Esa parte de ti

Soy esa parte de ti que no soportas, que te hace sentir mal, que destruye todos tus logros, pero que permites estar contigo, contra tu voluntad, no me puedes exiliar.

Soy tu profana inquisición personal, que no busca ninguna verdad pura, solamente la tortura y el tormento.

Soy la que te hace pedir perdón mil y una veces hasta que no haya nadie ante quien disculparte.

Soy tu mayor tontería, la fuente de tus lamentos, eres un Job gratuito, sin ningún objetivo.

Crees alejarme, pero como el Viejo de la Montaña te prometo el Paraíso, y estúpidamente me crees, a pesar de que sabes que lo único que te entrego es el Infierno.

Soy el viento rencoroso que tira con sencillez la personalidad ideal que te has construido, como si se tratara de una endeble torre de naipes. Carezco de verdad, y trato de hacerte creer que soy tu esencia.

Soy lo que te hace sentir como personaje de Dostoyevski, el desequilibrio de tu paz, tu signo de los tiempos, la abjuración de tu naturaleza, el vaho oscuro y putrefacto que empaña tu pureza, hasta aniquilar tu poca nobleza.

Pateo tu castillo de arena y me burlo cruelmente de tu debilidad.

Tengo límites, no cometo delitos contra terceros, sólo busco tu autodestrucción. Exploto tu talón de Aquiles, y siempre caes, siempre.

Soy tu único apego, lo único que te quedará en la soledad absoluta que te he creado. Soy el creador de tus lamentos, dolor y rechinar de dientes, el disparo a tu propio pie. Autodestrucción, el empujón en el borde del precipicio, explotando tu inquietud por volar.

Acéptalo, no tienes remedio.

Hasta la derrota siempre.

Anuncios

Esperando

Dos temporales tropicales y descorteses que jamás dan aviso previo, atorados como toros en la valla que separa el campo de la villa. Tú y yo, querida. Ignoro cómo llegué a esto, sólo sé que todo empezó cuando dudé de Dios por creer en ti.

Entonces las nubes dejaron de ser algodones flotantes para convertirse en visible humedad suspendida, fue cuando tus llegadas eran en realidad ausencias que se traducían en una despedida prolongada, jamás oficializada.

A lo mejor, peor quizá, todo se debió a que cambié el bolígrafo por un aparato electrónico o a la guerra cotidiana, cada vez más cercana, que los diarios describen, pero cierto estoy de que contigo las sombras me empezaron a parecer más oscuras y las ilusiones comenzaron a escasear. ¡Hasta un malnacido mago traidor decidió entonces revelar secretos profesionales por televisión!

Lo único que aprendí a tocar  en mi vida fue tu piel y las puertas, lo único que supe afinar fue tu órgano de catedral. Me pregunto si alguna vez quise realmente probar la manzana o sólo lo hice porque se supone que es lo que todos debemos hacer.

Lo único que ha madurado en mí es la indiferencia hacia los extraños y hacia todo aquello que hoy emociona y que dicen que mañana será parte de los libros de historia.

Mi cometa jamás se elevó más allá de los tres metros, sin importar que soplase mucho viento; viento que puede llevarse todo, menos tu recuerdo, el cual me esfuerzo en borrar. Vanidad de vanidades y sólo vanidad, todo en vano. Rabino con rábano.

Mientras, me sigues acusando de ser el abogado del diablo por decir lo que pienso, por dudar lo que dudo y creer lo que creo, que es poco en realidad.

Ya ni siquiera tengo maletas porque no se permite equipaje en el lugar que me obligas visitar, en el fondo espero que ese destino sea ningún lugar.

La estación está en desorden, el tren no tiene horario, dicen que llegará como los ladrones o como el fin del mundo. Yo lo esperaré recitando el diccionario.

Agosto 2008

station

Mi querido capitán

Otra fría noche que sorprende sin abrigo a mi corazón. Otra noche sin compañía ni apoyo. Mi luz y mi sonido son como la estática de la TV.

