se dijo, “aunque, en realidad no es que los avances compliquen la vida, sino que cada avance exige un precio alto”.

Se miró al espejo. Su vista era perfecta, pero sus ojos mostraban cansancio. Mucho tiempo con ese cansancio en las pupilas, agotamiento que se incrementaba en épocas de crisis, ambiciones y locuras; desde aquellas de las más sencillas tribus, pasando por las de algunos faraones, generales, emperadores, cartagineses y romanos, pestes, españoles e ingleses, Richelieu, Hitler y su genocidio, hambrunas, nacionalismos absurdos, mercados voraces, hasta los conflictos de Estadounidenses, musulmanes e israelíes.

Pensándolo mejor, no es que el cansancio sólo se agudizara en las crisis. A veces, como de la nada, su humor se ponía mal durante una simple conversación con una persona, que no tenía que ser un dignatario o diplomático, filósofo, artista, empresario o líder de de algo importante, sino realmente con cualquiera que le dijera una frase que intentara ser original. Todo lo había oído ya.

Estaba particularmente harto de la estupidez humana, que cree que todo tiempo pasado fue mejor y que imagina que en el futuro todo estará bien. Respecto al pasado, era como si el tiempo fuera deslavando los recuerdos, llevándose las malas experiencias, o al menos sus detalles, hacia la laguna del olvido, y pusiera las cosas positivas en un altar de la memoria personal y colectiva.

Y respecto al futuro… bueno, nada ha indicado jamás que las cosas fueran a mejorar. Nunca ha habido pruebas para sustentar el optimismo. Por eso se inventan religiones y fantasías que prometen recompensas futuras, mientras los no creyentes basan el bienestar del mañana en la razón y la tecnología; como si con estos avanzara también la esencia humana. Esta candidez e ilusión baratas le molestaban. “¿En verdad son tan idiotas que no ven claramente que fueron, son y seguirán igual?”, se decía moviendo la cabeza cada que oía a alguien glorificando el pasado o poniendo fe en el futuro.

Subió a su moderno vehículo blindado que lo conduciría al centro financiero. Pensaba “¿hasta cuándo?”. Sabía que la tecnología era el camino hacia el fin. Cada avance tecnológico nacía de la destrucción o estaba encaminado a ella. “Cada acto de creación destruye algo, siempre”, le había dicho a Leonardo. Hoy el límite estaba cada vez más cerca, pero ese cada vez podría durar siglos, él lo sabía bien. ¿Y luego?

Temeridades, guerras, enfermedades, suicidios… lo había intentado todo sin éxito, ahora vivía resignado y cansado. El origen de su mal era remoto, quizá tanto como… eso no lo sabía, pero no estaba aquí por una maldición de Moisés, ni por negarle el agua a Jesús o porque se rió de Buda. Él estaba aquí desde mucho antes que ellos.

¿Qué le pasará cuando el mundo sea destruido por la gente o por la naturaleza? ¿Flotará por siempre en el espacio? ¿Llegará a otros mundos habitados o inhabitados? No, esto último no era posible, no recordaba otros mundos anteriores a este. Quizá su destino estaba ligado al planeta y moriría por fin, con él.

Mientras tanto, a matar el tiempo como fuera.

Entró en el edificio. Los guardias, aunque lo reconocían, le pidieron su identificación y tuvo que pasar por el detector de pupilas, de sus cansadas pupilas.

“Buen día Mr. König, adelante”, le dijo el guardia que le franqueó la gran puerta al centro de máxima seguridad, mientras en el dispositivo de su mano aparecía una pantalla verde que decía: Ahasverus König, President and CEO*.

*CEO: Director General

 

 

Cuando algo es muy difícil de conseguir

Solitarias noches eternas,

desvelos que drenan la energía vital,

pensar constantemente en ella es como respirar.

Le dedicas palabras, sorpresas, halagos,

completa inversión total.

Tengo un plan maestro y te tengo en la mira,

haré lo que se necesite, y más, porque nos pertenecemos.

Creatividad diaria, sonrisas,

ocurrencias… pero nada,

sólo la ausencia y largas, y más largas.

Caminar solo entre las nubes no es lindo.

Pero la esperanza, principalmente la falsa, es más dura de matar que Bruce Willis en la jungla de cristal.

Flores, cartas, poemas,

regalos, serenatas y cenas proyectadas.

Y nada.

Pero hay que ser persistente,

con insistencia el agua atraviesa la piedra.

Adelante, el destino los presentó, o eso crees.

Esa manía mía de apostarle siempre al número que va a perder.