El estoicismo me vuelve a fallar, en verdad no soy de acero.

No puedo evitar preguntarme: ¿por qué en medio de tanta gente me siento tan solo? Ni siquiera en el desierto de arena experimenté tal abandono.

Mi pregunta queda sin respuesta dejándome aún más desolado.

El capitán viaja por los aires, buenos y malos, lejos, muy lejos de su ambiente natural, lo cual no le importa ni un poquito, porque tiene la cereza de un pastel al saber que ciertamente hay alguien pensando en él en algún lugar: la dulce morena de serenas facciones que según el capitán guarda cerca de su corazón el retrato del viajero amado.

Alguien me dijo alguna vez, a manera de consejo de los sabios, “¿cómo esperas que alguien te quiera, si no puedes siquiera soportarte a ti mismo?”. Entonces no presté importancia a esas palabras, pero hoy han regresado pesadas como cadenas, castigándome por haberlas ignorado y exiliado en el olvido, pues siempre preferí culpar de todo al destino, en vez de asumir honestamente mi responsabilidad. Pero ya no es temporada de comenzar, sino tiempo de empezar a terminar.

Las palabras fluyen con dificultad, y no van más allá de los regresos temáticos desgastados.

El capitán, ahora en tierra, descansa en paz acompañado en su soledad, pues presiente que lejos, la dulce morena de serenas facciones, es su cómplice en la vida.

Rompo el cristal de la emergencia urgente dirigiéndome al mercado electrónico de los sentimientos, donde nadie te quiere y todas las personas que allí se confunden y te confunden buscan desesperadamente lo mismo que tú: fingirse perfectas y presumir que su corazón rebosa de buenos principios y nobles actitudes, todo para saciar el llamado de la selva. Me siento un negociante experimentado, pero sé que soy como el vendedor de autos usados en otro fraude infame popular.

Como el dinero mal habido o un acto de venganza, regreso a donde pertenezco. A mi paso, la dulce morena de facciones serenas me saluda con sus modales de manual, que me saben tan rutinarios como cualquier domingo. El capitán abre los ojos, acepta su soledad, los sueños no duran por siempre y la engañosa imaginación cercana a la cruda realidad produce la peor resaca. Él jamás voló y nadie tiene su retrato.

A veces hay que aceptar las cosas y conformarse con tratar de encontrar sentido en la estática de la televisión.

Pesa mucho envejecer

Pirarse con pirotécnicas mentales sin técnica alguna, agotamiento de ideas y ningún elixir capaz de devolver lo perdido. El tiempo es un ladrón que se lleva todo, incluso al mediodía, y te deja a cambio experiencia que nunca es suficiente, o quizás lo sea… pero hasta el último momento, para cuando ya de nada te sirve. No hay sustancia que me haga ver lo que antes veía y ahora incluso mis ojos se han debilitado. No es negocio envejecer. Ponce de León tiene una fuente de la que él tampoco tomó. Louis y Lestat se mueren de aburrimiento en Nueva Orleáns, igual también me aburriría como ellos. Shakespeare y Cervantes se ríen con carcajadas desdentadas de la inmortalidad, porque resulta muy inmoral. La curva del tiempo va a terminar por hacer parabólica mi espalda. Y de eso Jesús no dijo nada, calló discretamente, como Sherezada. Tengo miedo de vivir confundiendo al 100% la realidad con la imaginación. Sigo caminando pero voy a la mitad de la velocidad en que solía hacerlo. No quiero vivir por siempre, pues pesa mucho envejecer.

Cuando me veas perdido

El libro prohibido, con todos sus secretos y verdades, permanece muy bien escondido, guardado junto al cadáver del que robó frutas con San Agustín. Sin embargo, aunque el conocimiento total estuviese a alcance de todos nosotros, nadie le prestaría la más mísera atención, pues tenemos mucha prisa y estamos demasiado ocupados en aquello que conforma nuestras rutinas, la ruina del día a día.