La buscas, pero no la encuentras,

y cuando la encuentras sus monosílabos y respuestas no suelen ser más de dos,

nunca positivos, pero tampoco definitivos, en ningún sentido.

Eres transparente, honesto y te entregas,

tus palabras sólo expresan la verdad,

pero nada.

El tiempo pasa y no dejas de pensar en ella.

Cuando estás considerando la renuncia… al fin cede,

las murallas de su fortaleza caen rendidas,

tuya es ahora la medina de su corazón.

Todo para descubrir que cuando algo es muy difícil de conseguir,

al obtenerlo veas que no valía ni la mitad de las penas que te tomaste.

Dios o el fatalismo, tienen el mejor humor negro que ha existido.

 

No te entiendo

No te entiendo.

No comprendo tu cerrazón, ni tu firme convicción respecto a la verdad absoluta de las matemáticas, ni tu creencia en la perfección de las estadísticas.

No entiendo la falsa idea que tienes de poder manipular a la gente, ni tu absoluta inmersión en el trabajo.

No entiendo por qué tus momentos de soledad son una constante evasión con juegos, series y películas en tu dispositivo móvil.

No entiendo tu fe en esa multitud de falsos profetas sin dios.

No entiendo tu artificial amor a la música, enajenándote con melodías de la noche a la mañana.

No entiendo tu aversión al silencio ocasional, y tampoco tu necesidad de envolverte en ruido.

No comulgo con tu soberbia histórica, y mucho menos con tu creencia de que la humanidad es ahora mejor que nunca.

No comprendo tu adoración a la tecnología, tu autismo mecánico ni tu automatización existencial.

No entiendo cómo puedes confundir y mezclar tanto el tener con el ser.

No entiendo que te autoproclames creativa, cuando a toda creación la quieres encerrar en cálculos, gráficas, cuentas y “revenue” (que por cierto puedes llamar “ganancias” o “ingresos” sin hacer el ridículo).

No entiendo tus supuestas aventuras cuando éstas no son más que vacaciones en serie, empaquetadas para comodidad del cliente y pagadas con una tarjeta de crédito.

No entiendo tu concepto de libertad cuando éste sólo lo ejerces para elegir marcas de consumo masivo.

Lo que antes era ciencia ficción es ahora realidad, y no has notado que eres una esclava.

Ahora entiendo la náusea vomitiva que producen los tibios, los borregos aleccionados, los mediocres que se autoproclaman exitosos.

Ahora sé que todo es vanidad.

Ahora renuncio a tu realidad.

Miré con respeto más allá de tu belleza

Miré con respeto más allá de tu belleza,

y vi un lugar donde el bien y el mal cohabitan en paz.

Luego entendí que la noche es tan tuya como lo es el día

y que eres tan mujer como aún eres niña.

No te sentí como ideal, y tampoco perfecta,

pero sí como ejemplo de humanidad libre y natural.

Quise conocer tu historia y agradecerte todo lo que obtuve de ti,

antes de que me abandonaran las palabras.

Posiblemente dije demasiado, hasta abrumarte y cansarte.

Ahora ya me cuesta trabajo incluso hablar.

Quizá desde el principio debí quedarme callado y limitarme a

mirar con respeto más allá de tu belleza.

 

 

Las frías noches de enero

Las frías noches de enero me hacen pensar,
Plasmar mis deseos en hojas blancas, recordando todo lo que no te dije cuando estabas frente a mí;
y es que cuando te veo, me enfoco tanto en el momento,
que permanezco mudo mientras a mi lado pasa como robado el tiempo.
En esas mismas hojas quisiera describir con justicia,
cada rincón y milímetro que hacen soberbia tu anatomía,
o poder recrear como un gran don de mi memoria
cada idea, cada palabra que me dijiste con tu linda boca.
Pero en las frías noches de enero me encuentro solo,
tan solo como el gélido viento del norte,
tratando de plasmar tus recuerdos en un papel
que ojalá guardaras muy cerca de tu cálido pecho.
Y sueño con historias de conquistas, sitiando tu corazón
que al final cae rendido, como ante el tuyo cayó el mío.
E imagino que la distancia se acaba por fin para ambos
y salimos juntos a encontrar tesoros y recuperar las materias que reprobamos.
No me importa que lo escrito en esas hojas no le guste a nadie,
en tanto tú las encuentres sinceras y agradables.
Aunque al final sienta que no puedo plasmar en ellas
ni la mitad de lo que siento que son verdades contigo.
Pero es todo lo que puedo hacer en las frías noches de enero,
mientras en cuerpo y alma espero por ti.
 
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