Las estrellas fugaces continúan rayando el cielo, las nubes reflejando tonos efímeros y creando formas de una manera artística que no puede ser bien recreada por la mano del hombre, ni capturada por ninguna tecnología, no en su totalidad. Y por desgracia todos mantenemos nuestras miradas pegadas al suelo o a las pantallas, buscando lo que no se nos ha perdido, ansiando lo que se nos impone como necesario.

La mayoría de los poetas prefiere hacer versos simples para comerciales exagerados, en vez de dedicarle esfuerzos a los cantos eternos; esos poetas obtienen suficiente dinero rimando las bondades de los cereales, aunque quizás morirían de hambre intentando cantar las verdades a sus semejantes.

Los impúdicos servidores públicos están descaradamente a la venta, su servicio se decanta siempre por el mejor postor. El rico se enriquece y el pobre enferma y muere, nadie debe ser matenido, pero están sacrificando a la gallina de los huevos de oro. Y nadie dice nada, pues en el fondo cada uno de nosotros tiene la esperanza, de que algún día tendremos el poder y el control, entonces diremos “al diablo con los demás”, de la misma manera que hoy gritan quienes nos pisotean.

Dicen que pensar estas cosas no es bueno para la salud, el problema es que cuando quiero ahorrarle conflictos a mi vejez, surge de repente alguna noticia que me altera y resucita malamente mi sorpresa de su sepulcro. Nunca podré acostumbrarme a la maldad absoluta ni a la indiferencia insulsa; no creo que lleguen a ser de mi total agrado los abusos y la ignorancia resignada. Por eso, cuando veas que estoy perdido no creas que nada me importa, pues o estoy dedicando tiempo a ver qué carajos me corresponde hacer para cambiar el mundo, o viendo cómo morirme de descontento.

Mayo 2001/Septiembre 2016

angel

Naturaleza muerta con estrella

Estrella, que fluyes por mis venas, fortaleciendo penas, aún me inmolo ante tu altar.

Cero, el mundo que ya no siento, aunque no esté muerto, y tampoco te desprecio.

Mis ojos no te miran más, extraviado en el fondo de mi mar, que es un gran desierto.

Me revuelco en los recuerdos de tu piel, en las memorias de tu ser y de tu oscuro interior vacío.

Juntos carecimos de futuro, nada fue seguro, salvo el boleto hacia el infierno.

Pecado, mi hoy con un ayer idealizado, restos de nota roja ante un Cielo vedado.

Tu olvido, laberinto sin sentido, soy el tahúr sin suerte que apostó todo su tiempo.

Constante, mi mente te dibuja a detalle, a mil carreteras de tu actual respiración.

Antes de que llegue tu último invierno, de que la hiel termine su trabajo, cuando ya nadie te mire, cuando la gravedad de Newton destruya la delicadeza de tus líneas, cuando tu orgullo languidezca, tendrás idea de lo que siento.

Estrella, fluye por mis venas, comparte mis faenas antes de explotar, antes de inspirar piedades y de que vivas soledades, de que sólo te regocijes con ecos de las torturas brillantes de tu Condenada Inquisición, descubrirás que nadie, y menos tú, reina, brillará como brilló en el pasado.

still

ad náuseam

Náusea. Tripas revueltas por la tormenta. Subir y bajar, el mar intranquilo, sin puerto. A veces llega uno a la playa y todo bonito (hasta casi aprende uno a nadar) pero de nuevo llegan los nubarrones y ahí vamos. Montaña rusa existencial, que coquetea con la ruleta de la misma nacionalidad. Se pide tregua y se obtiene más guerra. Siempre igual. Nunca en el mismo canal. Se propone como solución la indiferencia, mayor absurdo que el actual. No hay arca de Noé, sólo animales naufragando a la deriva. Tan soberbios, tan malditos en su autoimpuesta elevación. El pecado, si es que existe algo así, fue trepar al otro en un nicho, que se quemó hasta el carbón por culpa de una vela vomitiva. Ya nada está claro. En la tormenta el cielo se confunde con los abismos del océano. S.O.S. ESO Es todo (enemigos).